Descubre la Impactante Verdad Sobre la Crisis de Valores y la Amenaza de los Antivalores en Nuestra Sociedadpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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En un tiempo convulsionado, en el que los valores éticos parecen estar atravesando por una profunda crisis, la influencia de los medios de comunicación masiva sobre la formación integral de los niños y los jóvenes adquiere inocultable significación. No es exagerado afirmar que la imagen televisiva conforma, en este tiempo, en más de un sentido, una suerte de sistema educativo paralelo, que a menudo entra en colisión con el de la educación formal. En efecto, la capacidad de la televisión para transmitir nociones y conceptos de directa incidencia sobre la conducta humana está muchas veces en condiciones de competir deslealmente con la que ejercen los maestros en el aula o con la que exhiben los libros de texto.

Estamos ante una evidente crisis y vacío de valores y preocupa sobremanera la superficialidad, el vacío y la desinteriorización del ser humano que le lleva a vivir de cara al exterior, aturdido entre prisas y ruidos sin saber realmente a dónde va y quién es. Desgraciadamente lo que vemos hoy en día es una presencia poderosa de antivalores, al ponerse en primer plano el consumismo, el poder y el placer, la ambición, la codicia, la soberbia, la prepotencia, la opulencia, la vida superficial, la vanidad, el egoísmo, etc.

La Responsabilidad de los Medios de Comunicación y la Publicidad

De ahí la preocupación que algunos empresarios de televisión _no todos, lamentablemente_ han expresado en determinados foros acerca de la enorme responsabilidad que impone la conducción de un medio masivo de comunicación, en cuanto gravita de manera permanente, y en ocasiones con intensidad inusitada, en el comportamiento de sectores cada vez más extendidos de la sociedad. Si todo hombre de empresa, cualquiera sea su especialidad, lleva sobre sus hombros una fuerte carga moral por los efectos sociales de la actividad que desempeña, el empresario que tiene a su cargo un medio de comunicación asume una responsabilidad aún más delicada, ya que la razón de ser de su industria es la transmisión de ideas, conocimientos y valores.

Quien dirige o conduce un medio electrónico _televisivo o radiofónico_ tiene una primera misión que no puede desconocer: la de servir a la dignificación de los valores humanos. Esto significa postular una repertorio básico de principios e ideas: la sacralidad de la vida humana, la verdad, la solidaridad, la paz, la fraternidad, la defensa del equilibrio ambiental. Por supuesto, estas responsabilidades no siempre son ejercidas. Y en muchos casos, desafortunadamente, los conceptos que se transmiten son justamente los que se oponen diametralmente a esa visión ética del mundo. En otras palabras, lo que la televisión difunde, en más de un caso, es un repertorio de antivalores.

Extensión al Periodismo y la Publicidad

Lo que aquí se dice en términos generales del mensaje televisivo es trasladable, por supuesto, a todo el periodismo y también al campo de la publicidad. El propósito de que un aviso publicitario sea recordado o provoque un impacto en el público no justifica la utilización de cualquier recurso. Es necesario que se respeten determinados límites, que tienen que ver con la protección que merecen ciertos bienes jurídicamente tutelables, como el pudor medio de la población o los principios que definen la moral y las buenas costumbres.

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Resulta indispensable, en ese sentido, que las propias agencias de publicidad asuman una actitud de responsabilidad y autocontrol. Los propios creativos deberían saber en qué momento el arte y el ingenio son sustituidos por el desenfado y el mal gusto. En más de una oportunidad, la Cámara Argentina de Anunciantes dispuso el retiro de apoyo a programas televisivos o radiofónicos que sobrepasaban los límites razonables que imponen el respeto a la dignidad de la persona humana o a ciertos principios de convivencia, como son _por ejemplo_ los que rechazan toda forma de discriminación o menosprecio hacia determinada comunidad étnica o religiosa. En una cultura respetuosa de la libertad, el camino adecuado para garantizar esos principios es el de la autorregulación empresarial. Uno de los aspectos en los cuales deberían concentrar su mayor esfuerzo los empresarios televisivos en esa tarea de autocontrol es el que se refiere a la exaltación o propagación de la violencia, uno de los peores vicios en que suele incurrir la televisión.

Impacto de Antivalores en Contenidos y Casos Recientes

Hace años escribía en este mismo diario el ingreso vertiginoso de letras de reguetón como una verdadera incitación a considerar a las relaciones sexuales cool al verlas solo como un espacio para desnudez y depravación. Luego llegó el ingreso de las narconovelas en las que se convence a las niñas de que vendiendo sus cuerpos a grandes capos o mafiosos alcanzarían la felicidad, pues podrían comprar un cuerpo más voluminoso y gozar de placeres de la vida, todo esto sin estudiar o esforzarse.

Vergüenza debería darle a la televisión ecuatoriana por contratar o dar espacios a personas llenas de antivalores. Con todos los descubrimientos del caso Metástasis, más allá de lo que la justicia resuelva con los implicados, creo que como sociedad debemos hacernos una reflexión más profunda y preguntarnos ¿cuáles son los valores existentes en la actualidad en los hogares? En las revelaciones recientes del caso Metástasis se habla de la participación de “famosas”, que las veíamos en la televisión y redes sociales como modelos, bailarinas, reguetoneras, mostrándose como mujeres exitosas llenas de lujos, y hoy se descubre que tomaron atajos para alcanzar ese reconocimiento. Carolina Jaume y Mayra Salazar ‘sabían lo que iba a suceder’, cuenta el abogado que representa a las dos tras el testimonio en el caso Metástasis. Autorretrato de Mayra Salazar. Así narró su ascenso y caída en el mundo de la corrupción judicial y su cercanía con el crimen organizado. Todo lo que se sabe de la diligencia en la que Carolina Jaume dará su versión sobre el caso Metástasis.

Entendiendo los Valores y Antivalores

¿Qué son los valores? ¿Por qué hablar de valores? Simplemente por el hecho de recordar, como seres humanos, que es necesario repensar respecto a ello, ya que si no lo tenemos claro será imposible tener una guía para saber cómo conducirnos en el día a día y vivir armónicamente en comunidad. Los valores son cualidades que se atribuyen a un individuo o a una acción. Se relacionan con la idea de cómo deben ser las cosas para una persona o una sociedad. Implican una evaluación sobre algo y se presentan como pares de polos opuestos: un aspecto positivo (valor) y un aspecto negativo (antivalor).

Los valores establecen pautas de convivencia y tienen consecuencias positivas en una comunidad. Son necesarios para la construcción de una ciudadanía estable y organizada. Los antivalores son actitudes y creencias negativas que se oponen a los valores. Representan lo opuesto a lo que es socialmente entendido como correcto y señalan conductas que son consideradas dañinas para la sociedad. En cambio, tener una conducta basada en los antivalores significa desconocer las pautas convenidas socialmente como beneficiosas y afines al bien común para privilegiar intereses particulares. Por ejemplo: actuar con egoísmo y desestimar las necesidades de otras personas.

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Clasificación de los Antivalores

Los antivalores se pueden clasificar según los aspectos que involucran:

  • Antivalores morales. Se vinculan con las nociones del bien y el mal, con lo que una sociedad considera que resulta dañino.
  • Antivalores éticos. Se relacionan con las pautas que guían la conducta de las personas y determinan los comportamientos rechazados por la sociedad.
  • Antivalores culturales. Representan valoraciones negativas sobre la tradición y la identidad de una comunidad.
  • Antivalores personales. Se relacionan con las creencias propias de cada individuo, y dependen del entorno cultural y la educación. Una persona que se guía por antivalores tendrá actitudes negativas o negligentes hacia los demás.
  • Antivalores religiosos. Se refieren a la negación de los valores de una religión. También pueden relacionarse con el rechazo a la libertad de culto.

Ejemplos de Antivalores y Sus Consecuencias

  • Injusticia. Es la falta de respeto a las normas jurídicas o morales que no es debidamente castigada o penada. Se opone a la justicia.
  • Egoísmo. Se manifiesta en actitudes que priorizan las necesidades y preferencias individuales por sobre las del conjunto.
  • Impunidad. Es la ausencia de castigo frente a hechos que lo merecen, cuando la persona actúa como si hubiera obrado correctamente.
  • Intolerancia. Es la incomprensión frente a cualquier tipo de diferencia o de algo que se considera como negativo.
  • Irrespeto. Es la falta de respeto hacia otras personas y sus necesidades.
  • Irresponsabilidad. Es la falta de cumplimiento de las tareas asignadas o de las obligaciones en tiempo y forma.
  • Soberbia. Es la actitud de superioridad y menosprecio hacia otras personas.
  • Traición. Es la falta de lealtad; supone quebrantar un acuerdo de confianza.
  • Discriminación. Es el trato desfavorable hacia las personas que se perciben como diferentes desde distintos puntos de vista, como la edad, el género, el origen étnico o las inclinaciones políticas.
  • Deshonestidad. Es el uso de medios incorrectos o ilegales para la consecución de determinados fines, incluyendo el robo, la mentira y el engaño.
  • Enemistad. Es una actitud de enfrentamiento y revancha con los semejantes, guiada por el resentimiento.
  • Esclavitud. Es el sometimiento de una persona a los requerimientos de otra u otras, sin considerar la libertad individual ni los derechos inherentes a todo ser humano.
  • Ingratitud. Es la actitud de no reconocer o apreciar una ayuda recibida.
  • Pereza. Es la falta de perseverancia y cuidados que se produce por falta de ganas o entusiasmo.
  • Imitación. Es la acción de copiar a otros y de hacer ver lo producido como propio.
  • Improductividad. Es la falta de resultados concretos y útiles en una actividad y la incapacidad de lograr los objetivos propuestos.
  • Imprudencia. Es la actitud no atenta a las circunstancias que se viven y a la presencia de otras personas. Se relaciona con la impulsividad.
  • Impuntualidad. Es el desprecio al tiempo del otro que lleva a incumplir pautas temporales en citas, entrevistas, encuentros, jornadas laborales o actividades académicas o sociales.
  • Indiferencia. Es el desinterés por la suerte de otras personas o por cualquier cuestión.
  • Inequidad. Es la falta de equilibrio referida principalmente a las situaciones de desigualdad e injusticia social que se producen dentro de una sociedad.
  • Infidelidad. Es ignorar un pacto de fidelidad y respeto mutuo entre dos personas.
  • Inflexibilidad. Es la incapacidad para adaptarse a distintas circunstancias, para cambiar de opinión o forma de actuar cuando es necesario o para entender distintos puntos de vista.
  • Mentira. Es faltar a la verdad en cualquier situación.
  • Odio. Es la falta de amor que se expresa con una actitud negativa y violenta ante todo y ante todos, enfrentando a otros incluso sin razón aparente.
  • Avaricia. Es la falta de generosidad y el deseo excesivo de poseer riquezas o bienes.

La Urgencia de Reafirmar los Valores desde el Hogar

¿Qué pasa en la actualidad? ¿Estamos viviendo como seres humanos con valores? ¿Estamos enseñando como padres a vivir con valores a nuestros hijos? Si este peligro se mantuviera fuera de nuestros hogares, creo que la solución sería fácil al no dejar salir a nuestros hijos, pero como ya están dentro de nuestros hogares, es hora de que asumamos los errores que se tiene en la crianza de esta generación de personas y tomemos el control, aunque podamos parecer invasivos. Revisemos lo que ven, oyen y las ideas que consumen de toda esta industria perversa e inmoral que tanto daño ha hecho. Así posiblemente veamos menos talentos de pantalla e influencers acechando a nuestra juventud y mostremos a nuestras hijas que estudiar y trabajar puede dar felicidad infinita.

¡Basta! Pongamos un alto, ahí en nuestro hogar, donde nacen los principios básicos de nuestras vidas, ahí donde hemos descuidado el vínculo afectivo, ahí donde nos hemos dejado llevar por lo que el mundo te exige, ahí donde le hemos dado prioridad a este mundo consumista y nos hemos dejado llevar por ese ladrón silencioso que es el internet. Estamos a tiempo: hagámoslo HOY o de lo contrario estaremos creando demonios más inteligentes, carentes de valores.

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