Descubre la Profunda Concepción de la Persona y la Filosofía Moral en la Obra de Boeciopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El filósofo romano Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio, conocido simplemente como Boecio, nació en Roma en torno al año 480 d.C. Anicio Manlio Severino Boecio nació en Roma. Su nacimiento lo podemos fijar entre el 475 y el 480. Provenía de una importante familia romana y llegó a acumular mucho poder. Era hijo de Flavio Narsete Manlio Boecio, perteneciente a la ilustre familia patricia de los Anicia. Esta familia se había convertido al cristianismo desde los tiempos de Constantino.

Su formación fue profundamente arraigada en la cultura grecolatina. A Flavio le encomiendan una misión en Egipto en el 488, con el cargo de prefecto. Con él marcha a Oriente su joven hijo, viaje que le permitirá afianzar y perfeccionar sus conocimientos de griego. Boecio estudia primero en Atenas y luego en Alejandría; en ambas ciudades tuvo un excelente contacto con el patrimonio cultural griego, en particular con el neoplatonismo y el aristotelismo. En el 490 muere Flavio, y Severino Boecio es confiado a la protección del influyente y culto patricio romano Quinto Aurelio Memio Símaco, quien se encarga de su educación y le cuida como un verdadero padre. Posteriormente, Boecio contraerá matrimonio con Rusticiana, hija de Símaco, a la que siempre amó y admiró por su discreción, pudor y recato. Con ella tendrá dos hijos varones: Boecio y Símaco.

Boecio ocupó importantes cargos políticos bajo el reinado de Teodorico el Grande, rey de los ostrogodos. El rey ostrogodo Teodorico el Grande llegó a darle un cargo que equivaldría actualmente al de primer ministro. Bajo el gobierno de Teodorico, en el 510 Boecio asume el cargo de cónsul, cuando contaba con poco más de 30 años. Éste era un hecho poco frecuente, porque más bien se lo reservaba a los ancianos. Ese año o el siguiente Boecio asume uno de los cargos más importantes de la administración, el de magister officiorum en la corte del rey ostrogodo Teodorico. Teodorico, en cuanto a su religión, era arriano; en cambio Boecio se conservaba fiel a la fe cristiana católica, en comunión con el Papa Símaco.

El drama político y la creación de "La consolación de la filosofía"

La carrera de Boecio terminó trágicamente debido a intrigas políticas. Fue acusado, según él injustamente, de conspirar a favor del Imperio bizantino, y enviado a prisión. La cuestión de su detención es compleja. Ciertamente que una buena parte de los romanos no quería a los godos en el gobierno, y deseaban que el Imperio Romano de Oriente volviese a poseer Roma. En ese contexto, Boecio aparecía como un hombre clave ya que estaba en buenas relaciones con la corte de Bizancio, donde era considerado como un hombre próximo a Justino; y en Roma contaba con partidarios y miembros de la familia anicia situados en buena posición.

El hecho detonante fue que en el otoño del 523 fueron interceptadas unas cartas dirigidas por destacados senadores a personas próximas al emperador Justino en unos términos que podían interpretarse como un intento por restaurar el poder imperial en Italia en contra de Teodorico. En estas cartas aparecía implicado el senador Albino, un rico y devoto patricio romano. Boecio, que había tenido conocimiento de las cartas, no emprendió investigación alguna y ocultó los hechos al rey. Por una parte, como funcionario real tendría que haber intervenido; por otra parte, consciente de la imposibilidad histórica de dicha restauración, no vio la necesidad de actuar contra personas a quienes le unían firmes lazos de amistad y que consideraba honestas. Es decir, entendió que las cartas no contenían una verdadera insurrección; al mismo tiempo sabía que si esos senadores eran descubiertos el castigo que les esperaba iba a ser demasiado grande. Pero Cipriano, secretario privado (referendarius) de Teodorico y enfrentado políticamente con Boecio, al enterarse del hecho, comunicó inmediatamente al rey lo sucedido.

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El resultado fue que el senador Albino tuvo que declarar. Albino fue acusado de traición junto con otros senadores. Sin preocuparse por su propia seguridad, Boecio y su suegro Símaco emprendieron una valiente defensa de estos senadores. Boecio y Símaco consiguieron librarlos de la condena, pero Cipriano extendió la acusación de traición contra el propio Boecio. Suspendido de su cargo, fue conducido a Pavía mientras su proceso tenía lugar en Roma. Contra él se formuló una triple acusación: un crimen maiestatis por haber impedido que se presentasen los documentos que probaban la culpabilidad del Senado; un crimen perduellionis por haber escrito cartas a sus amigos y al emperador de Oriente en las que proclamaba la libertad de Italia contra la tiranía goda; y un crimen sacrilegii por haber hecho uso de la magia. De las tres acusaciones, la única realmente verdadera era la de haber ocultado pruebas. El proceso, como en los casos de incriminación de hombres de rango consular, se celebró ante un comité de senadores, aquellos mismos a los que había defendido hacía poco, y estuvo presidido por Esebio, el prefecto de la ciudad. Paradójicamente, estos senadores, con la intención de aparecer fieles al rey Teodorico, lo declararon culpable. El rey decretó su muerte y la confiscación de sus bienes. Boecio pasó ese último tiempo preso, despojado de todos sus bienes, incluso de su tan querida biblioteca. Su ejecución habría ocurrido entre el 524 y el 526.

En torno a 524 d.C., en el último año de su vida, cuando estaba en la cárcel a la espera de que se ejecutara la condena a morir torturado y decapitado, escribió un libro que se ha convertido en un clásico, y que lleva por título La consolación de la filosofía. Es la más célebre y la más original de sus obras. La compuso desde la prisión antes de ser ejecutado. Es un auténtico “testamento filosófico” que Boecio lega a la posteridad. Consta de cinco libros, donde en cada uno intercala prosa y poesía. Su estilo es coloquial, recordando los diálogos platónicos. Esta obra fue escrita sin la ayuda de su importante biblioteca de Roma; sin otro material que su memoria, acude a los textos que son de su predilección. Allí Boecio hace gala de su buen manejo de los poetas griegos y latinos. Nos plantea el tema de que la única cultura fértil es la que llevamos en nosotros mismos, los textos sembrados en nuestra memoria, cuyas palabras se duplican creativamente en nuestras vidas y son ayuda en los momentos de adversidad.

La persona moral y la búsqueda del bien

En su obra, Boecio aborda cuestiones fundamentales sobre la moral y el destino humano. En ese libro, Boecio lamenta que los malvados a menudo prevalezcan sobre los buenos. ¿Cómo afrontar el hecho de que el mal a veces venza frente al bien? En su diálogo con Filosofía, entiende que esa victoria solo puede ser momentánea, porque cuando los malos ganan se convierten en bestias, mientras que, cuando los buenos consiguen alcanzar lo que se proponen, se sitúan por encima del ser humano y a la altura de seres divinos. Es necesario que tengas la posibilidad de equivocarte en tus decisiones y elegir el mal, para que te des cuenta de sus terribles consecuencias y así comprender que el único camino final para todos es optar por el bien.

Por otra parte, siguiendo las sinceras páginas de la Consolación, se trasluce que sufrió una real crisis espiritual al ver, como víctima, el sinsentido de la vida. Sinsentido expresado en que en esta vida, con frecuencia, a los malos les va bien y a los buenos mal, especialmente en el terreno del poder y la política. Además, consideraba a la Teodicea como la parte más elevada de la filosofía. Esta temática fundamentalmente la encontramos en su obra De Consolatione Philosophiae (La Consolación de la Filosofía), escrita alrededor del año 524. La teodicea ayuda a encontrar el sentido de la vida.

La definición boeciana de persona

En el corazón de su pensamiento, Boecio (y posteriormente Tomás de Aquino) proporciona una definición clave de la persona. La persona, según Boecio y Tomás de Aquino, es una sustancia individual de naturaleza racional, es decir, un suppositum y, como tal, es algo completo, un todo unitario cuyos aspectos fundamentales son la individualidad y la subsistencia. De acuerdo con esto, la mente es lo que define al suppositum como persona, y es también lo que lo diferencia esencialmente de los individuos inanimados, los animales y las plantas. Sin embargo, su constituyente formal es el esse, el acto de ser una persona. Del esse, la subsistencia de la persona se revela como autoposesión y la individualidad como total incomunicabilidad, ambas pertenecientes a un ser pleno. Además, el alma separada no es hipóstasis en el sentido de que es parte de una especie como sustancia incompleta, sino su esse lo que se convierte en la persona y le pertenece.

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El legado intelectual de Boecio

Boecio, como digno representante de la latinidad, retomó la obra interrumpida de Cicerón, y quiso trasladar al latín el pensamiento griego. Además, buscó la concordancia entre el pensamiento de Platón y el de Aristóteles. En su condición de patricio a cargo de una corte bárbara, tenía plena conciencia de que estaba entre dos mundos. Dentro de las múltiples tareas de gobierno, quiso transmitir el cristianismo católico, y la cultura grecolatina a ese nuevo mundo que surgía de mano de los ostrogodos. Fue así, un mediador entre un mundo que se derrumbaba y otro que surgía; por tanto, se propuso salvar lo principal, que a su entender, en lo filosófico estaba constituido por el neoplatonismo y el aristotelismo. De este modo, más que un pensador que logró, en su búsqueda de la verdad, una síntesis de lo más verdadero de estos dos grandes autores, Boecio nos deja un pensamiento pendular, donde en algunas obras se acerca más al pensamiento de Platón, y en otras, al de Aristóteles.

Como señalamos, Boecio fue también un pensador cristiano que quiso llevar el tesoro de la fe cristiana a ese mundo nuevo que surgía en Occidente. Allí el cristianismo se extendía a nuevos pueblos, pero también encontraba dificultades y desviaciones, como la arriana. De este modo, Boecio produjo escritos filosóficos y otros propiamente teológicos. En la teología utilizó numerosos conceptos filosóficos (en gran parte platónicos y aristotélicos), dando a sus reflexiones profundidad y precisión.

La problemática de la obra, descripta desde la extrema sinceridad de quien se sabe que va a morir, es planteada, no desde la teología, sino desde la filosofía. Esta opción de Boecio hizo que durante siglos numerosos medievalistas se hayan preguntado por qué un autor que incluso compuso obras teológicas, llegado el momento de la muerte no hiciera una referencia explícitamente cristiana. Por mi parte entiendo que este será un tema de difícil solución, ya que no se encuentran en los escritos de Boecio datos que arrojen luz acerca de por qué no hizo referencias explícitas a Cristo en la Consolación. Creo que no es sustentable la teoría de que un hombre sobre el que pesa una condena a muerte, tenga pensado, además de terminar su obra, escribir posteriormente una Consolación teológica. Tampoco coincido con quienes afirman que Boecio escribió una Consolación filosófica como opción metodológica de quien quiere sostener una sólida división entre teología y filosofía. Esta división taxativa no era habitual en esa época; además, ante la proximidad de la muerte se suele buscar una reflexión totalizante que dé respuestas a la angustiante realidad que se vive, más que una erudita división de disciplinas. Sin querer resolver definitivamente este enigma, afirmo, desde las obras del autor, que Boecio fue un sincero creyente cristiano, e incluso un buen teólogo.

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