La Ex Hacienda de San Lorenzo en Tehuacán es un sitio de alto interés no solo por su valor histórico y cultural, sino también por las historias que de este emanan; siendo esta última una de las que se desprenden gran cantidad de leyendas con base en hechos históricos. Exploradores urbanos señalan haber visitado en la región de Tehuacán más de 30 "ex haciendas" o "sitios parte de dichas construcciones", como: La Ex Hacienda Chapultepec, La Huerta, El Humilladero, Calcahualco, El Carnero, El Carmen, Tecajete, San Lorenzo, por mencionar algunas.
La Leyenda de Francisco I. Madero en la Hacienda
En la primera década del siglo XX, "Don Francisco I. Madero" fue invitado por la Familia Díaz Ceballos a pasar unos días en su hacienda; sabedores del interés de "Don Francisco" por el espiritismo, le propusieron realizar una sesión espiritista para comunicarse con miembros de su familia, ya fallecidos; la leyenda señala que en aquella ocasión "espíritus se hicieron presentes".
Cuando Francisco I. Madero asumió la presidencia de la república no volvió a la hacienda, a manera de homenaje los "Díaz Ceballos" colocaron un cuadro con su fotografía en la sala principal, pero luego del asesinato de Madero, el cuadro fue retirado de ese sitio y depositado en la capilla de la hacienda. La leyenda también apunta a que desde ese momento, "el espíritu del Señor Madero se aparecía tratando de salir de la capilla"; dicho cuadro prevaleció años ahí, por lo que curiosos de la época aseguraron y transmitieron oralmente a sus generaciones que Madero "volteaba la capilla" en ciertos días del mes de octubre, en su intento por salir.
"La hacienda tiene mucha historia, la familia Díaz Ceballos, los ancestros de los Díaz Ceballos eran muy dados al espiritismo, en la cripta, tanto en la casona, en la casa vieja se llevaban a cabo sesiones espiritistas", mencionó el explorador Nicolás Romero de Jesús.
"Entre por error y por curiosa a esa capilla, allá cuando era joven y no estaba esa zona como ahora está, toda poblada, antes había pocas casas y eso hacía que se viera todavía más tenebroso. Ya era un poco tarde, me impresionó mucho el lugar, más por lo que se decía, que se volteaba sola, que hacían rituales, etcétera? de repente un señor bajito junto con un perro negro, ya estaban atrás de mi, y muy molesto me pidió que me saliera de ese lugar, sin dar la espalda; me quedé pasmada, porque no vi de donde salió esa persona, es como si de la nada se hubiera aparecido, comenzó a caminar hacía mi, eso me dio más miedo, entonces decidí salirme, mientras avanzaba de espaldas, él siguió dirigiéndose hacía mi? nunca más volví ni siquiera acercarme a esa zona", recordó Elizabeth, habitante de Tehuacán, a sus más de 60 años.
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Orígenes de la Hacienda Ganadera
Una vez terminada la conquista de la Tenochtitlan, llegaron a la Mixteca los encomenderos y luego los frailes dominicos, con una nueva cultura y una nueva religión que vino a sustituir las costumbres indígenas o a sincretizarse con ellas. También trajeron semillas de Castilla y con ellas el arado, animales de tiro, puercos, ovejas y cabras. La respuesta de los mixtecos fue exitosa; muy pronto empezaron a cultivar el trigo, a cuidar a los animales y a criar el gusano de seda.
Ante la multiplicación del ganado en el altiplano y tratando de despejar la zona, el virrey Luis de Velasco otorgó mercedes de sitios de estancias para el ganado menor. Un caso particular fue 1a Mixteca donde las comunidades y los caciques adquirieron numerosas concesiones e incluso superaron a los españoles. En las últimas décadas del sigloXVI, las comunidades y los caciques se beneficiaron a tal grado, que de las ganancias obtenidas en la venta de los productos del ganador menor (chivos y ovejas), financiaban las fiestas de sus santas, pagaban el diezmo y compraban productos europeos a comerciantes españoles.
Los derivados del ganado tenían demanda: lana para los obrajes de Antequera y Puebla, pieles, carne y sebo para velas destinadas a las minas. Al aumentar el ganado, crecieron los problemas. Si en un principio los españoles no se interesaban en la cría del ganado (incluso llegaron a vender sus estancias) en los años de crisis, a mediados del sigloXVII, el ganado surgió como una alternativa ante la falta de crédito en el comercio.
Proliferaron los criadores, cebadores, mayordomos y matanceros. Otros españoles empezaron a comprar ganado y a arrendar tierras de los pueblos pues era mas redituable invertir el capital en los pies de cría y pagar fácilmente el arrendamiento cuando se vendieran las cabezas o se realizara la matanza. Así nació la hacienda ganadera que se caracterizaba por su falta de propiedad del suelo. Estos grandes rebaños compuestos por miles de cabezas, cuidados por pastores y bajo la responsabilidad de un mayordomo representaban un tipo de propiedad conocida como «haciendas volantes» que subsistió desde la Colonia hasta la época independiente, en e1 sigloxix.
La Matanza: Tradición y Transformación
La matanza de miles de chivos era un acontecimiento anual en el que participaban gentes de varios pueblos y sólo podía llevarse a cabo cuando se obtenía la venia de la autoridad correspondiente y siempre y cuando pagaran sus impuestos y cumplieran con los requisitos de sanidad.
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Si bien algunos propietarios de haciendas combinaron la cría con la ceba de animales, otros se dedicaron únicamente a la engorda sin importarles la crianza. A principios de cada año, don Íñigo García, sus hijos y sus empleados de confianza, empiezan a comprar chivos y cabras de un año de edad en la Mixteca, la costa y parte de los estados de Guerrero y Puebla. Después, para poderlos cuidar mejor, separan los chivos de las cabras y forman «trozos» de 500 cabezas: media punta, puntal y viejo en los chivos y en las cabras traspunta y cabra de punta.
Son los pastores de Vista Hermosa y El Molino Huajuapan los encargados de cuidar estos rebaños. Casi siempre son dos y van acompañados de sus familias, todos con un gran conocimiento del terreno y al mando de un capitán o mayordomo cuya misión es vigilar y contar el ganado, llevas la sal para los chivos, y el maíz para las tortillas de los pastores. Hasta hace unos años el ganado de matanza hacía un recorrido de cerca de 300 km desde la costa hasta el mismo valle de Tehuacan. El ganado pasta conforme avanza; el terreno donde come en la mañana no podrá ser utilizado nuevamente en la tarde con el fin de no agotar el campo. La alimentación de este ganado es especial; comúnmente se alimenta de buenos pastos, flor de chilaco y ramas de encino, canalilli, guayabillo, cucharilla, pata de paloma y biznaga.
Los pastores tienen cuidado de que el ganado no coma plantas dañinas o venenosas. Si en el trayecto nace algún cabrito, con seguridad será asado, evitando así el retraso de la cabra. La sal es indispensable y se les da cada cinco días. Dado que su alimentación es jugosa este ganado toma agua cada ocho o 15 días.
La matanza es el momento culminante del ciclo de una hacienda. Los dueños esperan disfrutar de sus ganancias y del fin de un año de intenso trabajo; los pastores entregan un ganado bien cebado; los capitanes se preparan para supervisar; los matanceros llegan a la exhacienda grande de San Lorenzo y afilan sus cuchillos; lo mismo hacen los peladores y los tasajeros que llegan de San Gabriel Chilac (10 cuadrillas de 12 personas para realizar su trabajo que les viene de herencia): «yo nací en la matanza y siempre me he dedicado a esto, al igual que mi padre y mi abuelo», nos dice uno de ellos.
Es el mediodía del 18 de octubre; todo está listo para efectuar la matanza de chivos en la exhacienda grande, pero en esta ocasión toma otra forma; no se rezó el «Alabado», plegaria en la que se pide a Dios antes de iniciar la matanza, para que no ocurra una desgracia a los matanceros; por el contrario, llegaron las autoridades civiles y de salubridad, la prensa, las cámaras de televisión y de fotografía, y en su lugar se bailó la «Danza del Chivo», creada hace 20 años para darle mayor realce a esta tradición.
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Si siempre se bailó esta danza es cuestión de investigarlo, pero en este día fue motivo de alegría para los que se dieron cita para asistir a esta nueva ceremonia; después cuando un verdugo con su pistola eléctrica inició su labor, el panorama cambió y muchos se retiraron. En ese momento entraron los matanceros y peladores a realizar su trabajo.
Si bien la matanza es atroz para algunos, y sangrienta e inhumana para otros, es necesaria y responde a una cuestión histórica, económica, alimenticia y tal vez ecológica. En los siguientes 20 días se matarían cerca de 10 000 chivos, pocos en comparación con los 80 000 que se mataban a fines del sigloxviiien esta región. La matanza sólo se suspende los días 2 y 3 de noviembre, fecha en que todos regresan a sus comunidades a festejar a sus muertos.
A los matanceros, aparte de su salario se les reparten las orejas, las vísceras, las patas y un riñón del animal. Días después, las pieles serán enviadas a las fábricas de León y Guadalajara para elaborar finos zapatos de dama; la grasa se vende a las fábricas de jabón y la carne de chito, preparada bajo un riguroso proceso es vendida en Tehuacán, en Tlaxcala o se envía a la zafra de caña en el estado de Veracruz. Esta carne dura más de dos años siempre y cuando no se guarde en bolsas de plástico.
Distribución del Agua en el Valle de Tehuacán
Desde la época prehispánica existía en el Valle de Tehuacán un sistema de canales, llamados apantles o tecoatl, que surtía de agua a los pueblos. Esta infraestructura, compuesta por tres sistemas, fue aprovechada por los españoles para sus haciendas.
- El primer sistema empezaba al oeste de Tehuacán, cerca del manantial San Lorenzo.
- El segundo se iniciaba cerca de San Marcos Necoxtla y se extendía al sureste, hacia Zinacantepec y Miahuatlán. Por estos canales corría el agua de los manantiales Cozahuatl, la Taza y Atzompa.
- El tercero, que era más pequeño, estaba situado al norte de Venta Salada, cerca de Coxcatlán, por donde se conducía el agua del río Tilapa.
Se cree que los dos primeros sistemas estaban unidos, formando uno solo de 25 km de longitud. No es casual que precisamente en el área donde estaba construida esta red de canales se haya establecido la mayoría de las haciendas. En algunos casos los españoles obtuvieron las tierras mediante una merced real, y en otros ocupaban terrenos aparentemente sin dueño de manera arbitraria; es decir, simplemente se apropiaban del espacio que les interesaba y se asentaban en él.
Al introducir el cultivo de trigo, fue necesario establecer la infraestructura necesaria para convertirlo en harina y elaborar el pan. En consecuencia, en el Valle de Tehuacán se instalaron varios molinos de trigo, entre los ellos el de Calcahualco y el de San Diego. Al sur de San Juan Bautista Axalpan se encuentra el pueblo de San Sebastián Zinacantepec, donde se ubicaron las haciendas de Nopala, San Pedro, San Sebastián y la de Venta Negra o San Lucas. Por último, cerca de Coxcatlán, en el límite con el actual estado de Oaxaca, se instalaron los trapiches de caña de azúcar, nombrados de Calipan y de Tilapan.
Como se puede apreciar fueron numerosas las haciendas que se establecieron en esta zona, lo que provocó que los requerimientos de agua de la región aumentaran y se rompiera el equilibrio del sistema de reparto que los naturales habían instituido desde su "gentilidad", haciendo necesaria una distribución entre los pueblos y las haciendas.
Entre los habitantes indígenas del Valle de Tehuacán, los únicos que recibieron mercedes reales fueron los caciques, que tenían una posición superior al resto de la comunidad, lo que les generó mayor poder económico y prestigio. Algunos españoles buscaban casarse con las hijas de estos caciques para acrecentar su patrimonio.
La Arquitectura de la Hacienda Grande
La distribución de la arquitectura de las haciendas no es la misma para todas, ya que ésta dependía del tipo de producción. En la construcción se reflejaron las corrientes arquitectónicas de la época de mayor auge de cada una de ellas, como el barroco, el neoclásico, el neocolonial, el neogótico, entre otros.
Se notan distintos momentos importantes en el proceso de su construcción, como lo refiere el uso de herrería muy bien trabajada en el año de 1882, dato fidedigno, pues tal fecha aparece en la ventanería instalada, lo mismo que el nombre del propietario de esa época. Asimismo, se observan dos columnas de tipo jónico labradas en madera y colocadas en la zona del molino de la hacienda.
Los muros de piedra caliza labrada para lograr paramentos totalmente a plomo con terminaciones debidamente horizontales o en declive específico, lo mismo que siguiendo trayectorias circulares, presentan acabados de enlucido a base de argamasas a la cal y trabajados con buena calidad. Los colores usados en las épocas de edificación y funcionamiento de los edificios, se obtenían de minerales o vegetales que daban coloraciones blancas, grises, rojizas y tonos ocre suaves.
Respecto a la ganadería la Hacienda Grande parecía tener el toque de Midas, pues fue partícipe de los inicios de «La Matanza» ya que entre sus paredones se realizaron los primeros sacrificios masivos de ganado caprino, siendo el lugar y el evento un sólo ícono representativo que se posicionó 200 años hacia adelante en la historia de Tehuacán.
Mucho se ha hablado de la leyenda de que la iglesia tiene un par de leones que la resguardan y que hasta hace unos años, no eran leones sino ángeles que se transforman para ser los guardianes junto con otras dos gárgolas de los secretos de este enigmático lugar.
El Renacimiento del Agua Mineral de San Lorenzo
Los manantiales de Tehuacán fueron tan importantes para su desarrollo comercial- económico en siglo XX, con "las embotelladoras", y en la actualidad la población espera recuperar sus volúmenes de agua para regresar esa gloria a su comunidad.
Poco después, se comenzó a embotellar agua junto al manantial de Axoxopan, para 1912 dicha embotelladora fue vendida al norteamericano Leo F. quien fundó la "Empresa de Aguas Minerales San Lorenzo"; en pleno auge de las embotelladoras, el 13 de noviembre de 1915 cuando la distribución era en toda la república, Estados Unidos y Cuba, llegaron a Tehuacán las fuerzas zapatistas al mando del cabecilla general Mendoza, y al no poder tomar la plaza, en su retirada, incendió las plantas embotelladoras de agua mineral después de haberlas saqueado.
En 1938 Francisco Balseca inició la construcción de la planta embotelladora al pie del manantial de Axoxopan, más tarde los señores González de procedencia española, invirtieron en la planta, para luego romper su sociedad y fue cuando los Balseca pusieron su embotelladora cerca de las vías del tren; en 1942 la fábrica fue reacondicionada y modernizada la maquinaria, retomando el embotellado de agua mineral; operó bajo la razón social "Manantiales de San Lorenzo S. A. de C.
"Fue una experiencia trabajar ahí, bonita, desgraciadamente se cerró y ahora no se ha buscado, si se tiene la maquinaria, si se tiene todo, sería importante buscar reactivar esa embotelladora con todo ese valor histórico que tiene, porque realmente le dio historia a San Lorenzo a Tehuacán, venían personas de otros países", precisó Priscila una de las últimas obreras de la embotelladora de San Lorenzo.
