Descubre la Fascinante Historia y la Increíble Transformación de la Hacienda de Santo Domingo en San Luis Potosípost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La Hacienda Santo Domingo se encuentra en el corazón de México, en el Estado de San Luis Potosí, rodeada de importantes ciudades coloniales como Querétaro, Guanajuato y San Miguel de Allende.

Orígenes y Significado de las Haciendas en México

La hacienda como componente de la organización social y territorial del México rural tuvo una singular importancia por ser en muchos lugares el eje a partir del cual habían tenido origen y desarrollo cientos de comunidades rurales, cuya vida social, económica y política giraba en torno de ella.

Los poblados de hacienda eran comunidades asentadas en torno de los cascos de las haciendas o dentro de sus límites territoriales, y conformaban núcleos de población con una composición social muy variada, integrada por arrendatarios, jornaleros, pastores, artesanos, arrieros, tejedores, etcétera, que con frecuencia superaban los mil habitantes.

La concesión de tierras hecha por los hacendados mediante el arrendamiento fue una de las prácticas que contribuyeron a la formación de poblaciones en el interior de las haciendas.

En el norte de México la escasez de mano de obra y la extensión de las haciendas provocaron que muchos de sus dueños decidieran dar en arriendo parte de sus tierras, principalmente aquellas de menor calidad y en zonas periféricas.

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La posesión de la tierra por parte de los pueblos, fueran ellos sus propietarios o no, siempre fue una fuente de derechos que las comunidades rurales buscaron hacer valer.

Poblados de Hacienda: Desarrollo y Conflictos

A diferencia de los pueblos con estatuto, los poblados de hacienda debían su formación a los intereses particulares de los terratenientes, quienes con el objeto de contar con mano de obra disponible para la explotación de sus empresas, fomentaron o toleraron por algún tiempo el establecimiento de población permanente.

Los poblados de hacienda no constituían unidades político-territoriales con derecho jurisdiccional como comunidades políticamente organizadas, ni tenían el dominio legal sobre la tierra que ocupaban, por hallarse en propiedad privada.

Las haciendas en el altiplano de San Luis Potosí constituyeron un importante patrón de asentamientos que dio origen a núcleos de población sin estatuto político, ranchos, haciendas y parajes, que podemos denominar con el nombre genérico de "poblados de hacienda".

Algunas de estas poblaciones alcanzaron la categoría de municipios en la primera mitad del siglo XIX, como fue el caso de Concordia, lo cual fue un medio que les permitió independizarse de las haciendas a las que se hallaban adscritas a partir de la obtención de tierras para fundo legal y ejidos y la instalación de sus propios ayuntamientos.

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En el altiplano potosino, las dificultades para la pacificación de los chichimecas y la formación de pueblos, la concentración de la tierra y en algunos casos las condiciones geográficas adversas, propiciaron desde el siglo XVII la congregación de población al interior de las haciendas, alentada por los dueños mediante concesiones sobre derechos de uso y un régimen de arrendamiento de la tierra a largo plazo y con bajos cobros de alquiler, que tenía como propósito sujetar a los campesinos para poder llevar a cabo la explotación de sus haciendas.

La relación que mantenían las haciendas con los poblados de hacienda es un factor importante a considerar, porque explica las condiciones en que éstos se fueron desarrollando.

En los casos estudiados aquí los cambios en esa relación a menudo fueron causa de enfrentamientos que revelan, por un lado, el grado de evolución que algunos poblados de hacienda habían alcanzado hacia mediados del siglo XIX y la presión que ejercían sobre las haciendas para mantener ciertas prerrogativas que aseguraran su sostenimiento, y por el otro, el cambio de actitud de los terratenientes hacia la población asentada en sus propiedades; si al principio la idea había sido sujetar a la población y favorecer su crecimiento para garantizar el abasto de mano de obra, ahora, dado el aumento de población y la amenaza que representaban a la integridad de sus propiedades, la política a seguir fue escindirles algunos derechos y limitar su crecimiento.

Los intentos de los poblados de hacienda por obtener el estatuto de pueblos durante la primera mitad del siglo XIX a menudo ocasionó enconados enfrentamientos con los dueños de las haciendas en distintas partes del país, los cuales tuvieron desenlaces variados, dependiendo del lugar y la época en que ocurrieron.

Un ejemplo de este tipo de conflicto fue el que protagonizó el mismo Santa Anna en sus posesiones veracruzanas entre 1842 y 1853.

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En 1853 Santa Anna había regresado a la presidencia luego de un exilio de varios años en Colombia, lo que no le impidió frenar cualquier intento de expropiación de sus propiedades territoriales en Veracruz.

En el noroeste de San Luis Potosí la familia Pérez Gálvez, propietaria de las haciendas de Guanamé, Cruces y Bocas, protagonizó serias disputas con los poblados establecidos en estas dos últimas propiedades cuando éstos intentaron constituirse en municipios.

Al comprar la hacienda de Bocas en 1844, Juan de Dios Pérez Gálvez tuvo que hacer frente a una vieja disputa por tierras con Ahualulco, que databa de 1823, cuando en este poblado se erigió uno de los ayuntamientos de Zacatecas, que más tarde solicitó fundo legal y ejidos a costa de las tierras de Bocas.

En 1850, Francisca Pérez Gálvez, hermana de Juan de Dios y heredera de éste a su muerte, perdió cuatro leguas cuadradas cuando se creó el municipio de La Concordia en su hacienda de Cruces; y en 1857 el rancho de Santo Domingo, situado en Cruces, y el poblado asentado en el casco de Bocas le disputaron tierras al erigirse en municipios de San Luis Potosí.

Los poblados de hacienda han sido tratados por la historiografía mexicana en relación con la disputa por tierras entre éstos y las haciendas; sin embargo, la mayoría de los autores, al centrarse en el estudio de esas disputas donde el tema principal es la hacienda, no ha logrado profundizar en el estudio de este tipo de poblaciones, su proceso formativo, su condición política y social, y su búsqueda de reconocimiento político para la obtención de una representación política y territorial propia a partir de su conversión en municipios.

El Municipio como Orden de Gobierno

El municipio como orden de gobierno político-territorial y administrativo local, basado en los conceptos liberales de ciudadanía, soberanía popular y autonomía, surgió con la creación de los ayuntamientos erigidos con base en la Constitución de Cádiz de 1812.

Al desaparecer las llamadas repúblicas de indios o pueblos indios los derechos corporativos que habían tenido fueron suprimidos, con lo que jurídicamente desapareció la distinción entre poblaciones indígenas y no indígenas.

Los ayuntamientos creados a partir de la Constitución de Cádiz suprimieron los derechos exclusivos que habían tenido los pueblos indígenas, pero les permitieron mantener sus derechos en la posesión y administración de tierras, porque éstas y los demás bienes comunales de los pueblos serían la base material con que se pretendía alimentar al erario público municipal, principio que se retomó después de la independencia, al establecerse la primera república federal.

Al establecerse el primer federalismo una de las mayores demandas de los pueblos a los gobiernos estatales era la dotación de fundo legal, pero había controversia respecto de si se podía o no tomar tierras de particulares para dotar con este tipo de bienes a los pueblos, lo que suponía una oposición entre los derechos territoriales de los pueblos y los que amparaban a la propiedad privada.

La formación de ayuntamientos, como medio para proteger sus tierras y su autonomía, ya había sido un recurso utilizado por algunas comunidades durante el periodo de vigencia de la carta gaditana.

San Luis Potosí: Desde la Conquista hasta la Actualidad

Según las crónicas de diversos historiadores, el terreno que hoy ocupa el Estado de San Luis Potosí, no tenía nombre antes de la conquista.

Desde entonces y a lo largo de los siglos se ha dibujado el mapa que ahora identificamos como Estado de San Luis Potosí, con sus regiones y medio natural, así como sus pobladores, desde los nómadas y conquistadores, hasta los habitantes de los centros urbanos, interactuando a través de procesos tales como la guerra, la minería o la agricultura, la industria, entre otros.

Aridoamérica, también conocida como la Gran Chichimeca, fue el escenario de una cruenta guerra de conquista que estalló hacia 1550 y se prolongó por más de cuarenta años.

A fin de reforzar el proceso de pacificación de la Gran Chichimeca el virrey de Velasco apoyó la migración de un grupo de 400 familias tlaxcaltecas.

La pacificación de la región propició la extensión de asentamientos agrícolas y ganaderos.

A principios de siglo XVII se fundó el pueblo de San Francisco de Matehuala.

Durante el siglo XVIII, el descubrimiento y la explotación del mineral de Catorce marca un hito en el período virreinal.

El mineral de Catorce se descubrió hacia 1772.

El real se convirtió en uno de los principales centros mineros del virreinato, a fines del siglo XVIII y principios del XIX.

Algunas de las haciendas establecidas dieron origen con el paso del tiempo a la formación de asentamientos humanos que se transformaron en pueblos, villas y ciudades.

Matehuala desde el siglo XVIII ha sido una población de gran relevancia; conserva esta posición hasta la época actual en que se ha convertido en el centro integrador de la región Altiplano.

El puesto de San Luis surgió como parte de la política de colonización y pacificación.

Se estableció primero un asentamiento guachichil, que fue reforzado con familias tlaxcaltecas en 1591.

El descubrimiento de las minas en el Cerro de San Pedro, provocó la fundación española del pueblo de San Luis en 1592, pues en aquel lugar no había agua para sostener a la población minera, ni para beneficiar los metales.

La legislación virreinal establecía que los asentamientos de españoles debían estar separados de la población indígena.

Por ello se fundaron siete pueblos de indios cerca del pueblo de San Luis.

El crecimiento de unos y otro llevó con el paso de los años a una proximidad que condicionó su crecimiento.

En 1597 se asentaron los primeros vecinos españoles precedentes de Querétaro y se establecieron las primeras mercedes en la región de Rioverde.

Es durante este siglo que los misioneros franciscanos llegaron a la región del Río Verde a evangelizar a los indígenas.

Las haciendas establecidas en esta región enfrentaron continuos pleitos por tierras con pueblos de indios y misiones, con frecuencia los hacendados no respetaron las tierras otorgadas a los indígenas.

La Industria Salinera en el Noroeste de San Luis Potosí

Enclavada en las desérticas arenas potosinas, donde la tierra no produce árboles frutales, granos ni legumbres, se ubica la comunidad rural El Zancarrón, de menos de mil habitantes, que poco a poco se desvanece junto con la gran industria salinera que allí existió.

A tres siglos del surgimiento de la industria salinera en el noroeste de San Luis Potosí, en los límites con Zacatecas, El Zancarrón se sostiene de unas cuantas vacas y chivas y de los dólares que envían los migrantes.

De acuerdo con los lugareños, hace millones de años existió un mar en lo que hoy es la meseta central mexicana, y los veneros parecen ser la principal prueba de que así fue.

La historia oral del lugar calcula que desde principios del siglo XVIII los españoles descubrieron y comenzaron a explotar los pozos salitrosos con la mano de obra de esclavos negros traídos de Africa.

Un vestigio de aquel auge era la hacienda de Sierra Hermosa, hoy en ruinas.

El Proceso de Cristalización de la Sal

Una larga noria, de apenas cinco metros de profundidad, aporta el agua salitrosa del subsuelo para el proceso de cristalización.

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