¿Por Qué Colapsó el Régimen Porfirista? Descubre las Causas y Acontecimientos Clavepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El porfiriato fue el régimen de gobierno que de 1877 a 1910 encabezó Porfirio Díaz Mori, y en la que México como país logra una estabilidad, económica y política por primera vez, tras una etapa histórica de guerra como fue la independencia. Durante este tiempo, el gobierno estuvo bajo el control del militar y político oaxaqueño Porfirio Díaz Mori. La estabilidad que trajo el porfiriato se alineaba bajo el lema del régimen: ”Poca política y mucha administración”. El Porfiriato se caracterizó por un régimen político autoritario y centralizado, con Porfirio Díaz en el poder como presidente de México durante gran parte del periodo. Díaz gobernó con mano dura, consolidando su control sobre el país y estableciendo un gobierno fuerte y estable.

Si bien las políticas económicas del General trajeron consigo la modernización y crecimiento de la economía mexicana, el porfiriato se caracterizó por ser un régimen represivo que recurría a la fuerza para imponerse, cuando no funcionaban las prácticas de conciliación. El gobierno del Porfiriato se basó en una constitución que otorgaba amplios poderes al presidente. Díaz utilizó estos poderes para consolidar su liderazgo y mantener el control sobre las instituciones políticas. Durante la etapa del gobierno de Díaz, el país experimentó un periodo que se ha conocido como “la paz de la esclavitud” ya que se logró con la represión violenta de cualquier intento rebelde, lo que también incluía cualquier intento de expresión en contra del régimen. Díaz logró lo que parecía imposible: modificó sucesivamente la Constitución de 1857, que permitiría la reelección indefinida. De este modo, se destruyó el principio de la “no reelección” el cual, Díaz utilizó previamente como insignia durante la rebelión de Tuxtepec. Para mantener su régimen en el poder, Díaz implementó una serie de estrategias políticas, incluyendo la represión de opositores políticos (como la deportación a Yucatán) y la censura de la prensa. Esto llevó a una falta de libertad de expresión y a la supresión de la oposición política.

Control Militar y Debilidades Inherentes

Las fuerzas armadas durante el Porfiriato se componían de distintos grupos, a saber: el ejército federal, la Guardia Nacional, las fuerzas auxiliares, la gendarmería fiscal y los rurales. Para mantener controladas a las fuerzas armadas, Díaz desplegó una política de desmovilización y profesionalización. En principio, de 1879 a 1893, promovió la disminución en número de la Guardia Nacional, al trasladar a coroneles, tenientes y subtenientes a las fuerzas auxiliares. Las ventajas de aquello eran variadas, pues la Guardia Nacional estaba compuesta en su mayoría por antiguos líderes tuxtepecanos y generalmente apoyaba las causas de caciques regionales. La profesionalización del ejército tuvo nuevos bríos con el nombramiento de Bernardo Reyes como secretario de Guerra, ya que no solo impulsó el mejoramiento de armamento y aprovisionamiento, sino que organizó una Segunda Reserva Civil compuesta por 20,000 voluntarios, a quienes se podía acudir en defensa de la patria. Debido a la popularidad de Reyes y la peligrosidad de contar con un cuerpo del ejército a sus órdenes, Díaz lo destituyó como secretario y disolvió la Segunda Reserva Civil en 1902. Por su parte, la Fuerza Policial Rural -compuesta por 1,600 efectivos situados en los estados del centro del país- contaba con una capacidad represiva limitada pese a la imagen popular de la crueldad con la que actuaba. El reclutamiento forzoso, conocido como la leva, contribuyó a la debilidad del ejército porfirista.

La Relación entre Estado e Iglesia

Si el control del ejército era necesario para evitar conflictos armados, la reconciliación entre el Estado y la Iglesia fue prioritaria para la subordinación de ésta a la autoridad de Díaz. Una de las primeras medidas que tomó Díaz en el ámbito eclesiástico fue el cultivo de relaciones personales con sus principales miembros. Entre ellos, el más destacado fue Eulogio Gillow, arzobispo de Oaxaca que fungió como intermediario entre el presidente y Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, arzobispo de México, reconocido por sus duras críticas al liberalismo y las Leyes de Reforma. La cercanía que Gillow logró entre ambos personajes fue de tal modo exitosa que incluso Labastida ofició la misa matrimonial de Díaz con Carmen Romero; y Díaz asistió al funeral del arzobispo en la década de los noventa. La relación del régimen político con el ámbito religioso en aras del establecimiento de un modus vivendi en el que la Iglesia reconociera la autoridad de Díaz, implicó no sólo la aplicación selectiva de las Leyes de Reforma, sino la tolerancia a expresiones públicas de culto. En la religiosidad mexicana, la prohibición de actos como las fiestas patronales o el mismo culto a la Virgen de Guadalupe podía causar innumerables rebeliones en los entornos rural y urbano. A pesar de las leyes de Reforma promulgadas en el siglo XIX, que habían limitado el poder y la influencia de la Iglesia, esta mantuvo su presencia y su papel en la sociedad. Sin embargo, el régimen de Porfirio Díaz buscó ejercer un mayor control sobre la Iglesia Católica. Se promovió la idea de una iglesia “domesticada”, es decir, subordinada al Estado y alineada con los intereses del gobierno. Además, se implementaron políticas para restringir la influencia eclesiástica en la educación y en la vida pública. Se fomentó la educación laica y se promovieron escuelas públicas en detrimento de las instituciones educativas religiosas. Estas políticas generaron tensiones y conflictos entre el Estado y la Iglesia.

Crisis Económica y Desigualdad Social

A pesar del crecimiento económico, la desigualdad social fue una característica prominente del Porfiriato. Mientras que un pequeño grupo de élite acumulaba riqueza y prosperidad, la mayoría de la población vivía en condiciones de pobreza y marginación. Este periodo se caracteriza por disturbios y brotes constantes de rebeldía del pueblo bajo, del indio y del campesino despojado de sus tierras quienes protestaban contra la injusticia de los terratenientes beneficiados por la dictadura porfirista. Al iniciarse el siglo XX el desarrollo económico del porfirismo perdió impulso, la tasa de crecimiento de la producción industrial disminuyó, los productos agrícolas como el maíz y el frijol aumentaron de precio, lo que redujo el consumo interno de la mayoría de la población hasta en un 57%. Para 1905 el gobierno realizó una reforma monetaria, adoptando como respaldo de la moneda mexicana el patrón oro, antes había sido la plata, fijando la paridad en dos pesos plata por dólar, lo que equivalía a una devaluación del 50%, medida que provocó inflación, deterioro de los salarios y aumento de la deuda externa. Sin embargo fue la crisis económica mundial de 1907 la que frenó el desarrollo del país. Iniciada en Nueva York, Estados Unidos, fue la primera crisis financiera del capitalismo moderno, las causas que la originaron fueron la ambición de los capitalistas, la especulación con las acciones de bancos, minas y ferrocarriles y la falta de regulación financiera, situación que provocó la reducción de los precios internacionales de las materias primas impactando las economías de los países menos desarrollados como México. La situación económica afectó a las clases altas y medias (hacendados, comerciantes, rancheros e industriales), pero principalmente a las clases bajas, que como siempre, resistieron la crisis, agravándose los problemas sociales y políticos. Hacia 1907 muchas minas y fábricas textiles cerraron y despidieron a sus trabajadores. En el campo los conflictos se generaron por el deslinde de terrenos baldíos, la colonización, la desamortización de las tierras y el sistema de peonaje. En las zonas urbanas, aumentó el desempleo, la prolongación forzada de la jornada de trabajo, los despidos injustificados, la represión de los capataces. Al igual que en los países industrializados surgió en México una lucha obrera por salarios dignos, descanso dominical, jornada de 8 horas, reglamentación del trabajo infantil y de la mujer, pago de indemnizaciones por accidentes laborales, entre otras demandas. Así ferrocarrileros, mineros, tabaqueros, panaderos, transportistas y trabajadores textiles formaron los primeros sindicatos desafiando la prohibición establecida por el gobierno.

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Fracturas en el Grupo Dominante y la Emergencia de la Oposición

En el grupo dominante se dieron importantes fracturas, la crisis económica y la falta de oportunidades políticas provocaron la ruptura entre el grupo financiero de la Ciudad de México encabezado por el ministro de Hacienda, José Ives Limantour, y el grupo de hacendados e industriales norteños que se aglutinaron en torno al general Bernardo Reyes. La oposición más sistemática y radical desde 1900, se dio a partir del surgimiento del Partido Liberal Mexicano (PLM) y sus órganos de difusión como Regeneración. El magonismo, como también se le conoce, contó con la participación de los hermanos Jesús, Enrique y Ricardo Flores Magón, Librado Rivera, Antonio Díaz Soto y Gama, y un gran número de maestros, médicos, estudiantes, periodistas, obreros y rancheros. En 1906 publicó el Programa del Partido Liberal Mexicano, cuya plataforma de reivindicaciones, constituyeron el contenido social de la lucha revolucionaria y los principios fundamentales de la Constitución de 1917.

En 1907 el presidente Díaz concedió una entrevista al periodista norteamericano James Creelman, donde manifestó su intención de retirarse del poder y afirmó que el país estaba preparado para la democracia, por lo cual vería con agrado la formación de partidos políticos para participar en las elecciones de 1910. A raíz de estas declaraciones, se crearon partidos políticos de oposición para las elecciones que se llevarían a cabo en 1910, destacando el partido Anti-reeleccionista, encabezado por Francisco I. Madero. Uno de los movimientos importantes, fue dirigido por el rico empresario y terrateniente coahuilense Francisco I. Madero, quien se convirtió en el representante de los intereses políticos de la burguesía terrateniente norteña y de la pequeña burguesía urbana. La formación del Partido Antirreleccionista con Madero a la cabeza, estableció un programa liberal democrático cuyos puntos fundamentales fueron la no reelección y el respeto al sufragio efectivo, con los cuales logró conjuntar amplios sectores de la población.

El Estallido de la Revolución y la Caída del Régimen

Las elecciones de 1910 en México detonaron la Revolución Mexicana cuando Porfirio Díaz se declaró ganador de la Presidencia. El 5 de junio de 1910, poco antes de las elecciones, se había arrestado a Francisco Madero acusado de sedición. El 21 de junio se celebraron las elecciones en medio de masivas acusaciones de fraude por parte del Partido Antirreeleccionista. El gobierno declaró que la lista electoral de Díaz y Corral había resultado reelegida, y que ninguna candidatura de oposición había recibido suficientes votos como para ser miembros del Congreso. El 6 de octubre, Madero había escapado de San Luis Potosí, donde estaba bajo fianza en espera de juicio, y desde San Antonio, Texas, anunció un programa bajo el nombre del Plan de San Luis Potosí. Acusando a Díaz de haber llevado a cabo elecciones fraudulentas, Madero asumió el cargo de presidente provisional y convocó al pueblo a la revuelta el 20 de noviembre de 1910.

El fin del Porfiriato llegó de forma abrupta. Porfirio Díaz y su gobierno estaban convencidos que tenían el completo control y creían que una revolución general era imposible. Pero para sorpresa tanto de Díaz, que había tomado posesión el día 1 de diciembre, como de Madero, el movimiento popular estalló en las montañas del oeste de Chihuahua, y bajo la dirección de Pascual Orozco y Pancho Villa, los revolucionarios pronto se hicieron con el control de gran parte del estado. El 14 de febrero de 1911, Madero cruzó la frontera y asumió el liderazgo de los revolucionarios de Chihuahua. Entre febrero y marzo las revueltas locales se empezaron a extender por todo México. Emiliano Zapata encabezó una rebelión campesina en Morelos, mientras Jesús Agustín Castro, Orestes Pereira y Calixto Contreras se levantaban en la Laguna. Se produjeron revueltas de menor envergadura por todo el país, y hacia el 21 de abril de 1911 la mayor parte del campo mexicano estaba en manos de los revolucionarios. A finales de mayo de 1911, los generales Pascual Orozco y Francisco Villa tomaron Ciudad Juárez, Chihuahua, lo que representó el triunfo de los rebeldes.

El 21 de mayo de 1911, Madero y el gobierno federal firmaron el Tratado de Ciudad Juárez, que contemplaba la dimisión de Díaz y Corral antes de finales de mayo, y el nombramiento de Francisco León de la Barra, que no había participado en la Revolución, como presidente provisional. El gobierno provisional convocaría elecciones en octubre de 1911, y mientras tanto se disolvería el ejército revolucionario. Muchos seguidores de Madero se opusieron firmemente al tratado pensando que se renunciaba a una victoria inminente; sin embargo, Madero aceptó las condiciones y en los meses siguientes colaboró con el gobierno provisional para ponerlas en práctica. Después de las elecciones de octubre de ese año, Francisco I. Madero fue elegido presidente por abrumadora mayoría, en las elecciones probablemente más limpias que el país había tenido en toda su historia. Díaz sucumbía bajo este mismo lema en 1910 durante el desenvolvimiento de la Revolución Mexicana.

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