Llamamos Antiguo Régimen a la forma en que se organizaba la economía, la sociedad, la política y la cultura entre los siglos XVI y XVIII. Este es el sistema político, económico y social predominante en Europa durante la Edad Moderna (siglos XV-XVIII), caracterizado por la monarquía absoluta, la sociedad estamental, el estancamiento demográfico y la economía agraria de subsistencia. La expresión "Antiguo Régimen" comenzó a utilizarse durante la Revolución francesa para referirse a la forma de gobierno y a la organización social imperantes antes de 1789. La historiografía más reciente ha ampliado el análisis de la expresión hablando de la existencia de varios “Antiguos Regímenes”: el demográfico, el económico, el cultural, el social, etc. Normalmente, la cronología del Antiguo Régimen se establece entre los siglos XVI y finales del XVIII o principios del XIX, ya que existen pequeñas diferencias según la evolución histórica de cada país. Para muchos historiadores, este modelo socioeconómico es una continuidad del régimen feudal. De hecho, sus fundamentos teóricos se constituyeron durante la Edad Media sobre las bases del pensamiento caballeresco, que justificaba su papel social, y de algunos postulados del cristianismo, en especial la concepción de que la sociedad era un todo orgánico inspirado en lo divino y en el que cada estamento tenía una relación simbiótica con los demás al realizar una función específica -rezar, combatir, trabajar- que beneficiaba al resto.
El Modelo Político: La Monarquía Absoluta y el Derecho Divino
Una monarquía absoluta es un sistema político en el que el rey concentra todos los poderes. La monarquía absoluta de derecho divino es un tipo de monarquía absoluta en el que se justifica la posición del rey por la voluntad de Dios ("Rey por la gracia de Dios"). El reinado de Luis XIV, llamado el Rey Sol, es el modelo de monarquía absolutista de derecho divino. Durante el siglo XV, los monarcas fueron sometiendo a los señores feudales y acumulando todo el poder político en sus manos, justificando la medida en el origen divino de su poder. Anteriormente, el rey no lo era hasta que no se le confería su carácter sagrado, y de ahí la simbiosis entre religión y política y la alianza entre la Iglesia y el Estado.
Pese a todo ello, el poder efectivo del rey quedaba en realidad limitado por distintas circunstancias, como la resistencia de los poderes locales, la falta de medios de control e información efectivos por el retraso de las comunicaciones y la existencia de asambleas estamentales. En cuanto a estas últimas, recibían distintas denominaciones según el reino (Cortes en España, Parlamento en Inglaterra, Estados Generales en Francia) y estaban integradas por representantes de los tres estamentos sociales (nobleza, clero y estado llano, en este último caso la burguesía rica de las ciudades), que se reunían de manera separada y votaban por estamento, lo que hacía que las votaciones siempre fueran ganadas por los estamentos privilegiados. Durante la Edad Media las asambleas estamentales tenían poderes como jurar al príncipe heredero, aprobar ciertas leyes y dar el consentimiento a la aprobación de nuevos impuestos por parte del rey. Sin embargo, durante la Edad Moderna, las monarquías absolutas fueron quitándoles estos poderes e incluso dejaron de reunirlas periódicamente.
La Sociedad Estamental: Desigualdad y Privilegio
La sociedad del Antiguo Régimen tenía su origen en la Edad Media y se estructuraba en estamentos, es decir, grupos cerrados a los que se pertenecía por nacimiento y que se diferenciaban por sus privilegios, ya que era una sociedad en la que primaba el principio de desigualdad. Un estamento era un grupo social muy cerrado definido por unas actividades, formas de vida y derechos jurídicos diferentes a los de otros grupos. En la sociedad del Antiguo Régimen, los individuos obtenían su posición social en función de la comunidad en la que nacían; su nacimiento determinaba también sus derechos y obligaciones jurídicas. Cada comunidad -que también puede denominarse orden, estamento, cuerpo o estado- tenía su estatus, sus deberes y sus privilegios que la identificaban y la distinguían de los demás. Se trata, por tanto, de una organización que se fundamentaba en la comunidad y no en el individuo, que está subordinado a su grupo de referencia, sea este la familia, el oficio, la ciudad o el pueblo, el señorío o la Iglesia. Del entrecruzamiento de conceptos como lo seglar y lo eclesiástico, y lo nobiliario y lo popular, surgió el conocido esquema tripartito:
- Un grupo conformado en función de criterios religiosos: Es el clero, poseedor de privilegios (Oratores).
- Otro grupo conformado basándose en criterios político-sociales: Es la nobleza, también poseedora de privilegios (Bellatores).
- Y otro definido por la exclusión y formado por quienes no pertenecían a ninguno de los anteriores: Estos grupos ha recibido diversos nombres: tercer estado, estado general, pueblo llano (Laboratores).
Cada uno de estos grupos se denominó estamento, por ello se habla de sociedad estamental. Dicha división consagraba la impermeabilidad de cada grupo y, sobre todo, la diferenciación entre privilegiado o no. Las personas nacían predestinadas a ser nobles o plebeyos y poco o nada podían hacer para variar esa situación. Sin embargo, la jerarquización social no se basaba, al menos nominalmente, en el poder económico, sino en el reconocimiento proporcionado por el resto de la sociedad a través del honor y la dignidad, expresados mediante el privilegio.
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El Clero: Guardianes de la Fe y el Conocimiento
El clero era uno de los estamentos privilegiados. Disponía de sus propias instituciones y tribunales. Sus funciones no se limitaban al ejercicio del culto y a la intermediación entre las personas y Dios, sino que también estaban encargados de celebrar las festividades religiosas y proporcionar educación tanto en escuelas de pueblo como en universidades. Además, se encargaban de la asistencia social y médica mediante la construcción y mantenimiento de orfanatos, hospitales, etc. Su financiación se basaba en el impuesto del diezmo -décima parte de la cosecha que se aplicaba a algunas producciones: cereales, vino, aceite, ganado, etc.-. Pero su mayor fuente de ingresos era las rentas que les proporcionaba la propiedad de las tierras. En el caso español también fueron importantes las rentas obtenidas de inversiones financieras en deuda pública o de sus numerosas propiedades urbanas. Entre los privilegios legales que ostentaban estaban la exacción del servicio militar, así como de determinados impuestos.
En el caso del clero, dado el celibato, no se heredaba, pero los puestos del alto clero eran copados por los nobles, mientras que los del bajo clero eran ocupados por miembros del Estado Llano. No obstante, en el caso de los eclesiásticos, este rasgo se rompía, ya que no se accedía por nacimiento o herencia; fue el único estamento abierto a todos, al menos en teoría. Sin embargo, el dinero podía superar obstáculos legales y promover la movilidad social, incluso el acceso a la nobleza -a sus escalones inferiores (hidalgos), eso sí-.
El clero se podía dividir en dos grupos:
- El clero regular, formado por monjes y monjas y otros miembros de las órdenes religiosas que vivían en comunidad de acuerdo con una regla y hacían votos de castidad, pobreza y obediencia.
- El clero secular, que incluía al resto de los miembros de la Iglesia (sacerdotes, vicarios, obispos, etc.) y no estaban sujetos a ninguna regla.
Pero el clero también se jerarquizaba en función de su poder político y, sobre todo, económico:
- Alto clero (obispos, abades, cardenales, arzobispos, etc.) que controlaban enormes riquezas y, en ocasiones, ocupaban altos cargos políticos. Eran también señores que disponían de grandes feudos.
- Bajo clero. Formado por la mayoría de los sacerdotes, frailes, monjes y monjas. Vivían de forma modesta, incluso en la pobreza, y eran el grupo eclesiástico más cercano al pueblo llano.
La Nobleza: La Aristocracia y el Brazo Armado
La nobleza era originariamente el brazo armado de la sociedad, por cuanto tenía como función su defensa frente a los enemigos interiores y exteriores. Tenía la obligación de servir al monarca cada vez que éste reclamase sus servicios y debía colaborar en el mantenimiento de la integridad del reino. Este estamento había ido perdiendo poder político conforme la monarquía absoluta ampliaba sus poderes y cedía la administración del Estado a profesionales (abogados, diplomáticos, escribanos, …). Conservaba, no obstante, la dirección de los ejércitos y los cargos militares. Al igual que el clero, disponía de numerosos privilegios -tribunales propios, exacción de impuestos, …-, aunque existían numerosas diferencias internas, pues el grado de riqueza, determinaba su posición social. Pero, incluso empobrecidos, nunca perdían sus privilegios.
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La aristocracia era el grupo nobiliario que poseía más poder. Estaba conformada por las grandes familias nobiliarias, ricas y poderosas y se les reservaba los altos cargos de la Administración y del ejército.
El Tercer Estado o Pueblo Llano: La Mayoría sin Privilegios
El Tercer Estado o Estado Llano se caracterizaba por su ausencia de privilegios, siendo muy heterogéneo en sus miembros. Agrupa a todas aquellas personas que no se incluyen en el estamento eclesiástico o en el nobiliario. En prácticamente todas las sociedades europeas representaba más del 90 % de la población y sus rasgos socioeconómicos eran muy diversos, aunque todos tenían en común la carencia de privilegios jurídicos y económicos. Además, soportaban toda la presión fiscal (impuestos).
La Burguesía
La burguesía era un grupo muy amplio y heterogéneo, pues incluía a propietarios de talleres artesanales, comerciantes, funcionarios y profesionales (médicos, abogados, artistas, …). Su papel político era muy reducido -solamente podía acceder a ciertos cargos municipales en las ciudades-, excepto en algunos países como las Provincias Unidas, Suiza y parcialmente en Inglaterra, donde alcanzó niveles de poder elevados. Su papel económico era fundamental y proporcionaba al Estado abundantes rentas a través de los impuestos.
Otros Grupos Urbanos
En las ciudades vivía un amplio número de personas que tenían una posición socioeconómica inferior a la burguesía. Nos referimos a los aprendices y oficiales de los gremios, criados, empleados de las tiendas, etc. El grupo social más bajo lo formaban los pobres que no tenían trabajo y vivían de la caridad, así como los marginados sociales, dedicados a la mendicidad, la delincuencia o la prostitución.
El Campesinado
Este sector social constituía la mayor parte de la población. También se puede dividir al menos en dos subcategorías, pues su posición social podía variar notablemente. Así, algunos campesinos trabajaban las tierras de la nobleza como arrendatarios, mientras que otros eran siervos, es decir estaban sujetos a su señor y no podían abandonar la tierra libremente. Junto a ellos, existía un pequeño grupo de campesinos propietarios. El nivel de vida de la mayoría siempre rozaba la mera subsistencia y sus posibilidades de mejora social eran nulas. Por esta razón no fueron infrecuentes las revueltas campesinas en toda Europa, especialmente en Francia.
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Economía de Subsistencia y Control Gremial
En cuanto a la economía, se caracterizaba por el predominio del sector primario (agricultura y ganadería) y su baja productividad, lo que provocaba que fuera de subsistencia, es decir, su objetivo principal era asegurar el autoconsumo del productor, por lo que el cultivo principal eran los cereales (base de la alimentación de la época) y, junto con ello, predominaba el policultivo. La mayor parte de la gente obtenía sus medios de vida de la agricultura y ganadería de subsistencia. Eso significa que el campesino producía sobre todo para su propio consumo, no para vender en el mercado.
La baja productividad estaba provocada por la concentración de la propiedad en manos de los estamentos privilegiados, ideológicamente contrarios a las ideas de progreso y cambio y que además no cultivaban sus tierras de manera directa, sino a través de arrendamientos, censos o utilizando a vasallos feudales o jornaleros. A ello se debe unir la limitación a la propiedad privada por los usos comunales, lo que explica la prohibición del cercado de fincas, predominando así los “openfields” o campos abiertos. Como consecuencia de todo ello, apenas había inversiones en las tierras y predominaba un acusado atraso tecnológico.
Aún no existía la industria en el sentido moderno. En cuanto al sector secundario (artesanía), su desarrollo estaba limitado fundamentalmente por dos factores. Por un lado, el hecho de que la mayor parte de la población dependiera de la agricultura de subsistencia provocó que la demanda de productos artesanales fuera muy limitada. Por otra parte, la existencia de los gremios, asociaciones de artesanos que regulaban bajo régimen de monopolio una determinada actividad artesanal en cada localidad o zona, limitaba la oferta y la fragmentaba en pequeños talleres artesanales. Los gremios eran asociaciones de artesanos que en cada ciudad regulaban con gran detalle quién podía ser artesano, cómo podía fabricar sus productos y a qué precio podía venderlo.
Por último, en cuanto al comercio estaba igualmente limitado por la limitada oferta (subdesarrollo agrario y artesanal, dificultades de transporte) y demanda (predominio de población agraria de subsistencia). Por ello, el comercio interior estaba poco desarrollado, desarrollándose en mercados, ferias y lonjas. Sin embargo, desde el final de la Edad Media varios países europeos se habían lanzado a la conquista de nuevos territorios, o colonias, en América, África, Asia y Oceanía. El intercambio de productos entre esos países y sus colonias creó un gran tráfico comercial marítimo que enriqueció a muchos grandes comerciantes y provocó el desarrollo de un avanzado capitalismo comercial.
Durante el siglo XVIII, las manufacturas y el trabajo a domicilio fueron dos formas importantes de producción. Las manufacturas eran fábricas donde se producía una gran cantidad de bienes de manera organizada y eficiente. Por otro lado, el trabajo a domicilio, también conocido como industria rural o sistema doméstico, consistía en la producción de bienes en los hogares de los trabajadores. Los empresarios proporcionaban las materias primas y los equipos necesarios, y los trabajadores realizaban el trabajo en sus propias casas.
El Régimen Demográfico Antiguo
Durante el Antiguo Régimen predominaba el denominado régimen demográfico antiguo, caracterizado por altas tasas de natalidad y mortalidad, por lo que el crecimiento vegetativo era muy bajo y además desaparecía periódicamente debido a crisis de sobremortalidad provocadas por hambrunas y epidemias. Por tanto, la población tendía al estancamiento. El mundo estaba mucho menos poblado que hoy en día. En realidad, nacían muchos niños, ya que no había control de la natalidad y que la gente necesitaba tener hijos para asegurar su subsistencia en la vejez. Pero también morían muchos niños en su primer año de vida, así como muchas madres como consecuencia de los numerosos partos.
Sin embargo, a partir del siglo XVIII en los países de Europa Occidental se inicia la Transición Demográfica. Durante esta fase, la tasa de natalidad se sigue manteniendo alta, pero la mortalidad inicia un paulatino descenso debido al carácter menos mortífero de las guerras y a las mejoras higiénico-sanitarias y alimentarias.
El Papel Central de la Religión
Una característica fundamental de la época es que la cultura era teocéntrica, es decir, giraba en torno a la idea de Dios y a los mandatos de la religión. Anteriormente, el rey no lo era hasta que no se le confería su carácter sagrado, y de ahí la simbiosis entre religión y política y la alianza entre la Iglesia y el Estado. La Iglesia, como institución, era el primer orden del Estado. Sus miembros pertenecían a una institución cuya finalidad era la de iluminar a los fieles en el camino de la salvación eterna. La Inquisición, por ejemplo, juzgó delitos religiosos en España hasta el siglo XIX, lo que demuestra la relevancia de la religión en el control social y moral.
Crisis y Transformación: La Ilustración y el Despotismo Ilustrado
La sociedad de órdenes se desestabiliza por los cambios sociales y económicos que se desarrollan a lo largo del siglo XVIII. En esta centuria aparecen con solidez algunos elementos que trastocan el modelo: la desvaloración del papel social y político de la nobleza tradicional a causa del aumento de la autoridad real por un lado y del crecimiento del poder económico de la burguesía por otro, y el desprestigio de la justificación religiosa del modelo social, sacudida por la Reforma y la Contrarreforma. El crecimiento demográfico y económico en el siglo XVIII fortalecieron a la burguesía, un grupo social perteneciente al Estado Llano.
A finales del siglo XVIII, el fortalecimiento de la burguesía provocó su definitivo asalto al poder. El primer paso, fue el surgimiento de un movimiento ideológico, la Ilustración, que puso en duda los principios ideológicos del Antiguo Régimen, basados en la religión y la tradición, sustituidos por la razón y el espíritu crítico. El Antiguo Régimen, caracterizado por la monarquía absoluta, la sociedad estamental y el estancamiento demográfico y económico por el predominio de una agricultura de subsistencia, se hubo de enfrentar a la creciente presión de la burguesía, fortalecida por el crecimiento del siglo XVIII y que se concretó en el surgimiento de un movimiento cultural: la Ilustración.
La Ilustración es un movimiento ideológico cuyos precedentes se localizan en Inglaterra y Holanda en el siglo XVII, pero que se consolida en Francia en el XVIII y de allí se extendió por Europa y América. Su base social era la burguesía, aunque también hubo nobles y clérigos, y sus principios básicos eran la defensa de la libertad individual, el racionalismo, la mentalidad crítica, la autonomía del poder civil frente al eclesiástico, la tolerancia religiosa, la defensa del progreso material, de la educación y de las ciencias experimentales, el antropocentrismo y la búsqueda de la felicidad. La “Enciclopedia”, publicada a partir de 1751, pretendía ser un compendio del saber de su época y en sus distintas entradas sirvió de difusor de las ideas de la Ilustración.
Las monarquías absolutas reaccionaron ante ella con el Despotismo Ilustrado, que no solucionó el problema político y fortaleció aún más a la burguesía. El Despotismo ilustrado fue una forma de gobierno que surgió en el siglo XVIII, donde algunos monarcas europeos adoptaron ideas de la Ilustración para modernizar sus estados, pero sin renunciar a su poder absoluto. Estos reyes y reinas querían mejorar la vida de sus súbditos, pero sin permitirles participar en el gobierno. Consiste en la adopción por parte de las monarquías absolutas europeas de parte de las ideas de la Ilustración, especialmente en el terreno económico, ya que se consideraba que las reformas basadas en ellas podían producir un crecimiento que beneficiaría a sus súbditos y fortalecería a las mismas monarquías. Sin embargo, no se adoptaron sus principios políticos y sociales, ya que estos ponían en duda a la propia monarquía absoluta y a la sociedad estamental que la sostenía.
Las reformas económicas del Despotismo Ilustrado favorecieron la tendencia general al crecimiento económico del siglo XVIII pero provocaron el descontento de los estamentos privilegiados, contrarios a las reformas, y la insatisfacción de la burguesía, que deseaba también reformas políticas y sociales. En cuanto a los cambios económicos, hubo tres corrientes principales que marcaron esta época: la Fisiocracia y el Liberalismo económico. La fisiocracia fue una teoría económica que surgió en Francia en el siglo XVIII como reacción al mercantilismo. Según los fisiócratas, la tierra era la fuente principal de riqueza y, por lo tanto, la agricultura debía ser la actividad económica más importante. Ellos defendían la idea de que la economía debía ser libre de regulaciones gubernamentales, ya que creían que el mercado se autorregulaba de manera natural. Un punto importante de la fisiocracia es que proponían una única forma de impuesto, llamada impuesto único, que recaería sobre los propietarios de tierras.
El liberalismo económico es una teoría que se desarrolló en el siglo XVIII, principalmente a través de las ideas del filósofo y economista escocés Adam Smith. Según Smith, cuando las personas buscan su propio beneficio, contribuyen al bienestar general de la sociedad. Este concepto se conoce como la mano invisible. Una de las ideas clave del liberalismo económico es el libre comercio, es decir, la ausencia de barreras comerciales entre países. Además, el liberalismo económico promovía la idea de que el gobierno debía tener un papel limitado en la economía, interviniendo solo para garantizar la seguridad y la justicia.
El siglo XVIII también fue testigo del auge de la burguesía, una clase social compuesta por comerciantes, banqueros, industriales y profesionales. La burguesía defendía la libertad económica y la igualdad de oportunidades, y muchos de sus miembros se convirtieron en líderes en la promoción de las ideas ilustradas.
