Las haciendas en Latinoamérica representaban un símbolo de estatus social a partir de un rancho de grandes dimensiones donde se producía alimentos, generalmente para autoabastecerse.
Orígenes de las Haciendas
Datan de la época colonial y abundan en el Cono Sur y en casi todo el continente americano.
En México surgieron en el siglo XVI, cuando la Corona española le cedió a Hernán Cortés el título de Marqués del Valle de Oaxaca.
Cuando los conquistadores empezaron a llegar a las distintas regiones de Latinoamérica, lo hicieron con el afán de buscar yacimientos, dado que, para entonces, las riquezas minerales eran igual de atractivas para los cazadores de fortunas, los gambusinos y los nobles.
En el caso de México, a medida que avanzaban hacia el norte, fueron descubriendo tierras vírgenes óptimas para labranza y cría de ganado.
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“De tal modo, se delimitaron enormes mayorazgos y latifundios en el Altiplano, éstos repartidos entre pocos propietarios, a menudo emparentados entre sí.
Un caso extremo fue el del capitán Francisco de Urdiñola, el mal llamado marqués de Aguayo "título que nunca ostentó", quien logró poseer el latifundio más extenso en la época virreinal, ubicado en el norte de Zacatecas, Coahuila y otras regiones septentrionales, incluyendo partes del Altiplano", cuenta Homero Adame en entrevista a Efe.
La Hacienda de Caxcantla
La ex Hacienda de Caxcantla está ubicada en Aljojuca, municipio de Puebla.
Su fundación se remonta al año 1563. Se construyó bajo la dirección de un sacerdote de la Compañía de Jesús y fue terminada hasta el siglo XVII.
Desde principios del siglo XVIII y hasta los tiempos de la Revolución Mexicana, estuvo habitada por frailes franciscanos.
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La ex hacienda, ubicada a las faldas de tres imponentes cráteres volcánicos, ha creado su propia magia a través de los años.
La Hacienda El Cazadero
Hacienda El CazaderoFue propiedad de Don Miguel Peón, y extendía sus terrenos hasta la ahora comunidad de Paso de Mata.
La hacienda se encuentra parcialmente desocupada, pero conserva bellos y espaciosos jardines y el corazón de la hacienda se mantiene bien cuidado y con la apariencia de los tiempos antiguos.
Es hasta ahora propiedad privada.
El lugar se hizo famoso desde los primeros años, cuando el Virrey Don Antonio de Mendoza, en 1540, visitaba la provincia de Jilotepec, que era de indios Otomíes, y quienes le ofrecieron hacer cacería al modo y manera de como lo hacían los indios tradicionalmente.
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El virrey aceptó dicha invitación por dos motivos: para ver si era cierta la cantidad de animales que los indios le decían, y en segundo lugar, para sentir el placer del cazador, de tener tanto animal a su alrededor que les podía tirar a su gusto.
Señaló el día y, para que pudiera gozar del espectáculo que representaba la cacería, en unos llanos entre Jilotepec y San Juan del Río levantaron una casa para el virrey, y cerca de ella, los aposentos para sus criados y gente de servicio que traía, además de otras personas que venían con él.
Se llevó a cabo la cacería antes del mediodía, sirviendo de corral y cerca de los animales, los indios flecheros que los habían traído, con el objeto de que ni los pájaros se fuesen.
Eran entre 150 cazadores con perros muy entendidos en la cacería, sin darse abasto de tal cantidad de animales descansaban un rato para seguir cazando, ya que la cacería duró todo el día.
La caza fue espléndida, por lo que se ordenó la siguiente cacería para el año de 1541, sin saberse si se llevó a cabo, ya que el Virrey en el año siguiente participó en la guerra de Jalisco.
Desde el año 1540 que fue la cacería, se la ha llamado a este paraje “llanos del cazadero”, nombre que hasta la fecha subsiste.
Allí se encuentra la primera hacienda de El Cazadero, única con 5 patios y hermosa estructura.
El Declive y la Revolución
A principios del siglo XIX, el malestar de los criollos, es decir hijos de peninsulares nacidos en la Nueva España, empezó a crecer, pues opinaban que la tierra les pertenecía y no querían pagar tributo a la Corona.
Tal inconformidad dio origen a la guerra de Independencia iniciada en 1810, según la historia oficial.
A partir de entonces, los grandes latifundios empezaron a fragmentarse, por herencia o por compraventa, y la mayoría dejó de ser propiedad de españoles para pasar a ser propiedad de criollos.
"Es sabido que muchos de los grandes latifundistas no vivían de tiempo completo en sus haciendas y, en algunos casos, ni siquiera las conocieron.
De hecho, la mayoría radicaba, por lo general, en las ciudades importantes, como Matehuala, Real de Catorce, Saltillo, San Luis Potosí, Zacatecas o la ciudad de México, dejando sus haciendas a cargo de administradores" indica el experto.
La expansión hacendaria del siglo XIX en el Altiplano se dio principalmente en la región norte de San Luis Potosí, en el sur de Nuevo León y en el suroeste de Tamaulipas, donde los grandes latifundios virreinales se habían fragmentado.
Gracias a las bonanzas mineras de Real de Catorce y de La Paz, se formaron numerosas haciendas de campo más pequeñas, según se advierte en el libro "Haciendas del Altiplano, historia(s) y leyendas".
"La decadencia de casi todas las haciendas mexicanas sobrevino con la Revolución.
Aunque la esclavitud había sido suprimida oficialmente en México, lo cierto es que en las haciendas seguía practicándose", indica Adame.
Los peones vivían en y para la hacienda.
Las horas de trabajo eran muchas, "de sol a sol", según se dice, sin días de descanso y con salario muy bajo, además de soportar los malos tratos de los capataces que, en muchas ocasiones, eran del desconocimiento del hacendado.
Durante casi 100 años se vivió de esta manera y, a lo largo de ese tiempo, hubo un descontento generalizado entre la clase trabajadora, esclavizada, y de tal modo sobrevino la Revolución, en este caso de mexicanos o mestizos contra los criollos.
"La Revolución trajo grandes beneficios sociales, como el fin de la esclavitud e incluso con el sistema feudal de las haciendas.
Años más tarde, se dictó la Reforma Agraria o repartición ejidal y aquellas haciendas se fragmentaron en pequeños terrenos que pasaron a ser propiedad de los ejidatarios, muchos de ellos antiguos trabajadores de las haciendas" apunta Adame.
"A pesar de esta bonanza", documenta también Homero Adame, "aquellas haciendas tan productivas del pasado dejaron de serlo.
Por un lado, debido a que los nuevos propietarios o ejidatarios renegaron de su herencia laboral, o bien, porque ya no tenían quién los obligara a trabajar de tiempo completo y, además, el gobierno paternalista les ofrecía otro tipo de facilidades y prebendas como manera de ayudarlos a salir de la marginación, demostrándose así, en cierto modo, que el reparto ejidal no había dado resultado".
Las Haciendas en la Actualidad
Con todas las historias de leyendas transmitidas oralmente, se puede decir que en las haciendas de este país conviven, a veces, familias modernas con las almas de sus antepasados que por allí deambularon.
En la actualidad, algunos propietarios han reformado las casas para convertirlas en hoteles de lujo, espacios de descanso o restaurantes.
Algunas son solo puntos turísticos que se pueden visitar.
En opinión del cronista histórico Homero Adame: "En la actualidad, 100 años después del estallido de la Revolución, son muy pocos los cascos o casas grandes de aquellas haciendas que se conservan en buenas condiciones.
Algunos han sido restaurados por los herederos o por los propietarios actuales, quienes las adquirieron mediante compraventa para uso recreativo o para fines turísticos".
Otros edificios se conservan gracias a que las comunidades aledañas no los destruyeron.
Si bien algunas de estas joyas arquitectónicas se encuentran en la ruina.
Esto se debe, según Adame, a que "los buscatesoros se han encargado de destruir lo que queda en pie, irónicamente buscando un quimérico tesoro cuando, en realidad, lo están destruyendo".
Como figura en el libro mencionado de este autor, existen en el Altiplano de México ejemplos de estas casas convertidas en centros culturales o museos.
Este Altiplano mexicano tiene una identidad cultural muy bien definida y un tanto diferente a la de otras regiones de México.
Como explica Adame en su investigación, "desde un punto de vista histórico, dentro del horizonte aridoamericano, el Altiplano es donde se instalaron naciones mayoritarias prehispánicas, como los huachichiles, coahuiltecos e irritilas, (.).
Posteriormente, en la época colonial en esta misma región se fundaron grandes haciendas que desconocían límites geopolíticos como existen hoy en día, en forma de entidades federativas".
Haciendas Restauradas para Hospedaje
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