La formación profesional (FP) ha demostrado ser una poderosa herramienta para impulsar la transformación social. Más allá de su función de facilitar el acceso al empleo, tiene la capacidad de influir positivamente en la sociedad, reduciendo desigualdades y favoreciendo el bienestar colectivo. Vivimos en un mundo en constante evolución, y el entorno laboral no es ajeno a ello. La rapidez con la que se desarrollan las tecnologías, emergen nuevas herramientas y afloran nuevas necesidades, hacen que el mercado laboral esté en un continuo cambio. Mantenerse actualizado es esencial para avanzar en la carrera profesional y alcanzar el éxito. Mediante la promoción de las competencias para el trabajo y la vida, la UNESCO vincula la educación con el mundo laboral, que evoluciona rápidamente. La educación y la formación técnica y profesional (EFTP) ayudan a los jóvenes y a los adultos a adquirir las capacidades, los conocimientos, los valores y las actitudes que necesitan para encontrar un trabajo decente y contribuir a la construcción de un mundo pacífico, sano, justo y sostenible.
La Formación Profesional y su Impacto Global en la Sostenibilidad
La incorporación del módulo transversal “Sostenibilidad aplicada al sistema productivo” a todos los ciclos de Formación Profesional en España representa un avance normativo significativo en el contexto de los desafíos medioambientales actuales. Por primera vez, se reconoce la necesidad de formar a futuros profesionales con competencias vinculadas al desarrollo sostenible, alineando la Formación Profesional con las directrices de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). El informe anual de la FP correspondiente a 2024 del Observatorio de la Formación Profesional en España, realizado por CaixaBank Dualiza y Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad, titulado en esta ocasión La Formación Profesional ante los retos de sostenibilidad medioambiental en España, comienza con el análisis de los catorce retos medioambientales prioritarios en España y que están relacionados básicamente con el cambio climático y la biodiversidad.
El concepto “ocupación verde” se usa en el informe en su sentido más amplio, incluyendo tanto ocupaciones especializadas en la producción de bienes y servicios medioambientales como aquellas ocupaciones que pueden contribuir a reducir el impacto medioambiental. Las “ocupaciones verdes” están presentes en múltiples sectores: en los emergentes, como las energías renovables y el reciclaje, y también en sectores tradicionales en transformación para hacerlos más sostenibles, como la construcción y la manufacturación. Se califican como “prioritarias” aquellas ocupaciones que son imprescindibles para la sostenibilidad medioambiental. Se han identificado 117 ocupaciones verdes prioritarias: 48 precisan de formación universitaria, 71 están vinculadas a la Formación Profesional y 8 a niveles educativos elementales.
| Nivel de Formación Requerido | Número de Ocupaciones Verdes Prioritarias |
|---|---|
| Formación Universitaria | 48 |
| Formación Profesional | 71 |
| Niveles Educativos Elementales | 8 |
En la tercera fase del informe se han identificado 60 “ciclos verdes tractores”. Son “verdes” porque forman a los profesionales que desempeñan las 71 ocupaciones verdes prioritarias. El problema es que hay determinados “ciclos verdes tractores” con escasa matriculación, a pesar de que algunos, como los del sector de la construcción o los del sector del agua, tienen un elevado índice de empleabilidad: por ejemplo, solo hay 400 matriculaciones en el GM Redes y Estaciones de Tratamiento de Aguas y otras 300 en el GS Gestión de Agua. Hay todavía margen de crecimiento para la profesionalización de las personas empleadas en ocupaciones verdes, si las personas con estudios de Bachillerato o solo la ESO pasan a estudiar ciclos de FP para adquirir mayor cualificación profesional. Un aspecto preocupante es el escaso número de personas jóvenes que desempeñan algunas ocupaciones verdes prioritarias. El sector más afectado es el de “Agricultura y relacionados”: frente a las 269.000 personas ocupadas mayores de 64 años en este sector, solamente hay unas 83.000 personas menores de 29 años.
Los principales problemas detectados en el módulo de sostenibilidad incluyen la escasa duración del módulo (30 horas), su diseño idéntico para ciclos de grado medio y grado superior, y su enfoque eminentemente teórico, poco adaptado a la realidad práctica de los entornos de FP. Asimismo, el contenido del módulo se encuentra excesivamente alineado con el marco institucional de la Agenda 2030, lo que corre el riesgo de reducir la sostenibilidad a un conjunto de conceptos normativos y de indicadores, sin fomentar una comprensión crítica ni una conexión real con los sectores productivos y los contextos locales. La inclusión de este módulo supone un paso adelante, pero si no se acompaña de una implementación pedagógica coherente, formación docente especializada y una integración real con el resto del currículo, corre el riesgo de ser una oportunidad perdida.
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La Formación Profesional frente a los Desafíos Globales
La pandemia del COVID 19 tendrá graves y prolongados efectos en la economía y el empleo mundial, afectando los ingresos y el bienestar de millones de personas. La OIT estima que 25 millones de personas podrían perder su empleo a nivel global, mientras que para América Latina y el Caribe la CEPAL estima una contracción del PIB regional de 1,3%, lo que podría implicar una suba de la tasa de desempleo de hasta diez por ciento. Las medidas de distanciamiento social implementadas en los países de la región, además del fuerte impacto en la actividad económica y el empleo, están teniendo consecuencia en las instituciones de formación profesional. Mantenerse en funcionamiento y operativas, en contacto con sus docentes y participantes y brindando sus servicios a la comunidad, a pesar de haber suspendido las clases presenciales en las aulas.
Surge de la encuesta efectuada por OIT/Cinterfor que muchas IFP de la región han ampliado los cupos en sus cursos a distancia, o han ofrecido nuevos cursos a través de sus plataformas formativas o han contratado con proveedores externos los MOOC que ofrecen, usualmente de forma gratuita y abierta a toda la población. Otro desafío ha surgido de la infraestructura tecnológica, tanto de las instituciones como del país en su conjunto, para facilitar el acceso de los participantes a las TIC. Esta es también, una dimensión en la cual las diferencias socioeconómicas se traducen de manera muy clara en inequidades en materia de oportunidades de acceso a las tecnologías y uso significativo de las mismas. La disponibilidad y acceso a banda ancha todavía no está suficientemente diseminada en la región.
Algunas IFP están avanzando para ofrecer los contenidos de sus planes presenciales en modo online; otras han contratado con compañías proveedoras externas paquetes formativos ya existentes, en general de corta duración y muchos enfocados en habilidades blandas. Hay instituciones que están activando mecanismos de capacitación a sus formadores para que estos puedan, tanto desarrollar contenidos y materiales para formación a distancia, como para administrar espacios de aprendizaje virtual. Los recursos humanos, en particular la disponibilidad de formadores a distancia, representa otro cuello de botella para las IFP. No es lo mismo ser formador presencial que formador de un curso a distancia, y la mayoría de los docentes de las IFP de la región no cuentan con experiencia de ser tutores de cursos virtuales.
Otro aspecto importante del accionar de algunas IFP y organismos especializados de la región, es el de la certificación de competencias. Varias IFP y organismos como CONOCER o ChileValora, tendrán que ensayar respuestas ingeniosas y novedosas para evaluar y certificar usando herramientas digitales no presenciales, lo que tal vez podría tener un impacto de largo plazo en la forma como se lleva a cabo la certificación de competencias a nivel global o regional. Finalmente, es importante que se inviertan recursos en el campo de la anticipación de las necesidades formativas y de perfiles profesionales para los empleos que se vayan a crear en el período post-crisis o de recuperación. Lo anterior muy probablemente también implique que surjan ocupaciones nuevas y otras antiguas tiendan a desaparecer o a cambiar radicalmente sus contenidos, todo lo cual implicará la necesidad de reconversión, re-skilling y up-skilling de importantes contingentes de la mano de obra de las economías a nivel global.
El Rol Fundamental de la Formación Profesional en la Economía y la Sociedad
En un escenario donde las diferencias socioeconómicas marcan el acceso a oportunidades, la educación y el desarrollo profesional se erigen como motores de cambio. A través de ellos, se empodera a las personas, fomentando un tejido social más equitativo que permita a la ciudadanía aspirar a una vida digna y plena. La formación profesional se presenta como una solución eficaz al ofrecer programas accesibles para colectivos vulnerables, facilitando a quienes han sido excluidos del mercado laboral la oportunidad de adquirir habilidades útiles y demandadas. Este enfoque fomenta la equidad y fortalece la cohesión social, ya que permite a las personas integrarse de manera activa en el tejido económico. Para lograr un verdadero impacto, es fundamental diseñar programas formativos que respondan a las necesidades del mercado laboral y se adapten a las aspiraciones y circunstancias de cada individuo.
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La empleabilidad es otro de los grandes valores que la formación profesional aporta, especialmente en un mercado laboral que exige adaptabilidad y aprendizaje continuo. Esto se debe a que conecta directamente con el mundo real, permitiendo que el alumnado combine el aprendizaje teórico con la práctica en empresas, lo que les otorga competencias y una ventaja competitiva frente a quienes carecen de experiencia profesional. El beneficio es claro: las personas no solo se forman, sino que se preparan para participar activamente en la economía. Y es precisamente en la economía donde el impacto de la formación profesional se hace más evidente: una fuerza laboral más cualificada eleva la productividad e impulsa la competitividad empresarial, generando un efecto en cadena en el que las empresas prosperan, se crean más empleos y se estimula el crecimiento económico. Es en este contexto donde se demuestra cómo la educación puede transformar vidas, tanto para quienes la reciben como para las comunidades en las que operan estas empresas.
No se puede hablar de formación profesional sin mencionar la responsabilidad social que implica. Aunque la empleabilidad es uno de sus principales objetivos, el enfoque va más allá de preparar a las personas para conseguir un trabajo; se trata de garantizar que la formación sea accesible, inclusiva y sostenible. El compromiso con el desarrollo local y con la sostenibilidad es fundamental, desde reducir el uso de recursos hasta fomentar prácticas eco-amigables. La formación profesional debe ser una palanca para promover un cambio positivo en todos los niveles, alineándose con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.
La Necesidad de una Formación con Visión Global e Internacional
Si planeas estudiar una licenciatura, debes saber que gracias a la globalización el panorama educativo está cambiando con rapidez. Uno de los factores más relevantes a tener en cuenta es que tu educación universitaria no solo responda a los requerimientos de nuestro país, sino que sea competitiva a nivel mundial. Vivimos en un mundo global e hiperconectado en el que las empresas ya no solo compiten y colaboran de manera local, sino que lo hacen a nivel internacional. Es por ello que buscan profesionales que cumplan con estándares internacionales. Para cumplir con esta expectativa resulta cada vez más necesario contar con una formación universitaria con visión global que te brinde todos los elementos para enfrentar de manera exitosa retos de escala internacional.
Tener una formación profesional con perspectiva internacional te brindará varias ventajas en el competitivo mundo laboral. Hablar otra lengua es un requisito en el mundo laboral actual; sin embargo, contar con una educación realmente internacional te permitirá adquirir las habilidades para comunicarse exitosamente en un ambiente profesional globalizado. Además de darte los conocimientos necesarios para poder comunicarte, este tipo de educación te brindará un amplio panorama de otras culturas que te permitirá estar familiarizado con ellas y poder colaborar activamente en un ambiente multicultural. Estudiar y colaborar con personas de diferentes culturas, grupos étnicos, religiones e idiomas será de gran utilidad para desarrollar tu empatía, ampliar tu experiencia académica, aumentar tu identidad cultural y fomentar tu comprensión y apreciación de quienes provienen de un entorno diferente al suyo. Esto permitirá enriquecer tu capacidad de comprender emocionalmente a los demás y generar un cambio positivo en el mundo.
Un aspecto a considerar para una universidad con visión mundial es que sus planes de estudio deben estar diseñados con base en tendencias internacionales y tener una visión global de la profesión. La escuela que escojas debe contar con un amplio programa de intercambios de alumnos y docentes con prestigiosas instituciones educativas de todo el mundo. Además busca que tu próxima universidad cuente con dobles titulaciones, programas conjuntos, congresos, convenciones, conferencias, profesores visitantes, viajes académicos, veranos intensivos, e incluso asignaturas online, todas estas experiencias en universidades extranjeras enriquecerán tu formación. En la Universidad Anáhuac estamos convencidos de que la educación debe responder a los retos globales, es por ello que diseñamos el Modelo 2025 para formarte integralmente en las dimensiones profesional, intelectual, humana, social y espiritual, además de prepararte para servir a los demás y a transformar positivamente su entorno. Todo esto con una perspectiva internacional, con planes de estudio creados de acuerdo a las tendencias mundiales y una visión internacional del mundo laboral.
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Desarrollo Profesional Continuo y Adaptabilidad
Desarrollarnos profesionalmente conlleva crecer, adquirir nuevas habilidades, actualizar conocimientos y mejorar las competencias existentes, y todo esto nos permite llevar nuestro camino profesional hacia el éxito. La formación nos proporciona ese camino para lograr nuestros objetivos. Al participar en programas de formación, tenemos la oportunidad de ampliar nuestras habilidades, desde las más técnicas y específicas, hasta habilidades blandas como el liderazgo, la comunicación, la gestión de equipos, la resolución de problemas. Además de mejorar las habilidades individuales, la formación también contribuye al crecimiento de la empresa. Una plantilla bien formada es más productiva, eficiente y cuenta con mejores herramientas para abordar los desafíos en un entorno laboral en constante cambio. Todo ello repercute de manera directa en la calidad del trabajo, la satisfacción del cliente y, en última instancia, en un mejor desarrollo comercial y económico de prosperidad.
La importancia de la formación para el desarrollo profesional se evidencia aún más en sectores altamente competitivos y en aquellos que experimentan una rápida transformación tecnológica. Es importante hacer una reflexión, la formación no se limita al ámbito académico tradicional. Si bien la obtención de títulos y certificaciones es valiosa, hay que abrirse a experiencias de aprendizaje nuevas, al aprendizaje informal, la participación en conferencias, seminarios web, las oportunidades que ofrece el entorno online, los programas de mentoría, las comunidades de aprendizaje, el juego, las experiencias de vida…todo ello aporta valor para un buen desarrollo profesional. Es más que adquirir conocimientos; es el camino hacia la excelencia y la adaptabilidad en un entorno laboral dinámico. Desde habilidades técnicas hasta competencias blandas, la formación impulsa el crecimiento individual y el éxito empresarial. Reconocemos que el aprendizaje va más allá de las aulas convencionales; abarca experiencias diversas, desde mentorías hasta la exploración de nuevas tecnologías.
Es evidente que los sectores tradicionales se están viendo transformados por la digitalización, como es el caso de la Telemedicina, el ámbito del bienestar, el cuidado personal y el ocio que demandarán nuevos perfiles profesionales. La Organización Internacional del Trabajo sugiere que podrían crearse 475 millones de empleos en el sector sanitario en 45 países para 2030. España, Europa, e Iberoamérica, necesitan recualificar a gran parte de la población adulta, y para ello, debemos asumir que ya se ha roto la vinculación entre titulación y competencia. Los gobiernos y organismos internacionales deben promover la formación flexible, a distancia, de calidad y orientada a las necesidades reales del mundo del trabajo. Los programas de aprendizaje y formación específicos, que cuentan con el reconocimiento oficial, deberán asumir los cambios que se están experimentando en la sociedad actual y tenemos que crear un verdadero espacio de educación superior que nos invite a invertir en un aprendizaje a lo largo de la vida verdaderamente útil para las personas.
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