Descubre Cómo la Inflación Impacta tu Dinero y Qué Hacer para Protegertepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
771 715 4434

En la actualidad existe una amplia controversia entre las distintas corrientes de la teoría macroeconómica con relación al papel que juega el dinero en el sistema económico. Sin embargo, existe consenso entre los economistas al considerar que la tasa promedio de crecimiento de la cantidad de dinero en circulación es el determinante de las tendencias de los precios en el largo plazo. Por tanto, si el objetivo central del gobierno es lograr la estabilidad de los precios, se tiene que aplicar una política monetaria de carácter contractivo.

Los efectos que la política monetaria genera en el sistema económico deben de analizarse a lo largo de un período de tiempo, ya que las decisiones que las autoridades monetarias toman tienen efectos tanto de corto como de largo plazo.

En este artículo se realiza un estudio econométrico para la economía mexicana en el que se analiza la relación que se establece entre la cantidad de dinero y el nivel de precios durante el período 1986-2005. Además, siguiendo el trabajo de Blanchard y Quah (1989), se estudian los efectos de las variaciones monetarias en la producción y en la tasa de desempleo con el fin de evaluar si la política monetaria implementada por el Banco de México tiene efectos transitorios o permanentes en el sistema económico.

La elaboración de un estudio como el que nos proponemos se justifica si consideramos que a raíz de la crisis financiera de diciembre de 1994, la política monetaria se ha convertido en la herramienta fundamental de la estabilidad macroeconómica.

El estudio está integrado por cuatro apartados, el primero plantea la teoría cuantitativa y su relación con el concepto de neutralidad monetaria, señalamos únicamente los aspectos que consideramos más relevantes; en el segundo se presentan los resultados obtenidos al analizar la relación que se establece entre la variación de la cantidad de dinero y el nivel de precios para el caso de la economía mexicana. En la tercera parte se explica la prueba de Granger; se presenta el modelo de Blanchard y Quah (1989) y se comentan los principales resultados obtenidos por estos autores para el caso de la economía de Estados Unidos durante el período 1950-1987. Finalmente, en la cuarta sección, tomando como base el modelo desarrollado por Blanchard y Quah, se estima el modelo con datos de la economía mexicana para el período 1986-2005, se analizan y discuten los resultados obtenidos.

Lea también: Ajuste Anual: Efecto en la Nómina

La Teoría Cuantitativa del Dinero

La teoría cuantitativa del dinero es una de las ideas más antiguas de la ciencia económica, sus orígenes se remontan al siglo XVIII con autores como Hume (1752) y Cantillon (1978 [1755]), período en el que también surge la economía como una ciencia a partir de la publicación de la Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones de Smith (1981 [1776]). A la teoría cuantitativa se le asocia con la idea de que un cambio exógeno en la oferta monetaria provoca un cambio proporcional en el nivel absoluto de los precios, sin afectar a las variables reales, como la producción, el empleo y los precios relativos, lo que en la macroeconomía ortodoxa se conoce como neutralidad del dinero.

La teoría cuantitativa implica neutralidad en la perspectiva de la estática comparativa, es el caso que Samuelson llama "neutralidad cuantitativa" (Snowdon y Vane, 2002, p. 528).

El filósofo Hume en el siglo XVIII, en su obra Of Money escrita en 1752 señala: "[...] el dinero no es más que la representación del trabajo y las mercancías, y sirve solamente como método de evaluar o estimar éstas. El que haya abundancia de moneda metálica -cuando una mayor cantidad de dinero representa la misma cantidad de bienes- no puede tener ningún efecto, ni favorable ni desfavorable, dentro de una misma nación."

Por su parte Cantillon señala que el papel del dinero en el sistema económico es el de ser unidad de cuenta y medio de cambio, el dinero es una medida común del valor de las distintas mercancías. Es decir, va a servir para fijar el precio monetario al cual van a ser vendidas las diferentes mercancías producidas por los agricultores, los granjeros o los artesanos, entre otros.

"Es preciso que la moneda o medida común de los valores corresponda, en forma real e intrínseca, es decir, en el precio de la tierra y del trabajo, a las cosas que a cambio de ella se reciben. Si, por ejemplo, un príncipe o una república dieran circulación legal, en sus dominios, a algo que no tuviese semejante valor real e intrínseco, no solamente los demás estados rehusarían aceptarla conforme a ese patrón, sino que los habitantes del propio país la rechazarían, tan pronto como se persuadieran de su escaso valor real" (Cantillon, 1978, p. 76).

Lea también: Perspectivas de la inflación en Nueva Zelanda

En forma similar a como señala Hume, Cantillon también plantea que si se descubren nuevas minas de oro y plata y los propietarios y todos cuantos trabajan en ellas extraen cantidades considerables de mineral, lo primero que harán es empezar a aumentar sus gastos en proporción a las riquezas y los beneficios que obtengan, después de disponer de lo necesario para realizar sus gastos, el remanente que les queda lo van a prestar a otros agentes económicos a cambio de cobrarles un interés. Todo ese dinero, ya sea prestado o gastado, penetrará en el sistema económico por distintos canales de circulación.

"El aumento de dinero provocará un aumento de los gastos, y esto último, a su vez, traerá consigo un aumento considerable de los precios del mercado en los años más favorables del cambio, y otro relativamente menor en los de nivel más bajo" (Cantillon, 1978, p. 105).

Para Cantillon un aumento en la oferta monetaria no siempre se traduce en un aumento proporcional en el precio de los productos, y esto se debe a que la variación en la cantidad de dinero afecta también a los precios relativos. Un aspecto que se debe subrayar aquí es que el autor hace referencia al dinero-mercancía y no al dinero fiduciario de la actualidad.

En efecto, con monedas de oro o plata, un cambio en la oferta monetaria traerá como consecuencia un cambio en el nivel de precios, lo que implicaría un cambio en los precios relativos de la plata o el oro y todos los demás bienes y servicios (Snowdon y Vane, 2002, p. 530).

"Cualesquiera por donde sean las manos por donde pase el dinero que se ha introducido en la circulación aumentará naturalmente el consumo; pero este consumo será más o menos grande según los casos, y afectará en mayor o menor escala a ciertas especies de artículos o mercaderías, según el capricho de los que adquieren el dinero" (Cantillon, 1978, p. 115).

Lea también: Inflación: Causas y Soluciones

Lo anterior implica no neutralidad monetaria y este es un aspecto que se debe subrayar, sobre todo si se considera que estamos haciendo referencia a un autor del siglo XVIII. Por otro lado, en Cantillon la cantidad monetaria no sólo se asocia al nivel de precios, hay un punto en el que también señala su relación con la tasa de interés.

¿Qué tipo de relación es la que se establece entre estas dos variables? Al aumentar la cantidad de dinero la tasa de interés se reduce debido a que el costo del crédito se abarata, con lo que aumenta en el corto plazo el gasto de los agentes económicos, pero de acuerdo con Cantillon esto puede ser contraproducente en el largo plazo.

A partir de los escritos de Hume, las proposiciones acerca de si el dinero afecta o no a las variables reales del sistema económico constituyeron el cuerpo de pensamiento que conocemos como teoría cuantitativa del dinero.

Por ejemplo, para Marx, fundador de la economía marxista, el dinero es el equivalente general de las mercancías: "[...] en cuanto medida de valor, el dinero es la forma de manifestación necesaria de la medida del valor inmanente a las mercancías: el tiempo de trabajo" (Marx, 1981, p. 115).

El dinero juega un papel de medio de cambio en el proceso de reproducción del capital, al intercambiarse en la esfera de la circulación en la compra y venta de mercancías.

Marx es un crítico de la teoría cuantitativa (Marx, 1981, pp. 109-178), para él la variación de precios no se asocia a los cambios en la cantidad de dinero: "[...] los precios de las mercancías sólo pueden aumentar de manera generalizada si se mantiene constante el valor del dinero y aumentan los valores de las mercancías o si, permaneciendo éstos inalterados, el valor del dinero baja. Y a la inversa. Los precios de las mercancías sólo pueden bajar de manera generalizada si no varía el valor del dinero y descienden los valores mercantiles, o si éstos se mantienen constantes y aumenta el valor del dinero. En modo alguno se sigue de esto que un mayor valor del dinero traiga consigo una baja proporcional en el precio de las mercancías, y un valor menor del dinero un alza proporcional en el precio de las mismas" (Marx, 1981, p. 121).

A principios del siglo XX, Irving Fisher (1930) plantea en términos formales la teoría cuantitativa, en la versión simple que aparece en los textos de macroeconomía se tiene: que: 1) ; donde es el nivel de producción de pleno empleo; M, la cantidad de dinero en la economía, determinada exógenamente por las autoridades monetarias; P, el nivel agregado de los precios; la velocidad de circulación del dinero, definida por hábitos de los consumidores y por factores institucionales, ambos constantes en el corto plazo. De esta forma, dada una cantidad de dinero M0, se determina un nivel de precios P0, sin efecto alguno sobre el nivel de producción.

Como lo expresara Fisher: "[...] encontramos que, bajo las condiciones supuestas, el nivel de precios varía (1) directamente con la cantidad de dinero en circulación, (2) directamente con la velocidad de circulación del dinero, (3) inversamente con el volumen de transacciones hechas por éste. Vale la pena hacer énfasis en la primera de estas tres relaciones. Esto constituye la teoría cuantitativa del dinero".

Otro aspecto importante que debe subrayarse es que dicha teoría no constituye un cuerpo teórico homogéneo, los problemas de los que se ocuparon los economistas clásicos y neoclásicos están relacionados con cuestiones tales como la determinación del nivel absoluto de los precios, los determinantes de las tasas de interés, la teoría de la oferta de dinero, y la teoría de la demanda de dinero.

Sin embargo, la esencia del punto de vista clásico y neoclásico está en la relación que se establece entre la oferta monetaria y el nivel de precios, como Patinkin señala: "[...] si por cualquier razón existe un incremento en la cantidad de dinero legal, este dinero penetrará en cada mercado y hará, en todos, que se eleven los precios de las mercancías, hasta que sea absorbido por la circulación general. Sólo durante el intervalo comprendido entre la emisión (de los nuevos billetes) y su efecto sobre los precios, se pondrá de manifiesto la abundancia de dinero; durante ese intervalo, el tipo de interés estará por debajo de su nivel natural; pero tan pronto como la suma adicional de billetes o de moneda sea absorbida por la circulación general, aumentará el tipo de interés y se demandarán nuevos préstamos con la misma avidez que antes de la emisión adicional".

Como analizamos en un artículo anterior (León, 2002), el concepto de neutralidad del dinero se fue perfilando a través de las aportaciones de autores como Wicksell, Hayek y Patinkin. Hayek plantea la neutralidad del dinero como resultado de su crítica al concepto de equilibrio monetario de Wicksell, mientras que Patinkin retoma el concepto de neutralidad del dinero de Hayek y establece las hipótesis que garantizan la neutralidad en el marco de la teoría de la síntesis neoclásica.

Por otra parte, es conocido que la macroeconomía se establece como una disciplina independiente a partir de la publicación de la Teoría General de Keynes en 1936. En esta obra el autor señala que los cambios en la cantidad de dinero pueden llevar a variaciones en el nivel de precios, aunque en una proporción distinta.

¿Qué es el dinero?

¿Qué es el dinero? ¿Es una mercancía, cuya función es agilizar el intercambio de mercancías? ¿O es el dinero una convención social y política, una creación del Estado moderno, quien a su vez determina su valor y su validez? Estas preguntas, en apariencia básicas, son fuente de encendidas controversias en torno a las cuales no se ha llegado a un consenso. De la respuesta a estas preguntas surgen propuestas de política económica radicalmente diferentes.

Milton Friedman, padre del monetarismo moderno, se consideraba un adherente y reformulador de la teoría cuantitativa del dinero. En primer lugar, considera que la inflación es siempre y exclusivamente un fenómeno monetario (Friedman dijo que “la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”), generalmente atribuido al gasto público financiado mediante emisión. En segundo lugar, el dinero es “neutral”, es decir que no tiene impacto alguno sobre las variables reales como la actividad o el empleo. En tercer lugar, el dinero es exógeno, o sea que se introduce desde afuera del sistema económico (por ejemplo, con el famoso helicóptero de la metáfora friedmaniana).

El propósito del presente artículo es analizar la relación entre la inflación, el gasto del gobierno y el crecimiento económico e indagar si necesariamente el déficit fiscal es la causa única e indefectible de la inestabilidad de precios en México.

La inflación baja y estable que ha prevalecido en México (y en el mundo industrializado) durante los dos decenios del presente siglo ha sido atribuida, por una parte, a las virtudes de la autonomía del Banco Central y, por otra, a la disciplina fiscal del gobierno mexicano (y a la de los gobiernos del resto del mundo). En las líneas que siguen realizamos un escrutinio de esta hipótesis. La principal contribución de nuestro estudio consiste en argumentar que la hipótesis convencional se basa en el supuesto restrictivo de que todo el gasto del gobierno y, por tanto, el déficit fiscal es exógeno.

En efecto, dadas ciertas condiciones iniciales (plena utilización de los recursos productivos, inelasticidad del ahorro, exogeneidad total del gasto público, por citar sólo algunas), cualquier estímulo fiscal de la demanda agregada impedirá usos productivos alternativos de los insumos y de los capitales existentes y el choque de demanda será absorbido por los precios nominales.

No obstante, si las condiciones son diferentes y si el gasto del gobierno y el déficit fiscal son (al menos parcialmente) endógenos al crecimiento económico, entonces es posible que la inflación no tenga como causa necesaria y única al déficit fiscal. Es decir, la inflación no es necesariamente “un fenómeno puramente fiscal” (Dornbusch, 1991 b, p. La estructura de este artículo se compone de una revisión compendiosa del origen y evolución del Banco de México, seguida de una revisión sucinta de cierta literatura fundamental sobre el tema que analizamos; posteriormente, describimos algunos hechos estilizados relevantes para nuestra discusión y, luego, estimamos dos modelos de vectores autorregresivos cointegrados (CVAR, Cointegrated Autoregressive Vectors) para demostrar que si el gasto de gobierno es endógeno al crecimiento económico, entonces el déficit fiscal no es un factor que impacte negativamente a la inflación.

Los resultados muestran que, aún sin causalidad en el sentido de Granger, se observa una relación negativa de largo plazo entre el gasto público y la inflación. Nuestros modelos econométricos documentan la presencia de una especie de Ley de Wagner en la economía mexicana: existe una relación positiva entre el crecimiento económico y el gasto fiscal y, en aparente paradoja, una menor inflación.

En términos generales, las legislaciones de 1925, 1932, 1936 y 1941 establecen que el Banco de México debe emitir billetes, regular la circulación monetaria, la tasa de interés, los cambios con el exterior, encargarse del servicio de Tesorería del Gobierno Federal, operar como banco de reserva y fungir como cámara de compensación.

En la ley de 1984, observamos un cambio fundamental que es la introducción del objetivo de la estabilidad del poder adquisitivo del dinero y procurar las condiciones crediticias y cambiarias para ello. La ley de 1993, estipula como único objetivo una inflación baja y estable y como función secundaria la estabilidad del sistema financiero.

La influencia de la política fiscal en el crecimiento económico ha sido objeto de análisis al menos desde que Wagner (1876) planteó la llamada Ley de Wagner que establece una relación directa entre la expansión de la economía y el aumento del tamaño del sector público.

Asimismo, aunque es un lugar común afirmar que la política fiscal es el principal instrumento de la política económica keynesiana, en realidad Keynes (1936 [1964]) fue muy sobrio al respecto; sólo alude de forma elíptica a vías fiscales para incrementar la propensión al consumo y la inversión pública, para alcanzar la estabilidad cíclica de los salarios nominales y reducir el carácter procíclico de la inversión de capital; tampoco negó la efectividad de la política monetaria, lo cual sólo ocurriría en el improbable “caso límite” de trampa de liquidez (Keynes, 1936 [1964], p. 207) o, lo que en la práctica es un caso similar, cuando el ahorro y la inversión son insensibles a las variaciones de la tasa de interés.

La confusión sobre el papel del dinero en la Teoría General de Keynes, generada a partes iguales por la síntesis neoclásica y por el monetarismo y acrecentada por la nueva macroeconomía clásica, ha impuesto la interpretación equivocada de que la trampa de liquidez es “el caso Keynes”, no obstante que en su magnum opus Keynes aclara que “aunque este caso límite podría ser prácticamente importante en el futuro, hasta ahora no conozco ningún ejemplo de ello” (ibid.).

En todo caso, lo que sí afirmaba Keynes es que la política monetaria podría ser insuficiente para estimular la eficiencia marginal del capital y estabilizar los salarios a modo de superar el estancamiento económico y conseguir un nivel de producto de pleno empleo (Tobin, 1989). Lo cierto es que fue Hansen (1949 y 1951) quien, en la segunda posguerra, desarrolló lo que hoy conocemos como la teoría keynesiana de la política fiscal, la cual difiere de la teoría de Keynes en aspectos fundamentales, tal como discernió de forma palmaria Leijonhufvud (1968).

La síntesis neoclásica, construida sobre todo a partir de las premisas analíticas del modelo IS-LM (Hicks, 1937) y de la teoría de la política económica de Hansen, formuló la hipótesis de que en el largo plazo el gasto del gobierno desplaza a la inversión privada, distorsiona el uso productivo del ahorro privado y genera exceso de demanda. En suma, el déficit público es resultado del estímulo fiscal y es la causa última de la inflación.

Como es sabido, Milton Friedman acuñó el dictum que reza que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario. Esto, en sentido estricto, es una tautología (y en ese sentido es una verdad de Perogrullo), porque la inflación per se implica de forma inmediata una alteración del poder de compra del dinero.

La afirmación de Friedman, por tanto, está vacía si no se sustancia con ulterior argumentación teórica y con evidencia empírica. Evidentemente, a la perogrullada le subyace una idea más profunda, subyace al dictum la tesis de que la causa de la inflación es siempre y en todo lugar un exceso de dinero en circulación o, lo que es su equivalente, un exceso de demanda. Este exceso de demanda generalmente tiene su origen en un excesivo gasto del gobierno y, por tanto, en el déficit fiscal.

tags: #la #inflacion #es #siempre #en #todo