El Fenómeno Global del Trabajo Infantil
El problema del trabajo infantil es un fenómeno en escalas mundial y nacional. El trabajo infantil es una realidad para millones de niños y niñas de todo el mundo. Cada 12 de junio, Día Mundial contra el Trabajo Infantil, ponemos el foco en este problema mundial que roba a niños, niñas y adolescentes su infancia, su presente, su futuro y su derecho a una vida digna.
A pesar de los avances conseguidos en las últimas dos décadas en la reducción del trabajo infantil, en los últimos años se ha producido un retroceso en las tendencias mundiales y, por eso, sigue siendo necesario acelerar las acciones destinadas a erradicarlo. Los conflictos y las crisis han llevado a más familias a la pobreza, lo que ha obligado a millones de niños y niñas a recurrir al trabajo infantil. El trabajo de los niños y adolescentes es un síntoma de otros problemas, como lo son la presencia de sistemas educativos deficientes, actos de discriminación dentro de las familias y la falta de oportunidades para ciertos sectores de la población. A diferencia de lo que normalmente se piensa, el trabajo infantil no sólo es producto del egoísmo de los padres, sino que surge a partir de la estrategia del hogar para sobrevivir y obtener una mayor cantidad de bienes.
¿Qué es el Trabajo Infantil?
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) lo define como todo trabajo que priva a los niños y niñas de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico. La OIT explica que se considera trabajo infantil toda aquella actividad o trabajo que priva a los niños y niñas de su infancia, su potencial y dignidad y es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico, exige demasiadas horas y/o es realizado por niños demasiado pequeños. Por tanto, el término “trabajo infantil” se refiere a cualquier trabajo que es físico, mental, social o moralmente perjudicial o dañino para el niño o la niña; e interfiere en su escolarización, privándole de la oportunidad de ir a la escuela, obligándole a abandonar prematuramente las aulas o exigiendo que intente combinar la asistencia a la escuela con largas jornadas de trabajo pesado. Esto es una vulneración de los derechos de los niños y niñas.
Características del Trabajo Infantil
- Es peligroso para el bienestar físico, mental y moral del niño. De los 160 millones de niños y niñas entre 5 y 17 años sometidos al trabajo infantil, se estima que 79 millones están realizando trabajos peligrosos que ponen en riesgo su salud e, incluso, sus vidas.
- Obstaculiza su escolarización. La realización de actividades laborales impide que los pequeños asistan a la escuela y supone que tengan que abandonar las clases de forma prematura o se vean en la obligación de combinar sus estudios con un trabajo. Esta situación se da especialmente en la infancia refugiada, ya que casi la mitad de los niños y niñas desplazadas y refugiadas no asiste a la escuela.
Las Peores Formas de Explotación Infantil
Hablamos de la esclavitud, el reclutamiento forzoso para conflictos armados, la trata de niños y niñas, la servidumbre, la prostitución y la pornografía, la obligación de realizar actividades ilegales, en particular la producción y el tráfico de estupefacientes, o actividades que supongan cualquier tipo de peligro, dañen su seguridad, bienestar físico o su salud.
¿Qué no se considera Trabajo Infantil?
Cuando se habla de trabajo infantil no se incluyen actividades como la colaboración en las tareas del hogar, en el negocio familiar fuera del horario escolar o vacaciones. De hecho, se considera que este tipo de actividades pueden ser positivas para su desarrollo personal, siempre que sean adecuadas a su edad y madurez, no afecten de manera negativa a su salud y no interfieran en su educación y desarrollo personal.
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Estadísticas y Alcance Global del Trabajo Infantil
Según las estimaciones de la OIT y Unicef, en todo el mundo hay 160 millones de niños y niñas víctimas de trabajo y explotación infantil. Aproximadamente 138 millones de niños y niñas en todo el mundo trabajan, lo que supone 1 de cada 10 menores. Casi 54 millones de ellos lo hacen en trabajos peligrosos. 79 millones -casi la mitad- sufren alguna de las peores formas de trabajo infantil como la esclavitud, la trata o el reclutamiento forzoso para conflictos armados.
En las dos últimas décadas se había dado una disminución progresiva e ininterrumpida del trabajo infantil en todo el mundo hasta 2016, año en que volvió a aumentar de nuevo. Desde entonces hemos pasado de los 152 millones de ese año a los 160 millones de 2020. Es decir, 8 millones de niñas y niños más trabajando; una tendencia y unos datos que nos deberían preocupar. El último informe de la OIT y Unicef apunta a que este incremento se concentra principalmente en los niños y niñas que tienen entre cinco y once años. En este colectivo, hay casi 17 millones más obligados a trabajar que en el 2016.
No hay que perder de vista que las cifras pueden ser mayores, puesto que hay trabajos difíciles de contabilizar como, por ejemplo, el trabajo doméstico. Esto hace que se invisibilice la situación y por tanto, no se tomen las medidas necesarias. El 7,8 % de los menores de todo el mundo son víctimas de trabajo infantil.
Distribución por Sector y Región
Tabla 1: Prevalencia Global del Trabajo Infantil por Sector (OIT)
| Sector | Porcentaje |
|---|---|
| Agricultura, ganadería y pesca | 61% |
| Servicios (trabajo doméstico, venta de productos) | 27% |
| Industria (minería, fabricación) | 13% |
Existe trabajo infantil en casi todos los sectores. Sin embargo, 7 de cada 10 niños y niñas trabajan en la agricultura, ganadería y pesca, según la OIT. Le siguen el sector servicios (31,4 millones) y el sector industrial (16,5 millones).
Tabla 2: Prevalencia Global del Trabajo Infantil por Región (OIT, UNICEF)
| Región | Número de niños (millones) |
|---|---|
| África Subsahariana | 92 |
| Asia y el Pacífico | 28 |
| América Latina y el Caribe | 7 |
Casi la mitad del trabajo infantil lo encontramos en África, seguida por la región de Asia y el Pacífico. En África Subsahariana casi uno de cada cuatro menores son explotados y están afectados por esta situación. Además, en todo el continente las cifras han aumentado de 72 a 92 millones desde 2016. Las regiones de África y Asia y el Pacífico juntas alcanzan la cifra de casi nueve de cada diez niños en situación de trabajo infantil en todo el mundo.
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Causas Fundamentales del Trabajo Infantil
La pobreza económica lleva al trabajo infantil, y este a su vez perpetúa la pobreza. Según la OIT, es fruto de la combinación de varios factores como la pobreza, las emergencias regionales y la migración. De esta forma, muchos niños y niñas se ven en la obligación de trabajar para contribuir a la economía familiar o como único medio de supervivencia, realizando trabajos que ponen en peligro su vida. La pobreza en las familias impide que dispongan de los recursos necesarios para comprar alimentos, ropa, acceder a una vivienda, a sanidad o a educación, llegando incluso a dejar los estudios.
La falta de acceso a la educación es otra causa crucial. Los menores que no pueden acceder a educación tienen más probabilidades de convertirse en víctimas de trabajo infantil y este les roba su derecho a acceder a una educación de calidad. Ir a la escuela les permite conservar sus oportunidades de futuro, les ayuda a mejorar las relaciones con las comunidades de acogida y les devuelve su infancia.
También existen situaciones donde los niños están solos. Cuando los niños están solos tienen que buscar un trabajo para sobrevivir. En ocasiones, estos menores no acompañados se ven convertidos en esclavos sexuales, trabajadores forzosos o incluso en niños soldado. Esto resulta común en contextos de conflicto y huida, en los que muchos niños se quedan huérfanos o se pierden en el caos de la huida.
Otras causas que explican el trabajo infantil son la trata de menores y la explotación sexual. Muchos menores son explotados en fábricas e industrias debido a la pobreza de los países en vías de desarrollo y la necesidad de mano de obra barata.
Consecuencias Devastadoras del Trabajo Infantil
El trabajo infantil tiene graves consecuencias que repercuten en el correcto desarrollo físico y emocional de los niños que lo sufren. Este suceso es un problema porque suele impedir que los niños y adolescentes alcancen un desarrollo pleno, al limitar su acumulación de capital humano y reducir su nivel de ingresos a lo largo del ciclo de vida laboral.
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Impacto Físico y Psicológico
- Consecuencias físicas: Los niños y niñas que trabajan pueden llegar a desarrollar enfermedades y dolencias crónicas, desnutrición, sufrir cortes y quemaduras por trabajar con maquinaria y herramientas inadecuadas para su edad o sufrir abuso por parte de los adultos. Los menores pueden llegar a desarrollar enfermedades y dolencias crónicas o desnutrición por estar expuestos a largas jornadas, cargas pesadas, sustancias peligrosas o a ser víctimas de abuso por parte de los adultos.
- Consecuencias psicológicas: Los pequeños pasan mucho tiempo en un ambiente hostil y violento, lejos del amparo y protección de sus familiares. Además, sufren las consecuencias de vivir en un ambiente hostil o violento. En muchos casos, son separados de sus familias.
Impacto Educativo
Debido a las largas horas que dedican al trabajo, se ven obligados a dejar sus estudios o a combinar ambas actividades. También pierden su derecho a la educación, ya que compaginar trabajo y estudios aumenta las tasas de abandono escolar. En otros casos, directamente se ven obligados a abandonar las clases. Todo ello afecta a su desarrollo personal. Al menos uno de cada tres niños víctimas de trabajo infantil se ve privado de su derecho a la educación.
El Trabajo Infantil en México y la Responsabilidad Empresarial
En el caso de México, esto adquiere mayor importancia debido a que la educación se caracteriza por tener altos rendimientos privados, lo que deja en una amplia desventaja a la población con bajos niveles educativos. Asimismo, es probable que estos efectos se extiendan a generaciones futuras debido al bajo grado de movilidad social que prevalece en el país.
La Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos estipula en su artículo 123 que está prohibida la utilización del trabajo de los menores de 14 años. Por su parte, la Ley Federal del Trabajo establece en sus artículos 22 y 23 que no está permitido que trabajen los menores de 14 años y los mayores de esta edad y menores de 16 años que no hayan terminado su educación obligatoria, salvo casos excepcionales. Sin embargo, a pesar de que hay un marco legal para ahuyentar el trabajo infantil, los niveles de participación económica de esta cohorte son significativos.
Sólo en México, se calcula que en 2011 el número total de niños ocupados ascendió a 3.0 millones. De acuerdo a datos del Módulo de Trabajo Infantil (MTI) (INEGI, 2012), 10.5% de la población de entre 5 y 17 años de edad trabajaba en 2011. De éstos, 70.9% se encuentra dentro de la edad legal para laborar, lo que implica que más de 882 000 individuos, entre los 5 y 13 años, participan en el mercado de trabajo. La participación en el mercado laboral implica una asignación de tiempo al trabajo en perjuicio de las actividades escolares. Si bien la tasa de asistencia escolar entre la población de 5 a 17 años es de 91.1%, ésta se reduce considerablemente al enfocarse en los menores que trabajan, donde sólo 60.9% de la población que labora también estudia.
A partir de estas cifras se observa un alto grado de heterogeneidad según la entidad federativa de origen, el género, el tipo de trabajo desempeñado y el tamaño de la localidad de residencia. Esto se puede ver en el hecho de que mientras en Chihuahua 4.2% de la población menor de edad trabaja, en Guerrero 26.5% de los niños y adolescentes participan en el mercado laboral. En escala nacional, 67.9% de los trabajadores infantiles son varones, mientras que 48.3% de los menores que trabajan reportan que no reciben ninguna remuneración por sus tareas. Adicionalmente, el trabajo infantil tiende a ser más común en las zonas rurales que en las urbanas, donde 37.5% del total de los trabajadores infantiles reside en localidades con menos de 2 500 habitantes.
Casos Específicos y Conexión con Empresas
Muchos menores se ven en la situación de contribuir a la economía familiar realizando trabajos que ponen en peligro su vida, como los niños de República Democrática del Congo, explotados para la extracción de minerales. En la República Democrática del Congo alrededor de 40.000 niños y niñas trabajan en minas en el sur del país, muchas de ellas de cobalto, según datos de UNICEF. Llegan a trabajar hasta 24 horas en la mina y su salario no supera los 2 dólares al día.
En 2017 Amnistía Internacional denunció cómo grandes marcas de aparatos electrónicos, como teléfonos móviles u ordenadores, y empresas de automóviles eléctricos no hacían comprobaciones para asegurar que no se utiliza cobalto extraído con mano de obra infantil en sus productos. Este tipo de situaciones resalta la importancia de la responsabilidad empresarial en la cadena de suministro global.
En todo el mundo se calcula que hay unos 300.000 niños y niñas soldados en conflictos armados, siendo víctimas de las atrocidades de la guerra y, al mismo tiempo, obligados a empuñar un arma y estar en la primera línea de combate. Además, se les usa como cocineros/as, mensajeros/as o esclavos/as sexuales.
Normas Internacionales y el Camino hacia la Erradicación
Para prevenir y erradicar el trabajo infantil existen normas internacionales impulsadas por la Organización Internacional del Trabajo. Una de ellas es el Convenio número 138, que establece que la edad mínima de admisión al empleo no deberá ser inferior a la edad en que cesa la obligación escolar. La mayoría de los países firmantes han establecido la edad mínima para trabajar en los 15 años. Este convenio ha sido ratificado por 175 países.
Por otro lado, el Convenio 182 regula las peores formas de trabajo infantil. Este convenio ha sido ratificado por los 187 países que forman parte de la organización, algo que sucede por primera vez en la historia de la OIT. Entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el año 2030 se pretende poner fin a todas las formas de trabajo infantil y explotación laboral.
Un Llamado a la Acción Global
La concienciación internacional sobre este problema es fundamental para acabar con lo que es una vulneración de los derechos de los niños y niñas. Gobiernos, organizaciones, empresas y ciudadanía debemos asumir nuestra parte de responsabilidad. Los Estados deben recordar su papel a la hora de establecer políticas de protección de los menores y prohibir el trabajo infantil.
Las empresas también pueden contribuir a ello mostrando su compromiso con los derechos humanos y los derechos de la infancia. Es imperativo que las compañías implementen auditorías rigurosas en sus cadenas de suministro para detectar y erradicar cualquier forma de trabajo infantil. Y en la mano de todos y todas está informarse, denunciar las situaciones de vulneración de derechos de los niños y niñas, y hacer un consumo responsable. Proteger la infancia debe ser una prioridad en cualquier lugar del mundo. Es necesario que se garanticen sus derechos.
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