Este artículo explora la historia de la Hacienda La Escoba y su dueño, Francisco Martínez Negrete Alba, un destacado empresario de Guadalajara en la segunda mitad del siglo XIX. A través de su participación en diversos negocios, contribuyó a la modernización de la región, ya sea creando nuevas empresas, continuando las iniciativas de su padre o colaborando con otros importantes empresarios regionales.
Francisco Martínez Negrete Alba: Orígenes y Matrimonios
Francisco Martínez Negrete Alba nació en una familia acomodada. Su padre, Francisco Martínez Negrete Ortiz de Rosas, un inmigrante español vasco, y su esposa, Josefa Ortiz de Rosas, habían acumulado una considerable fortuna que heredaron a sus hijos. Tras la muerte del padre en 1874, Francisco recibió un legado de 44,254.88 pesos, además de la experiencia y conexiones necesarias para prosperar en los negocios de la época.
El 25 de junio de 1868, Francisco se casó con Refugio Cortina Santana, con quien tuvo siete hijos, de los cuales cuatro llegaron a la adultez: Francisco, Juan Nepomuceno, María del Refugio y Alfonso. Tras el fallecimiento de Refugio en 1889, Francisco contrajo matrimonio con Rosario Morfín, sin tener descendencia con ella.
El Escenario Económico en el Porfiriato
Durante el último cuarto del siglo XIX, México experimentó una convergencia de procesos que fortalecieron el régimen de Porfirio Díaz. La creciente complejidad de la sociedad mexicana y las necesidades de acumulación demandaron una unificación política y económica nacional. Simultáneamente, la expansión capitalista de los países metropolitanos requirió la institucionalización de la vida económica y política de los países periféricos para facilitar la explotación y transferencia de recursos naturales.
Estos procesos convergieron en la necesidad de formar un Estado y un espacio económico unificado. Los proyectos de ferrocarril, banca eficiente y pacificación del país se hicieron prioritarios. Las características dominantes de este patrón incluyeron:
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- Fortalecimiento del Estado nacional y sus funciones interventoras.
- Ocupación del territorio nacional para funciones económicas y de seguridad.
- Creciente importancia de la inversión extranjera.
- Transformación de la planta productiva hacia un modelo primario exportador.
- Desarrollo de las fuerzas productivas e incremento de la composición técnica de los sectores vinculados al mercado.
- Cambios en el patrón de intercambios externos.
- Integración de un espacio económico nacional desde la perspectiva del mercado externo.
- Especialización y diferenciación regional y urbana.
Guadalajara y su región se encontraban insertas en este escenario, donde Francisco Martínez Negrete Alba desarrolló su vida de negocios. Esta etapa fue decisiva en la evolución económica regional, con transformaciones que hicieron de la ciudad una de las más modernas y prósperas de la era porfiriana.
La economía regional experimentó un crecimiento discreto hasta 1880, seguido de una modernización y desarrollo económico capitalista que impregnó todos los sectores hasta aproximadamente 1906. La población creció a tasas inusitadas, y la agricultura y ganadería se expandieron y modernizaron. La industria, impulsada por nuevas relaciones capitalistas, creció en todos los giros, con la creación de nuevas fábricas textiles, de tequila, harineras, aceiteras, de jabón y de refrescos.
La región se integró al sistema de comunicaciones con el ferrocarril a partir de 1888, y Guadalajara se consolidó como el principal centro de comercio del centro occidente de México. Este desarrollo capitalista estuvo acompañado de una evolución de los tipos de empresas, con el surgimiento y crecimiento de sociedades anónimas, necesarias para reunir grandes capitales para la modernización de la industria, la minería y la formación de bancos.
Inicios Empresariales de Francisco Martínez Negrete Alba
Francisco Martínez Negrete Alba comenzó su carrera empresarial bajo la tutela de su padre, uniéndose a la compañía mercantil familiar en 1873 con una aportación de 10,000 pesos. En 1872, Francisco padre otorgó a Francisco hijo una mejora que incluía la casa habitación familiar, ubicada en la calle de San Francisco. Esta casa, valorada en 22,904 pesos, contaba con dos plantas, escritorio, habitaciones para empleados, patios, bodegas, caballeriza, y múltiples habitaciones y salones.
La Fábrica La Escoba: Orígenes y Evolución
La fábrica La Escoba fue construida en los terrenos de la hacienda La Magdalena, al noroeste de Zapopan. Originalmente, tuvo la forma de un triángulo isósceles con una superficie total de 12.66 hectáreas y disponía de fuentes de agua propias del río Blanco.
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La compañía que dio forma a la creación de la fábrica La Escoba data de 1840, cuando Manuel Escandón y Manuel Olazagarre convinieron en iniciar la fabricación de hilados de algodón. En 1842, se sumó Francisco Vallejo como socio. En 1844, se formalizó una nueva sociedad con un capital de $212,000, más la aportación de Olazagarre de los terrenos de la hacienda La Magdalena.
En 1845, se firmó una nueva escritura pública que invalidó la anterior, donde Manuel Olazagarre renunció como socio industrial y la sociedad le indemnizó con $22,884 por la cesión definitiva de los terrenos. El valor del capital de la sociedad aumentó en 8.77%, lo que indicaba que el negocio podía ser rentable.
Con el tiempo, la propiedad pasó mayoritariamente a la compañía de comercio compuesta por Manuel Olazagarre y Sótero Prieto. Tras el fallecimiento de Olazagarre en 1858, la fábrica fue vendida en $460,000 a Manuel Escandón. En 1866, Manuel Escandón vendió la fábrica a Barron y Forbes y Cía.
En julio de 1897, Fernández del Valle Hermanos, Fortoul Chapuy y Cía., L. Gas y Cía., Moreno Hermanos y Sánchez Leñero permutan la fábrica La Escoba con Francisco Martínez Negrete e Hijos, quienes a cambio entregan la hacienda San Francisco y Santa Ana. Esta operación se oficializó en mayo de 1898 y se evaluaron los bienes en $174,389.
El Declive y Quiebra de Francisco Martínez Negrete e Hijos
En 1901, la fábrica La Escoba pertenecía a Francisco Martínez Negrete e Hijos, quienes la perdieron definitivamente debido a la quiebra de sus negocios. La sociedad mercantil se declaró en suspensión de pagos por falta de liquidez.
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Las razones de la quiebra no están del todo claras, pero se pueden hipotetizar tres aspectos: la crisis económica y monetaria que afectó a Jalisco y al país, la excesiva diversificación de las inversiones en trece empresas distintas, y un sobreendeudamiento e incapacidad de pago a los 107 acreedores a quienes debía 1,280,130 pesos.
Según el expediente de quiebra, la fábrica La Escoba fue clausurada en 1901, y en 1902 dejó de funcionar, con su maquinaria transferida a Atemajac y La Experiencia.
Conclusiones sobre la Propiedad y Producción
En relación con la propiedad, se pueden sacar algunas conclusiones:
- Durante los primeros 37 años de vida productiva, el capital fue prioritariamente externo al estado de Jalisco.
- Los siguientes veinticuatro años tuvo como propietarios a conocidos comerciantes-empresarios de origen español y francés.
- La fábrica tuvo una vida productiva de 62 años, con un impacto considerable en el mercado regional.
- Quedó un legado arquitectónico significativo en lo que a patrimonio industrial se refiere.
El algodón, materia prima para la producción de hilaza y mantas, provino de las costas de México, Nueva Orleans y Perú, y más tarde desde Colima, Autlán, Tepic y Villa Lerdo. El mercado para la venta de los productos de esta fábrica fue eminentemente regional.
En 1887, la fábrica empleaba 265 operarios, producía 48,000 piezas de manta al año, con un valor de $150,000.
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