El escenario colonial del siglo XVII fue testigo fiel de la edificación de la Hacienda y de su fundación en 1667. Llegó a la Nueva España un rico minero español, el capitán don Alonso de Villaseca, quien mandó construir esta hermosa pieza arquitectónica de paredes de sillar, techos de terrado y columnas abultadas.
A mediados del siglo XVII se vivían tiempos difíciles por estas tierras, por un lado se encontraban los indígenas Chichimecas, nativos de la región, y por el otro los españoles y sus mayordomos. Así, la Hacienda de Guadalupe pasaría a ser el centro de evangelización de la cofradía jesuita, quienes habían llegado a la Nueva España desde fines del siglo XVI.
Para 1626 las tareas evangelizadoras del Colegio de Jesús de Querétaro se habían extendido por todo el altiplano y alcanzaban ya los llanos del sur del Nuevo Reino de León. Los jesuitas, también conocidos como la Compañía de Jesús, es una orden religiosa fundada en 1534, en Roma, por Ignacio de Loyola, con el propósito de detener el avance del movimiento protestante iniciado por Martín Lutero. Sus fines fueron los de prestar un servicio permanente para el sostenimiento y difusión de la fe cristiana.
Se distinguían de otras órdenes por prepararse intelectualmente a través de estudios teológicos, de idiomas y humanísticos en general, con prácticas en distintos ámbitos comunitarios utilizando la educación como medio evangelizador. Se ha documentado que los jesuitas estuvieron en la región entre 1642 y 1767. En 1684, tiempo en el que gobierna el marqués de Aguayo el Nuevo Reino de León, la Hacienda de Guadalupe controlaba la explotación de lana, ubicándose el centro de trasquila de ovejas en La Petaca, entre la cabecera municipal y el casco de la Hacienda.
En La Petaca se realizaba el novenario en honor de San Ignacio de Loyola los días previos al 31 de julio. Se ha propuesto que los jesuitas construyeron el acueducto colonial que se encuentra 900 m hacia el SE del casco de la Hacienda. Este acueducto se alimentaba de un canal en su parte sur y descargaba sobre una rueda hidráulica que impulsaba las poleas que formaban el corazón de un molino de caña.
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El acueducto puede ser dividido en dos sectores: el inicial que está compuesto de un muro de mampostería de 126 m de longitud por 1.45 m de ancho, inicia desde el nivel del suelo en el sur y termina donde empieza el primer arco tipo Tudor de 1.95 m de alto por 1.85 m de ancho. La altura del muro hasta la base de la atarjea en el punto central del primer arco es de 3.16 m. La longitud del sector arcado es de 91 m, sumando las dos partes del acueducto se alcanza una longitud total de 217 metros del inicio hasta donde la atarjea se empotra con la caja que contenía a la rueda hidráulica; en este punto, la base de la atarjea se eleva seis metros de altura sobre la superficie del suelo.
El acueducto inicia a ras de piso en el sur en las coordenadas: latitud Norte: 24°53’29.70’’ con -99°27’34.57’’ de longitud Oeste, donde la atarjea ademada estuvo conectada a un canal que drenaba desde el cauce del río Pablillo, aguas arriba de la propia Hacienda de Guadalupe. Aunque el remate del acueducto se encuentra alejado del casco de la Hacienda de Guadalupe, es imposible no vincularlo a su historia, se cree que por la ingeniería y estilo, este fue construido por los jesuitas.
El acueducto cuenta con restos de lo que se cree fue el soporte de una rueda motriz que al girar generaba el movimiento de poleas y ejes de un antiguo molino, soportado por muretes que debieron ser parte de la estructura del trapiche, lo que se dedujo porque en una de las paredes de esta caja de muros de piedra hay rastros de un rozamiento en forma circular. El agua que llegaba a través del canal movía la rueda que a su vez activaba un mecanismo de poleas que ponía en funcionamiento el molino.
En la parte superior hay una especie de cajón, que era la atarjea, construida con ladrillo y recubierta con mezcla de calarena (bruñido) por donde corría el agua, hoy en día sólo quedan algunos fragmentos de ese conducto. Al coronarse Carlos III como rey de España, en 1767, ordenó la expulsión de los jesuitas en los diferentes lugares donde se encontraban predicando.
Carlos III era muy liberal, anticlerical y quería terminar con la influencia y poder de los jesuitas en su reino; además, controló la inquisición y dio validez a su alianza de familia con Francia, considerada liberal y anticlerical. Una vez expulsados los jesuitas, la construcción quedó en manos de la familia Urquijo. Durante este tiempo, don Luis Urquijo contrató muchos trabajadores para la siembra de maíz y frijol que crecieron en sus fértiles tierras regadas por el caudal del río Pablillo.
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Tocó a don Domingo de Rábago Gutiérrez, conde de Rábago, por órdenes del virrey, subastar las tierras. Unos años más tarde, don Inocente de la Parra heredó la Hacienda a su hija, Margarita de la Parra. Elvira Rojo contrajo matrimonio con el marqués don Luis Aguayo, procreando de esta unión a cinco hijos: Elvira, Delfino, María Luisa, Ángel y Remigio Aguayo Rojo, haciendo honor a su generoso padre.
En 1919, el movimiento revolucionario pasa por Linares y la Hacienda de Guadalupe es escenario de una revuelta entre bandos contrarios, según la tradición oral, los carrancistas utilizaron la casa grande para subir los cañones hasta la azotea y desde ese lugar bombardear a los villistas que se encontraban apostados en la Loma del Arenoso. En 1925 se instaló el comité municipal dependiente de la Comisión Nacional Agraria para dar respuesta a los reclamos de los campesinos que, motivados por el espíritu revolucionario, reclamaban la dotación de tierras que estaban en manos de los hacendados.
En 1935, diez años después de instalarse la Comisión Agraria, don Remigio Aguayo Rojo perdió gran parte de sus tierras gracias a la Ley Agraria, quedándose solamente con 245 hectáreas; en ese entonces los dominios alcanzaban la imponente superficie de 31,000 hectáreas. Además, la Hacienda sufre un embargo económico por 12 mil pesos, problema que no se puede resolver por su administrador de entonces, el Sr.
Después de estos tropiezos, regresa la calma a las tierras de don Remigio Aguayo Rojo, la Hacienda sigue siendo próspera en la agricultura y ganadería, siendo el cultivo de caña, maíz y frijol, así como la cría de ganado el motor de la economía en la región. En 1942, en noviembre, don Remigio Aguayo Rojo vende sus 245 hectáreas restantes al Sr. Pablo Bush, por temor de perderlas por el agrarismo.
El Sr. Bush puso como administrador de sus propiedades al Lic. Jesús Ramal Garza; durante este tiempo, la Hacienda retomó un auge agrícola y ganadero. Posteriormente, el Sr. Pablo Bush rentó la Hacienda al Sr. Ismael Cantú, quien la convierte en una importante lechería, transformando los establos y corrales en procesadora de leche, comprando la mayor cantidad de la leche producida en la región para elaborar quesos y demás productos lácteos.
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En 1952, el Sr. Pablo Bush vendió la Hacienda de Guadalupe al Sr. Lainer, un terrateniente norteamericano cuyos bienes administró el Sr. En 1955 la propiedad fue adquirida por el Sr. Daniel Carter, también de origen extranjero, y administrada por el Sr. Benjamín Tsuart. En 1976, la voz de los ejidatarios de la región volvió a hacer eco y el gobierno mexicano le quitó 240 hectáreas de tierra al Sr. Carter, dejándole únicamente cinco hectáreas, las del casco de la Hacienda.
Después de este hecho, la Hacienda quedó descabezada, ya que, según testimonios orales, nadie se hizo cargo del inmueble y empezó a mostrar signos de deterioro en sus paredes de sillar, techo de terrado, vigas y hasta en la capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe. Los señores Miguel Cabrieles, Bernardo Serna, Fructuoso López, Juan Matamoros, Pablo Cabrera, Antonio Pecina y Homobono Serna vivían en los patios de sus instalaciones, ya que eran trabajadores del Sr. Carter, ellos estuvieron a punto de ser desalojados de sus tierras por la Ley Ejidal y un proceso de expropiación federal de la propiedad, no obstante recibieron asesoría jurídica, quedando su situación resuelta, conservando así sus propiedades, hasta hoy ubicadas dentro de las únicas cinco hectáreas originales de la Hacienda de Guadalupe que le fueron respetadas al Sr.
Siendo estos tiempos de paz social, y de impulso educativo como bandera para avanzar como país, un grupo de personas de la alta sociedad de Linares acudieron con el entonces rector de la Universidad Autónoma de Nuevo León, el Dr. Alfredo Piñeyro López (rector en el periodo 1979-1985), solicitando su apoyo para que se formaran extensiones de facultades pertenecientes a la UANL en la ciudad de Linares, con el fin de facilitar a las familias de escasos recursos de la región el acceso a la educación para los jóvenes. En vista de las necesidades de crecimiento académico en el sur del estado, en 1981 el Dr. Piñeyro mantenía lazos de colaboración académica con instituciones de Alemania, razón por la cual impulsó convenios de cooperación, siendo elegida la Hacienda de Guadalupe como sede de la vicerrectoría y de los institutos de Geología y Silvicultura a partir del 23 de marzo de 1981.
Los fundadores de los institutos fueron un grupo de investigadores alemanes encabezados por el Dr. Peter Meibürg, geólogo visionario y explorador nato con amplia capacidad para liderar el proyecto. En la creación de los programas educativos, además de los investigadores alemanes, participaron mexicanos como el Ing. Benito Muñoz, el exrector Ing. Gregorio Farías Longoria, entre otros colaboradores.
A partir del 17 de junio de 1983, fecha en que el Consejo Universitario aprobó la creación de las facultades de Ciencias de la Tierra y Silvicultura, los institutos de Geología y Silvicultura se transformaron en escuelas. La Facultad de Silvicultura, hoy de Ciencias Forestales, en 1987 cambió de sede a sus actuales instalaciones, ubicadas en el km. 145 de la carretera nacional # 85, en el mismo municipio de Linares, Nuevo León (Flores Salazar, 2015). Desde 1981 a la fecha, la majestuosa Hacienda de Guadalupe ha sido fiel testigo del progreso educativo y económico del sur del estado, siendo un ícono de gran prestigio para la comunidad linarense y la región citrícola.
Desde los años ochenta del siglo pasado, la Hacienda de Guadalupe ha sido escenario del crecimiento académico de profesores, de la generación de más de 900 ingenieros en las diferentes carreras profesionales y sede de congresos nacionales e internacionales. La historia sigue colocando a la Hacienda de Guadalupe en un lugar central para el crecimiento social, cultural, académico y, por qué no decirlo, también económico para el país y el mundo, de ella egresan profesionistas que se emplean en México, explorando y explotando recursos naturales no renovables, así como en compañías internacionales que desarrollan proyectos en Asia, Europa, África, Oceanía, Norte y Sudamérica.
Hacienda San Alfonso en Puebla
Los que crecimos en San Alfonso, Puebla, sabemos en qué curva del camino detenerse para tomar la desviación. Enclavada entre un par de montes de la sierra poblana oriental, la cañada donde se construyó el pueblo formaba parte de la ruta de los tamemes que, en relevos desde Veracruz, llevaban diariamente a Tenochtitlan pescado fresco a los emperadores mexicas. Se dice, además, que fue paso de alguna brigada española y los ancianos del pueblo rumoraban que más arriba de San Alfonso, más arriba aún de las minas de Santa María, en el municipio de Ixtacamaxtitlán, se encontraban las ruinas del casco de una vieja hacienda que perteneció a uno de los conquistadores españoles. Quizá por ello es que un alto porcentaje de la población de la región es de tez blanca, cabello rubio y ojos muy azules.
Lo que se ha podido comprobar con respecto al origen de San Alfonso es que a finales del siglo XIX un geólogo francés llamado Mauricio Jacobi Bolling, buscando minas de oro encontró trozos de cao-lín a los lados del camino a Santa María. Pronto se olvidó del oro y concentró sus esfuerzos en explotar las minas de tan buen material para fabricar cerámica de excelente calidad.
El 19 de mayo de 1879 varios empresarios de Puebla y de la ciudad de México -dicen los viejos del pueblo que entre ellos figuraba el mismo don Porfirio Díaz-, fundaron la Industria Cerámica de Coayuca, y finalmente, en 1880, inauguraron la fábrica en un sitio cercano a Coayuca, que contaba con los elementos necesarios: agua para la cerámica y leña para los hornos. A la fábrica se le llamó San Alfonso y pronto se construyeron las casas del gerente y su familia.
Estos fueron años de progreso; años de bonanza sólo interrumpidos por la Revolución. Al principio de los años cuarenta las cosas se complicaron; los sindicatos exigieron mejores salarios y prestaciones, la Forestal impuso multas y restricciones a la tala de árboles, la competencia de fábricas más modernas hizo que los precios no fueran competitivos, además de que las minas se agotaban y había que buscar el material en túneles más profundos. La producción se hizo incosteable y en 1945 la fábrica cerró definitivamente.
El toque del silbato que en las frías mañanas hacía aparecer hombres envueltos en sus sarapes que de todas direcciones bajaban hacia el portón de la fábrica enmudeció para siempre. Los antes bulliciosos sábados de mercado, llenos de vida, de intercambio de anécdotas y de chismes locales, se volvieron quietos y silenciosos. Todo pareció terminar, pero así como renacen los retoños de los árboles al final del invierno, el poblado empezó a recobrarse.
Todos ayudaron para conseguir que se electrificara el poblado y que se entubara el agua. San Alfonso es una comunidad llena de tradiciones, muchas de ellas religiosas.Y la más importante de la región es la fiesta dedicada al santo patrono San Alfonso, el 2 de agosto, que se celebra con gran concurrencia. Meses antes se juntan los más destacados y animosos habitantes que organizarán el esperado evento: distribuir las comisiones, escoger las actividades deportivas, y algo muy importante, seleccionar el conjunto musical para el baile, festejo con el que por la noche culmina el evento.
También meses antes se ponen los bailables y números musicales que ejecutarán los niños y los jóvenes de la localidad. Para este día tan importante no debe faltar ¡una reina! Las vísperas son de mucho movimiento pues hay que terminar los trajes para los bailables y los últimos ensayos; hay que levantar los puestos, instalar el sonido, colocar las mantas, revisar el lienzo para el rejoneo; hacer los tamales, preparar el pozole y muchos otros antojitos; hay que elaborar pulque y litros y litros de café y atole.
Llega el gran día, y muy tempranito, empezando desde el puente de entrada, hay que decorar la calle principal y sobre la tierra apisonada se dibujan grecas, círculos y flores con aserrín teñido de distintos colores para recibir a los visitantes ¡como ellos se merecen! Por todos los caminos llegan los visitantes y los callejones, antes vacíos, se llenan de coches, camionetas y camiones de redilas que transportan vaquillas y toretes.
Bajo un cielo muy azul y un sol intenso se llevan a cabo la misa, la coronación, los bailables, el rejoneo y demás suertes de la charrería, mientras la gente come y bebe en los pintorescos puestos. La tarde transcurre entre carreras de caballos y partidos de pelota. Por la noche, bajo un cielo muy oscuro y los fuertes sonidos de las bocinas resonando por el valle, los tímidos jóvenes y las muchachas del lugar se agrupan en las orillas de la pista entre pieza y pieza riendo y lanzándose expresivas o indiferentes miradas que decidirán con quién bailarán la siguiente tanda.
Haciendas en Baja California Sur para Bodas
Las haciendas de Baja California Sur ofrecen un entorno único para la celebración de bodas. La cantidad de invitados promedio que admiten las bodas que se celebran en las haciendas de Baja California Sur es de 100. El 3% de parejas en Baja California Sur eligen que el espacio de celebración de su boda sea una hacienda. Los días preferidos por las parejas de Baja California Sur para celebrar su boda en una hacienda son Sábado 67%, Domingo 25% y Martes 8%. Las bodas de tarde/noche son las favoritas para un 100% de las parejas de Baja California Sur que eligen una hacienda como espacio de celebración.
Hay diferentes haciendas en Baja California Sur en las que los invitados disponen de opciones para pasar la noche después de la boda. En nuestro portal, un 17% indican que ofrecen alojamiento. Estas son algunas de ellas: Hacienda Encantada.
Tabla Resumen de las Haciendas
| Característica | Datos de Baja California Sur |
|---|---|
| Invitados Promedio | 100 |
| Parejas que eligen Haciendas | 3% |
| Día Preferido (Sábado) | 67% |
| Día Preferido (Domingo) | 25% |
| Bodas Tarde/Noche | 100% |
| Haciendas con Alojamiento | 17% |
