Las haciendas, fincas agrícolas de carácter latifundista con grandes dimensiones arquitectónicas, representan una vivienda para quienes trabajan la tierra. Este concepto, originario de Andalucía, España, viajó a América y perdura en varias ciudades de México.
Tras la caída de Tenochtitlán y la fundación de la Nueva España, la demanda de productos agrícolas y ganaderos creció exponencialmente, dando cabida a la construcción de las haciendas. Se estima que durante la época colonial existieron más de 700 haciendas, teniendo su mayor auge en la época porfiriana y declinando con las batallas de la Revolución. Aún cuando varias haciendas fueron demolidas a principios del siglo XX en la ciudad, todavía se mantienen incólumes algunas fincas alrededor de la misma.
Hoy por hoy, son lugares que han dejado de fungir como ranchos y viviendas. Algunas se han convertido en museos, recintos para eventos e incluso restaurantes. Pero perdura su valor arquitectónico y las historias que albergan sus paredes.
Ubicada en el Municipio de Chalco, Estado de México, la Ex Hacienda de San Juan de Dios es un edificio emblemático del siglo XVIII que perteneció al convento de San Juan de Dios de la Ciudad de México entre 1780 y 1823 y actualmente es rehabilitado mediante recursos del Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados (PAICE) del Conaculta por un monto de 2 millones 420 mil pesos.
Orígenes y Fundación
Fue por orden del virrey Juan de Mendoza, cuyo gobierno transcurrió de 1603 a 1607, que los juaninos recibieron esta encomienda a la que pudieron dar curso gracias a la ayuda económica de don Francisco Sáenz, hombre privilegiado por la fortuna. Así, lograron levantar no solo un hospital -en el mismo sitio en que se encontraba el de López- para atender a los enfermos que les habían encargado, sino un recinto mayor que tendría adjuntos una iglesia -en lugar de la primitiva ermita-, inaugurada en 1734, y una casa conventual desde donde dimanaría toda la obra de esta orden religiosa.
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Hacia 1766 el hospital fue casi destruido por un incendio, pero el tesón de los juaninos hizo que resurgiera de sus cenizas.
Rehabilitación Actual
En entrevista con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Francisco Osorno Soberón, presidente municipal de Chalco, mencionó que la zona de los volcanes cuenta con muchas joyas arquitectónicas y mucha historia, la cual se ha ido rescatando.
Agregó que es importante transmitir la historia del lugar, ya que así la población no solamente reafirma sus valores de identidad, sino que también tiene un impacto en el turismo y la ecología.
“Era un espacio subocupado, por lo que lo empezamos a limpiarlo y arreglarlo con la finalidad de tramitar recursos, para darle un uso cultural que pueda dar servicio a la región”, añadió el edil de Chalco.
El casco de San Juan o Casa Grande requerirá de un profundo remozamiento, por lo que en esta primera etapa se intervendrán varias crujías, las cuales han perdido sus cubiertas originales, hechas de vigas de madera y loza catalana. De esta forma, la aportación realizada tanto por el Conaculta como por el municipio, por un monto de alrededor de tres millones de pesos, permitirá la reconstrucción de la sección antigua, la cual se encuentra en proceso.
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Al respecto, Francisco Osorno Soberón comentó: “lo que pretendemos hacer con él es un recinto de cultura donde podamos ofrecer exposiciones, talleres, conciertos, etcétera, y vamos a seguir trabajando con la ayuda de las autoridades, para que logremos hacer aquí un centro cultural muy activo y muy útil”.
Actualmente, el Municipio de Chalco cuenta con la Casa de Cultura Chimalpaihn, en donde se ofrecen exposiciones, talleres de lectura y de poesía, entre otras actividades. También ofrecerán exposiciones al aire libre en dos parques de la localidad, y una vez que los edificios de la ex Hacienda se encuentren reconstruidos, montarán exposiciones que requieran de resguardo y espacio propio.
“Todas estas actividades se hacen para el público en general, son gratuitas y la comunidad estudiantil y artística participa con mucho entusiasmo, los estudiantes tendrán más opciones”, agregó el munícipe.
Chalco cuenta con una importante comunidad artística cultural y estudiantil.
Las Haciendas como Eje de Comunidades Rurales
La hacienda como componente de la organización social y territorial del México rural tuvo una singular importancia por ser en muchos lugares el eje a partir del cual habían tenido origen y desarrollo cientos de comunidades rurales, cuya vida social, económica y política giraba en torno de ella. Los poblados de hacienda eran comunidades asentadas en torno de los cascos de las haciendas o dentro de sus límites territoriales, y conformaban núcleos de población con una composición social muy variada, integrada por arrendatarios, jornaleros, pastores, artesanos, arrieros, tejedores, etcétera, que con frecuencia superaban los mil habitantes.
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La concesión de tierras hecha por los hacendados mediante el arrendamiento fue una de las prácticas que contribuyeron a la formación de poblaciones en el interior de las haciendas. En el norte de México la escasez de mano de obra y la extensión de las haciendas provocaron que muchos de sus dueños decidieran dar en arriendo parte de sus tierras, principalmente aquellas de menor calidad y en zonas periféricas.
La posesión de la tierra por parte de los pueblos, fueran ellos sus propietarios o no, siempre fue una fuente de derechos que las comunidades rurales buscaron hacer valer. A diferencia de los pueblos con estatuto, los poblados de hacienda debían su formación a los intereses particulares de los terratenientes, quienes con el objeto de contar con mano de obra disponible para la explotación de sus empresas, fomentaron o toleraron por algún tiempo el establecimiento de población permanente.
Los poblados de hacienda no constituían unidades político-territoriales con derecho jurisdiccional como comunidades políticamente organizadas, ni tenían el dominio legal sobre la tierra que ocupaban, por hallarse en propiedad privada.
Las haciendas en el altiplano de San Luis Potosí constituyeron un importante patrón de asentamientos que dio origen a núcleos de población sin estatuto político, ranchos, haciendas y parajes, que podemos denominar con el nombre genérico de "poblados de hacienda". Algunas de estas poblaciones alcanzaron la categoría de municipios en la primera mitad del siglo XIX, como fue el caso de Concordia, lo cual fue un medio que les permitió independizarse de las haciendas a las que se hallaban adscritas a partir de la obtención de tierras para fundo legal y ejidos y la instalación de sus propios ayuntamientos.
En el altiplano potosino, las dificultades para la pacificación de los chichimecas y la formación de pueblos, la concentración de la tierra y en algunos casos las condiciones geográficas adversas, propiciaron desde el siglo XVII la congregación de población al interior de las haciendas, alentada por los dueños mediante concesiones sobre derechos de uso y un régimen de arrendamiento de la tierra a largo plazo y con bajos cobros de alquiler, que tenía como propósito sujetar a los campesinos para poder llevar a cabo la explotación de sus haciendas.
La relación que mantenían las haciendas con los poblados de hacienda es un factor importante a considerar, porque explica las condiciones en que éstos se fueron desarrollando. En los casos estudiados aquí los cambios en esa relación a menudo fueron causa de enfrentamientos que revelan, por un lado, el grado de evolución que algunos poblados de hacienda habían alcanzado hacia mediados del siglo XIX y la presión que ejercían sobre las haciendas para mantener ciertas prerrogativas que aseguraran su sostenimiento, y por el otro, el cambio de actitud de los terratenientes hacia la población asentada en sus propiedades; si al principio la idea había sido sujetar a la población y favorecer su crecimiento para garantizar el abasto de mano de obra, ahora, dado el aumento de población y la amenaza que representaban a la integridad de sus propiedades, la política a seguir fue escindirles algunos derechos y limitar su crecimiento.
Los intentos de los poblados de hacienda por obtener el estatuto de pueblos durante la primera mitad del siglo XIX a menudo ocasionó enconados enfrentamientos con los dueños de las haciendas en distintas partes del país, los cuales tuvieron desenlaces variados, dependiendo del lugar y la época en que ocurrieron.
Un ejemplo de este tipo de conflicto fue el que protagonizó el mismo Santa Anna en sus posesiones veracruzanas entre 1842 y 1853. En 1853 Santa Anna había regresado a la presidencia luego de un exilio de varios años en Colombia, lo que no le impidió frenar cualquier intento de expropiación de sus propiedades territoriales en Veracruz.
Conflictos y Cambios en el Siglo XIX
Al comprar la hacienda de Bocas en 1844, Juan de Dios Pérez Gálvez tuvo que hacer frente a una vieja disputa por tierras con Ahualulco, que databa de 1823, cuando en este poblado se erigió uno de los ayuntamientos de Zacatecas, que más tarde solicitó fundo legal y ejidos a costa de las tierras de Bocas.
En 1850, Francisca Pérez Gálvez, hermana de Juan de Dios y heredera de éste a su muerte, perdió cuatro leguas cuadradas cuando se creó el municipio de La Concordia en su hacienda de Cruces; y en 1857 el rancho de Santo Domingo, situado en Cruces, y el poblado asentado en el casco de Bocas le disputaron tierras al erigirse en municipios de San Luis Potosí.
Los poblados de hacienda han sido tratados por la historiografía mexicana en relación con la disputa por tierras entre éstos y las haciendas; sin embargo, la mayoría de los autores, al centrarse en el estudio de esas disputas donde el tema principal es la hacienda, no ha logrado profundizar en el estudio de este tipo de poblaciones, su proceso formativo, su condición política y social, y su búsqueda de reconocimiento político para la obtención de una representación política y territorial propia a partir de su conversión en municipios.
Para el caso de San Luis Potosí, el único que ha tratado el tema de las comunidades que poblaban las haciendas locales es Jan Bazant.
Este autor señaló que el aumento demográfico de los asentamientos establecidos dentro de las haciendas propició que buscaran tener estatuto político, lo que originó conflictos en las haciendas de Bocas y Cruces.
El Municipio como Orden de Gobierno Local
El municipio como orden de gobierno político-territorial y administrativo local, basado en los conceptos liberales de ciudadanía, soberanía popular y autonomía, surgió con la creación de los ayuntamientos erigidos con base en la Constitución de Cádiz de 1812.
Al desaparecer las llamadas repúblicas de indios o pueblos indios los derechos corporativos que habían tenido fueron suprimidos, con lo que jurídicamente desapareció la distinción entre poblaciones indígenas y no indígenas.
Los ayuntamientos creados a partir de la Constitución de Cádiz suprimieron los derechos exclusivos que habían tenido los pueblos indígenas, pero les permitieron mantener sus derechos en la posesión y administración de tierras, porque éstas y los demás bienes comunales de los pueblos serían la base material con que se pretendía alimentar al erario público municipal, principio que se retomó después de la independencia, al establecerse la primera república federal.
Al establecerse el primer federalismo una de las mayores demandas de los pueblos a los gobiernos estatales era la dotación de fundo legal, pero había controversia respecto de si se podía o no tomar tierras de particulares para dotar con este tipo de bienes a los pueblos, lo que suponía una oposición entre los derechos territoriales de los pueblos y los que amparaban a la propiedad privada.
La formación de ayuntamientos, como medio para proteger sus tierras y su autonomía, ya había sido un recurso utilizado por algunas comunidades durante el periodo de vigencia de la carta gaditana. En Guanajuato, por ejemplo, José Antonio Serrano, ha mostrado la forma en que las antiguas repúblicas de indios solicitaron erigir sus propios ayuntamientos como medio para solucionar viejos conflictos por la tierra con propietarios colindantes con sus comunidades y para mantener el control sobre los recursos naturales de uso común (tierras, aguas y pastos).
En el altiplano potosino las condiciones eran distintas a las que señala Serrano para Guanajuato, aquí, salvo en la ciudad de San Luis Potosí y sus inmediaciones, los pueblos indios habían tenido escasa presencia, y en el extremo oeste de la entidad, donde se ubican los poblados que trataremos con más detalle en este trabajo, prácticamente no los hubo.
Los principales centros de población se habían formado a partir de los reales mineros, Charcas, Ramos, Salinas del Peñón Blanco, Catorce y Cedral, sólo Matehula era originalmente un pueblo de indios, pero a raíz del auge minero en Catorce a finales del siglo XVIII había sido absorbido por el asentamiento español que se creó en sus cercanías.
Es verdad que la carta gaditana estableció que podían erigirse ayuntamientos en pueblos que tuvieran mil habitantes, o incluso menos, lo cual significó una notable proliferación de este tipo de instituciones en los lugares donde había una alta concentración de población indígena que habitaba en las repúblicas, como en Oaxaca.
La transformación de un poblado de hacienda en pueblo o municipio dependió de muchos factores, pues cualquier comunidad que aspirara a esa categoría política, debía cumplir ciertos requisitos: número de habitantes, tener iglesia, escuela y recursos materiales para su mantenimiento; pero también estuvo sujeto a situaciones políticas contingentes, o intereses particulares muy localizados.
El municipio como célula básica de la organización político-territorial y administrativa tuvo una evolución notable de la Constitución de Cádiz a 1857. La carta gaditana atacó la organización corporativa que habían tenido los cabildos indígenas y buscó que las localidades más pequeñas tuvieran una representación política propia.
El número de habitantes que debía tener un pueblo para erigir en ayuntamiento fue uno de los requisitos que más se exigía que cumplieran aquellas poblaciones que aspiraran a tal título. La Constitución de Cádiz pedía mil almas e incluso menos, pero esto varió en las constituciones estatales promulgadas después de 1824, ya que en los estados la cifra requerida respondió a sus propias condiciones y necesidades. En algunos estados, como Guanajuato y Oaxaca, pidieron tres mil habitantes como requisito, mientras que en el Estado de México, cuatro mil.
El proceso que llevó a la erección de San Juan de Salinillas en municipio, con el nombre de Concordia, en 1850 ofrece muchos elementos de reflexión sobre los distintos actores e intereses que intervenían en la formación de nuevos municipios, así como acerca de la difícil ruptura de los poblados de hacienda con las haciendas a que habían estado adscritos cuando eran arrancados de su dominio para ser integrados a la organización político-administrativa y territorial de los estados con la categoría de municipios.
El origen de San Juan de Salinillas estuvo vinculado con la explotación de la sal en la extensa hacienda ganadera de Cruces, en el noroeste de San Luis Potosí. Es probable que al principio se asentaran en este lugar algunas cuantas familias para explotar la sal de forma clandestina y a baja escala.
