La conquista territorial del México prehispánico en 1521 significó el inicio de una conquista espiritual, en donde la Corona española se planteó la necesidad de evangelizar y educar a los indígenas. La labor evangelizadora americana representó un trabajo apostólico concebido como verdadera tarea de educación del indígena, y también del descendiente de los españoles y de los portugueses. La meta de incorporar a los pueblos del Nuevo Mundo a la doctrina cristiana fue, ya desde los comienzos, planteada como exigencia de educación. La educación tiene que ver con el momento histórico en el que ocurre, y la pedagogía evoluciona a la par que los sucesos históricos.
Los pobladores presenciaron la demolición de sus templos y de sus casas, y con las mismas piedras construyeron los de la nueva religión, junto a las edificaciones de las autoridades coloniales y los nuevos hogares de los conquistadores; en ese proceso, los dioses de los indígenas fueron desplazados por el de una religión extraña a ellos. El dominio de los europeos sobre los pueblos indígenas representó un enorme reto para la Corona española: implantar la fe católica a quienes ellos consideraban seres salvajes, adoradores del demonio y carentes de alma no fue sencillo, porque ¿cómo promover la fe católica si los indígenas no hablaban español? Más aún, ¿cómo hacerles entender conceptos como cielo, eternidad, infierno, pecado? Las diversas culturas de lo que hoy es México no tenían estas concepciones. La Corona española decidió que la evangelización debía darse a través de la educación, y ambas fueron de la mano a través de todo el periodo colonial.
La Conquista Espiritual y el Rol de las Órdenes Religiosas
Después de que los españoles conquistaron México-Tenochtitlan, Cortés pidió al rey que enviara frailes para enseñar el cristianismo a los indígenas. Las diferentes órdenes religiosas que se establecieron en la Nueva España jugaron un papel fundamental para educar y evangelizar en todos los rincones de la colonia española. En 1524 arribaron doce franciscanos, y posteriormente, los dominicos, los agustinos y los jesuitas, entre los más importantes. Cada uno se estableció en diferentes zonas de la Nueva España, y cada misión tuvo sus propios métodos para hacerse entender entre la población indígena. Los franciscanos extendieron su presencia en el centro de la Nueva España, para ellos también resultó de importancia el Valle de México, junto con sus colindancias, y la región Puebla-Tlaxcala, ahí edificaron grandes conventos como el de Cholula. Los agustinos (1533) se enfocaron en aquellas regiones no ocupadas por los otros oidores religiosos, como el occidente, en el estado de Guerrero. Tiempo después llegaron los jesuitas (1572). Para finales del siglo XVI, los jesuitas ya estaban establecidos en Ciudad de México, Oaxaca, Puebla, Valladolid (actual Morelia), Zacatecas y Guadalajara, en donde han fundado colegios e iniciado ministerios pastorales.
Desde el principio, la evangelización fue clave para el plan español de expansión y sometimiento. Esto, además de ayudar a la propagación del cristianismo, facilitó el cobro de tributos a la hacienda novohispana, el manejo de mano de obra nativa a mineros y terratenientes, y benefició tanto a la Corona y a encomenderos como a las autoridades indígenas que se aliaron con los recién llegados. Los primeros frailes que vinieron a trabajar a Nueva España fueron personas comprometidas con la defensa del indígena, aunque también había intereses políticos y económicos en las órdenes. Entre los frailes más destacados de este periodo se pueden mencionar a los franciscanos fray Toribio de Benavente (llamado Motolinía o Pobrecito por los indígenas), fray Juan de Zumárraga, primer obispo de Nueva España y fundador de un centro de enseñanza para indígenas.
Métodos Pedagógicos y Evangelizadores
Superando la Barrera Lingüística y Cultural
La evangelización y la educación no fueron una empresa sencilla, al contrario, fue una labor titánica la que emprendieron los misioneros europeos. La primera opción fue recurrir a traductores. Los europeos estaban acostumbrados a que sus naciones se comunicaran a través de éstos. Cristóbal Colón llevaba una persona a bordo de sus carabelas que sabía diferentes idiomas, para dialogar con los nuevos pobladores que encontrara en las tierras por descubrir; no obstante, jamás pensó que encontraría gente que hablaba lenguas totalmente disímiles a las que conocía. Hernán Cortés contó con el apoyo de las traducciones de Jerónimo de Aguilar y de la Malinche. De manera que al iniciarse la evangelización, los misioneros se apoyaron en los traductores.
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Para poder comunicarse con los indígenas, muchos frailes de las órdenes religiosas aprendieron sus lenguas indígenas; algunos se dedicaron a descifrar los códices prehispánicos con el fin de conocer más sobre su historia y su forma de vida y de comprenderla, pues éstos contenían mucha información sobre creencias religiosas, conocimientos científicos y costumbres. Fray Pedro de Gante, al igual que el resto de los franciscanos, fue el primero en aprender el náhuatl para poderse comunicar con los indígenas mexicanos. El franciscano se dio cuenta de que este idioma era comprendido por diferentes pueblos del centro y sur del país, e incluso del norte, debido a su posición dominante. Fray Bernardino de Sahagún retomó la idea de Gante de aprender el idioma de los indígenas, pero fue más allá siendo el primero en darle al náhuatl una representación escrita. Además, se dedicó a investigar y comprender la cultura de los diversos pueblos, como una vía para convertirlos a la fe cristiana.
De manera paralela al recurso de los traductores, los misioneros emplearon el método de la mímica para darse a entender, que para ciertos propósitos fue acertado.
El Teatro, la Música y la Danza como Herramientas
Los misioneros se dieron cuenta de que los pueblos indígenas tenían un gusto enorme por el teatro, la música y el baile, y se aprovecharon de ello para comunicar diversos conceptos religiosos. Así, el teatro constituyó un efectivo método didáctico, “fue una estrategia exclusiva de los franciscanos, como medio para el entretenimiento, conocimiento de la doctrina cristiana y la representación de personajes bíblicos”. El teatro de los franciscanos representó una enseñanza visual mediante la mímica, con un vestuario llamativo, una escenografía atractiva, y una música envolvente. Las obras teatrales se realizaban al aire libre, tanto porque los indígenas no estaban acostumbrados a permanecer en lugares cerrados como porque se necesitaba que este tipo de espectáculos didácticos tuvieran el público más amplio posible.
La música fue otro de los métodos evangelizadores significativos: los indígenas recibieron instrucción musical para formar parte del coro de las iglesias. El repertorio musical ejecutado en el nuevo mundo era casi el mismo utilizado por las iglesias y catedrales europeas. Era común que la misa dominical durara casi todo el día, ya que abarcaba sermones, representaciones teatrales y la música. Así, al ritmo de la música, los indígenas memorizaban (forma de aprendizaje de aquella época) los diferentes pasajes de la Biblia y los sermones de los sacerdotes.
En tanto, el baile, ligado a la música, fue un elemento educador primordial para los sacerdotes españoles, porque se aprovecharon del gusto que tenían los indígenas por danzar en diferentes festividades. Así, las celebraciones católicas quedaron unidas con diversas danzas aprendidas de la cultura europea, pero algunas fusionadas con las prehispánicas.
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Innovaciones Didácticas: Pictogramas e Imprenta
Fray Pedro de Gante creó instrumentos didácticos novedosos para la enseñanza del cristianismo, como cuadernillos que pretendían facilitar la memorización y la comprensión de las oraciones católicas. Cada sacerdote trataba de explicar sus ideas en la lengua indígena mostrando los pictogramas, y de esta manera reforzaba la palabra con la imagen. Gante publicó tres importantes libros de pictogramas: Catecismo en pictogramas (1529), Cartilla para enseñar a leer (1569) y Doctrina cristiana en lengua mexicana (1553).
Un hecho importante en el fomento de la evangelización y educación de la población novohispana fue la llegada de la imprenta. Éste, que fue el primer intento por establecer formalmente un taller editorial en la Nueva España, nos marca el derrotero que habían de tomar las publicaciones que se hicieron en México en el siglo XVI. Destacan en primer lugar las obras que estaban destinadas a la evangelización, no porque se pensara que los indígenas habían de ser lectores de dichos textos, sino porque a través de ellos se daba a los misioneros instrumentos para que pudieran tener acceso a textos, en muchos casos bilingües, que habían de facilitar su acercamiento a los pobladores del Nuevo Mundo. Doctrinas cristianas, manuales de confesor, sermonarios y artes de la lengua son entonces los libros que salen, con mayor frecuencia, de los talleres de los primeros impresores del siglo XVI, destinados a ser instrumentos para la evangelización del Nuevo Mundo.
Instituciones Educativas Misionales
Las diversas misiones que se asentaron a lo largo de la Nueva España no se limitaron a la propagación de la fe católica, su tarea abarcó el establecimiento de escuelas para indios adultos, para niños y niñas, para españoles y más tarde para criollos. Aquellos hombres, civiles y eclesiásticos, que se plantearon la labor educadora del Nuevo Mundo llevaban consigo una tradición institucional que ellos mismos habían vivido. Concebida la educación como componente esencial de la conversión de los indígenas al cristianismo, la diversidad de circunstancias fue indudable incentivo de búsqueda de soluciones variadas. Surgieron en el Nuevo Continente un amplio y original abanico de centros de educación para indígenas, que alcanzaron un total de nueve instituciones educativas. Ocho de ellas se desarrollaron en tierras americanas.
| Tipo de Institución | Grupo Objetivo | Régimen | Características Clave |
|---|---|---|---|
| Escuelas Elementales | Hijos de macehuales (o todos) | Externado | Primeras letras, doctrina cristiana, a menudo en conventos o con salida al atrio. Impulsadas por cofradías. |
| Colegios de Hijos de Caciques | Hijos de la nobleza indígena | Internado | Primeras letras, gramática o "latinidad", preparación para la formación superior y el sacerdocio. |
| Internados Interclasistas (Seminarios de Indios) | Indios selectos (criterio cualitativo) | Internado | Promovidos por jesuitas, formación integral, algunos alumnos accedieron a la universidad. |
| Centros Interraciales | Niños indios (preferentemente caciques), criollos, mestizos, negros | Externado/Internado | Enseñanza elemental y superior, coexistencia de diferentes grupos étnicos. |
| Escuelas Elementales para Niñas Indígenas | Niñas indígenas | Externado | Doctrina, primeras letras, anexas a monasterios o conventos. |
| Recogimientos para Niñas Indígenas | Niñas indígenas | Internado | Cuidado y educación moral/cristiana, a cargo de beatas o monjas. |
| Colegios para Indias | Niñas indígenas | Internado | Instituciones formalizadas con constituciones, enseñanza más estructurada. |
Escuelas Elementales
Las escuelas elementales eran centros en régimen de externado, para los hijos de los macehuales o pertenecientes al pueblo. Muchas de estas escuelas estaban en el interior del recinto del convento (con salida al atrio) y es una solución que adoptaron los misioneros novohispanos en línea con la tradición mexica de impartir la enseñanza en el recinto del templo. Se consolidaron a partir de la escuela que implantó en Texcoco fray Pedro de Gante en 1523 y se extendieron por todo el continente hasta el momento de la independencia, en que aún funcionaban. Las cofradías de indígenas impulsaron en ocasiones la existencia de estas escuelas y costearon con sus bienes los gastos de los maestros.
Colegios para Hijos de Caciques
El colegio para hijos de caciques nació con régimen de internado en las zonas en que la población indígena más evolucionada presentaba un volumen de elementos directivos que lo justificase. Además de las primeras letras, proporcionaba los conocimientos de gramática o de “latinidad” que abría las puertas a la formación superior. Fue promovido por los franciscanos de la Española, entre 1502 y 1509. Hernán Cortés lo impulsó en 1524 imponiendo a los encomenderos los costes de su sostenimiento. Recién llegados los “Doce” franciscanos a la capital de la Nueva España se hicieron cargo de su formación, inicialmente en el colegio de San José de los Naturales -anexo al convento grande de San Francisco de México- y poco después se trasladó esta labor al colegio de Santa Cruz de Tlaltelolco, fundado en 1536. San José de los Naturales quedó convertido en escuela elemental. Las autoridades eclesiásticas y civiles los promovieron. En 1604 fray Luis López de Salís, obispo de Quito, fundó un colegio seminario para hijos de caciques. Los mercedarios fundaron colegios de nobles indígenas en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, y en la ciudad del Cuzco, en Perú. En 1576, la Audiencia de Santa Fe fundó un colegio dirigido a los hijos de los caciques y señores de la provincia. A principios del siglo XVII sufrieron un eclipse, sin duda paralelo al abandono de la política oficial de apoyarse en la nobleza indígena, pero en el siglo XVIII se propuso revitalizarlos para acrecentar la cohesión de los territorios americanos con la Corona.
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Internados Interclasistas y Centros Interraciales
Los internados de indios interclasistas, promovidos por los jesuitas, que los denominaron “seminarios de indios”, eran internados selectivos, con un criterio cualitativo y personal de selección. La Congregación Provincial de los jesuitas de México, celebrada en 1577, contempló la fundación de estos colegios. Así erigieron los jesuitas los Seminarios de Indios de Tepotzotlán y de San Gregorio de México, el de San Luis de la Paz para indios chichimecas, algunos en Sonora y Sinaloa y otro en la ciudad de Borja, en el Ecuador, dentro de las misiones de Mainas. Varios alumnos indios formados en el internado de la Compañía en Tepotzotlán pasaron a México donde cursaron retórica y artes en los colegios de los jesuitas e ingresaron posteriormente en la Universidad mexicana. Unos centros interraciales fueron de enseñanza elemental, como la escuela de gramática para españoles e indios que tenía, hacia 1530, en la ciudad de México el bachiller Gonzalo Valverde, o el internado de los jesuitas en La Habana en 1568. También el colegio externo de San Juan de Oaxaca fundado en 1575 por los jesuitas, al que acudían en 1599 ciento setenta alumnos indios, españoles, negros y mestizos. Hubo varios centros interraciales a nivel superior como el colegio de los agustinos en Tiripetío (Michoacán) o el colegio-seminario de San Nicolás de Pátzcuaro para indios, españoles y mestizos.
Educación para la Mujer Indígena
Surgieron asimismo en América centros de educación para la mujer indígena. Se crearon para las niñas indígenas los siguientes tipos de centros educativos: las escuelas elementales externas, como las promovidas en Yucatán por el franciscano Diego Martín, entre 1530 y 1569, o las que funcionaron anexas al monasterio de Santa Clara del Cuzco en el siglo XVI; los recogimientos para niñas indias, con carácter de internado, como los iniciados por Zumárraga y que encomendó a las beatas de la Tercera Orden de San Francisco. El colegio para indias, institución provista de unas constituciones que regulaban su función educativa, no aparece propiamente hasta el siglo XVIII, siendo uno de los primeros el Colegio de Nuestra Señora de Guadalupe de mediados de siglo.
La Educación de Indígenas en España
Por último se intentó la educación de indígenas en España. Durante el primer tercio del siglo XVI se trajeron a España algunos grupos de niños, hijos de caciques, para ser educados en centros peninsulares. En 1526 una Real Cédula enviada a todas las zonas de América pobladas por españoles ordenaba el envío a la península de doce niños nobles de cada región. Se conservan sin embargo datos aislados de niños indígenas que se educaron en España: en 1530 los jerónimos de Sevilla se hicieron cargo de la educación de tres indígenas traídos por Sebastián Caboto del Río de la Plata; en 1533 un hijo y un sobrino de Moctezuma se educaban en San Francisco el Grande de Madrid; desde la Florida llegaron a España cinco niños que se educaron en el colegio de jesuitas de Sevilla. A estos se añade la iniciativa de los dominicos Pedro de Córdoba y Antonio de Montesinos, hacia 1512, de establecer en Sevilla una especie de seminario menor donde quince indígenas recibieran educación, con la esperanza de que al acabar su formación pudieran ingresar en la Orden.
El Auge de los Colegios de Propaganda Fide
Un capítulo singular en la historia de la educación misional lo constituyen los colegios de Propaganda Fide. Estos colegios nacieron del espíritu apostólico franciscano. El Capítulo General, reunido en Toledo el 10 de mayo de 1633, decidió establecer colegios de Propaganda Fide en América. A petición de Fr. Antonio Llinás de la Compañía, se promulgó la Bula "Sacrosanctum apostolatus Fidelibus", del 23 de diciembre de 1679. La Real Cédula para la creación de estos colegios se firmó entre el 18 de abril y el 8 de mayo de 1682. Fue entonces cuando se fundó el primer colegio de Propaganda Fide dedicado a la Santa Cruz, en Querétaro.
El Colegio de la Santa Cruz de Querétaro fue un semillero de misioneros que se extendieron por regiones cuya evangelización se llevó a cabo en gran parte durante ese siglo. Estos colegios estaban dedicados especialmente a aplicarse al conocimiento de las lenguas aborígenes, para que los frailes pudieran llegar de manera más efectiva a los pueblos indígenas. A partir del de Querétaro, se erigieron otros colegios como el de Cristo Crucificado de Guatemala (1701), fundado con las mismas condiciones con que se fundara el de Santa Cruz de Querétaro. También destacan San Fernando en México, y San José de Gracia en Orizaba.
Formación y Producción Intelectual
La evangelización también implicó la enseñanza de artes y oficios occidentales en las escuelas parroquiales. Los indígenas podían recibir formación en música, pintura, escultura, o ser instruidos en oficios como carpintería y herrería. Los primeros años de colonización significaron un experimento pedagógico original, en el que estaba contemplada una educación cristiana.
Las órdenes religiosas, especialmente los franciscanos, fueron semilleros de escritores y promotores de estudios históricos. Destacan cronistas e historiadores como Agustín de Vetancurt, cuya obra ilustra el siglo XVII. Las bibliotecas conventuales, como la de San Francisco de México, llegaron a tener un acervo bibliográfico singular y significativo. El acervo de la librería de San Francisco, el cual había aumentado su acervo hasta los 25,000 ejemplares, abarcaba temas tan diversos como obras de místicos, espirituales, letras humanas y varia erudición. Este se convirtió en el acervo bibliográfico más importante de la provincia.
Desafíos y Evolución de la Educación Misional
La educación que los frailes pretendían impartir a los indios apenas dos años después de la conquista de Tenochtitlan, tenía aspectos compatibles y cercanos a las costumbres antiguas, como la enseñanza escolar, la autoridad de los maestros, los ejercicios de memoria, el uso de imágenes en las lecciones o la disciplina, que ya existían en el mundo nahua. Sin embargo, no todo fue sencillo. En la época prehispánica la embriaguez de los jóvenes se castigaba con severidad, salvo en las fiestas religiosas. Tras la Conquista, el alcoholismo perdió su carácter ritual y se convirtió en una evasión desesperada para los indígenas. Durante los tres siglos de la Colonia, la ingesta de pulque en el Valle de México fue un grave problema de salud pública, y la Iglesia, a pesar de sus condenas, tenía un conflicto de intereses debido a sus propias plantaciones de maguey. La institución más poderosa del virreinato toleraba sin chistar el fuero de las pulquerías, respetándolo por su propia salud financiera y la de sus benefactores.
En un principio fue el propio clero el que llevó a cabo la enseñanza, y posteriormente, hacia los siglos XVII y XVIII, se contrató a maestros profesionales. Los alumnos debían memorizar infinidad de páginas completas; debían aprender a leer durante dos o tres años y después podían aprender a escribir. Niños y niñas debían aprender por separado. El entusiasmo de los misioneros por convertir a la fe católica a los indígenas dio lugar a la implementación de una serie de métodos pedagógicos, como respuesta a la circunstancia de enfrentarse a un idioma, a una religión y a una cultura totalmente diferente a la occidental.
Para los criollos que se proponían acceder a la Universidad y para los que se preparaban al sacerdocio, se iniciaron también en las principales ciudades del Nuevo Mundo, unas instituciones docentes que enseñaron lo que se llamó “latinidad” o también “gramática” que les haría posible cursar los estudios superiores. En México la iniciativa partió de las Órdenes religiosas. Fundaron los agustinos en 1575 el Colegio de San Pablo, por iniciativa de fray Alonso de la Vera Cruz, para el que construyeron un edificio con capacidad de alojar a veinte alumnos internos. Las soluciones de enseñanza externa fueron la instrucción a niños criollos impartida en los conventos de frailes y religiosos, las escuelas surgidas en torno a las catedrales, y las escuelas externas de maestros en el “nobilísimo arte de leer y escribir”. La enseñanza interna dio lugar al nacimiento de verdaderos colegios con régimen de internado, como el de San Juan de Letrán, de México que, aunque se fundó para los niños mestizos, poco a poco, se dedicó a la educación del criollo.
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