Inflación por Países: Datos Impactantes y Perspectivas Exclusivas del Banco Mundialpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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México, con una población de casi 130 millones de personas, se posiciona entre las quince economías más grandes del mundo y es la segunda en América Latina. El país cuenta con instituciones macroeconómicas sólidas, apertura comercial y una base manufacturera diversificada que se integra a cadenas de valor globales.

En las últimas décadas, México ha logrado estabilidad macroeconómica con niveles bajos de inflación, se ha abierto al comercio internacional y ha diversificado su economía. También ha redefinido sus políticas de protección social, educativas y de atención a la salud, con lo que ha abierto brecha para otros países y se ha transformado al país.

Sin embargo, pese a la implementación de reformas y de contar con múltiples recursos, su desempeño está por debajo de su potencial y del de otros países comparables en términos de crecimiento, inclusión y reducción de pobreza. El país ha enfrentado choques exógenos, lo que se ha combinado con una acumulación limitada de capital físico por más de cuatro décadas y la formación de capital humano con habilidades insuficientes para competir en mercados globales.

¿Por qué México no logra un mayor crecimiento acelerado e incluyente?

El Diagnóstico Sistemático de México, informe que analiza la realidad económica y social del país e identifica los retos y oportunidades para reducir la pobreza y lograr un crecimiento más acelerado e incluyente, señala que en el caso de México existen impedimentos estructurales derivados de reformas incompletas o no implementadas adecuadamente. Dichos impedimentos están relacionados con retos en el mercado de productos y factores, en el desarrollo de las instituciones del Estado de Derecho y en la asignación de recursos y la coordinación de políticas públicas entre los tres niveles de gobierno y entre el sector público y el privado.

El reporte se enfoca en resultados de largo plazo y en ese contexto destaca que, debido a las reformas estructurales realizadas en México en diversos sectores, se cuenta con instituciones macroeconómicas sólidas que permiten tener una inflación controlada. También hay un comercio exterior más amplio y diverso.

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En el sector social, se han registrado innovaciones importantes como las transferencias condicionadas monetarias o el acceso a salud universal. Sin embargo, aún hay áreas que pueden mejorarse como la calidad de la educación, pues si bien más personas tienen mayor acceso a ésta, asegurar la calidad en la enseñanza es clave para reducir desigualdades.

Durante las últimas tres décadas, México ha mostrado un desempeño inferior al esperado en términos de crecimiento, inclusión y reducción de la pobreza en comparación con países similares. Entre 1980 y 2022, la economía creció en promedio un poco más del 2% anual, limitando el avance en la convergencia con las economías de altos ingresos.

No obstante, la tasa oficial de pobreza multidimensional en el país -que evalúa la pobreza por ingresos junto con seis indicadores de carencia social- disminuyó del 43.2 por ciento en 2016 al 36.3 por ciento en 2022, lo que sacó de la pobreza a 5.4 millones de personas, impulsado principalmente por los resultados del mercado laboral, incluyendo los aumentos al salario mínimo.

Se estima que el crecimiento económico de México se estancará en 2025, con una recuperación gradual hasta alcanzar el 1.8 por ciento en 2027, un nivel por debajo del promedio de crecimiento de los últimos tres años. Esto se debe principalmente a la incertidumbre prevista en torno a posibles cambios en la política comercial, la próxima revisión del T-MEC y la desaceleración esperada de la economía estadounidense.

Con una mejora gradual del crecimiento esperada hacia 2027, se prevé una reducción en la tasa de pobreza. La clave para que México libere todo su potencial económico está en fortalecer los motores del crecimiento. Las presiones del gasto requerirán medidas que aumenten los ingresos para proteger la sostenibilidad de la deuda en un entorno de bajo crecimiento, así como una mayor participación del sector privado para cubrir las necesidades de inversión, particularmente en infraestructura.

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Factores que Impactan el Crecimiento en México

En el estudio se identificaron cuatro puntos que impactan el crecimiento en el país:

  • Los choques externos que han contribuido a una volatilidad económica alta.
  • Una acumulación de capital insuficiente para impulsar el crecimiento, por ejemplo, la inversión pública en infraestructura ha sido baja.
  • La divergencia en las tasas de crecimiento económico, un ejemplo sería la diferencia de crecimiento que existe entre diferentes estados del país, pues unos crecen mucho más rápido que otros, lo que genera una dispersión del ingreso per cápita.
  • La baja tasa de crecimiento de productividad que ha generado dispersión no solo entre los estados del país sino también entre empresas del mismo ramo.

Otra prioridad relevante para el crecimiento inclusivo del país es el acceso a capital, con énfasis en promover el acceso al crédito y financiamiento para las familias. En lo que toca al mercado laboral, el diagnóstico destaca la necesidad de incrementar la participación de la mujer.

El documento se elaboró con datos disponibles para 2018 y se realizó en consulta con actores clave de los sectores público, privado, académico y de la sociedad civil; funge además como pilar y base analítica para las acciones a realizar dentro del Marco de Alianza entre el Banco Mundial y el país.

El Papel de los Bancos Centrales y el Tipo de Cambio

En un contexto de alta volatilidad en el tipo de cambio, muchos ciudadanos voltean hacia los bancos centrales esperando una respuesta. Las monedas de América Latina, como el peso mexicano o el peso colombiano, así como las de otras economías emergentes, han sufrido una fuerte caída frente al dólar estadounidense en los últimos dos años, perdiendo cerca de la mitad de su valor.

Ante esta situación, sin embargo, no todos los bancos centrales han reaccionado de la misma forma, o al menos no con políticas dirigidas directamente a afectar el tipo de cambio. ¿Qué políticas han guiado su acción?

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Desde los años 90, los bancos centrales han concentrado sus esfuerzos en garantizar la estabilidad de precios a largo plazo empleando el llamado esquema de los objetivos de inflación. Si bien esta política fue iniciada por los bancos centrales de economías desarrolladas como Nueva Zelanda, Canadá, Inglaterra, Suecia o Australia, en las dos últimas décadas han proliferado variantes de estas estrategias en economías emergentes, entre las cuales destacan Brasil, Chile, Israel, Perú o México.

Hasta ahora, se ha demostrado que los países que han adoptado el esquema de objetivos de inflación han conseguido mantener tasas de inflación en un nivel bajo, de acuerdo con sus metas. También se ha demostrado, en algunos casos, que favorecen el crecimiento del PIB.

Para indagar sobre la cuestión, se analizó la relevancia del tipo de cambio en la función de reacción de los bancos centrales de 24 economías emergentes: 9 de ellas siguen políticas para el control de la inflación (inflation targeters, IT) y 15 de ellas, no (non-inflation targeters, non-IT). Las investigaciones en la materia sugieren que es importante considerar el tipo de cambio como parte del marco de actuación del control de la inflación, ya que interactúa con otros factores. En nuestra investigación tuvimos en cuenta estas implicaciones, así como otros factores endógenos.

También se observó que mientras que los bancos centrales de las economías IT y las non-IT no suelen reaccionar al crecimiento económico, ciertamente otorgan una importancia distinta a la inflación y al tipo de cambio. Por un lado, detectamos que los bancos centrales de los países non-IT reaccionaron a las fluctuaciones en el tipo de cambio, pero solo en el periodo anterior a la Gran Recesión (2008), lo que sugiere un cambio estructural en la acción de los bancos centrales, que priorizarían cada vez más la inflación y no tanto la volatilidad en el tipo de cambio.

Estos resultados confirman que la política de control de la inflación ha sido útil para que los bancos centrales fijen sus expectativas sobre los precios y se facilite así su gestión macroeconómica. No obstante, la adopción de un esquema IT puede no ser apropiado para todos los países.

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