Descubre la Fascinante Historia y Tradición de Hacienda La Laja en Tequisquiapanpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La región de Querétaro, siendo el último lugar considerado civilizado antes de adentrarse en los territorios de los chichimecas, se convirtió en una parada obligada para las diligencias en camino a las minas de oro y plata de Zacatecas. Fue así como la región, originalmente poblada por otomíes o ñañús, creció considerablemente con los criollos, hijos de los peninsulares.

Desde la Colonia hasta nuestros días, en esta región se viven las tradiciones que, traídas de España, se enraizaron en el mundo queretano. Una tradición muy arraigada es la de los antiguos obrajes y batanes, convertidos ahora en grandes y modernas fábricas de textiles. Aún perduran los talleres de hilados de pedal donde se elaboran manualmente telas de lana de borrego. Son hermosísimos los deshilados y bordados hechos por mujeres de la sierra. Los viñedos campean al sol y en las vitivinícolas se destilan excelentes vinos espumosos y de mesa. Existen numerosos restaurantes de gran calidad, con marcada influencia española, donde algunos de los dueños son criollos.

En el estado de Querétaro existen dos modernas instalaciones vitivinícolas que producen vinos de mesa y espumosos de gran calidad.

Reconocimiento Histórico de Tequisquiapan

En el marco de la 453 Reunión Mensual Ordinaria de Cronistas Municipales del Estado de Querétaro (CROMEQ) celebrada en la ex hacienda de Fuentezuelas, municipio de Tequisquiapan, se destacó el valor histórico de esta imponente construcción que tiene 302 años y que fue reconocida como “Capital estatal de la crónica por un día”.

El Presidente de la CROMEQ, Profr. Omar Arteaga Paz, dio a conocer que esta hacienda se menciona en documentos históricos de gran relevancia, al igual que la hacienda La Laja y la del Ciervo. Estos documentos hacen referencia al Marqués de la Villa del Villar del Águila como propietario de estos territorios.

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“Fuentezuelas nos recuerda muchos espacios en los documentos históricos, donde encontramos documentos que hablan de esta hacienda, La Laja y otras haciendas cercanas porque estos territorios a veces los tenía un solo dueño. El dueño de la hacienda del Ciervo era también dueño de la hacienda de Fuentezuelas y también de La Laja. La laja para nosotros en Ezequiel Montes es muy especial pues perteneció mucho tiempo al Marqués de la Villa del Villar del Águila quién en 1734, cuando empezaron a construir los arcos en Querétaro, vendió territorios y muchas tierras pertenecientes a Tetillas”, abundó.

Hacienda San José Tequisquiapan: Un Escenario de Ensueño

Además de su rica historia, la región de Tequisquiapan también ofrece lugares inolvidables para eventos especiales. Hacienda San José Tequisquiapan es un lugar agradable para realizar una boda de ensueño. Pone a disposición de sus clientes diferentes espacios encantadores para que puedan llevar a cabo el enlace nupcial con el que siempre soñaron.

Hacienda San José Tequisquiapan brinda una atención personalizada e integral, para que los clientes no tengan que preocuparse de nada, solo por disfrutar de su gran día. El sitio dispone de hospedaje: ocho habitaciones con capacidad para 30 personas y un departamento con capacidad para 10 personas.

También se pueden contratas las espacios de Hacienda San José Tequisquiapan para celebraciones de 15 años, fiestas privadas, aniversarios, graduaciones, eventos ejecutivos, de coaching, entre otros.

En Hacienda San José Tequisquiapan se puede rentar un espacio para celebrar una boda a partir de $15,000 y hasta $21,000. Ofrece sus servicios de banquete de boda para un mínimo de 10 invitados y puede dar servicio hasta un máximo de 300 invitados.

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El Ejido Río Laja: De la Reforma Agraria al Cacicazgo

En el contexto de la reforma agraria, el ejido Río Laja, cercano a Tequisquiapan, experimentó una transformación significativa. Un estudio titulado "De agrarista a cacique: la historia de la formación del ejido Río Laja, Dolores Hidalgo" relata el tránsito de un líder agrarista en los años treinta a un cacique ejidal en la década de 1950 y las causas de su derrota.

Este caso ejemplifica las dificultades del reparto agrario en el Bajío y también muestra cómo se tergiversó el proyecto gubernamental del ejido. Con este escrito se contribuye al estudio del significado de la reforma agraria y se ofrece una reflexión sobre el cacicazgo como forma de relación sociopolítica todavía existente en el campo mexicano.

En el norte de Guanajuato el reparto agrario cardenista se enfrentó a un intenso movimiento social que un poco antes, con los "cristeros", se había expresado en defensa de la religión católica y que durante los años treinta, con los "rebeldes" o del "Cerro", defendía además la propiedad privada, la hacienda y el tipo de relaciones semifeudales existentes en ella.

Ante esta actitud y la oposición de los hacendados y de los pocos clérigos que persistían en la región, la reacción de los aparceros y peones de las fincas fue estrechar los lazos con sus patrones, abandonar las tierras que pasaban a formar parte de los ejidos y, en algunos casos, hasta dejar sus viviendas y rancherías. Así, la alianza Estado-campesinos no fructificó y los ejidos prácticamente quedaron abandonados.

De 1938 a 1958 los ejidos en Dolores Hidalgo pasaron del abandono y la desolación a ser trabajados "como sea y por quien sea". La idea del ejido como una célula productiva de organización democrática donde la asamblea general era la autoridad máxima y sus integrantes serían poseedores de una superficie territorial equitativa, se tergiversó y se dio una gran concentración de recursos y de poder, de tal forma que muchos de los ejidatarios pasaron a ser un agente más de explotación de los trabajadores del campo.

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El representante ejidal a veces otorgaba yunta y semillas, pero, en la mayoría de los casos, obligaba a los campesinos a entregar la tercera parte de la cosecha sólo por sembrar en tierras ejidales. Tras este estilo "ranchero" en cuanto a las formas de trabajo y de producción, se presentó la figura del cacicazgo que incluye relaciones sociopolíticas de dominación.

A grandes rasgos, Río Laja dio sus primeros pasos como ejido en 1937 con la dotación provitional; desde ese entonces y hasta 1952 fue encabezado y dirigido por Margarito Villegas y su familia. En los inicios de la década de 1950, Margarito Villegas y su familia eran conocidos como los "terratenientes" del ejido, lo cual no fue excepcional en el municipio durante aquella época.

Antecedentes del Ejido Río Laja

La parte del ejido que se ejecutó en 1948 (1,358 has) fueron tierras de la antigua hacienda de La Soledad y Anexas. Esta finca perteneció a Mateo y Benito Rubio y tenía una superficie de alrededor de 14,400 has de tierras de diversas calidades. En 1893 Ana María Galván de Urquiza compró la hacienda que estaba valuada en 238,367 pesos oro. La nueva dueña tenía otras propiedades en Querétaro y capital invertido en acciones petroleras.

En las diversas fracciones de la hacienda se producía maíz, frijol, trigo, chile, garbanzo y se criaba ganado mayor. Se trabajaba con ayuda de vaqueros, aparceros y peones. Estos últimos recibían de 40 a 50 centavos por jornal.

Las fincas La Soledad, El Rincón, El Gallinero, San Pablo, La Erre y otras del municipio fueron afectadas con solicitudes agrarias desde 1929 por el coronel del ejército Gonzalo N. Santos, quien era uno de los encargados de combatir a los cristeros de la zona. El coronel, originario de San Luis Potosí, estuvo encuartelado en la estación de ferrocarril de Río Laja y desde ahí extendía sus actividades.

Ante la amenaza agraria, los propietarios reforzaron su oposición al gobierno tanto a través del apoyo a las gavillas de "cristeros" (y después, de los rebeldes), a quienes les suministraban sueldos, caballos y armamento, como en el fraccionamiento de sus propiedades iniciadas desde ese entonces.

Proceso de Dotación del Ejido

La solicitud del ejido fue publicada en el Diario Oficial del Estado el 30/04/1936. El Comité Particut ar Ejecutivo Agrario (Comité) estuvo integrado por Margarito Villegas, J. Dol ores Téllez y José Jaramillo.

El 28/07/1937 la Comisión Agraria Mixta (CAM) propuso que a los 210 vecinos se les otorgaran 3,684 has (215 de riego, 1,258 de temporal y 2,211 de agostadero) tomadas de diversas fracciones de las ex haciendas Rincón de Abasolo, Soledad Nueva y Trancas. El gobernador firmó la propuesta (11/08/1937) y Cárdenas la aceptó en los mismos términos (13/11/1940) publicándose la resolución en el Diario Oficial de la Federación el 09/01/1942.

Este tipo de dotación hizo un ejido enorme, con nueve fracciones que abarcaban varios núcleos de población.

Dinámica del Ejido

La vida del ejido comenzó a partir de 1937 cuando se proporcionaron 1,684 has en forma provisional. Las tierras que le afectaron a la hacienda de Trancas (2000 has) no se otorgaron, ya que era uno de los centros fuertes de oposición considerado "cuartel de rebeldes", y los peticionarios se negaron a trasladarse a ese sitio por falta de garantías.

El Comisariado Ejidal (CE) lo formó Margarito Villegas, Erasmo Huerta y Crescencio Rayas, y el Comité de Vigilancia lo integró Miguel González, Everardo Hernández y José Cruz.

Al grupo de los 12 titulares y suplentes, el gobierno les dio fusiles para defenderse e integrar un destacamento para proteger la línea del ferrocarril. Este grupo pasó a formar parte del 25° Batallón de Defensa del Ejército Nacional.

La Defensa Rural fue muy activa en las tareas de apoyo para la labor agraria en el municipio; sin embargo, también hubo abusos: se despreciaba y maltrataba a los campesinos que no aceptaban el ejido y hasta se cometieron dos asesinatos.

Para 1937-1938 Río Laja era un ejido cuyas tierras estaban "abandonadas en el orden jurídico" como muchas otras en el municipio. Para volver a cultivar las tierras, los funcionarios del gobierno trataron de convencer a los campesinos de que se sumaran al régimen ejidal; pero, dada su resistencia, optaron por dar la tierra en alquiler a los propietarios afectados que sí eran seguidos por los aparceros.

Con el producto obtenido se formaba un Fondo de Promoción ejidal, que era administrado por un grupo de autoridades de diversos ejidos y un delegado regional del Departamento Agrario.

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