El libro de Gladys Lizama Silva, "Empresarios lombardos en Michoacán. La familia Cusi entre el Porfiriato y la Posrevolución (1884-1938)", reseñado por Alfredo Pureco Ornelas, relata pormenorizadamente las prácticas económicas efectuadas por la familia Cusi, de origen italiano, en la región de la Tierra Caliente michoacana durante 54 años, entre 1884 y 1938. Se trata de una época crucial en la historia de México y de Michoacán.
El escenario geográfico e histórico michoacano al cual llegó Dante Cusi aproximadamente en 1885 fueron la Tierra Caliente apatzingana y el desarrollo y modernización porfirianos. Este migrante italiano originario de la Lombardía llegó con su esposa e hijos a trabajar en una compañía agrícola formada por italianos residentes en Morelia y Ciudad de México, como socio gestor. Pronto percibió que la sociedad no daba frutos, por lo tanto, buscó asociarse con otro italiano, Luis Brioschi, con el cual se mantuvo también como socio gestor por casi trece años (1887-1900), cultivando principalmente arroz.
Su trabajo fue tal que permitió ganancias a la compañía, suficientes para arrendar y comprar varios ranchos en la parte alta y la baja del río Cupatitzio y aumentar considerablemente las ganancias. Mientras, sus hijos hombres (Ezio y Alejandro Eugenio) recibieron educación esmerada en Morelia, luego en Texas y Milán, a su regreso de este último lugar Brioschi no les permitió trabajar en la compañía, razón que animó al padre a buscar la disolución de la antigua sociedad y formar otra de carácter familiar con sus hijos.
Varias fueron las estrategias de acumulación de capital y de expansión de la fortuna familiar de los Cusi que recuerdan las descritas por Diana Balmori, S. F. Voss y M. Wortman en Las alianzas de familias y la formación del país en América Latina (fce, 1990). Veamos cuales son las más importantes:
- Creación de vínculos de parentesco con la elite michoacana a través del matrimonio de uno de sus hijos con una sobrina de Aristeo Mercado.
- La diversificación de las inversiones: fuera de la agroindustria, incursionaron en la minería del cobre, bienes raíces, bonos de la deuda pública, participación directa en instituciones bancarias.
- Establecimiento de relaciones y vínculos de amistad con la elite social y política michoacana y luego nacional, que se tradujeron en verdaderas redes de apoyo para conseguir los objetivos de crecimiento de la empresa familiar y por ende de la fortuna y la posición de la familia.
Aunadas a estos patrones conocidos por haber sido practicados por casi todas las familias de la elite, están otras prácticas tan importantes como las anteriores: el espíritu emprendedor incansable de Dante Cusi, la audacia para llevar y sacar adelante obras técnicas de irrigación costosísimas a fin de regar las tierras de Lombardía y Nueva Italia en la producción de arroz; transformación de espacios escasamente ocupados y eriazos en tierras altamente productivas; contratación de mano de obra calificada proveniente de Italia de otras regiones del país; habilidad para sacar del camino a posibles competidores en el uso del agua: asevera el autor que el río Cupatitzio era casi de uso exclusivo de los Cusi.
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Separación de capitales para evitar los riesgos de posibles pérdidas: la sociedad familiar fue creada desligada de las que poseía Dante Cusi como individuo. Precaución en la compra de nuevas tierras: el finiquito de la compra de Nueva Italia (antigua Capirio) no fue realizado hasta tener la seguridad y los permisos del gobierno federal de las concesiones de agua, de la subvención estatal por colonizar lugares inhóspitos que comprometía al Estado, pero que no le otorgaba ganancia alguna; obtención de crédito; seguridad de una vía de comunicación entre Lombardía y Nueva Italia; y la eliminación de todo posible pleito de límites.
Así fue como lograron transformarse en grandes latifundistas, en exitosos empresarios con una de las fortunas más grandes del centro occidente de México. Una gran parte del libro está dedicada al proceso productivo del arroz, del cual resulta interesante destacar:
- El nivel de concentración de tierras de los Cusi (65,100 ha) les permitió obtener el más alto porcentaje de producción de arroz en Michoacán y proporcionar más o menos 16% en el nivel nacional.
- Producción mecanizada a gran escala.
- Los mejores años fueron entre 1928-1931 y el más castigado: 1915, lo que de ninguna manera significó detención de la producción.
- La producción del arroz requería grandes cantidades de recursos acuíferos que los Cusi obtuvieron a través de concesiones hechas por los gobiernos estatal y federal lo que hizo posible el control casi monopólico de las aguas del río Cupatitzio/El Marqués.
- La construcción de grandes obras técnicas de regadío para llevar a Lombardía y Nueva Italia el agua requerida, tales como canales, sifones invertidos y puentes acueductos.
- La construcción de un ferrocarril interno propio de trocha angosta de aproximadamente 12 km para unir Lombardía con Nueva Italia, a fin de abaratar los costos del transporte del arroz hasta Uruapan, que se hacía a lomo de mula, hasta el ferrocarril que lo unía al mercado nacional.
- Todo este proceso productivo se hizo con enormes dificultades para obtener fuerza de trabajo, pero lograron que el gobierno les enviara prisioneros para laborar en las obras de infraestructura hidráulica, de los cuales muchos se quedaron definitivamente allí, pero lo más importante radica en que ofrecieron salarios que atrajeron población campesina libre no sólo michoacana sino de estados aledaños, o sea, privilegiaron por sobre todo las relaciones capitalistas de trabajo.
- Crearon con base en la legislación vigente, una estructura empresarial y de mando que evolucionó de la compañía individual de Dante Cusi, hacia la sociedad en nombre colectivo familiar y terminó en la sociedad anónima que en tiempos críticos como los años revolucionarios debió incluir socios y capital fresco fuera de la familia.
- Uso prolífico del crédito de organismos federales como la Caja de Préstamos para Obras de Irrigación y Fomento a la Agricultura y de instituciones privadas.
Si bien es cierto, la Revolución de 1910 no significó la afectación definitiva de la fortuna y negocios de los Cusi en Michoacán y en el país, si los raspó y marcó el comienzo del declive. La peor etapa revolucionaria se vivió entre 1913 y 1918 en que los negocios anduvieron por las cuerdas. La solución de los Cusi a la crisis fue crear sociedades anónimas, primero Negociación Agrícola de Lombardía y Anexas S.A. (Nalasa) y luego Negociación Agrícola del Valle del Marqués S.A. (Navamsa), para salvaguardar el patrimonio familiar de una posible quiebra o pérdidas que pudiera ocasionar y atraer capital nuevo, refugiarse en las ciudades, armar a los campesinos de Lombardía y Nueva Italia para defenderse de los ataques externos. No obstante, siguieron invirtiendo en bancos y empresas de servicio.
Pasados los peores años de salteadores, bandidos, ataques armados, incendios y exacciones de dinero de uno u otro grupo, vino la calma y el nuevo trato con los gobiernos de Carranza y Obregón y la Constitución de 1917. Ahora estaban obligados a pagar impuestos por el uso del agua, que trataron de eludir por todos los medios, e impedidos por mandato constitucional de mantener la sociedad anónima para continuar con el agronegocio arrocero. La respuesta fue poner Navamsa en liquidación, así lograron continuar operando por muchos años más con relativo éxito (1922-1928). No obstante, dejaron de tener para siempre el trato privilegiado que recibieron de Aristeo Mercado y Porfirio Díaz y como dice el autor, "la bancarrota, como se ve, estaba lejana para esos lombardos una vez finalizada la revolución".
Finalmente, en un periodo de cinco años comprendidos entre 1933 y 1938 sobreviene la crisis final para los Cusi; la desintegración de sus haciendas para ser reformadas en propiedad colectiva de los trabajadores campesinos de las mismas, terminó con décadas de dominio del gran latifundio concentrado en una familia. En síntesis, este libro muestra que el proyecto agroindustrial de los Cusi coincidió con el proyecto colonizador y modernizador porfiriano, la lucha armada lo afectó marginalmente y vivió su mejor época entre 1927 y 1933; después, sobreviene la baja de la producción arrocera y de cítricos y la ardua lucha sindical hasta que fue afectado por la reforma agraria cardenista.
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Terminaría citando las palabras del autor que dicen: "en el caso estudiado se trató de un proyecto económico familiar ambicioso, con rasgos definitivamente capitalistas y por lo mismo de expansión, con marcados tintes hacia la reinversión de utilidades y en consecuencia tendiente a la expansión a escala". Agregaría, es la reconstrucción histórica de una fortuna familiar, que se forja en épocas de paz y de conflicto y que muestra claramente el espíritu emprendedor de sus integrantes y es un botón de muestra de la actitud que tomaron muchos terratenientes cuando la historia les torció el destino de agricultores capitalistas boyantes.
El pueblo de Gabriel Zamora, antiguamente conocido como la hacienda de “La Zanja” y posteriormente “Las Pilas”, fue adquirido en año de 1903 por Dante Cusi, quien le cambió nombre, denominándola Lombardía en honor a su tierra de origen. Durante este período los señores Cusi irrigaron este valle mediante la construcción de grandes obras hidráulicas, que hicieron del valle una región propicia para el cultivo del arroz principalmente.
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