Reconocer la adolescencia como una etapa crucial del desarrollo humano permite abandonar la imprecisión que involucra considerarla como una transición. La adolescencia es principalmente una época de cambios; es la etapa que marca el proceso de transformación del niño en adulto, un período de transición que tiene características peculiares. El desarrollo humano tiene por meta el enriquecimiento personal y social progresivo que avanza en la adolescencia mediante la actualización de capacidades que permitan la convivencia social positiva, rescatando las necesidades personales y el progreso colectivo en un ajuste e integración transformadores.
En la adolescencia se replantea la definición personal y social del ser humano a través de una segunda individuación que moviliza procesos de exploración, diferenciación del medio familiar, búsqueda de pertenencia y sentido de vida. Lo que caracteriza a la adolescencia, en resumidas cuentas, es la simultaneidad de funcionamientos infantiles y adultos en su mundo interno, presentándose un gradiente según la edad del adolescente. La adolescencia es el período en que se produce con mayor intensidad la interacción entre las tendencias individuales, las adquisiciones psicosociales, las metas socialmente disponibles, las fortalezas y desventajas del entorno.
Fases del desarrollo adolescente
Con la finalidad de facilitar la sistematización de sus características, analizaremos la evolución que presentan a través de tres fases. No se trata de secuencias rígidas, pues las aceleraciones y desaceleraciones de los procesos dependen de las diferentes subculturas, la situación socioeconómica, los recursos personales y tendencias previas, los niveles alcanzados de salud mental y desarrollo biológico, las interacciones con el entorno y las relaciones intergeneracionales.
Tabla N° 1: Fases de la adolescencia
- Temprana (10 - 13 años): Preocupación por lo físico y emocional, duelo por el cuerpo y la relación infantil con los padres, reestructuración del esquema e imagen corporal, fluctuaciones del ánimo.
- Media (14 - 16 años): Preocupación por la afirmación personal y social, diferenciación del grupo familiar, exploración de capacidades personales, cuestionamiento de posiciones previas, interés por grupos heterosexuales.
- Final (17 - 19 años): Búsqueda de afirmación del proyecto personal-social, reestructuración de las relaciones familiares, desarrollo de instrumentos para la adultez, relaciones de pareja con mayor intimidad.
El proceso de duelo y la construcción de la identidad
La adolescencia se caracteriza por ser una etapa de pérdida y de renovación. Un período en el cual destacan los elementos de ruptura, de pérdidas y abandonos necesarios para seguir adelante en el desarrollo, donde el adolescente debe elaborar ese duelo con las ansiedades y dolor depresivo consiguiente. El adolescente debe realizar ensayos y pruebas de pérdida y recuperación de ambas edades, la infantil y la adulta, para consolidar así una mayor confianza en su nueva identidad.
La construcción de la individuación desata duelos importantes para las figuras parentales: el duelo por la pérdida de su hijo-niño, el duelo por el adolescente que fantasearon y el duelo por su rol de padres incuestionados. Este cambio es vivido como una pérdida y se expande a sus creencias, relaciones de objeto y al mundo en general, tal como lo conocía de niño. En definitiva, afecta a todo el sistema de valores infantiles.
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Factores clave en la transformación
El desarrollo intelectual durante la adolescencia trae nuevos recursos para la diferenciación identitaria y para el replanteamiento de las relaciones con el mundo. El pensamiento adquiere una forma diferente: ya no es el pensamiento operante-concreto del niño, sino que se convierte en un pensamiento lógico-formal, enriqueciéndose con reflexiones sociales, políticas y morales. Además, las relaciones intrageneracionales permiten afirmar la identidad y refuerzan los procesos de independización y diferenciación.
La familia deja de ser el espacio privilegiado para confirmar las habilidades y autoestima adolescente, lo que genera para las figuras parentales el difícil desafío de lograr la capacidad de mantener y expresar la aceptación de sus hijos adolescentes. Por otro lado, la introducción masiva de dispositivos tecnológicos ha causado un gran cambio en la vida de los seres humanos; los adolescentes son los más vulnerables debido a que han nacido en una sociedad tecnológica y han acogido de manera más personal dichos dispositivos. La educación en la etapa secundaria debe estar fuertemente apoyada por un modelo de familia que procure una comunicación con la escuela y el cuerpo docente, con el objetivo de comprender mejor los cambios que acontecen en el adolescente.
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