En el vasto mundo de la literatura, la ficción criminal ocupa un lugar destacado. Es uno de los géneros más vendidos en todo el mundo y no es de extrañar, ya que a menudo engancha a los lectores desde las primeras páginas. La ficción criminal es un género literario que ha cautivado a lectores de todas las edades, ya que es un intrincado laberinto de misterios, intrigas y emociones intensas.
En su forma más básica, la ficción criminal se centra en la exploración y resolución de crímenes. Los protagonistas de estas historias suelen ser detectives, investigadores privados, agentes de policía, periodistas o incluso ciudadanos comunes que se ven envueltos en situaciones peligrosas. Como ya habrás notado, la ficción criminal es un género tan fascinante como diverso, con una amplia gama de subgéneros, cada uno con características distintivas y elementos únicos.
A las personas nos encanta catalogar y clasificar todo lo que nos rodea, y los libros y la literatura no iban a escapar de esta extraña costumbre. No somos muy partidarios de las etiquetas, pero entendemos que clasificar las historias y los distintos subgéneros ayuda al lector o espectador final a saber qué se va a encontrar y tomar una decisión al respecto. Las vemos más como una guía que como un dogma.
Orígenes y Evolución de la Ficción Detectivesca
La literatura de misterio, también conocida como ficción de detectives y novelas de crimen, es un tipo específico de historia de suspenso. Las historias de misterio comienzan con un crimen como el conflicto central y presentan pistas y sospechosos a lo largo de la historia para permitir una resolución final a través de la deducción lógica. La mayoría de los misterios incluyen un detective profesional o amateur que guía al lector a través de la solución del crimen.
La historia de detectives, tal como la conocemos hoy en día, se originó en la década de 1840 con las historias de Auguste Dupin de Edgar Allan Poe. Su fórmula de un crimen, seguida de investigaciones intelectuales y una solución lógica, se convirtió en el estándar para la ficción policial que persiste hasta nuestros días. La novela policiaca hace su aparición en 1841, en la ciudad de Nueva York, con Los crímenes de la calle Morgue de Edgar Allan Poe. Esa fecha es también el nacimiento del investigador Auguste Dupin, prototipo del detective intelectual, el cual resolverá los casos única y exclusivamente con el uso de la razón.
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Siguiendo a Poe, escritores de misterio como Wilkie Collins (The Moonstone) y Sir Arthur Conan Doyle (la serie de Sherlock Holmes) solidificaron la nueva fórmula y efectivamente hicieron que la literatura de misterio fuera sinónimo de ficción criminal. Combatieron los elementos sobrenaturales de novelas románticas de suspenso con énfasis en pruebas científicas y detalles forenses, destacando el papel de huellas, huellas dactilares, residuos químicos, suciedad y cenizas en el rastreo de sus criminales. Desde su desarrollo en el siglo XIX, la fórmula básica del misterio ha cambiado relativamente poco, aunque ha adquirido muchas formas.
Principales Subgéneros de la Ficción Criminal
La Novela Policiaca Clásica o de Enigma
El subgénero de misterio es quizás uno de los más reconocibles dentro de la ficción criminal. En estas historias, los lectores son llevados a un emocionante viaje lleno de suspenso y sorpresas mientras un detective o investigador aficionado intenta resolver un enigma o crimen desconcertante. En la novela policiaca clásica, también llamada de enigma, problema o de cuarto cerrado, hay una lucha entre el bien y el mal, entre el héroe y el criminal.
El espectador-lector, junto con el autor, trata de resolver el crimen y encontrar al asesino. Las cuestiones sociales no existen, solamente las habilidades racionales del detective para descubrir a la persona que cometió el crimen y la forma en como lo llevó a cabo. En el caso de Los crímenes de la calle Morgue se ha cometido un asesinato en un cuarto cuyas puertas y ventanas se encuentran cerradas por dentro. La novela se centra, entonces, en la cuestión del “quién” y el “cómo” se realizó el hecho criminal. La narración es preferentemente lineal, correspondiente al seguimiento cronológico de los acontecimientos y adecuada al proceso lógico que la deducción del autor-personaje-lector exigirá para que las conclusiones del silogismo cumplan con las premisas.
Muy relacionado con este subgénero, tenemos lo que se suele denominar novela enigma o whodunit (contracción de la expresión inglesa Who has done it?, ¿Quién lo ha hecho?). En este tipo de historias hay un nombre que destaca sobre todos los demás, el de la reina del crimen, Agatha Christie.
La Novela Negra
El género negro es conocido por su atmósfera sombría. Sus personajes son a menudo moralmente ambiguos, y el enfoque de la historia refleja el lado más oscuro de la sociedad. Así, los protagonistas pueden ser anti-héroes complejos y cínicos que luchan contra la corrupción, la violencia o la desesperación en entornos urbanos en decadencia.
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La novela negra tiene sus orígenes en Estados Unidos, durante la época de la gran crisis económica (1929). Son Dashiell Hammett y Raymond Chandler dos de los autores más representativos de esta tendencia. A estos autores ya no les interesa tanto la función lúdica, sino la descripción de los hechos a través del lenguaje. La novela negra pone al descubierto la corrupción en la policía y la sociedad norteamericana de esa época, reflejando problemas como el desempleo, la corrupción o las huelgas.
Los inicios del género negro debemos buscarlos en las novelas de Dashiell Hammett, a quien se le considera el iniciador de este modelo narrativo. La novela Cosecha roja (1929) presenta las características que van a hacer popular al género. Antes de publicar esta novela, Dashiell Hammett realizaba colaboraciones en la revista Black Mask, fundada en 1920 por el periodista H. L. Mencken. En ella se publicaban historias de aventuras, de detectives, del oeste, romances y se imprimía en un papel muy corriente (Pulp), por lo que costaba muy barato y era asequible para los trabajadores.
Al principio, los relatos policiacos no se diferenciaban de las novelas de enigma, hasta que en 1923 se publica un relato de Carroll John Daly, donde se presenta ya el estereotipo del detective duro que más adelante popularizarán Dashiell Hammett y Raymond Chandler. En Black Mask publicaron, además, Carroll John Daly, Ross McDonald, Chester Himes, Cornell Woolrich y Jim Thompson, entre otros, y su literatura se identificará como el «hard-boiled», el cual presenta las siguientes características: narración en primera persona, lenguaje duro, uso del lenguaje de la calle, el detective es un profesional de carácter rudo, que no teme usar la violencia si llega el caso. En la novela negra el criminal ya no tiene que ser un individuo malvado, ávido de dinero, venganza o poder, sino que puede ser cualquier persona de la ciudad, una ciudad que ha despersonalizado al ser humano, donde la violencia cotidiana está presente en la inseguridad de las calles, en la falta de empleo, en la lucha por la supervivencia.
La novela negra o género negro debe su nombre a la colección de literatura policiaca que la editorial Gallimard publicó en París en los años 40 del siglo XX con el nombre de «Série Noire» debido al color de sus portadas.
| Novela policiaca clásica | Novela del género negro |
|---|---|
| Un caso «indescifrable», resuelto a través de un procedimiento intelectual, similar a un juego de ajedrez. | Se abandonan los escenarios aristocráticos y sofisticados para adentrarse en la ciudad. El interés no gira alrededor de un crimen inexplicable, sino en torno a la violencia cotidiana. |
| Narraciones lineales. | Descripciones breves, impresionistas. |
El True Crime (Crimen Verdadero)
El true crime (puede traducirse como ‘crimen verdadero’ o ‘crimen real’) es un género literario, de pódcast y cinematográfico de no-ficción en el que el autor o autora examina un crimen real y detalla las acciones de personas reales. Los crímenes más comúnmente abordados en el género son los asesinatos, y alrededor del 40 por ciento se enfoca en relatos de asesinos en serie.
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El género del true crime reescribe crímenes sensacionalistas de alto perfil, como el asesinato de JonBenét Ramsey, el caso O. J. Simpson o el asesinato de Pamela Smart, mientras que otros se dedican a asesinatos menos conocidos. Los libros de crímenes reales a menudo se centran en eventos sensacionalistas, impactantes o extraños, en particular asesinatos. Típicamente, estos libros reportan sobre un crimen desde el comienzo de su investigación hasta su proceso judicial.
Algunas obras de true crime son «libros instantáneos» producidos rápidamente para capitalizar la demanda popular. Otras en cambio pueden reflejar años de cuidadosa investigación e indagación y pueden tener algún mérito literario de consideración. Otros relatos de true crime incluyen A sangre fría de Truman Capote, el libro sobre crímenes reales más vendido de todos los tiempos, Helter Skelter de Curt Gentry y Vincent Bugliosi, el fiscal principal del caso de la familia Manson, y The Stranger Beside Me de Ann Rule, sobre la vida de Ted Bundy.
Un ejemplo de un libro moderno de true crime es I’ll Be Gone in the Dark (2018) de Michelle McNamara. En el transcurso de más de diez años, un misterioso y violento depredador cometió cincuenta agresiones sexuales en el norte de California antes de trasladarse al sur, donde perpetró diez sádicos asesinatos. Tres décadas después, Michelle McNamara, periodista especializada en crímenes reales que creó el popular sitio web Diario de Crímenes Reales, decidió dar con el violento psicópata que ella bautizó como «el Asesino del Estado Dorado».
The Devil in the White City (2003) de Erik Larson ofrece un relato novelístico de las actividades de H. H. Holmes durante la Exposición Mundial de 1893.
Otros Subgéneros Destacados
La Novela de Procedimiento Policial (Police Procedural)
Otro subgénero popular de la ficción criminal es el de procedimiento policial. La principal diferencia con la novela de enigma es que el papel principal lo toma un detective profesional, que trabaja diligentemente para resolver un crimen, ya sea un asesinato, un robo o un secuestro. En estas historias, el lector leerá una historia llena de giros, donde cada pista le acerca al verdadero culpable.
El Thriller
El thriller es otro de esos subgéneros adictivos, ya que se centra en la psicología de los personajes, especialmente la del criminal y la del detective. Como lector, puedes viajar directamente a los rincones más oscuros de la mente humana, sus motivaciones, sus emociones y los secretos inquietantes que dominan la trama principal. En este subgénero, no se trata tanto de quién es el personaje principal, sino de que el libro mantenga una tensión constante a lo largo de la historia. Es decir, te mantiene en vilo. Los protagonistas se encuentran en situaciones peligrosas y emocionantes, donde los giros de la trama te mantienen al borde del asiento. Este es un tipo de género que no siempre implica una trama criminal.
La Novela de Suspense
En la novela de Suspense (o Suspenso en Latinoamérica) hay algo que la diferencia de todas: el lector suele tener más información que los protagonistas. Ahí reside el suspense y la intriga de la historia, en descubrir si nuestro personaje se saldrá con la suya o no; en si acabará superando el peligro a sucumbirá a sus perseguidores. Una de las novelas de suspense favoritas es El talento de Mr. Ripley de Patricia Highsmith. También entran dentro de este subgénero dos novelas escritas por Thomas Harris: El dragón rojo y El Silencio de los corderos.
Ficción Legal o Judicial
Como su nombre indica, estos libros se centran en el ámbito legal. Abogados astutos, jueces implacables o clientes desesperados que luchan por la justicia en los tribunales. A menudo exploran temas de corrupción, engaño y los dilemas morales a los que se enfrentan quienes trabajan dentro del sistema legal.
Ficción de Espionaje
Si le gustan las conspiraciones peligrosas, entonces los libros que le fascinarán son los del mundo del espionaje. Historias llenas de acción, suspense y giros inesperados, donde los protagonistas se enfrentan a enemigos astutos y manipuladores que harán todo lo posible para encubrir sus secretos ocultos.
El Domestic Noir
El Domestic Noir es ese subgénero de la novela criminal en el que el protagonista no es ni un servidor de la ley ni alguien que intenta romperla matando o cometiendo algún crimen. Particularmente es uno de los subgéneros de la novela criminal que más gustan, sobre todo a la hora de escribir.
La Narrativa Policiaca Mexicana
Determinar los orígenes de las narraciones policiacas en México no es cosa fácil. Más o menos se coincide en señalar al potosino Antonio Helú como el pionero que cultivó el género desde los años veinte y se interesó en difundirlo a mediados de los años cuarenta del pasado siglo XX. Si así se acepta, toda la literatura policiaca mexicana derivaría casi en línea recta de influjos europeos y estadounidenses más o menos recientes.
Sin embargo, Enrique Flores ha señalado la proximidad de lo policiaco con las causas célebres, esa forma previa de la nota roja que ya circulaba por la Nueva España del siglo XVIII y que, a su vez, tiene relaciones de parentesco con otras formas literarias, como las historias trágicas de la Italia del siglo XVI. Incluso las filiaciones llevan a los romances de ciegos que se ocupan de relatar crímenes y a otra forma precursora de la nota roja: le canard. Si consideramos las aportaciones de Enrique Flores, tendríamos al menos dos grandes líneas que han nutrido al género, una reciente y otra de mayor hondura cronológica que señala a otro precursor: Carlos María de Bustamante, quien en 1835 editó una síntesis del proceso que siguió al asesinato de "don Joaquín Dongo y diez familiares suyos", crimen cometido el 23 de octubre de 1789.
Pensar en los orígenes del género viene a cuento debido a uno de los debates que se mantienen vigentes y que Escena del crimen actualiza: la diferenciación entre novelas policiacas puras y novelas que, a pesar de incorporar estrategias narrativas adjudicadas a lo policial, han sido excluidas del género. Entre los extremos de la aceptación y el rechazo -o junto a ellos- se encuentra la opción de lo parapoliciaco, es decir, aquello que se acepta a regañadientes. En esa zona de tolerancia ha sido puesta por María Elvira Bermúdez Dos crímenes, de Jorge Ibargüengoitia. La aportación de Ibargüengoitia consiste precisamente en mostrar la simulación de la justicia, en dejar sin castigo el crimen, de modo que a inocentes y culpables no les queda sino escapar, sea en los hechos o mediante el recurso del soborno.
La ficción policiaca mexicana de las últimas décadas se configura sobre tres líneas -al menos- que determinan la construcción narrativa: a) hay un personaje que desea o se siente obligado a escribir un relato bajo los supuestos del género, b) se incorporan a la ficción autores vinculados con lo policial y c) abundan los guiños -a veces decisivos- que establecen vínculos y afinidades entre la narrativa policiaca escrita y la fílmica.
Es el propio editor de Escena del crimen quien nos indica otra de las tendencias que persisten en la narrativa policiaca: el afán topográfico de sus protagonistas, que bien puede interpretarse como una reacción (añeja dentro del género) contra el expediente del enigma en el cuarto cerrado o como una refracción de ese mismo locus: la ampliación de la clausura, la reproducción del encierro compartimentado y la introspección como ejercicio de encierro. Rodríguez Lozano menciona el empeño de autores "por resaltar el espacio urbano, la problemática social y acentuar -en la ficción- la relevancia de los marginales o de los personajes de un estrato social bajo".
Respecto de los asuntos que se adhieren a lo policiaco y que persisten en los autores nacionales tenemos "la conspiración real o supuesta contra el presidente de la república", según se confirma hasta cierto punto en la novela de Élmer Mendoza, Un asesino solitario. Esta obra aborda un crimen que, si bien no se dirige contra el presidente en funciones, sí alcanza a quien debía ocupar el puesto. La novedad de la línea argumental consiste, precisamente, en que el mal llamado jefe del ejecutivo en turno puede contarse entre los conspiradores.
