El sistema tributario actual resulta incapaz de captar los recursos públicos que necesita el mundo. Vivimos una era donde un puñado de gigantes tecnológicos y sus dueños son más poderosos y ricos que naciones enteras, mientras gran parte del mundo occidental zigzaguea una crisis que se aloja en el alma del Estado de bienestar. La sostenibilidad de los sistemas públicos, como pensiones, sanidad y educación, está atravesada por la fragilidad; el desempleo es un drama en muchos países y el universo de la robotización y la inteligencia artificial amenaza a los trabajadores.
La crisis del modelo actual
“El sistema fiscal del mundo necesita una importante revisión”, admite Jesús Lizcano, presidente de Transparencia Internacional España. La enorme complejidad de las operaciones globales de las multinacionales, junto a la voluntad de las grandes consultoras de crear estructuras que separan la tributación de las ganancias de los lugares donde de verdad se desarrolla la actividad, ha llevado a una situación en la que incluso el Fondo Monetario Internacional reconoce que las normas actuales no sirven a su propósito. La elusión fiscal de las multinacionales deja unas pérdidas de 500.000 millones de dólares al año en el planeta. Un estudio reciente del Financial Times revela que las grandes multinacionales pagan muchos menos tributos ahora que antes del crash de 2008.
Propuestas para un nuevo paradigma
Ante este escenario, expertos y organismos internacionales plantean la necesidad de una nueva arquitectura fiscal:
- Un nuevo paradigma empresarial: Jason Furman, expresidente del Consejo de Asesores Económicos de Barack Obama, defiende la necesidad de gravar los impuestos empresariales y del capital de una forma más amplia.
- Impuesto global sobre el patrimonio: Thomas Piketty propone un impuesto global que grave con un 5% o 10% a las fortunas superiores a 10 millones de euros, argumentando que la riqueza engendra riqueza.
- Gravar a los megarricos: Charles Enoch, de la Universidad de Oxford, sugiere que aquellos que ganan más de 100 millones de dólares al año deberían pagar al menos el 90%.
- Reformas en el consumo digital: Se propone expandir los impuestos al consumo para incluir servicios y productos digitales, logrando una ampliación neutral de la base imponible y evitando distorsiones.
Las cuatro 'R' de la justicia fiscal
A menudo se supone que los impuestos son algo malo, pero desde una perspectiva de justicia económica y derechos humanos, son cruciales por las cuatro 'R':
- Rentas: Financiamiento para ofrecer los servicios que los ciudadanos necesitan.
- Redistribución: Para enfrentar la pobreza y la desigualdad.
- Representación: Generar la transparencia de los gobiernos ante los ciudadanos y reivindicar espacio en la formulación de políticas.
- Reformulación de precios: Limitar los ‘malos’ públicos y alentar los ‘bienes’ públicos.
Tabla: Comparativa de enfoques fiscales
| Enfoque | Objetivo principal | Impacto esperado |
|---|---|---|
| Impuesto al Patrimonio | Redistribución de la riqueza | Frenar la acumulación excesiva |
| Tasa Digital | Justicia tributaria en la era digital | Recaudación de gigantes tecnológicos |
| Devaluación fiscal | Eficiencia económica | Reducción del desempleo |
Sin duda, hace falta otra arquitectura y nuevos arquitectos. El sistema debe ser más solidario y equitativo, gravando más aquellas actividades con mayores costes medioambientales y sociales. Como enseñó el jurista Oliver Wendell Holmes, “los impuestos son el precio que pagamos por una sociedad civilizada”.
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