La medicina es una manifestación de la cultura de un pueblo y existen en el mundo tantas medicinas como culturas sepamos reconocer. Sin embargo, a nadie escapa que las relaciones que se establecen entre los pueblos distan mucho de tener la equidad esperada cuando se dan condiciones de dominación económica y cultural de unos grupos sociales sobre otros.
¿Qué es la Medicina Tradicional?
No hay aún consenso respecto a la definición de las llamadas: “medicinas tradicionales”, “medicinas indígenas” o, más recientemente, “medicinas paralelas”. Denominaciones que, aunque son presentadas con frecuencia como sinónimos, encierran grandes diferencias de fondo. La “medicina tradicional” se asocia a los variados aspectos curativos que practican las poblaciones de los países subdesarrollados y, con ello, se busca enfatizar que es una manifestación espontánea, producto de los valores indígenas o autóctonos de esos pueblos y que forma parte de la tradición cultural que les es indispensable preservar para afianzar su identidad nacional.
Las medicinas tradicionales corresponden a las características culturales de los grupos, sus sistemas, procedimientos y modos de curar. Eso es etnomedicina, que responde a los problemas de salud dentro de esta cultura, de sus grupos, sus espacios naturales y sus culturas.
Las implicaciones originales de la medicina tradicional desaparecen al usar el término “medicina alternativa”, de más reciente cuño, y que pretende caracterizar a ciertas formas nuevas de curación (a viejas pero recicladas) o bien, para referirse a métodos curativos “heterodoxos” respecto de un prototipo presentado por la medicina occidental y científica, “ortodoxa”. El término de “medicinas paralelas” ha surgido y servido a la discusión como una opción conciliadora que enfatiza la permanente presencia en los países subdesarrollados de variadas prácticas médicas que fluyen y operan con su propia dinámica, pero en forma equidistante respecto de la medicina oficial, reconocida, verdadera o universal y científica. Sin embargo, la supuesta autonomía de tales medicinas “paralelas” es puesta en duda a medida que se analizan en detalle los elementos que configuran esas prácticas, ya que no solo resultan incapaces de permanecer desvinculadas de la “otra” medicina, sino que son continuamente influenciadas por ella al formar parte de la vida cultural de grandes grupos sociales inmersos en un proceso de transculturación.
Al estudiar este fenómeno, se ha propuesto que “La medicina tradicional es el conjunto de conocimientos, creencias, prácticas y recursos provenientes de la cultura popular, de los que hace uso la población del país para resolver, en forma empírica, algunos de sus problemas de salud, al margen o a pesar de la existencia de una medicina oficial e institucionalizada por el Estado”. Esta definición deja al descubierto que dicho fenómeno se inscribe, a su vez, en el de la definición de “Cultura Popular”, pero señala que lo que realmente está en juego es la aceptación y el reconocimiento de la función social que desempeñan otras culturas médicas frente a la del modelo oficial que ha dominado el ejercicio de la medicina por lo menos durante más de 100 años.
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El Conflicto Sociocultural y la Dominación de Modelos Médicos
En el reconocimiento de la existencia de este conflicto sociocultural radica el meollo de toda la discusión. La situación se torna cada día más polémica porque el modelo hegemónico occidental de atención a la salud, que enfáticamente se había venido impulsando en todo el mundo, empieza a declinar acarreando una larga cauda de contradicciones socioculturales y económicas que afloran hoy en las propias sociedades industrializadas y, por supuesto, en sus correspondientes satélites o áreas de influencia.
Esta crisis del modelo occidental hegemónico se evidencia en la deshumanización y burocratización de la relación médico-paciente, la comercialización descarada de los servicios y medicamentos, y las consecuencias de haber permitido una desordenada sobreespecialización de los cuadros médicos que desarticuló la operación de un incipiente sistema de atención médica. Todo este cuadro se ha venido a complicar con otros excesos, los de una sociedad pseudo-industrializada, afectada ahora por la contaminación ambiental y la drogadicción, que permanece yuxtapuesta a un México rural cuyos problemas de salud son otros y donde la desnutrición, las persistentes endemias y el parasitismo son ya ancestrales.
Desde la perspectiva histórica, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI y al acontecimiento de la Conquista Española como punto de inserción de la cultura Occidental, la presencia de la medicina tradicional a lo largo de los siglos ulteriores obedece a un fenómeno de resistencia cultural. La medicina tradicional adquiere una connotación de conocimiento indígena autóctono, y se hallaría librando un sostenido combate por reivindicar los valores y la eficacia de sus conceptos, tratamientos y recursos, frente a conceptos y recursos equivalentes de la cultura médica dominante, la cual, detentadora del poder económico y legal, impondría sus ideas discriminando cualquier otra forma de saber médico.
Esta línea de pensamiento tiene como baluarte básico una visión indigenista de la medicina tradicional, que enfatiza la necesidad de rescate de la medicina tradicional como una tarea de la intelectualidad y el Gobierno. Atribuye ventajas y beneficios intrínsecos a la medicina tradicional contrastándola con la práctica médica occidental y cuestiona en muchos sentidos la posibilidad de complementariedad de las culturas médicas en pugna. Estos grupos sostienen la necesidad de reivindicar la cultura indígena, aunque con frecuencia quedan atrapados en la discusión metodológica sobre la forma ideal de integración médica.
Condiciones de Vida y Salud en Pueblos Indígenas: Un Factor de Depreciación Social
El estudio de la medicina tradicional implica saber cuáles son las condiciones de vida de la sociedad y de los sujetos a estudiar. Necesitamos ver cuáles son sus condiciones, no sólo culturales, sino materiales de vida; con qué tipo de recursos cuentan para solucionar sus necesidades y problemas básicos; cuáles son sus condiciones de vida en términos de pobreza, extrema pobreza o de bienestar, así como los niveles educacionales, ya que los pueblos originarios son los que tienen el menor nivel educacional. Chiapas y Oaxaca, por ejemplo, son los estados con peores condiciones de acceso a los servicios de salud biomédicos, constituyendo la población indígena el sector social con menor seguridad social.
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Históricamente, los datos demuestran una persistente desigualdad que afecta desproporcionadamente a las poblaciones indígenas:
| Año | Fuente | Dato Clave sobre Población Indígena |
|---|---|---|
| 2005 | Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDPI) | 92% de la población con menores recursos, mayor pobreza y carencias en vivienda, agua, electricidad, comunicación, educación, alimentos y acceso a servicios de salud. |
| 2011 | Banco Mundial (BM) y Fondo Monetario Internacional (FMI) | 8 de cada 10 son pobres y los que más carecen de servicios básicos. |
| 2016 | Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) | 7 de cada 10 hablantes de lenguas originarias viven en la pobreza y son los que más carecen de servicios. |
| 2019 | Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) | 7 de cada 10 son pobres (69.5% en pobreza, 29.5% en extrema pobreza); 87.5% de municipios indígenas con alto grado de marginación. |
Estos procesos son básicos para explicar las altas tasas de mortalidad y la menor esperanza de vida que tienen los pueblos originarios. Pese a que la mayoría de los analistas reconocen explícita o implícitamente el dominio de estas y otras condiciones de vida negativa, a la hora de estudiar la medicina tradicional, las enfermedades tradicionales y las terapéuticas nativas, dichas condiciones sociales y económico/políticas no son incluidas como si no tuvieran nada que ver con las enfermedades y mortalidades que operan en los pueblos originarios. Por lo tanto, cuando describimos y analizamos procesos de salud/enfermedad/atención/prevención, necesitamos incluir todos los aspectos que están operando.
Adicionalmente, los sujetos, microgrupos y sociedades desarrollan relaciones sociales que se corresponden con enfermedades, atenciones, prevenciones y muertes. Si bien la antropología describe y analiza el papel de lo relacional, las relaciones sociales, culturales y de poder tienen una significación similar al papel de lo sobrenatural y de las cosmovisiones en las comunidades indígenas; más aún, lo relacional es lo que “baja a tierra” gran parte de las cosmovisiones.
Revalorización y el Camino hacia la Integración de Saberes
En la actualidad, se observa una búsqueda de alternativas a la crisis del modelo médico occidental, favorecida por un notable acercamiento entre las culturas de Oriente y Occidente. Mil millones de personas en la República Popular de China, por ejemplo, encuentran hoy en la combinación racional y pragmática de varias culturas médicas -incluyendo la herencia de Occidente- la solución a los problemas de salud más apremiantes, demostrando la capacidad integrativa médica que puede alcanzar una sociedad si se trascienden los límites de calificar a la medicina tradicional como fenómeno anacrónico y a la tecnología moderna como costosa panacea.
Un sutil y laborioso equilibrio entre los valores de la cultura médica ancestral de China, mediando el rescate de algunas de sus tradiciones, junto con el apoyo a una pragmática investigación científica nacionalista -recurriendo a no pocos elementos avanzados de la ciencia occidental-, están produciendo el cambio en ese país y con él se modifica la visión que se tenía en Occidente de muchos de los conceptos sobre la salud y el alivio de la enfermedad. Similarmente, pujantes economías como la de Japón enseñan al mundo cómo pueden combinarse valores y recursos de la más antigua tradición cultural con el desarrollo científico y tecnológico de Occidente y proyectarse hacia el futuro postindustrial. Su medicina no es ajena a esta revitalización de la tradición, recurriendo al conocimiento científico y buscando la combinación equilibrada.
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Es en Europa, particularmente en Francia, Alemania Federal y Suecia, donde han surgido los grupos intelectuales más activos dedicados al estudio de la llamada “etnomedicina”, impulsando cierto grado de transculturación en sus propias sociedades. En los Estados Unidos de Norteamérica se observa también que diversos aspectos de las culturas médicas orientales se hallan en proceso de incorporación, no sin sufrir las adecuaciones técnicas que consideran indispensables para su usufructo.
Cuando se pugna y debate por el reconocimiento de las medicinas tradicionales, se asume que toda gestión reivindicativa de la cultura médica popular conlleva, necesariamente, su investigación científica para poder crear las bases de un conocimiento que permite, no sólo el rescate de la cultura, sino sobre todo, su perfeccionamiento y adecuada transmisión hacia el futuro. La medicina tradicional China ha dejado de serlo en el momento en que la ciencia se halla valorando todos y cada uno de los aspectos de esa cultura médica popular, elevándola a un nuevo nivel: el científico.
Las sociedades, y con ellas la medicina tradicional, cambian; no hay sociedad que no cambie. Gran parte de los cambios están relacionados con sustituciones o inclusiones que no suponen modificaciones radicales inicialmente. En los pueblos originarios se están dando modificaciones en las diferentes dimensiones de la realidad, incluidas las cosmovisiones. Sin embargo, algunos analistas reconocen los cambios solo para sostener que lo esencial de los pueblos originarios permanece igual, sin describir ni analizar los cambios que están ocurriendo.
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