Los trastornos del movimiento son un grupo de afecciones del sistema nervioso que afectan la capacidad de controlar el movimiento, pudiendo causar un aumento, disminución o lentitud en los mismos. Si la persona puede controlar los movimientos, estos se conocen como voluntarios; sin embargo, cuando se presentan movimientos erráticos de apreciación o involuntarios, es fundamental comprender la naturaleza de estas afecciones neurológicas.
Tipos comunes de trastornos del movimiento
Existen diversos trastornos que se manifiestan a través de patrones motores específicos:
- Corea: Causa movimientos breves, irregulares, un poco rápidos e involuntarios que suceden una y otra vez en el rostro, la boca, el tronco, los brazos y las piernas.
- Distonía: Esta afección implica contracciones musculares involuntarias y prolongadas que causan torsiones, posturas incorrectas o movimientos repetitivos.
- Ataxia: Afecta la parte del cerebro que controla los movimientos coordinados, provocando torpeza y pérdida del equilibrio.
- Enfermedad de Parkinson: Trastorno neurodegenerativo de progresión lenta que se caracteriza por temblor, rigidez muscular, lentitud en el movimiento (bradicinesia) o falta de equilibrio.
- Temblores: Movimientos rítmicos e involuntarios que causan sacudidas en una o más partes del cuerpo, siendo el temblor esencial uno de los más frecuentes.
- Tics: Movimientos muy rápidos, repetitivos y sonidos vocales, a menudo asociados con el síndrome de Tourette.
- Atetosis: Trastorno en el que se produce un flujo continuo de movimientos involuntarios lentos, fluidos y de contorsión.
- Hemibalismo: Un tipo de corea que implica movimientos espásticos involuntarios violentos de un brazo o una pierna.
Diagnóstico clínico
El diagnóstico de estos trastornos requiere un abordaje multidisciplinar. Su médico realizará un examen físico con una evaluación neurológica, analizando habilidades motoras y reflejos. Para confirmar el diagnóstico y descartar otras condiciones, se pueden emplear pruebas por imágenes avanzadas:
- Resonancia Magnética Nuclear (RMN): A veces puede encontrar problemas en el cerebro, como atrofia en ciertas partes.
- Angiografía por RM (MRA) y Ultrasonido de carótida: Útiles para evaluar los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro y descartar problemas vasculares.
- TAC intraoperatorio (O-Arm): Proporciona imágenes en tiempo real de la anatomía del paciente.
- Neuronavegación: Permite planificar con antelación la cirugía y trasladar esta planificación al quirófano.
Opciones de tratamiento y terapias avanzadas
El tratamiento dependerá de la causa subyacente de cada trastorno. En muchos casos, el objetivo es mejorar los síntomas y aliviar el dolor, ya que a menudo no hay una cura definitiva.
Tratamientos farmacológicos y conductuales
Algunos trastornos pueden responder a medicamentos, como los agentes anticolinérgicos para tratar la distonía. En el caso de movimientos estereotípicos, las técnicas conductuales y la psicoterapia suelen ofrecer mayor eficacia.
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Intervenciones quirúrgicas
Para pacientes en los que la medicación no es suficiente o produce efectos secundarios incapacitantes, existen opciones quirúrgicas de alta precisión:
- Estimulación cerebral profunda (ECP o DBS): Consiste en implantar un dispositivo eléctrico que modula dianas específicas en el cerebro para regular las zonas que no funcionan correctamente. Su gran ventaja es su reversibilidad y capacidad de ajuste.
- Ultrasonidos de alta intensidad (HIFU): Sistema destinado al tratamiento de trastornos funcionales del sistema nervioso central que no requiere cirugía intracraneal, evitando incisiones o cortes en la piel mediante disparos de ultrasonido.
- Neurocirugía Mínimamente Invasiva: Técnicas que permiten acceder al cerebro con la mínima afectación del paciente, integrando plataformas robóticas de visualización como el sistema Kinevo.
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