Ante todo, entendemos por inflación el crecimiento continuado y sostenido del nivel de precios de una economía. Para medir los precios en una economía, los economistas recurrimos a indicadores agregados como el IPC (Índice de Precios al Consumo) o el Deflactor del PIB. Esta definición es utilizada de forma generalizada e indiscutible por parte de los teóricos de la economía. En su definición más rudimentaria la inflación se refiere a la subida de los precios, nada más. Así que, en definitiva, la inflación se refiere a una subida generalizada de los precios, es decir, en todo el conjunto de la economía. Del mismo modo, la deflación se refiere a un descenso de los precios.
El poder adquisitivo es la cantidad de bienes o servicios que pueden conseguirse con una cantidad de dinero fija según sea el nivel de precios. De esta forma, una subida de los precios provocará una disminución del valor del dinero, ya que, con la misma cantidad de dinero, se podrá comprar menos bienes y servicios que antes de la subida. Con ello, queda demostrado que el poder adquisitivo del dinero está fuertemente ligado a la evolución de los precios de los bienes y servicios: si los precios de los bienes y servicios aumentan, el valor del dinero se reduce; si los precios de los bienes y servicios disminuyen, el valor del dinero aumenta.
Fundamentos del Pensamiento Keynesiano
El pensamiento de Keynes supuso un cambio importante respecto a las teorías económicas predominantes de su época. Frente a la idea de que los mercados tienden a corregirse por sí solos, defendió que, en determinados momentos, la intervención pública podía ser necesaria para impulsar la actividad económica y reducir el desempleo. Keynes elaboró una teoría sobre el comportamiento a corto plazo de la economía de un país y estudió las medidas que se debían tomar para llegar a una situación más deseable. En primer lugar, dedicó su carrera a estudiar problemas agregados, como el empleo, el paro, el consumo, la producción, el ahorro o la inversión del conjunto de un país. Entiende que estos fenómenos, y las relaciones entre ellos, se rigen por sus propias reglas, no necesariamente derivadas del estudio de cómo piensan y deciden los individuos.
A Keynes lo que verdaderamente le preocupaba era qué pasaba en el corto plazo. Por ejemplo, el paro o la crisis presentes en su país. La razón sería la demanda insuficiente para necesitar emplear todos los recursos disponibles. El paro, la existencia de trabajadores sobrantes, reflejaría una escasez no de recursos, sino de demanda de los productos que se producen con esos recursos.
El término keynesianismo o economía keynesiana se refiere a las variadas teorías y modelos macroeconómicos influenciados por la obra del economista británico John Maynard Keynes, respecto a cómo la demanda agregada (el gasto total en la economía) influye fuertemente en la producción (output) económica y en la inflación. En la perspectiva keynesiana, la demanda agregada no iguala necesariamente a la capacidad productiva de la economía, al estar influenciada por una multitud de factores que a veces se comportan de manera errática y tienen impacto en la producción, el empleo y la inflación. Los economistas keynesianos por lo general arguyen que la demanda agregada es volátil e inestable y que, en consecuencia, una economía de mercado a menudo experimenta resultados macroeconómicos ineficientes, incluyendo recesiones cuando la demanda es demasiado baja e inflación cuando la demanda es demasiado alta. Más aún, afirman que estas fluctuaciones económicas pueden mitigarse por medio de respuestas de política económica coordinadas entre un gobierno y su banco central.
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Énfasis en la Demanda Agregada y el Papel del Estado
La economía propuesta por Keynes se centró en el análisis de las causas y consecuencias de las variaciones de la demanda agregada y sus relaciones con el nivel de empleo y de ingresos. El interés final de Keynes fue intentar dotar a las instituciones nacionales o internacionales de poder para controlar la economía en las épocas de recesión o crisis. Este control se ejercía mediante el gasto presupuestario del Estado, política que se llamó política fiscal. Keynes postuló que el equilibrio al que teóricamente tiende el libre mercado, depende de otros factores y no conlleva necesariamente al pleno empleo de los medios de producción, es decir, que los postulados básicos de Adam Smith, David Ricardo, etc., dependen de una premisa que no es necesariamente correcta o "general".
Para él no es la producción la que determina la demanda, sino la demanda la que determina la producción. Esto porque los empresarios-o quienes intentan serlo-invierten sobre la base de una percepción central: la diferencia entre la tasa de interés y la tasa de ganancia. Keynes aduce que el problema comienza cuando contemplamos el circuito económico en su conjunto (lo que introduce la macroeconomía). En otras palabras, Keynes postuló que, en ciertas situaciones, y contrario a lo planteado por la visión clásica, es económicamente racional no gastar dinero. Por ejemplo, si los precios están bajando es racional no comprar hoy porque con el mismo dinero se comprará más la semana que viene. Así, sucede que la economía establece un punto de equilibrio nuevo (llamado equilibrio macroeconómico o keynesiano) donde convive perfectamente en una situación lejana de la utilización óptima de los medios de producción.
La Inflación desde la Perspectiva Keynesiana
John Maynard Keynes se desmarca de la teoría cuantitativa aduciendo que la inflación no es sólo un fenómeno monetario sino simplemente se produce cuando la demanda agregada efectiva de bienes y servicios es mayor que la oferta disponible. En este sentido, Keynes señala que la demanda de dinero es inestable, depende del ciclo económico y de la expectativa de ganancia futura que pueda tener un agente. Estos dos argumentos son la base para considerar que la inflación se genera por otro tipo de razones más que por elevaciones de la cantidad de dinero. Por ejemplo, en una recesión la creación de dinero no conlleva necesariamente un aumento de los precios, sino que depende del estado de la demanda efectiva. Por tanto, los keynesianos entienden que la inflación está asociada a sucesivos aumentos de la demanda por encima de la oferta y, puesto que la demanda es superior a la oferta, los precios subirán.
Inflación por Demanda Agregada
Según el enfoque keynesiano, la inflación surge cuando aumenta la demanda agregada y la oferta del sector productivo no es capaz de hacer frente a esa demanda. En otras palabras, la inflación de demanda se da cuando los agentes económicos exigen más cantidad de bienes y servicios de los que la economía puede ofrecer. La inflación de demanda, también denominada inflación por tirón de la demanda, justifica la subida de precios al exceso de demanda agregada de bienes y servicios sobre su oferta agregada. Tanto monetaristas (Milton Friedman) como keynesianos (J.M. Keynes) coincidían en esta idea: "el exceso de demanda es el factor determinante causante de la inflación". En lo que no coincidían era en las causas que provocaban estos excesos de demanda.
Keynes postulaba que cuando la demanda total excedía de la producción de pleno empleo, tendría lugar un aumento en el nivel de precios. Es decir, el exceso de demanda se generaba cuando la economía alcanzaba plenamente la utilización de todos sus factores, de tal forma que, en esa situación, ya no era posible producir más bienes. Según Keynes, cuando se produce un aumento de los componentes de la demanda agregada (consumo, bienes de inversión, gasto público o exportaciones netas) por encima de lo que la economía puede producir (y ofrecer), los precios tienden a aumentar. Efectivamente, en una situación de pleno empleo, un aumento de la demanda dará como consecuencia un aumento de precios.
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Diferencias con la Teoría Cuantitativa del Dinero
La explicación Clásica de la inflación es la teoría cuantitativa del dinero. Siglos después, Irving Fisher en 1911 formuló la teoría cuantitativa del dinero como relación entre la cantidad de dinero, la velocidad de circulación del dinero, el índice de precios y el volumen de transacciones de una economía. En esta formulación, la inflación queda directamente relacionada con aumentos de la cantidad de dinero o aumentos de la velocidad de circulación del dinero. John Maynard Keynes se desmarca de la teoría cuantitativa aduciendo que la inflación no es sólo un fenómeno monetario.
J.M. Keynes no veía tan claramente esta relación directa entre oferta monetaria y nivel de precios que más tarde defendería Milton Friedman. Los keynesianos no aceptan la idea de que la inflación sea un fenómeno monetario. La relación entre la oferta monetaria y la inflación ha sido muy discutida entre estas dos escuelas (monetarista y keynesiana). Ambas aceptaban que el valor de las transacciones en una economía debía ser equivalente a la cantidad de dinero en circulación. Debido a esta diferenciación, los keynesianos defendían que la inflación estaba afectada principalmente por variables reales (el paro), mientras que los monetaristas argumentaban que era un fenómeno predominantemente monetario, causado por las variaciones de la oferta de dinero.
La explicación de la Nueva Macroeconomía Clásica de la inflación se desarrolló años después de la formalización del enfoque keynesiano. Milton Friedman recogió no sólo las críticas de Keynes sino también los estudios que años atrás hicieron Marshall o Pigou (los llamados economistas neoclásicos). Friedman reformuló los términos de la teoría cuantitativa y la demanda de dinero, aunque conservando la esencia de sus postulados. Esta revisión de la teoría cuantitativa dio lugar al denominado paradigma de Friedman: la inflación es, siempre y en todo momento, un fenómeno monetario.
El Keynesianismo refutaba la teoría clásica de acuerdo con la cual la economía, regulada por sí sola, tiende automáticamente al pleno uso de los factores productivos o medios de producción (incluyendo el capital y trabajo). En términos no técnicos, el liberalismo económico clásico supone que cuando se produce un bien se han producido también los medios para la compra de otros bienes. Sugiere que para fomentar crecimiento económico no hay que penalizar la producción: a más producción, más bienes que intercambiar, más intercambios, etc. Así, en el largo plazo, no solo todo lo que se produce es lo mismo que todo lo que se compra, sino que todos están interesados en que el sistema funcione a máxima capacidad. Say creía que no podía haber comprador sin un productor, pero que sí podía haber productor sin que hubiera comprador-por lo que, el consumo sería consecuencia y recompensa de la producción y no al revés-. Keynes invierte la Ley de Say. Según este principio los mercados, organizados por el subastador walrasiano, siempre se vacían al alcanzarse determinados precios reales relativos. La ley de Say incluye también el mercado laboral; de este modo, el desempleo siempre sería completamente voluntario.
Políticas Keynesianas para Gestionar la Demanda e Inflación
La solución a la demanda insuficiente sería el empleo de la política económica. Los gobiernos serían los encargados de estimular la demanda. Concretamente, a través de la política fiscal (del empleo del déficit público), de la política monetaria (intentando que bajasen los tipos de interés) y de la política cambiaria (las devaluaciones o depreciaciones de la moneda).
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Keynes era claramente partidario de la política fiscal. Según Keynes, el Estado debe desempeñar un papel activo en la economía, especialmente durante las crisis. Cuando familias y empresas reducen su gasto, los gobiernos pueden intervenir para estimular la demanda y favorecer la recuperación económica. En este contexto, Keynes defendía que el Estado incrementase el gasto público. Así, los trabajadores tendrán dinero en el bolsillo para gastar, de forma que se incrementará la demanda de las empresas a las que adquieran los bienes y servicios esos trabajadores. Esas empresas funcionarán a mayor rendimiento y se creará empleo. De lo que se trata es de que el Estado, gastando sin retirar dinero del bolsillo de los consumidores, endeudándose, conseguirá levantar la demanda. En otras palabras, la propuesta de Keynes es que el Estado debe jugar en general un papel contracíclico en la economía: estimulando la demanda en momentos de recesión y restringiéndola en momentos de auge. La forma más directa para reducir la demanda de los bienes de consumo es subir los impuestos.
Desarrollos Posteriores: Neokeynesianismo y Poskeynesianismo sobre la Inflación
Los trabajos keynesianos originaron una importante repercusión posterior. Algunos de sus seguidores han tratado de formalizar un modelo keynesiano matemáticamente. Keynes, pese a su formación en Estadística y otros campos de las Matemáticas, no era muy partidario de la matematización de la Economía, pero sí muchos de sus seguidores. También se ha trabajado mucho en ampliar los modelos keynesianos para incluir el efecto del sector exterior, de las relaciones con otras economías; al igual que otras investigaciones se han centrado en la relación entre inflación y desempleo y la posibilidad de elegir políticamente entre ambos.
Los economistas poskeynesianos y neokeynesianos han desarrollado el pensamiento keynesiano incorporando conceptos sobre la distribución de la renta, las fricciones del mercado laboral y la reforma institucional. Considerado frecuentemente un término equívoco, al menos por parte de los economistas postkeynesianos, el neokeynesianismo es la escuela de pensamiento económico hegemónica hoy en día y el producto de lo que se denomina la síntesis neoclásica. Esta síntesis combina el modelo (neo)clásico del mundo con ciertos elementos de la teoría económica de John Maynard Keynes. En particular, la estipulación de Keynes sobre cierto grado de rigidez de los salarios nominales y los precios debido a factores políticos/técnicos -como los sindicatos, costes de menú- se integran en el modelo (neo)clásico. Cabe recalcar que esto es algo completamente ajeno al pensamiento (neo)clásico debido a su premisa de una competencia perfecta.
Así, cualquier "exceso" en la cantidad de dinero inyectado por un banco central conducirá a una inflación sólo si ese dinero es usado por el sector privado o el estado para comprar bienes y servicios. Si en cambio se queda en los balances bancarios o el estado rechaza llevar a cabo un gasto fiscal extra, este dinero adicional acaba inflando los activos financieros. Esto no está causado directamente por el dinero de alta potencia de los bancos centrales, ya que estas "reservas" están restringidas a las cuentas bancarias del banco central y nunca llegan a la economía en general; sino más bien por el crédito adicional que estas reservas permiten que se cree en el sector bancario.
Al contrario que en los modelos neoclásicos o del neokeynesianos, la escuela poskeynesiana no considera un equilibrio macroeconómico estable. En concreto, se niega la posibilidad de que el mayor de los sueños macroeconómicos, es decir, un equilibrio que garantice el desempleo natural, pueda llegar a convertirse en realidad por algo que no sea pura coincidencia. Una de las razones que lleva a los poskeynesianos a argumentar esto es el propio dinero fíat, que el pensamiento neoclásico ignora al entender como neutral. El dinero fíat permite que los hogares y las empresas reserven su poder de compra para usarlo más adelante, lo cual anula la ley de Say. Es concretamente la demanda de dinero en tiempos de particular incertidumbre económica (lo que Keynes llamó la preferencia por la liquidez) lo que provoca un déficit de demanda real efectiva, ya que el dinero no es un producto que los trabajadores puedan cultivar u obtener de una mina, sino algo creado a golpe de bolígrafo por los bancos centrales y comerciales. "El dinero en sus atributos importantes es, sobre todo, un artificio sutil para ligar el presente con el futuro; y no podemos siquiera empezar a examinar el efecto de las expectativas cambiantes sobre las actividades corrientes, excepto en términos monetarios."
Los salarios nominales no están determinados por el valor de su productividad marginal, sino por la distribución de poder económico relativo entre, por un lado, empleadores (tácitamente) organizados y, por otro, sindicatos (con o sin la asistencia de salarios mínimos decretados por el estado). Más concretamente, los salarios nominales no son el resultado de un proceso de negociación llevado a cabo en el mercado laboral; se negocian ex post, es decir, después de que las empresas hayan determinado sus planes de producción, en función de la distribución del poder negociador relativo y/o las intenciones de las empresas de retener a sus trabajadores más valiosos. En otras palabras: las empresas determinan su demanda de trabajo en función de sus expectativas de ventas o de los incentivos previstos para trabajadores, y es solo entonces cuando pasan a negociar con asociaciones de trabajadores o trabajadores altamente cualificados de manera individual sobre sus contratos. Esto otorga una importancia crucial a los salarios nominales (o como Keynes los llamaba, salarios monetarios) en los procesos de formación de expectativas e inflacionarios, muy por encima de los salarios reales. En este modelo del mundo, la inflación prácticamente nunca se debe a "demasiado dinero" o "demasiado poco desempleo", y el dinero es considerado algo endógeno a la economía: se crea en función de la demanda de los agentes económicos. En términos de la teoría cuantitativa del dinero, la cantidad nominal de bienes y servicios reales multiplicada por el nivel de precios determina el volumen del dinero en la economía, y no al revés. La inflación, entonces, es principalmente el resultado de las expectativas de los agentes económicos y, más concretamente, el tambaleo de sus expectativas sobre el desarrollo de los salarios nominales debido a un choque lo suficientemente grande. Y esto se debe a que los agentes económicos no acostumbran a tener expectativas racionales en el sentido neoclásico del término: la gente no digiere la información nueva con una previsión perfecta, pero es plenamente consciente de la incertidumbre inherente a un futuro que es imposible de predecir con exactitud. Lo que ocurre es que sus efectos permanecen en el sistema, empujando los salarios nominales y los precios de otros insumos y, en consecuencia, el nivel general de precios, hacia arriba y hacia abajo.
Críticas a la Teoría Keynesiana de la Inflación
Pero no todo han sido seguidores cercanos, sino que sus planteamientos también han sido criticados. Así, se le achaca que quizá subestimó la importancia de la escasez de recursos para explicar algunas crisis económicas. Por ejemplo, si el petróleo es más caro, tenemos menos recursos para producir. Muchos han sido los escépticos sobre el papel de los gobiernos para sacar a los países de la crisis. Otros dicen que existen dificultades para planificar la política económica. Entre ellas estarían un insuficiente conocimiento de la realidad, las dificultades para tener datos fiables o la escasez de instrumentos de política económica y la abundancia de objetivos. Otros economistas señalan que hay que tener muy en cuenta las reacciones de las familias y empresas.
Otra crítica importante es la de aquéllos que preguntan sobre el largo plazo. En primer lugar, el déficit podría ser insostenible a largo plazo, lo que podría causar una crisis. En segundo lugar, si los ciudadanos se forman expectativas sobre el futuro, las que tuviesen sobre el largo plazo podrían ser determinantes de lo su comportamiento hoy. Finalmente, hay quienes están muy preocupados por los factores que determinan el futuro a largo plazo de los países.
La inflación surgida en la década de los 70 era distinta a la generada en la crisis de 1929; no venía de la demanda global, como preveía la teoría de Keynes, sino de los costes de los combustibles (subida del precio del petróleo) que afectaban el aparato productivo y el consumo doméstico. Se puso de manifiesto en la década de los 70, con la crisis del petróleo, rompiendo con la teoría keynesiana.
Tipos de Inflación
La inflación se puede clasificar según su intensidad y origen:
- Inflación moderada: Corresponde con un aumento lento y leve de los precios (por debajo del 10% anual).
- Inflación galopante: Se caracteriza por una subida rápida y sin límite de los precios (por encima del 10% anual).
- Hiperinflación: Se da cuando las tasas de inflación sufren un incremento anormal y exagerado (por encima del 100% anual).
El origen del proceso de inflación puede iniciarse con la aparición de alguno de los siguientes factores: 1. aumentos de la demanda agregada 2. excesos en la oferta monetaria 3. presiones en los costes 4. problemas estructurales. Evidentemente, como cualquier otro hecho económico, una vez puesto en marcha el proceso inflacionista, cada uno de los factores operará sobre los otros formando un círculo en el que se reforzarán mutuamente. Es por ello, por lo que llega un momento en el que la diferenciación entre inflación de demanda e inflación de costes es muy difícil de concretar, considerándose esta distinción, por algunos economistas, como artificial.
Estos autores defienden que sería más acertado diferenciar distintas fases en el proceso de inflación. Una fase inicial, en la que se observaría claramente una expansión en la subida de los precios, característica pura de una inflación de demanda, para pasar luego a una fase descendente, con caída de los niveles de producción y empleo, y una constante subida de los precios y los salarios, propias de una inflación de costes. Consideran a esta fase como la de ajuste y estabilización del proceso inflacionario.
