Iósif Vissariónovich Dzhugasvhili, más conocido como Stalin (‘hombre de acero’ en ruso), nació en 1878 en una familia de siervos de Gori, Georgia. Su padre, Vissarión Dzhugashvili, trabajaba de zapatero, y su madre, Yekaterina Gueladze, era sirvienta, siendo ambos de familias de siervos georgianos. Tras una infancia marcada por enfermedades y el alcoholismo de su padre, comenzó a estudiar en la escuela parroquial de la ciudad. Sus contactos con el movimiento revolucionario comenzaron después de que ingresó en el Seminario Teológico de Tiflis en 1894. Su vinculación al socialismo provocó que fuera expulsado en 1899.
Stalin se adhirió a la doctrina de Lenin de un partido centralista fuerte, de revolucionarios profesionales. La escisión de 1903 había fragmentado la organización entre los mencheviques, partidarios de participar en una democracia liberal burguesa, y los bolcheviques, defensores de la conquista revolucionaria del poder. Stalin se decantó por la corriente que encabezaba Vladímir Lenin, a quien conoció en la Conferencia del POSDR de 1905 en Tampere, Finlandia. Fue allí donde asumió el pseudónimo que lo acompañaría el resto de su vida. El nombre Stalin («hecho de acero»; derivado del ruso stal, acero, con el mismo sufijo posesivo personal in que usó Lenin) empezó a usarlo a partir de 1912, y desde octubre de 1917 se convirtió en su sobrenombre. En el período posterior a la Revolución de 1905, Stalin encabezó los «escuadrones de lucha» en robos de bancos para reunir fondos para el partido bolchevique. En 1917, Stalin era el editor de Pravda, el diario oficial del partido. En abril de 1917, Stalin fue por primera vez electo por la base del partido para formar parte del Comité Central. El triunfo bolchevique permitió a Stalin consolidarse en el partido.
La Lucha por la Sucesión de Lenin y el Ascenso al Poder
La muerte de Lenin en 1924 marcó el ascenso de Stalin al poder. El político georgiano tuvo una disputa feroz por la sucesión con León Trotski, que había dirigido al Ejército Rojo hacia la victoria en la guerra civil rusa (1917-1923) frente a los contrarrevolucionarios. En 1922, Stalin fue nombrado secretario general del Partido Comunista Panruso, un cargo que él posteriormente transformó en el más poderoso del país. La acumulación de poder por parte de Stalin tomó al moribundo Lenin por sorpresa, quien, en sus últimos escritos (Testamento de Lenin), hizo llamamientos para que el XII Congreso del Partido Bolchevique apartara al «brusco» Stalin.
Durante la enfermedad de Lenin, Stalin fue acumulando poder. A la vez, Stalin empezó a construir una especie de “religión” política: el culto a Lenin. La lucha por la sucesión entre los dirigentes bolcheviques fue ganada por Stalin, que contó con el apoyo del aparato del partido. Trotski y Stalin defendían modelos políticos distintos. El primero sostenía la idea de una “revolución permanente” a nivel mundial que mantuviera viva la llama del comunismo en la recién fundada Unión Soviética. El segundo, por el contrario, apostaba por consolidar el “socialismo en un solo país”. Aquella medida, que pretendía frenar la progresiva influencia de León Trotski en la nomenklatura, iba a abrir las puertas al estalinismo. Poco después, Kámenec y Zinóviez se aliaron con la viuda de Lenin para frenar la creciente ambición del “hombre de acero”. Pero sus planes se vinieron abajo ante la rápida reacción de su astuto contrincante. Durante el XV Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), Stalin y sus acólitos maniobraron en la sombra para que Kámenev perdiera su puesto en el Comité Central.
Uno de sus grandes obsesiones fue acabar con Trotski, su enemigo mortal, que tuvo que escapar de la Unión Soviética en 1929. Tras peregrinar por media Europa y Turquía, el disidente soviético halló refugio en Coyoacán, Ciudad de México. En enero de 1937, Trotski y su esposa Natalia arribaron al puerto de Ciudad de México, donde fueron acogidos por la pareja mexicana de artistas compuesta por Frida Kahlo y Diego Rivera en el comienzo de su nueva vida como exiliados. Trotski fue primero desterrado de la Unión Soviética en 1929 y luego asesinado en México en 1940 por orden de Stalin. Tras el exilio de Trotski en 1929, Stalin fortaleció su hegemonía purgando a los disidentes. Esa autoridad plena le permitió instaurar una dictadura totalitaria en la Unión Soviética.
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El Régimen Estalinista: Pilares del Totalitarismo y la Transformación Económica
El régimen estalinista se levantó sobre el terror que se impuso en Rusia durante la Revolución y la guerra civil. El estalinismo impulsó la modernización del país mediante una economía planificada cuya base era la industrialización. Promovió el lema del “socialismo en un solo país”, es decir, la construcción del socialismo dentro de las fronteras de la Unión Soviética mediante una política de industrialización acelerada. En lo político, todo el poder se concentró en el Partido Comunista restándole autoridad al Estado, a los Sóviet y a los estados federativos.
Centralización del Poder, Culto a la Personalidad y Represión
Stalin consolidó su poder autocrático con base en el culto a la personalidad y la represión policiaca, especialmente mediante la NKVD (Comité del Pueblo para Asuntos Internos). El fabuloso esfuerzo propagandístico del que hablan los hermanos Medvedev alimentó el culto a la personalidad del líder soviético. Aquella propaganda que le convirtió en el venerado padre de la patria hizo posible que su furia exterminadora no tuviera límites. La propaganda y la censura fueron medios importantes en la dictadura estalinista. La concentración del poder en la persona de Stalin también estableció el culto a la personalidad del líder.
La Economía Centralizada: Industrialización Forzada y Colectivización
El Estado adquirió un control absoluto sobre la economía, a través de la Economía Centralizada Planificada. Se abandonó la NEP (Nueva Política Económica) de Lenin con el argumento de que esta política económica había enriquecido a los kulaks y que la falta de capitales en la industria pesada hacía necesario que el Estado controlase en su totalidad a los excedentes agrícolas. La planificación económica del estalinismo se organizó en planes con plazos de cinco años, conocidos como Planes Quinquenales. El impulso industrial promovió a su vez el aumento de la producción agrícola a gran escala con granjas mecanizadas, que quedaron en poder del Estado mediante la expropiación de tierras de los campesinos.
Planes Quinquenales
| Plan Quinquenal | Período | Objetivos Principales | Énfasis y Resultados |
|---|---|---|---|
| Primero | 1928-1932 | Incrementar la producción industrial en un 180%; ampliar la mano de obra industrial en un 39%. Superar a los países capitalistas avanzados. | Crecimiento acelerado de la industria pesada. |
| Segundo | Posterior al Primero | Dominio de la tecnología e introducción de la responsabilidad y el prestigio del personal técnico cualificado. | Acabó con el igualitarismo social. Marcó el mito del “estajanovismo”. |
Sin duda, aquel proceso contribuyó al crecimiento de las industrias, pero dejó de lado las necesidades sociales de los trabajadores. Otro de los elementos claves del nuevo régimen fue la colectivización del campo, que afectó directamente a los campesinos prósperos (kuláks), cuyas tierras fueron requisadas. A partir de octubre de 1929, se obligó a 25 millones de campesinos a trabajar en los koljoses o granjas colectivas. Así, en 1935 el 97% de las granjas eran colectivas y en 1938 había 240 mil koljoses y 4 mil sovjoses o granjas del Estado. Este cambio costó la vida de millones de campesinos por las hambrunas de 1932, las deportaciones o las ejecuciones. El régimen estalinista cambió drásticamente la sociedad soviética debido a que ésta se industrializó rápidamente. Además, se presentó un gran desarrollo tecnológico, se incorporó a la mujer en el trabajo y se bajaron las tasas de desempleo. Pero al mismo tiempo, aumentó la represión y las ejecuciones en los años 1930.
El "Gran Terror" y las Purgas Masivas
Una característica específica del estalinismo fue la represión dentro del propio Partido Comunista. Stalin promovió una serie de “purgas” que consistieron en acusar a funcionarios soviéticos de ser opositores o traidores y condenarlos a la pena de ejecución o deportación a campos de trabajo forzado (conocidos como Gulag). El “Gran Terror” comenzó en diciembre de 1934 cuando Stalin ordenó asesinar al secretario general del Partido Comunista de Leningrado, Sergéi Kírov. A continuación, se desató una campaña de terror sin precedentes que llegó a su momento culminante en los años 1937 y 1938. Aquella siniestra etapa estuvo marcada por la represión a bolcheviques, obreros, campesinos, militares e intelectuales. Ni siquiera sus allegados estuvieron a salvo de la quema. Ni tampoco cuando ordenó fusilar a amigos y familiares, como el marido de María Svanidze, o cuando condenó al exilio a su sobrina Kira Allilúeva. Con las purgas de Moscú, de 1936 a 1938, de los 139 miembros del Comité Central del Partido Comunista, 110 fueron detenidos y 98 ejecutados. Durante los años de la Gran Purga fueron ejecutados y deportados alrededor de un millón de funcionarios del gobierno, el partido y el Ejército Rojo. Las víctimas del régimen se irían al exilio o, en el peor de los casos, a la muerte mediante las purgas y el encarcelamiento en los campos de trabajo en Siberia, donde se realizaban grandes obras públicas.
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La purga en el ámbito militar dejó sin mandos al Ejército Rojo, lo que supuso un grave problema pocos años después cuando los nazis invadieron Rusia. A finales de 1938, 35.000 oficiales del Ejército Rojo habían sido detenidos y encarcelados (nueve de cada diez generales, cuatro de cada cinco coroneles). La espiral de violencia acabó con la carrera de eminentes profesionales, como el ingeniero aeronáutico Andréi Túpolev. Si bien esta política afianzó el poder personal de Stalin, debilitó durante un tiempo al ejército y la administración civil, que quedaron en gran medida desorganizados al perder a una parte importante de su personal directivo.
Stalin y la Segunda Guerra Mundial
El Pacto con la Alemania Nazi y la Invasión
Sin embargo, en 1939 la URSS firmaría un pacto de no-agresión “Von Ribbentrop-Molotov” que se ha interpretado de diferentes formas: por las democracias liberales como una traición comunista, por Stalin como la única salida para preparar su defensa ante una futura amenaza alemana, y por Hitler como la posibilidad de iniciar el ataque a la URSS. Su acuerdo de no agresión saltó por los aires el 22 de junio de 1941, cuando el ejército nazi inició el ataque a la Unión Soviética. Stalin llamó a todos los rusos a defender el país en julio de 1941. Pero ya era tarde. Uno de los agentes de esa red de inteligencia soviética mandó a Moscú un documento en el que avisaba del inminente ataque de la Wehrmacht a Rusia. El jefe de información se lo pasó al dictador soviético, quien escribió al margen: “dile a tu informador que le den por culo a su madre”. Stalin era un paranoico de libro.
La Defensa de la Patria y la Victoria Aliada
Al llegar los alemanes a Moscú, el pánico se adueñó de la ciudad. Fue en aquel momento cuando Stalin, que en un primer momento quedó en estado de shock ante la invasión, reaccionó y se puso al frente de la defensa de Moscú. El dictador envió un mensaje en el que pedía a la población que resistiera a ultranza a los nazis. Admirador de Iván el Terrible, Stalin se proclamó el nuevo “Zar rojo”, el único que podía conducir los destinos de la patria amenazada. El 5 de diciembre de 1941, el mariscal Georgy Zhúkov lanzó un contraataque contra el ejército alemán, que estaba situado a unos 40 kilómetros de Moscú. Estas tropas estaban mucho más preparadas para soportar el intenso frío invernal que las alemanas, que en enero de 1942 fueron obligadas a retroceder unos 200 kilómetros. Luego se produjo el contraataque del Ejército Rojo, que de forma progresiva fue haciendo retroceder a la Wehrmacht. Tras la batalla de Kursk, los oficiales alemanes más lúcidos sabían que habían perdido la guerra. Una vez sobrepasada la defensa alemana en Prusia Oriental, el líder soviético aleccionó a sus generales para que se dirigieran de inmediato a Berlín. El avance soviético en el frente del este condujo sus tropas a la batalla de Berlín, donde consiguió la rendición final de las tropas alemanas. Fue el mejor momento del estalinismo, cuando obtuvo legitimidad por su decisiva contribución a la derrota del Tercer Reich.
La Posguerra y el Inicio de la Guerra Fría
Una vez concluyó la guerra en Europa, los aliados se reunieron en la ciudad de Potsdam, cercana a Berlín, donde el presidente estadounidense Harry Truman le confesó al líder soviético que su ejército poseía un arma secreta de una potencia aterradora, una confidencia que no pareció impresionar a Stalin, ya que tenía información de ese poderoso y letal ingenio bélico a través de sus espías. Esa fue una de las razones por las que Stalin presionó a sus generales para que entraran en Berlín antes que los estadounidenses. En 1946, Stalin acusó a los países occidentales por sus regímenes capitalistas y sus ínfulas imperiales. El Berlín dividido de posguerra iba a ser el símbolo de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y las democracias occidentales.
Expansión del Comunismo y la Carrera Armamentística
En un intento de frenar el empuje de Moscú, Washington financió la reconstrucción de Europa a través del Plan Marshall y creó la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en abril de 1949. Moscú reaccionó años después con el Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua, más conocido como el Pacto de Varsovia, que fue firmado en 1955 por los países del bloque del Este y cuyo objetivo era contrarrestar la amenaza de la OTAN y el rearme de la República Federal Alemana. Lo que es seguro es que, desde otoño de 1947 hasta mayo de 1949, Fuchs proporcionó a Moscú el esbozo teórico para crear una bomba de hidrógeno y los diseños preliminares para su desarrollo. Gracias al trabajo de Fuchs y de otros agentes, el 22 de agosto de 1949 la Unión Soviética detonó con éxito su primera bomba atómica en el campo de pruebas de Semipalatinks, en el noreste de Kazajistán. Stalin entendió con rapidez el poder y la naturaleza transformadora de aquella arma de destrucción masiva. El desarrollo exitoso del programa nuclear soviético permitió que el país se convirtiese en la segunda potencia mundial en armas nucleares. También se inició el programa espacial soviético.
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La Resistencia Silenciosa: Historias de Disidencia bajo el Régimen de Stalin
Pese a que encabezó uno de los regímenes más autoritarios de la historia, Stalin enfrentó oposición interna. No eran frecuentes ni a gran escala, pero indicaban que muchos no estaban de acuerdo con el régimen totalitario. Una de estas protestas la protagonizaron tres niños. Los hechos ocurrieron en Cheliábinsk, una ciudad industrial de los Urales, una región montañosa que separa las partes europea y asiática de Rusia. En la urbe había una fábrica de tractores.
Un día de la primavera de 1946, tres adolescentes colocaron panfletos en el centro de la ciudad. Los vecinos que hacían cola para comprar comida los observaban cansados. Los chicos no tenían pegamento, así que utilizaron pan mojado en agua para pegar las hojas de papel, arrancadas de sus cuadernos escolares, en paredes y postes de luz. "¡Pueblo hambriento, levántate a luchar!", había garabateado uno de los estudiantes. Los chicos eran Alexander (conocido como Shura) Polyakov, Mikhail (Misha) Ulman y Yevgeny (Genya) Gershovich. Todos tenían 13 años y Shura Polyakov era el líder del grupo. Sus familias se enfrentaban a graves dificultades económicas y vivían al borde de la inanición con las raciones de comida de la posguerra. Los adolescentes estaban cada vez más enfadados con la injusticia que observaban y con el contraste entre lo que la propaganda soviética afirmaba que era la vida en un país socialista y lo que ellos podían ver con sus propios ojos.
Un día de abril de 1946, los chicos arrancaron una página de un cuaderno escolar y escribieron: "¡Camaradas, trabajadores, miren alrededor! El gobierno les ha estado achacando nuestros problemas a la guerra, pero la guerra terminó. ¿Han mejorado sus condiciones? ¡No! ¿Qué les ha dado el gobierno? ¡Nada! Sus hijos pasan hambre y, sin embargo, les cuentan cuentos sobre una infancia feliz. Camaradas, miren a su alrededor y entiendan lo que realmente está pasando". Los temidos servicios de seguridad de la NKVD se enteraron rápidamente de la situación y no tardaron en descubrir que los panfletos antigubernamentales habían sido elaborados por unos escolares. Yevgeny Gershovich fue el primero en ser detenido. Luego Alexander Polyakov, y a finales de mayo de 1946 Mikhail Ulman. Sus familias estaban conmocionadas y aterrorizadas. Los chicos se enfrentaron a un interrogatorio implacable por parte de los servicios de seguridad, que también intentaban condenarlos por simpatizar con los nazis. Los adolescentes estaban indignados: ¿cómo podían ser nazis también los marxistas devotos?
Gershovich y Polyakov fueron juzgados en agosto de 1946 y declarados culpables de difundir propaganda antisoviética. Los dos fueron condenados a tres años de prisión juvenil. Más tarde recordaron aquella época horrenda, con las palizas regulares y el acoso de otros jóvenes reclusos, encarcelados por delitos penales. Ulman tuvo suerte: como no había cumplido los 14 años en el momento de su detención, se libró por completo del castigo. Sus padres regresaron rápidamente a Leningrado para mantenerse alejados de los Servicios de Seguridad de Cheliábinsk. Gershovich y Polyakov también salieron relativamente bien parados, ya que fueron liberados a finales de 1946 con una sentencia suspendida. La corta edad de los muchachos tal vez les ayudó a escapar de un castigo mucho más duro. Pero también es posible que los servicios de seguridad y los jueces se sintieran sorprendidos por la seriedad de los jóvenes rebeldes que, a pesar de vivir en uno de los regímenes más totalitarios, creían que podían protestar contra la injusticia social y obligar al gobierno a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. Yevgeny Gershovich fue detenido de nuevo a finales de la década de 1940 y condenado a 10 años de prisión, pero fue liberado poco después de la muerte de Stalin, junto con millones de víctimas de la represión.
El Final de una Era
Stalin estaba satisfecho. Había logrado concluir uno de sus mayores objetivos. Pero era un hombre aislado, cuya soledad se agudizó a partir de 1949. Aunque seguía invitando a altos dignatarios del régimen a su “dacha” de Kúntsevo a las afueras de Moscú, el “hombre de acero” sentía nostalgia por los buenos años de camaradería durante la Revolución de Octubre. En el Kremlin cundía el pánico. Todos se sentían amenazados por sus ataques de paranoia. Ya con 74 años, Stalin falleció en su residencia de Kuntsevo el 5 de marzo de 1953 debido a un derrame cerebral. Tras una noche de borrachera con algunos camaradas, el “líder de acero” dejó escapar su último aliento el 5 de marzo de 1953. Cuando el líder soviético Joseph Stalin murió el 5 de marzo de 1953, pareció que toda la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se sumía en el luto. Sin embargo, tras el dolor exterior, había sentimientos encontrados hacia un personaje bajo el cual millones de personas habían perecido en purgas y hambrunas, y millones más soportaban la pobreza. Tras su muerte, Stalin y su régimen han sido condenados en numerosas ocasiones. La más significativa de estas condenas se dio durante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1956, cuando su sucesor, Nikita Jrushchov, denunció su legado en una famosa intervención con la que se inició un proceso de desestalinización de la Unión Soviética.
