La importancia histórica de las fuerzas armadas romanas es innegable. No solo fueron el instrumento para la conquista y defensa de un vasto imperio, sino también un factor esencial para la difusión de la cultura y civilización romanas en los territorios conquistados. La evolución del ejército romano, desde una milicia ciudadana hasta una fuerza profesional, se entrelazó profundamente con la función del subsidio, que abarcaba desde la paga hasta las bonificaciones y las recompensas más significativas, como la ciudadanía.
El Servicio Cívico en la República Temprana
En los inicios de la República romana, el ejército consistía principalmente en soldados ciudadanos que eran llamados a las armas en tiempos de guerra. Poco sabemos de la legión romana en tiempos de la monarquía o muy temprana república, pero intuimos que debía de reducirse a bandas armadas que debían fidelidad a un aristócrata o familia patricia concreta, antes que a las instituciones del Estado. La posesión de la ciudadanía romana comportaba la obligación de servicio militar, si bien este solía reducirse a periodos cortos o a urgencias puntuales. La idea subyacente consistía en concebir un vínculo estrecho entre la participación en la guerra y la posesión de derechos políticos, como el voto en las diversas asambleas populares. No eran por tanto soldados profesionales sino el cuerpo cívico en su conjunto el que formaba estos ejércitos. Campesinos, comerciantes, pastores, combatían codo con codo y reforzaban así el sentimiento de unidad política.
El primer dato deja constancia de algún tipo de pago a los soldados romanos data de finales del siglo V a.C, y fue algo excepcional que no sentó precedente. Cada uno de estos ciudadanos-soldados debía proveerse de su propio armamento y, salvo casos contados, no recibía nada a cambio salvo una participación proporcional en el reparto de botín de guerra. El éxito de las armas romanas multiplicó este botín lo que, a la larga, hizo de la guerra un negocio enormemente lucrativo, hasta el punto de que, tal y como han señalado algunos especialistas, la economía romana girase fundamentalmente en torno a la guerra y sus ganancias.
La Profesionalización del Ejército y las Reformas Marianas
A lo largo del siglo II a.C. el sistema de alistamiento se manifestó inviable y provocó graves tensiones sociales que llevaron a la República al borde del abismo. La multiplicación de los frentes de guerra y su prolongación en el tiempo hizo imposible que los ciudadanos-soldado regresaran a sus hogares al término de la campaña militar ni pudieran, por tanto, conciliar la actividad militar con su trabajo en el ámbito civil. La base de alistamiento de las legiones romanas, basada en la riqueza de sus ciudadanos, se iba reduciendo progresivamente a medida que el pueblo se empobrecía. Tras el fracaso de los intentos reformadores de los hermanos Graco, la situación se hizo insostenible. El sistema tradicional de alistamiento era insuficiente para conseguir las tropas necesarias.
Cuando Cayo Mario fue elegido cónsul en el 107 a.C., comenzó a reclutar voluntarios entre los ciudadanos que no tenían propiedades y los equipó con armas y armaduras a expensas del Estado. Esto representó un cambio conceptual enorme, un cambio de paradigma en la historia de Roma. El soldado ahora sería leal a su general, ya que le había sacado de la miseria y le garantizaba un futuro digno a cambio de su fidelidad. Otra consecuencia profunda que implicarían las reformas marianas será la normalización de los equipos, desapareciendo las desigualdades de riqueza entre los legionarios.
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Augusto y la Consolidación del Ejército Profesional
Tras la victoria de las legiones de Octaviano sobre las de Marco Antonio en Actium, Augusto reorganizó al ejército, aumentando el tiempo de servicio y creando el tesoro militar, entre otras cosas. Redujo el número de legiones existentes en territorio romano, al desmovilizar algunas y fusionar otras. Augusto promovió, reforzó y sistematizó el modelo de un servicio militar voluntario y prolongado, lo que permitió formar una fuerza de soldados profesionales altamente efectivos. Estos soldados recibieron un salario y adquirieron un fuerte sentido de pertenencia y lealtad hacia su persona.
Los hombres se alistaban atraídos por la paga, bonificaciones económicas en forma de monedas otorgadas por el emperador en su ascensión al trono, en su aniversario, etc., además de las buenas expectativas de futuro, de la seguridad que daba tener la comida y el alojamiento asegurado y el prestigio y los privilegios que implicaba ser legionario.
Paga y Estatus en las Legiones y Unidades Auxiliares
El ejército proporcionaba alimentación segura, médicos y salario, como también estabilidad. Sin embargo, la paga no era mala, pero tampoco era nada especial y se hacían muchos descuentos, desde la comida a la ropa. En promedio un centurión recibía 18 veces la paga de un soldado raso, 13.500 denarios, y los centuriones de la primera cohorte recibían 27.000, mientras que los primi ordines recibían 54.000.
Con la reconversión de la legión en una unidad formada casi exclusivamente por infantería pesada, los romanos se quedaron sin tropas ligeras, tiradores y con poca caballería, por lo que tuvieron que acudir a pueblos extranjeros para proveerse de ellos. Fue así como a partir del siglo I a.C. se formaron las cohortes de auxiliares, unidades compuestas por soldados no ciudadanos que sin embargo eran parte integral del ejército. Pasado el caos de las guerras civiles que acabaron con la República, Augusto reorganizó al ejército, y dividió a los auxiliares en una serie de cohortes de infantería y alas de caballería.
Su sueldo y estatus en el ejército dependía mucho de su categoría, pues los auxiliares no formaban un cuerpo cohesionado sino un conjunto de formaciones independientes. Sin duda los más prestigiosos eran los caballeros auxiliares, que formaba unidades de choque, con un sueldo de 262 sestercios anuales superior al de los 225 que cobraba un legionario. Más abajo en el escalafón se encontraban los jinetes ligeros como los númidas o los arqueros a caballo orientales con paga legionaria, y por último estaba la infantería auxiliar que cobraba unos míseros 187 sestercios al año. El periodo de servicio era bastante más prolongado. En época de Augusto un auxiliar debía servir 25 años para obtener su licenciamiento y la ciudadanía romana. La paga, a pesar de la especialización de estas tropas, tampoco era igual a la de los legionarios.
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Tabla comparativa de la paga anual en sestercios (época imperial temprana)
- Caballero auxiliar de choque: 262
- Legionario: 225
- Jinete ligero auxiliar (númida, arquero a caballo oriental): 225 (paga legionaria)
- Infantería auxiliar: 187
La Ciudadanía como Máxima Recompensa para los Auxiliares
Con todo la mayor recompensa que recibía un auxiliar era la concesión de la ciudadanía romana junto con su estipendio al jubilarse. Una importante cantidad pagada por el estado con la que empezaban una nueva vida en sus comunidades nativas, contribuyendo así a romanizar a los indígenas con la creación de una clase privilegiada educada en los valores del imperio. Era necesario ser ciudadano romano para alistarse como legionario, pero aquellos que no contaban con la ciudadanía podían alistarse en las tropas auxiliares, alcanzando una posición económica y social de mayor prestigio, obteniendo (tras el servicio) múltiples beneficios económicos, tierras para asentarse e incluso obteniendo la ciudadanía como reconocimiento.
Lo normal era que para evitar que estas unidades se convirtieran en el brazo armado de la resistencia local se les destinara a territorios lejanos de su lugar de origen, normalmente a las provincias fronterizas como Britania, Germania, Siria o Egipto, etc. En muchos casos los soldados auxiliares, tras el largo servicio no volvían a su lugar de origen, ya que habían echado raíces (familia, negocios, amigos, etc) en el lugar de destino.
Beneficios y Desventajas de la Vida Militar
Durante el siglo II d.C. no habría habido mucho servicio activo y, por lo tanto, disminuyó el riesgo de muerte, ya que este fue un momento bastante pacífico en la historia de Roma. Debido a esta estabilidad y los asentamientos posteriores, muchas bases del ejército incorporaron baños y anfiteatros, por lo que el ejército claramente tenía sus ventajas. El ejército también contaba con técnicos altamente cualificados: ingenieros, contables, arquitectos. Muchos de los soldados contaban con conocimientos de distintos oficios, cuestión imprescindible para tareas complementarias.
Sin embargo, el ejército proporcionaba poca movilidad social, y tomaba un largo tiempo completar el servicio; además, probablemente había que servir en el extranjero. No fue hasta Septimio Severo que los soldados comunes pudieron casarse legalmente durante el servicio. Asimismo, los soldados también podían poseer esclavos. La vida militar en el ejército del Bajo Imperio perdió progresivamente prestigio, la recluta se hizo más difícil y se volvió hereditaria y forzosa, con lo que se tornó enormemente impopular.
Unidades Especiales: Pretorianos y Cohortes Urbanas
Tras la llegada de Augusto al poder se producirán cambios importantes en el reclutamiento, no solo de las legiones, también de las cohortes pretorianas, fijándose normas estrictas para su formación en torno al año 24 a.C. Los pretorianos eran reclutados principalmente en Italia, y parece probable que nunca recibieran conscriptos debido a los muchos beneficios que tenían por sobre los legionarios regulares. La Guardia Pretoriana era, de hecho, la guardia personal del emperador romano y constaba de nueve cohortes. El reclutamiento de la guardia urbana era muy similar al realizado en el pretorio, proviniendo los integrantes de este cuerpo en su gran mayoría de Italia. Si inicialmente el cuerpo de vigiles fue constituido por libertos, pronto estos fueron sustituidos por ciudadanos romanos atraídos por el sueldo y por servir en Roma.
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