Descubre los Secretos Ocultos de la Hacienda Exquitlán en Tulancingo: Historia, Arquitectura y Leyendas Fascinantespost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Han transcurrido algunos ayeres, desde que egresé como estudiante de bachillerato de la Escuela Preparatoria Número 2, recuerdo haber pasado caminando a las afueras de un lugar misterioso, cuyo aroma era peculiar y en el cual se dice albergan tantas historias y leyendas que hacen de éste lugar, un lugar digno para una película de terror. Este misterioso lugar es la Hacienda Exquitlán, conocida también por su vínculo con la sidra El Pomar, y se erige como un monumento a la historia y el enigma en Tulancingo, Hidalgo.

Historia y Ubicación de la Hacienda Exquitlán

La hacienda de Exquitlán se ubica a las afueras de Tulancingo, con dirección al municipio de Cuautepec de Hinojosa. Fue inaugurada en el año de 1908 y su construcción data desde 1868, estos datos se saben gracias a las inscripciones que tiene la casona tanto en el dintel de la puerta y en un jarrón que se encuentra en el jardín frontal. Erigida entre 1903 y 1908 como legado para doña María de Jesús García Otamendi, fue creada por don Pánfilo Garcia Muñoz ‒probablemente con la asistencia de los ingenieros Hugo Dorner y Antonio Ortiz‒ como foco regente de la “Hacienda Exquitlán”, al sur del “Cerro del Tezontle” de Tulancingo. La propiedad que en 1883 aparecía registrada a nombre de don Jesús Monter, pasó luego a ser habitada por Trinidad García Olvera y su esposo Miguel Urrutia desde 1944 y hasta 87.

Don Pánfilo García representa en la historia familiar un parteaguas, visionario, trabajador, emprendedor, de costumbres sencillas, enamoradizo pero leal, amigo de hacer bromas, afecto al teatro y la zarzuela, filántropo. Es el primer García que se sabe que tuvo una biblioteca en casa, o por lo menos una buena colección de libros, hablaba español y francés y siempre estaba dispuesto a trabajar por el bien de la comunidad, amante de restaurantes y licores finos. Se supieron de él algunas anécdotas, siempre en la Ciudad de México, nunca en Tulancingo y sus alrededores. Entresacando datos del archivo de don Héctor Espinosa de la Torre, se concluye que doña Benita murió con cerca de sesenta años en 1903. Lo que consta es que a la muerte de Benita Otamendi de García, don Pánfilo solicitó a Antonio Ortiz se edificara una capilla en el vergel de la propiedad, con fosas adicionales para sepultarlo a él mismo y a sus hijos. En ese período -con dos hijos aún vivos‒ e interesado en construir una nueva Casa Grande en Exquitlán, don Pánfilo estableció contacto con el ingeniero Hugo Dorner, quien había terminado la Joyería y Relojería “La Perla”. Cuando se consultó el “Archivo Dorner” se encontró una carpeta con etiqueta “November 1903” y la anotación: “Haus fur P. García/ Tulancingo, mt. Ortiz”. Este dato permite suponer que para fin de 1903, Dorner y Ortiz estaban involucrados en el diseño de una casa para el señor P.

Cronología Destacada de la Hacienda Exquitlán

A continuación, se presenta una línea de tiempo con los hitos más relevantes en la historia de la hacienda:

  1. 1868: Inicia la construcción de la hacienda.
  2. 1883: La propiedad es registrada a nombre de don Jesús Monter.
  3. 1903: Don Pánfilo solicita la edificación de una capilla en el vergel.
  4. 1903-1908: Se construye la Casa Grande como legado para María de Jesús García Otamendi.
  5. 1908: Inauguración de la hacienda.
  6. 1944-1987: La hacienda es ocupada por Trinidad García Olvera y su esposo Miguel Urrutia.
  7. 1948: La sección norte de la propiedad es ocupada por la familia de don Ramón Díaz de la Concha, iniciando la producción de sidra gasificada.
  8. 1950: Creación de la empresa “El Pomar”.
  9. 1960: “El Pomar” se transforma en “Bodegas El Pomar” S. de R.L.

Arquitectura y Detalles de la Casa Grande

La Casa Grande de García Otamendi, en la antigua hacienda de Exquitlán, es una edificación representativa de su momento y buen ejemplo de lo que la actividad edilicia y decorativa producía al final del período que encabezó Porfirio Díaz. La hacienda Exquitlán, se rumora que fue un proyecto de Gustavo Eiffel, el mismo de la torre de París, se destacaba por el estilo francés de la fachada, los pisos, canceles y muebles. La escalera principal es de fierro desmontable. La casa comprende 20 cuartos, existiendo varias salas y comedores, con decoraciones de yeso representando diversos tópicos: Angelillos, querubines, paisajes de naturaleza y rostros femeninos variados. Los techos también presentan diversos decorativos que dan un toque de paz y armonía pero que con el desgaste y al pasar de los años dan un aire melancólico y un tanto terrorífico.

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Para la Casa Grande de la Hacienda de Exquitlán, don Pánfilo debió solicitar que la composición -a la manera francesa‒ estuviera cubierta por una “Mansarda” envolvente y que se enfatizara el eje central y acceso -donde el nombre “EXQUITLÁN” destacaría prominente en el arco del balcón central poniente‒ dotándolo de un reloj de máquina oculta con dos carátulas y sus correspondientes campanillas para marcar hora, cuartos y medio día. Amén de elementos ornamentales como la “Mansarda”, en Exquitlán el diseño se aprovecharía también de algunas enseñanzas aprendidas por Dorner y Ruelas durante el montaje de la estructura para el “Palacio de Cristal”.

Aunque ahora deteriorada, la casa muestra su fachada principal ‒frente poniente‒ como acceso ceremonial, dando cara a una glorieta cuyo camino -hacia el norte‒ comunica a Tulancingo, y que se presenta como una tradicional edificación del eclecticismo finisecular. La fachada de acceso, señalaba su jerarquía con un elevado gambrel en cuya cumbre destacaban carátulas de reloj -con frente al oriente y poniente‒ y en la cima de la mansarda se colocó un carrillón. A las fachadas se les daría un tratamiento de interpretación casi “renacentista”, con aparejo de “piedra artificial” que con bisel enfatiza el avío y da una robusta imagen al formar recuadros y molduras en torno a los vanos; además de la peculiar herrería -las rejas corredizas son sorprendentes y en su momento fueron de absoluta vanguardia‒, un interesante detalle son las bíforas (ventanas de dos arcos) con claves recalcadas gracias a cabezas de león de fundición, que probablemente provienen del catálogo de “Fonderie J.J. Ducel et Fils” o “Val d’Osne”. En este caso, las decoraciones son "Tête de Lion avec anneau d'amarrage” o “Mufles de lion” con aros para amarrar embarcaciones en los puertos y ocasionalmente empleadas para sujetar momentáneamente una cabalgadura.

Hacia el sur -la fachada que mira hacia el vergel, jardín que está resguardado por muro perimetral‒ el frente tiene un tratamiento similar a la fachada principal, pero marcando ahora el eje central no en altura con el gambrel, sino con un balcón que abajo enmarca una escalinata para el descenso al jardín. El edificio de planta cuadrada con casi 25 metros por lado, encierra un patio abierto al cielo, con más de 100m² y bordeado por amplios corredores cubiertos en ambas plantas. Al centro del vergel aparece claramente la Capilla erigida en 1903 y detrás de la casa varios graneros.

De origen, la figura central del patio formó parte de las piezas que “Fonderie J.J. Ducel et Fils” ofrecía a sus clientes. Ya modificada la pieza y transformada la pileta, apareció en catálogos de la Société Anonyme des Hauts-Fourneaux & Fonderies du Val d’Osne. La idea de una fuente con un infante alado obedece a la vieja tradición inaugurada en el Pallazzo Vecchio de Florencia. Los cuatro bajorrelieves forman parte de la tradición francesa de decorar con frisos de imágenes infantiles los accesos a diversas habitaciones, y pueden además rastrearse hasta la antigüedad romana. Parte también de las decoraciones colocadas aparece un tímpano decorativo en bajorrelieve y polícromo, que ilustra uno de los pasajes culminantes del cuento “Cendrillon ou la Petite Pantoufle de verre” según la versión de Charles Perrault. Quiero suponer que en ese período, aunque deteriorados, aún conservaban su viveza los yesos interiores y sus policromías, además de que vitrales y lámparas aún estarían completos; hoy muy deteriorados, podemos descubrir vitrales y pinturas murales que decoran el acceso, así como los vestigios de lámparas y carpintería que fueron sorpresa de los visitantes en los primeros años del siglo. En las habitaciones del piso alto, el deterioro es más evidente, ya que la estructura de madera que sostuvo los plafones y articuló la buhardilla se ha rendido ante el paso de los elementos.

La Leyenda Negra de Don Pánfilo y sus Hijos

El relato que encierra este misterioso lugar dice que el señor propietario de la casona don Pánfilo García Otamendi tenía dos hijos, un varón y una dama. El deseo de Don Pánfilo era que su hija solamente podría casarse con un hombre perfecto, adinerado y buen mozo, pues todos los pretendientes que había conocido hasta el momento, a su parecer solo pretendían casarse con ella por la inmensa fortuna que la hija heredaría cuando Pánfilo muriera. Su obsesión por la riqueza y el poder hizo que tuviera la loca idea de que se juntaran entre hermanos y así no perder la riqueza con que contaba.

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Cuentan los lugareños de los alrededores que pretendientes entraban a pedir la mano de su hija, pero éstos eran asesinados por el padre y posteriormente eran descuartizados y se los daban a comer a los puercos para que no quedara ninguna evidencia. Según el retrato con que contamos, María de Jesús era nada agraciada, como podemos constatar, así es que es poco creíble, que hubiera tenido muchos pretendientes, como afirma la “leyenda negra” y que Pánfilo celoso, los mandaba arrojar al foso de los cerdos hambrientos.

Se dice que tanta era la crueldad y la maldad del señor Pánfilo que cuando éste falleció y al momento de querer darle santa sepultura la misma tierra santa lo rechazaba, amaneciendo su féretro fuera de la tierra al otro día. El pueblo pagó una inmensa fortuna para que unos arrieros tiraran el cuerpo en el cerro del Yolo y así no dejaran maldad alguna en el pueblo.

Fenómenos Paranormales y Experiencias Inexplicables

Al recorrer los pasillos de la casa uno puede sentir la nostalgia y tal vez la mala vibra que encierran las cuatro paredes de cada cuarto. Es increíble que aquellas paredes que lucen descoloridas, algunas llenas de hongos y moho fueron testigos de incontables situaciones de maldad y de tristeza. Una de ellas es la que describe el señor Antonio y su esposa, quienes relatan que una noche de octubre estaban cenando en la cocina y que claramente observaron cómo una sombra caminaba en la parte superior de la casa. Asustados de que pudiera ser un intruso o un asaltante, el señor Antonio decidió portar su rifle e ir acompañado de su esposa. Cuando registraron todos los cuartos de la parte superior de la casa no encontraron ningún indicio o alguna evidencia de que alguien estuviera dentro de la casa. “Es extraño, pues las puertas principales se encuentran cerradas con llave y cadena, y no había nadie en la parte superior” refiere la esposa de don Antonio. Continuando con el relato, mencionan que cuando bajaban las escaleras de la casa y llegando al cuarto de la cocina, tanto esposo como esposa presenciaron la aparición de una sombra, a su forma de ver aseguran que era una mujer, por la complexión y la estatura.

La Sidra El Pomar y la Hacienda en la Actualidad

Actualmente se encuentra dividida en dos propiedades, que abarcan una considerable porción de terreno. La parte mejor conservada y restaurada, es la correspondiente a la fábrica de sidra El Pomar, ocupando naves industriales de construcción moderna. Aunque la familia Urrutia García ocupó la casa entre 1944 y 1987, desde 1948 la sección norte de la propiedad fue ocupada por la familia de don Ramón Díaz de la Concha ‒originario de Asturias‒ y que desde 1917 fabricaba sidra gasificada en Pachuca. En 1948 se trasladó a Tulancingo, y para 1950 creó la empresa “El Pomar”, que diez años después pasó a ser “Bodegas El Pomar” S. de R.L. Hace unos años la hacienda de Exquitlán, donde también se ubican las bodegas de la famosa sidra El Pomar, fue objeto de remodelación, pero solo se permite entrar a ciertas personas, incluso hay un letrero que indica que quien traspase la propiedad será puesto a disposición de la autoridad. Preciosa exhacienda en el estado de Hidalgo. El casco está rodeado de árboles frutales y cuenta con una capilla. Es ideal para construcción de viviendas, Centro turístico, Bodegas, etc.

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