La Hacienda Villejé está repleta de lugares con un toque mágico y especial. En ocasiones señaladas todo el mundo radia un aura de felicidad alrededor de ciertos pasajes y escenarios donde los fotografos sacan sus mejores instantaneas. La plaza de la fuente es uno de esos enclaves singulares.
Un majestuoso portón blasonado con el escudo heráldico de la familia brinda soporte y cobijo al tiempo que homenaje a la arquitectura colonial de la época del conquistador Francisco de Villegas. La fuente es una copia a escala de la que se encuentra en el museo Casa del Risco del Centro Cultural Isidro Fabela en la ciudad de México. Le invitamos a contemplar de cerca el detalle ornamental de la cerámica de Talavera y relajarse con el rumor del agua cantora en un momento de descanso lejos del Salón principal donde acontecen los eventos.
Orígenes y Fundación
La Hacienda Villejé debe su nombre al conquistador Francisco de Villegas quien sirvió bajo el mando de Hernán Cortés durante la conquista de México en 1522. Como recompensa a su servicio le fue entregada la encomienda de Xocotitlán. El 6 de agosto de 1540 por Real Cédula, el rey de España da por fundado el pueblo de Xocotitlán. En 1575 adquiere categoría de parroquia bajo el padre Diego Nájera y Yanguas, el cual realizará una enorme labor evangelizadora.
Restauración y Conservación
Desde un estado de completa ruina, la familia Monter Flores ha ido restaurando fielmente la hacienda Villejé durante un período de más de 50 años. Un ejemplo de este esmero fidedigno es la capilla del siglo XVII consagrada a San José en la época del padre Nájera Yanguas por el año 1637. Asimismo, la campana y la cruz de piedra volcánica -que fue erigida en 1917 por la congregación de los frailes benedictinos- son piezas originales.
La imagen original de San José todavía puede admirarse después de cuatrocientos años de conservación y devoción. Otro de los lugares de enorme encanto es la sacristía de San José. En su interior se puede admirar una pintura conmemorativa del centenario de la restauración de la capilla. Representa a Jesús en el juicio ante Poncio Pilato al óleo y fue plasmado en 1907 por E. Guzmán. En este lugar se pueden apreciar antiguos artículos religiosos y pinturas con más de cuatro siglos. Dentro de la sacristía se puede admirar una copia restaurada del Ecce Homo de Antonio Ciseri realizada por E. Guzman en 1907.
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Eventos y Celebraciones
La música es una de las claves para el éxito de tu fiesta. Si tu evento se inicia en la capilla, contamos con cuartetos de cuerdas de música clásica. Los cuartetos de cuerdas también lucen maravillosamente bien al aire libre en una boda civil. Para la degustación de aperitivos te ofrecemos música tradicional de marimba, trío romántico, mariachi, (o incluso) música clásica. Durante el banquete, es imprescindible escuchar música en directo. Los invitados disfrutan enormemente la visita a su mesa de saxofonistas, violinistas o cantantes. La tornafiesta siempre se alegra más con la viva y alegre música de banda o mariachi para que tus invitados sigan bailando y degustando deliciosos antojitos mexicanos.
Disponemos de un área de recreo infantil ubicado justo en las inmediaciones del salón principal. Los niños podrán disfrutar de los clásicos columpios, trampolines, resbaladillas, inflables, además de la encantadora Casita del Pintor donde los pequeños se entretienen pintando y dibujando con crayolas. También para los más pequeños, la hacienda ha abierto recientemente una nueva y divertida atracción: la estación del trenecito “Villejé Express”. Se trata de un tren infantil con capacidad para doce niños que circula por los alrededores de la propiedad haciendo las delicias de niños y mayores.
Esta acogedora “casita de muñecas” es la delicia de los pequeños (y no tan pequeños) que se ven totalmente inmersos en un pequeño universo a su medida. Todos los enseres de la casa: tacitas, sillas, mesas etc.
Historia Demográfica de Xocotitlán
En este tenor, nos dimos a la tarea de revisar la crisis sufrida durante el periodo 1813-1814 por los habitantes de la parroquia de Xocotitlán, población ubicada en el valle de Ixtlahuaca -contiguo al de Toluca- y vecina de Ixtlahuaca y Atlacomulco. A diferencia de las tesis y los estudios anteriormente publicados, que parten de los conteos de las partidas de bautizos, matrimonios y defunciones en los dos años críticos, se pretende analizar solo la mortalidad registrada en Xocotitlán durante el periodo comprendido entre 1811 y 1816. Considerar los entierros en los años previos y posteriores a la crisis demográfica de 1813-1814 permite valorar con más exactitud el ascenso de la mortalidad causada por el tifo.
A raíz de la consulta de las fuentes parroquiales se identificó también un brote de viruela en 1814 que afectó principalmente a los párvulos de Xocotitlán, como suele ocurrir durante las epidemias de ese tipo. Además de identificar cuáles grupos de edad fueron los más mermados, se analiza la incidencia de ambas enfermedades en la población, distinguiendo la calidad y el lugar de residencia de los óbitos.
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En los libros de entierros de la parroquia de Xocotitlán se registró indistintamente a toda la población, de tal suerte que en los mismos volúmenes se hallan párvulos y adultos; en el caso de estos últimos, se señala si se trataba o no de solteros o de doncellas (es decir, mujeres solteras). Asimismo, aparecen juntas las partidas de españoles, indios (pero se distingue a los principales, calificados como caciques), mestizos, castizos, y se consigna al menos una mulata durante el periodo estudiado. La población predominante era la india.
En algunas ocasiones, el párroco no asentó la calidad de la persona muerta, por lo que para efectos de este estudio hacemos un conteo aparte de aquellas personas cuya calidad no se consigna. Lo que anotó siempre fue el lugar de residencia de las personas muertas, aunque omitió mencionar la causa de su deceso, salvo contadas ocasiones, cuando la muerte fue súbita o producto de algún accidente (como caídas de caballo, quemaduras, fusilamientos y riñas).
Las muertes consignadas en el periodo 1813-1814 en las partidas corresponden, por un lado, y en buena medida, a defunciones ocurridas por tifo y viruela. Al final de esos años el cura advirtió que la población había padecido “fiebres malignas” y una “peste de viruelas”. Asimismo, las partidas de entierros revelan que los pobladores de Xocotitlán solían contraer nupcias con personas de su misma calidad, por lo que es posible hablar de una homogamia generalizada.
Tabla: Defunciones en Xocotitlán entre 1811 y 1816
| Año | Entierros |
|---|---|
| 1811 | 129 |
| 1812 | 174 |
| 1813 | 1017 |
| 1814 | * |
| 1815 | * |
| 1816 | * |
*Datos no proporcionados en el texto.
El Tifo y la Viruela en Xocotitlán
El tifo, enfermedad de procedencia euroasiática, fue traída por los conquistadores europeos y diezmó a la población nativa durante el brusco descenso demográfico inicial del siglo xvi. En siglos posteriores, los indios también serían afectados por las epidemias de tifo, pero la enfermedad atacaría por igual a los demás grupos sociales. El tifo no era, por tanto, una enfermedad desconocida en la Nueva España a principios del siglo xix.
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Cuando esta enfermedad se propagó en 1813, se identificó como cocoliztli, matlazáhuatl o tabardillo. Al no haber vacuna contra el tifo ni tampoco el insecticida ddt, nada impedía la proliferación de los piojos, vector del tifo; además de que esta enfermedad no genera inmunidad permanente. En 1813 al tifo se le denominó como matlazáhuatl, ‘fiebres misteriosas’ o fiebres malignas. Causaba temperaturas elevadas, aunque no era su único síntoma.
La viruela fue también una enfermedad introducida por los europeos a suelo americano. A diferencia del tifo, que era transmitido por un vector, la viruela se contagiaba de humano a humano y, a diferencia también de aquel, inmunizaba de por vida a los sobrevivientes. Solo hasta el uso de la variolización a finales del siglo XVIII y el posterior desarrollo de la vacuna a principios del siglo XIX -aplicada en 1814 en la parroquia de Xocotitlán-, se logró reducir el número de fallecimientos y favorecer así el crecimiento de la población. Contrario a lo que ocurre con el tifo, la viruela afectaba principalmente a los párvulos.
Como puede apreciarse en la tendencia anual de las defunciones en Xocotitlán entre 1811 y 1816, se registraron 129 entierros en 1811 y al año siguiente 174; para 1813 la cifra se incrementó considerablemente: poco más de cinco veces respecto del año anterior, ya que se consignaron 1017 entierros. La mayor cantidad de entierros durante el periodo abordado corresponde a 1813 y coincide con la epidemia de tifo que asoló diversas poblaciones novohispanas y afectó principalmente a los adultos, como también puede confirmarse en Xocotitlán en ese año, así como a un quinto de la población total de la parroquia, según las estimaciones hechas.
En esta aclaración se explica por qué la mortalidad se mantiene elevada en 1814, cuando cunden las dos enfermedades al mismo tiempo. La viruela de 1814 ha sido identificada por diversos autores y no fue privativa.
