La Impactante Verdad sobre la Intervención de EE.UU. en el Régimen de Pinochet que Nadie Te Contópost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Para comprender bien tanto la revolución como su obra, había que olvidar por un momento la Francia que tenemos ante nosotros y acudir a interrogar dentro de su tumba a la Francia que ya no existe. La historia de cómo el gobierno estadounidense, desplegando la fuerza de la CIA sobre Chile, ayudó a orquestar el derrocamiento del gobierno del democráticamente electo Salvador Allende y el ascenso al poder del régimen militar de Pinochet es bien conocida en el mundo. Sin embargo, la historia de cómo Washington decidió cortar con Pinochet, presionarlo y cautelosamente apoyar a la oposición civil para impedir su intención de ser un presidente vitalicio, nunca ha sido completamente revelada.

La relación inicial: de aliados anticomunistas a la desconfianza

En un comienzo, la administración Reagan veía al régimen de Pinochet como un aliado anticomunista que merecía el apoyo de Estados Unidos. No mucho después de asumir la presidencia en enero de 1981, Reagan levantó las sanciones que la administración Carter había impuesto al régimen militar por su responsabilidad en la bomba que hizo explotar el auto en el que viajaban el ex embajador chileno en Washington Orlando Letelier y su colega Ronni Karpen Moffitt. Pinochet interpretó el respaldo que le volvía a brindar Washington como una reivindicación y una ratificación de su régimen.

El colapso de la economía de libre mercado chilena en 1982, seguido de un aumento del descontento popular hacia mediados de 1984, levantó las primeras dudas en las cabezas de los funcionarios de Estados Unidos sobre si seguir o no apoyando al régimen. Este informe, junto con las acusaciones del Congreso respecto a la hipocresía de las políticas de la Casa Blanca, llevó al Departamento de Estado a la primera revisión significativa sobre la continuidad del apoyo de la administración Reagan al régimen de Pinochet. El entonces asistente del secretario de Estado para América Latina, Langhorne Motley, recomendó una “intervención activa, aunque gradual, para tratar de propiciar una transición pacífica hacia la democracia en Chile”.

El punto de inflexión: el caso de Rodrigo Rojas y la presión internacional

El asesinato de un joven fotógrafo chileno que acababa de volver del exilio en Washington puso nuevamente la atención de los altos funcionarios de la administración Reagan en la necesidad de aumentar las presiones para que Pinochet se fuera. Rodrigo Rojas y Carmen Gloria Quintana fueron detenidos por una patrulla militar, rociados con gasolina, quemados y arrojados a una zanja. En una clara señal del rechazo de Washington a las violaciones de derechos humanos de Pinochet, el embajador de Estados Unidos Harry Barnes se unió a miles de chilenos en la procesión del funeral en Santiago. La naturaleza salvaje de esa atrocidad resonó tanto en Chile como en Washington.

El secretario de Estado George Shultz fue quien expuso el argumento más convincente para presionar a Pinochet: “No se engañe”, le dijo a Reagan en su cara. Pinochet “ha sido cruel, represivo y lo que ha hecho es simplemente indefendible”. Shultz afirmó: “Lo que estamos tratando de hacer es estar seguros de que estamos en el lado de la transición, pública y privadamente. Tenemos que estar dispuestos a rockear con él un poco”.

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La estrategia estadounidense ante el plebiscito de 1988

En la reunión del Consejo de Seguridad Nacional del 18 de noviembre de 1986, los principales asesores de Reagan pusieron el asunto en perspectiva: “El gobierno de Estados Unidos y esta administración en particular, quieren que Chile vuelva a su tradición democrática de 150 años. La pregunta para nosotros es cómo podemos contribuir más efectivamente a un resultado democrático en Chile”.

La administración Reagan actuó en forma rápida y decisiva cuando la CIA obtuvo datos de inteligencia sobre la creciente determinación de los militares de evitar la subida al poder de un gobierno civil en Chile. El plan de Pinochet era sencillo: si parecía que los votantes se decantaban claramente por el NO, emplearía la violencia y el terror para poner fin al proceso. Ante esto, Washington tomó medidas estratégicas:

  • Presión diplomática y económica: Se movilizaron redes y recursos de influencia para presionar a Pinochet y apoyar a la oposición moderada.
  • Advertencias militares: Funcionarios militares estadounidenses contactaron a miembros de la Junta para advertirles que las consecuencias de abortar un plebiscito serían duras para Chile.
  • Transparencia: El 3 de octubre, el Departamento de Estado expuso públicamente el plan de Pinochet para mantenerse en el poder y lo denunció, diciendo que dañaría seriamente las relaciones con Estados Unidos.

Resumen de la influencia de EE. UU. en el periodo

Para el investigador, el objetivo político y diplomático de la administración Reagan fue, por una parte, incentivar el restablecimiento de la democracia política y de la estabilidad social en Chile, neutralizando al mismo tiempo la influencia de la izquierda más radical. Es importante notar que, como se analiza en la literatura, las principales decisiones las tomaron actores locales, pues hablar de una intervención supone a veces una disminución de la influencia de los actores nacionales.

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