Gonzalo Guerrero, un marinero español del siglo XVI, experimentó un destino singular tras un naufragio que lo llevó a integrarse a la cultura maya. Su historia, marcada por la adaptación y la lealtad, lo convirtió en una figura controvertida, transitando entre la traición y el heroísmo en la historiografía mexicana.
El Naufragio y el Cautiverio
Gonzalo Guerrero era un marinero como muchos otros en el siglo XVI. Su vida transcurrió casi en el anonimato hasta que se embarcó en un viaje al Darién con el capitán andaluz Juan de Valdivia en 1505. Sin embargo, en el viaje de vuelta, la tripulación enfrentó una serie de adversidades.
Primero, encallaron en el arrecife de los Alacranes, en el Golfo de México, debido a una tormenta tropical. Veinte pasajeros se aventuraron en un esquife con provisiones para llegar a tierra firme, pero las corrientes los arrastraron lejos de su ruta durante varios días. La situación se tornó crítica, con algunos pasajeros muriendo de hambre. Uno de los tripulantes, Jerónimo de Aguilar, incluso intentó quitarse la vida.
Las corrientes llevaron a los sobrevivientes al norte de la península de Yucatán, posiblemente a Holbox. Al tocar tierra, fueron capturados por un grupo de guerreros mayas. Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero lograron escapar del cautiverio, mientras que los demás probablemente murieron.
Integración a la Cultura Maya
Por su lado, Gonzalo Guerrero logró escapar de nuevo y cruzó durante 20 días la selva yucateca hasta que fue capturado en Chetumal, Quintana Roo, por otro grupo de mayas. La destreza de Guerrero lo convirtió en un prisionero valioso; la construcción de un pequeño banco de madera llamó la atención del cacique.
Lea también: Tu viaje perfecto a la Hacienda de Cabañas
Gonzalo Guerrero, el marinero rústico, se adaptó a la vida de los indígenas. Se perforó, se tatuó y se hizo un peinado de guerrero. El náufrago se convirtió en un maya.
Gabriela Solís Robleda describe a Guerrero integrado totalmente a la sociedad maya en un proceso que ahora llamamos de “aculturación”. En esta relación, Guerrero da cuenta de su lugar y fecha de nacimiento, los nombres de sus padres y de sus cuatro hermanos, su matrimonio en Chetumal y los nacimientos de sus hijos. “Que en nada supe yo más de ellos, de que yo fuime del seno de la de la mi familia y que de aquesto tengo yo mucho pesar y mayor cuidado.
En cuanto a los términos de las respuestas que Guerrero envió a Cortés y a Montejo, concuerdan con los referidos en este texto, pero existe discrepancia en la intención que se les adjudica. “tomóme de mucha envidia mirando yo la bizarría y la arrogancia de entrambos dos caballeros, que tenían cubierta la cabeza con casco de almete de acero bien repujado a la castellana y espaldares y petos de acero bien bruñido y grebas en los brazos y en las sus piernas y sobre botas altas y una espada de tizona de cazola que cuelga de la bandolera cruzada... Y díjeme yo paro mí que así vistiérame yo estando bajo las armas... Pero si en esta historia no tenemos a un Guerrero hereje, ni traidor a su patria, ni capitán de guerra a favor de los indios. en cambio encontramos un Guerrero integrado totalmente a la sociedad maya en un proceso que ahora llamamos de “aculturación”.
El Rescate y la Decisión
Fuera de las aventuras de la península, el gobernador de Cuba, Diego Velasco, se enteró de la existencia de los náufragos gracias a una de las expediciones a México comandada por Francisco Hernández de Córdoba. Los europeos fueron notificados por algunos indígenas de que había españoles varados. Hernán Cortés se propuso rescatar a los españoles en 1519. Mandó llamar a Jerónimo de Aguilar y a Gonzalo Guerrero por medio de una carta que llevaron algunos indígenas.
El primero en ser notificado fue Aguilar, quien se sintió aliviado. Luego, viajó personalmente al pueblo donde estaba Guerrero para anunciarle el rescate, pero se encontró con un hombre convertido.
Lea también: Cómo pagar impuestos en el Estado de Guerrero
“Soy casado y tengo tres hijos, y tiénenme por cacique y capitán cuando hay guerras; idlos con Dios, que yo tengo labrada la cara y hordadas las orejas. ¡Qué dirán de mí desde que me vean esos españoles ir de esta manera!
Jerónimo, quien aprendió el maya chontal, se convirtió en uno de los traductores de Cortés. De Gonzalo Guerrero no se supo nada hasta que los conquistadores llegaron a las Hibueras (Honduras). Ahí, Gonzalo Guerrero murió peleando en contra de los españoles que querían conquistar el territorio.
Interpretaciones Históricas
De la figura del náufrago español Gonzalo Guerrero sólo han trascendido sus respuestas negativas a los requerimientos de Hernán Cortés y del conquistador de Yucatán, Francisco de Montejo, para unirse a las expediciones militares españolas que intentaban lograr la sujeción de las tierras recién descubiertas, Por estas negativas.
Guerrero ha transitado los extremos que van de la traición al heroísmo en la historiografía mexicana. Desde los primeros años de la Colonia se difundió la idea de que los mayas se defendieron tan encarnizadamente gracias a la participación de un español en sus filas. Por ello, Antonio de Solís, historiador del siglo XVII, juzgaba con dureza a Guerrero, lo consideraba ejemplo de maldad y decía que sólo lo mencionaba porque no “dejan de tener su enseñanza estas miserias a que está sujeta nuestra naturaleza”.
El texto del franciscano Joseph de San Buenaventura, Historias de la Conquista del Mayab, escrito en 1725, nos da una imagen de Guerrero que no concuerda con las que la historiografía nos ha brindado: ni hereje traidor, ni defensor de los indios. Fray Buenaventura le da voz a un Guerrero cristiano que se “acomoda” a vivir entre los indios. pero no reniega de su religión sino que trata de convencer a los naturales de la inutilidad de resistirse a la penetración española. Acepta haber explicado a los mayas la manera de hacer la guerra y a utilizar las armas españolas, pero alega que esto lo hizo con el objeto de que comprendieran que era imposible la resistencia,
Lea también: Marco Legal de la Fiscalía
Las Diferentes Versiones de la Historia
La versión de la historia más difundida refiere que Gonzalo Guerrero, tras ser avisado por Jerónimo de Aguilar de la llegada de Cortés a Cozumel, rechazó unirse a los españoles por los tatuajes que tenía y porque estaba casado y tenía varios hijos.
Inicialmente veremos cuales son las diferentes respuestas que se han dado a esta pregunta, con base a las diversas historias del siglo XVI que contienen el episodio. Posteriormente evaluaré la coherencia y la evidencia de las mismas, para arribar a una posible respuesta aceptable.
Los autores a revisar son: Hernán Cortés (a través de su Carta del Cabildo), Pedro Mártir de Anglería, Andrés de Tapia, Gonzalo Fernández de Oviedo, Francisco López de Gómara, Bartolomé de Las Casas, Francisco Cervantes de Salazar, Diego de Landa, Bernal Díaz del Castillo, Antonio de Herrera y Diego López Cogolludo.
| Autor | Menciona a Guerrero | Registra el Suceso | Aporta Información Significativa |
|---|---|---|---|
| Hernán Cortés | No | No | No |
| Pedro Mártir de Anglería | No | No | No |
| Gonzalo Fernández de Oviedo | Sí | No | No |
| Bartolomé de Las Casas | Sí | No | No |
De las once versiones del cuadro, dos no mencionan la existencia de Guerrero (Cortés y Mártir), dos no registran el suceso (Oviedo y Las Casas) y tres repiten lo que dijo un autor previo, por tanto sólo cuatro aportan respuestas significativas. Tenemos entonces dos autores contra otros dos. ¿Quiénes estarán en lo correcto?
Comenzamos con Tapia, testigo del rescate, que dice que Aguilar dijo: “que él sintió del otro su compañero que no quería venir, por otras veces que le había hablado, diciendo que tenía horadadas las narices y orejas e pintado el rostro y las manos, e por esto no lo llamó cuando se vino”.3Es decir, Aguilar supuso que Guerrero no iba a querer irse de donde estaba, ni unirse a los españoles. Sin embargo, esta interesante versión de Tapia, escrita en 1540, no fue considerada por ninguno de los demás autores. ¿Por qué?
Gómara, no testigo sino escucha que contó con la información oral de Cortés, de Tapia y de varios conquistadores para escribir su Historia, en su relato del rescate nos dice que Guerrero fue avisado por Aguilar: “Yo le envié la carta de vuestra merced, y a rogar que se viniese, pues había tan buena coyuntura y aparejo. Mas él no quiso, creo que de vergüenza, por tener horadadas las narices, picadas las orejas, pintado el rostro y manos a fuer de aquella tierra y gente, o por vicio de la mujer y amor de los hijos”.4 Es decir, aparecen que sí le envió las cartas y la afirmación de que Guerrero no quiso unirse a los españoles, posiblemente por su mujer y sus hijos.
Sigue Cervantes de Salazar, lector de obras previas, quien se basó en el relato de Gómara, pero le hizo algunos importantes arreglos. Como puede verse, el relato crece en dos detalles nuevos: la espera insatisfactoria y la valentía que presuponen los tatuajes. Son elementos que solo enriquecen la confección del relato, pues al mismo tiempo, Cervantes respeta fundamentalmente el sentido que Gómara había escrito, es decir: sí se le enviaron las cartas, se afirma que Guerrero rechazó la invitación y se especula que fue por la mujer y los hijos.
Pero en 1566, apenas un año más tarde de que Cervantes terminara el borrador de su manuscrito, Landa, en España, escribía algo completamente contrario. Al igual que Cervantes, Landa fue lector y seguidor de cerca de la obra de Gómara, sin embargo escribió que una vez rescatado y ante Cortés: “Aguilar contó allí su pérdida y trabajos y la muerte de sus compañeros y cómo fue imposible avisar a Guerrero en tan poco tiempo por estar más de 80 leguas de allí” 6.Es decir, los mensajeros que envió Aguilar a Chetumal no pudieron ir a ver a Guerrero porque hubiesen necesitado mucho más tiempo del que tuvieron.
Poco después, Bernal, testigo del rescate, concluyó su obra.
Como señalé, poco más de treinta años después (para 1601), el cronista mayor de Indias, Antonio Herrera, terminó su historia. A pesar de conocer la obra de Landa y de Bernal (a la que tuvo acceso antes de que se publicara), Herrera retomó el relato de Cervantes para contar el episodio en cuestión. Como puede verse, es pues una copia casi textual de Cervantes, pero se omiten “el vicio con la mujer” y la afirmación explícita de que no vino o no quiso venir, que se convierte en una especulación “que creia, que dexaba de venir”. O sea, ahora ya no se afirma que no vino, sino que creía que no vino.
Por último, alrededor de sesenta y cinco años más tarde, Cogolludo, que también conoció la obra de Bernal, prefirió la versión de este último. Ello por considerar su condición de testigo del rescate de Aguilar. Como el texto de Landa estaba perdido, la obra que se convirtió en la referencia principal para la historia yucateca (que incluye este episodio) fue la de Cogolludo.
El Legado de Gonzalo Guerrero
Desde el pueblo de Akumal, Quintana Roo, la estatua de Gonzalo Guerrero parece desafiar el tiempo, contando sin palabras su historia. Vestido, peinado y tatuado como maya -aunque aún barbado- sostiene en su mano izquierda una lanza, mientras apoya la derecha de manera cariñosa sobre el rostro de uno de sus hijos, quien lo abraza de una rodilla. Atrás, su esposa Za’asil-Há amamanta al niño más pequeño y su hija juguetea con su otrora casco de guerrero español.
Había tenido que escoger entre sus antiguos compañeros y los nuevos, representando así una unión singular entre dos mundos, cuya fusión produjo en su caso resultados muy diferentes a los de la Conquista. Asimismo, es recordado por ser el primero en procrear hijos mestizos dentro de una alianza reconocida y consentida.
