Descubre la Fascinante Historia Azucarera y los Humedales de Hacienda El Viejo en Costa Ricapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
771 715 4434

Muchos costarricenses conocen que la familia Sánchez es propietaria del Ingenio Taboga, que posee una fortuna considerable y que ha estado fuertemente asociada a la política nacional. Ya se han escrito diversas notas biográficas acerca de algunos miembros de este clan herediano, incluso se han realizado documentales de televisión transmitidos en tiempos de campañas electorales. Sin embargo, toda esta información es superficial, fácilmente rastreable mediante una búsqueda en periódicos o en internet. Este artículo no pretende reconstruir de forma genealógica la trayectoria y vida de ciertos miembros de las familias citadas, pues su objetivo radica en explicar cómo se conformó históricamente la riqueza de un grupo de empresarios azucareros a lo largo del siglo XX.

Para ello, se recurrió a un marco teórico afín a los estudios del poder, con enfoque en la idea de que estos eran grupos o élites de nivel provincial, los cuales fortalecieron sus posiciones económicas y gradualmente incursionaron en el mundo político, a través de conspicuas alianzas con otras facciones tanto nacionales como centroamericanas. Antes de ahondar en la temática, se debe explicar el funcionamiento general del negocio cañero y sus principales productos, como el azúcar blanco centrifugado, que tiene dos grandes destinatarios: el uso industrial (empleado en confites, galletas, repostería, bebidas, aderezos, entre otros) y el consumo diario. A estos se agregan la fabricación de melaza para los alcoholes, el etanol y el bagazo para la producción eléctrica entre los usos más importantes en Costa Rica (Subirós, 2000).

El grueso de la producción se destina al mercado local (aproximadamente el 60 por ciento) y el restante se exporta a mercados foráneos, en especial el azúcar sin refinar o el etanol. Los cuatro ingenios de la cuenca del Tempisque, Taboga, El Viejo, Central Azucarera del Tempisque S.A. y El Palmar producen hasta el 65 por ciento de la caña nacional (Liga Agrícola e Industrial de la Caña de Azúcar, 2012). Asimismo, el gremio mantiene el monopolio absoluto en Costa Rica a través de la Liga Agrícola e Industrial de la Caña de Azúcar (LAICA), ya que gracias a esta entidad han perdurado férreos controles estatales contra la importación de azúcares y afines. También, la Liga ha asegurado beneficios tales como un notorio apoyo del aparato público en exención arancelaria para la importación de maquinaria agroindustrial, apoyo crediticio por parte del Sistema Bancario Nacional, la construcción de un muelle exclusivo para la exportación azucarera (Punta Morales en Puntarenas) y, además, ha conquistado un sitial de honor en la discusión de los tratados de libre comercio de las últimas dos décadas.

El azúcar blanco de mesa, como tal, es un producto en apariencia “débil”. A nivel mundial cuenta con una inmensa competencia contra los endulzantes artificiales (u otros de origen natural extraídos del maíz o de la remolacha), una producción de millones de toneladas anuales y aranceles de importación exorbitantes. Aun así, el gremio nacional reporta ganancias cercanas a los $200 millones procedentes del azúcar, alcohol y melaza (Liga Agrícola e Industrial de la Caña de Azúcar, 2012). ¿Cómo se puede explicar esta aparente contradicción? En el párrafo anterior se encuentra -de forma implícita- parte de la respuesta. El gremio cuenta con un mercado interno cautivo (en la práctica controlado por un oligopolio), el conspicuo apoyo del aparato estatal a lo largo de varias décadas y para asegurar estos dos puntos, se han construido redes de poder entre el empresariado y los partidos políticos, especialmente Liberación Nacional.

Por tanto, este último punto es, en esencia, el eje central del presente artículo. En las páginas siguientes se revisarán algunos de los nexos entre los grandes ingenios guanacastecos y la política costarricense (inclusive la centroamericana), con la finalidad de percibir la complejidad que envuelve al microcosmos azucarero. También se recapitulan sus antecedentes generales para enfatizar que las relaciones entre haciendas guanacastecas y los grupos de poder no son nuevas. Asimismo, para esto se utilizó un amplio abanico de fuentes, desde periódicos hasta documentos del Registro Nacional, bibliografía, documentos de archivos, entre otros.

Lea también: El sabor único de la Crema de Sotol

Historia y Propiedad de la Hacienda El Viejo

El caso del ingenio El Viejo está marcado por una larga sucesión de célebres propietarios que se extiende desde la Colonia hasta mediados del siglo XX. Aunque su rol político directo es menor que el de Taboga, su papel resulta fundamental, pues en las últimas décadas del siglo XX y primeras del XXI, se ha convertido en su principal aliado. Ante esto, en las siguientes líneas se pretende explicar el origen y algunos vaivenes de esa relación. Rápidamente, se puede anotar que en la época colonial, la Hacienda El Viejo fue una cofradía, tras la Independencia en 1821 continuó con dicho estatus y en 1846, fue expropiada por el Gobierno. En la década de 1870, fue disputada por la familia Giralt y vecinos de la localidad que la exigían como terrenos comunales. Así pues, en última instancia, los Giralt se aseguraron la posesión de la hacienda.

En 1926, Alfonso cedió sus terrenos al notorio latifundista David Stewart (también conocido como George Wilson), con quien había formado una sociedad tres años atrás. Finalmente, en 1944, Wilson dividió las tierras en 44 partes, tres de las cuales vendió a la sociedad Pinto-Gutiérrez, formada por el connotado médico josefino Dr. Fernando Pinto Echeverría y los hermanos Carlos Manuel (también médico), Marta y Margarita Gutiérrez Cañas. La carrera de Pinto fue muy destacada, pues desempeñó importantes cargos públicos como delegado costarricense ante la recién creada Organización de las Naciones Unidas, fue miembro de la Cámara de Ganaderos, presidente del Club Unión del Partido Unión Nacional y formó parte de la Junta Directiva del periódico La Nación, así como de la histórica Asamblea Constituyente de 1949 (“Duelos sociales. Dr. Don Fernando Pinto E.” 1957). La familia Pinto tenía importantes terrenos en Cartago, sobre todo en Turrialba, donde ya se desarrollaron cultivos de café y caña.

Dado que un ingenio azucarero es extremadamente costoso, los Pinto optaron por vender partes de la hacienda para completar el proyecto. Así, en la década de los sesenta, la planta estuvo controlada por dos bloques emparentados, los Robles Guzmán y los Pinto, así como otros participantes. Rodolfo Robles Guzmán -presidente de la Junta Directiva- y su hermana Carmen fueron hijos naturales de Alberto Pinto Fernández. Rodolfo se destacó en la vida pública como el fundador del Movimiento Costa Rica Libre, grupo de ultra derecha y rival acérrimo de los partidos e ideas comunistas que llegaban a Costa Rica en esa época.

El otro grupo lo constituyó la viuda de Fernando Pinto y las hermanas Margarita y Thais Pinto, hijas de Alberto Pinto y Margarita Gutiérrez Cañas, quienes principalmente los cargos de vocales y el comité de vigilancia. Margarita Pinto había contraído matrimonio con el señor Carlos Federspiel Ullman, propietario de la Tienda Universal en San José, uno de los comercios más importantes del país. Su amistad con esta familia nicaragüense no es un simple dato accesorio. De acuerdo con Edelman (1998), la familia Somoza había adquirido El Viejo junto con Teodoro Picado Lara (hijo del expresidente Picado) en el periodo 1940-1960. En este lapso, Alfonso Salazar Céspedes también figuraba como propietario, pues su familia era dueña de varias fincas en Guanacaste dedicadas principalmente a la ganadería, entre las que destacaba El Murciélago en La Cruz, la cual también contaba con la participación de Somoza (Ruiz, 1964).

De esta forma, había tres grupos de dueños, puesto que Wilson había partido El Viejo en muchas fracciones, de las cuales solo algunas fueron adquiridas por los Pinto-Gutiérrez, mientras que Salazar compró otras fracciones sobrantes, al igual que Somoza. Sin embargo, existieron otros nexos dignos de mención. Por ejemplo, el de Federspiel y Rodolfo Robles Guzmán, quienes eran considerados miembros de la ultra derecha. Por su parte, Picado también estuvo vinculado con Somoza y Salazar lo visitaba en la hacienda, por lo cual resulta claro que casi todos tenían en común una enemistad en distintos niveles con el Partido Liberación Nacional (PLN). Tan solo el caso de Somoza lo reflejaba perfectamente, pues en 1955 había apoyado y hospedado a las fuerzas invasoras, a cargo del Dr.

Lea también: Patrimonio en la Sierra Gorda: Hotel Misión Hacienda Concá

En el ingenio no solo figuraban estos opositores a Liberación, también se incluían cubanos exiliados dirigidos por Jorge Rovira García, otro de los gerentes de la empresa y también gozaba de buena amistad con el dictador nicaragüense, del que aún hoy se narran sus peculiares visitas a la vieja casona de la hacienda y siempre era escoltado por más de una veintena de soldados de la Guardia Nacional (Edelman, 1994). Las leyendas populares también citan que la casona estaba repleta de cuartos secretos y túneles subterráneos que facilitarían el escape del dictador en caso de emergencia, pues sus rencillas con los liberacionistas eran bien conocidas.

La Era de Álvaro Jenkins y su Impacto

Sin embargo, la hacienda tuvo un viraje en 1974, cuando fue adquirida por Álvaro Jenkins Morales, un hombre nacido en Alajuela en 1923, hijo del señor Augusto Jenkins, reconocido personaje ramonense de origen inglés, propietario de la farmacia del pueblo durante la primera mitad del siglo XX y simpatizante del Ejército de Liberación Nacional en 1948. Álvaro Jenkins se formó como ingeniero mecánico y a partir de 1958 trabajó para el Ingenio Taboga, además de ser uno de sus accionistas. En la industria citada ocupó los cargos de gerente y presidente hasta su salida en 1977, incluso representó a Taboga y a la Liga Agrícola e Industrial de la Caña de Azúcar (LAICA) durante la discusión de la reforma a la Ley de la Caña en 1971.

También fue nombrado como ministro de Obras Públicas y Transportes durante la administración de su gran amigo Daniel Oduber y representante personal de este ante la Corporación Costarricense de Desarrollo (CODESA). En esta función jugó un papel fundamental como el arquitecto y uno de los principales impulsores de lo que sería la Central Azucarera del Tempisque S.A. (CATSA), para luego, entre 1978 y 1981, fungir como diputado liberacionista, e incluso como posible precandidato para la elecciones de 1978. Jenkins adquirió el ingenio gracias a préstamos con el Banco Nacional; sin embargo, impresiona la manera en que desplazó a casi todos los accionistas anteriores, incluyendo a la familia Pinto, Federspiel y Salazar. Hasta la fecha, solo Jenkins y su familia son reconocidos públicamente como los propietarios de la azucarera.

Lo anterior lleva a suponer que Jenkins y Somoza pudieron ser copropietarios de El Viejo o que el primero absorbió las tierras en posesión del nicaragüense; sin embargo, solo se tiene certeza de que la actual casona y otros dominios aledaños forman parte de la empresa turística Wild Wetlands Hacienda El Viejo (Aguilar, 2009), propiedad únicamente de Jenkins, con el empleo notorio de una fachada turística. Indudablemente, Jenkins, con el favor del PLN, elevó el nivel del ingenio y ya para finales de los años ochenta, éste se encontraba bien posicionado entre los cuatro grandes del gremio. Tras su renuncia al Congreso, Jenkins Morales únicamente conquistó cargos dentro de la Junta Directiva de LAICA, mientras que su hijo José Álvaro Jenkins Rodríguez (nacido en 1955) ocupó importantes puestos dentro del Banco Nacional, en donde se desempeñó como vicepresidente hasta el 2009, cuando ejerció la presidencia por unos meses, la cual abandonó en febrero del 2010.

La familia Jenkins también se destacó como uno de los principales grupos donantes a la campaña de Arias para las elecciones del 2006, y junto con los otros ingenios guanacastecos apoyaron el Tratado de Libre Comercio. En esta oportunidad, los donativos se encausaron por la vía de varias de sus empresas, pues aparte del ingenio, también emplearon la Corporación Jeromo de San José S.A., la cual estaba dedicada al comercio, la industria, ganadería y turismo, entre otras actividades de lucro.

Lea también: Detalles del proceso de estadidad en Baja California

El Ingenio Taboga y la Familia Sánchez

De los grandes ingenios de la zona Guanacaste-Puntarenas, el que mayor incidencia política ha presentado es el Ingenio Taboga. Detrás de esta agroindustria se halla el poder de una de las familias de élite más importantes de toda Costa Rica y de la región, los Sánchez de San Francisco de Heredia, descendientes del connotado cafetalero Julio Sánchez Lépiz. Este empresario poseía múltiples terrenos, beneficios y casas, tanto en Heredia como en Cañas, donde se encuentra la azucarera. Amasó su fortuna gracias a las herencias que recibió, pues él y su padre, Juan de la Rosa Sánchez, fueron arrieros de café, pero principalmente debían su capital a su agresiva aplicación de un modelo afín al capitalismo liberal característico de la época, el cual se traduce en la obtención de grandes réditos por sus fincas y beneficios de café ubicados en el cantón central de Heredia.

Tras su fallecimiento, en 1934, su cuantiosa fortuna fue dividida entre todos sus hijos e hijas, frutos de su segundo matrimonio con la Sra. Emilia Cortés (“El agricultor: Julio Sánchez Lépiz” 1965: 54). Los Sánchez, por su parte, supieron mantener el legado de su padre y, a partir de 1940, operaron como un consorcio de empresas familiares, con inversiones en café, ganado y posteriormente en caña de azúcar, mientras que en el presente, la diversificación ha sido aún mayor y sus intereses, además de la agroindustria, se extienden a los bienes raíces y a las entidades financieras, así como otra amplia gama de actividades que más adelante se detallarán. Tras la fundación del Ingenio en 1958, los hermanos Sánchez Cortés fungieron como miembros de la Junta Directiva y controlaban la empresa ganadera nacional. En el segundo quinquenio de la década de 1960, destacaba la participación del ya citado Álvaro Jenkins Morales, quien además de accionista se convirtió en gerente del Ingenio.

Esta familia ha integrado un masivo consorcio de empresas:

  • Central Azucarera El Palmar (1958): Liderada por la familia Dobles Sánchez, surgida de la unión entre Trina Sánchez Cortés y el escritor herediano Luis Dobles Segreda (quien fuese vocal) y por consiguiente, nietos de Lépiz. Otra familia muy vinculada a esta cañera, es la cubana encabezada por Mario Miranda, el cual hasta el presente se encuentra como miembro activo -gerente- de esta.
  • Julio Sánchez y Hermanos, Sociedad Ganadera La Emilia (1966): Dedicada a la ganadería, el agro y el comercio. Entre sus principales accionistas se encuentran los Sánchez Cortés e incluso Oscar Arias Sánchez como secretario.
  • (1967): Explotación de fincas cafetaleras; constituida por Lillyam Sánchez Cortés, Juan Rafael Arias Trejos y sus hijos Oscar, Cecilia y Rodrigo Arias Sánchez. Tanto Juan Rafael, como Lillyam aportaron múltiples cafetal...

tags: #hacienda #el #viejo #wetlands #informacion