Descubre la Verdadera Organización Tributaria de la Triple Alianza y Cómo Impactó la Historiapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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En las sociedades mesoamericanas, la tributación consistía en la entrega obligatoria de bienes o servicios por una entidad política dominada a una entidad política dominante. Generalmente, se lograba esta imposición de pago de bienes o servicios a través del sometimiento militar o la alianza matrimonial. De la Triple Alianza, se sabe que controlaba militar y económicamente una vasta región del territorio mexicano a través del sistema tributario.

Las fuerzas de la Triple Alianza (Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba) extrajeron enormes riquezas de los pueblos conquistados. Los pagos del tributo impusieron una creciente producción económica al pueblo subyugado, y proporcionaron un extenso ingreso material al imperio. Ese ingreso acrecentó la riqueza del imperio al sostener los magníficos palacios, elevadas formas de vida y suntuosas exhibiciones de soberanos y nobles. Los tributos intensificaron también la política imperial y el poder militar, y contribuyeron tanto material como simbólicamente a conquistas y alianzas futuras. En general, los pagos de tributo aumentaron la preeminencia y bienestar económico de las capitales de la Triple Alianza, de modo que beneficiaron tanto a plebeyos como a nobles en esas ciudades.

El Sistema Tributario de la Triple Alianza

Esto era en beneficio de su élite gobernante que se diferenciaba de la gente común por medio de la acumulación de bienes de prestigio obtenidos por medio del tributo. Sin embargo, en los palacios de los gobernantes se almacenaban, también, los productos para su repartición entre el pueblo. El sometimiento militar a la Triple Alianza implicaba, en primer lugar, una subordinación económica (más que política o religiosa). En casi todos los casos se obligaba a los pueblos sometidos a entregar de manera regular algún producto local, o el servicio en forma de mano de obra.

El tributo podía variar desde materias primas, productos comunes o alimentos básicos como maíz, frijoles, chiles, calabazas, etc., hasta bienes lujosos que requerían de especialistas artesanales para ser trabajados, o bienes regionales o exóticos que solamente se obtenían en ciertas partes del territorio. La mercancía se transportaba, o por vía marítima, o por medio de cargadores o “tamemes”. Conforme fue creciendo el poder de la Triple Alianza, todo el mecanismo de recolección, transporte y almacenamiento de tributos requirió de un grupo creciente de funcionarios, cobradores, administradores y custodios, para una mayor organización y eficacia.

Para el registro de los bienes, se contaban con inventarios en donde se registraba, de manera detallada y dividida por “provincias”, la cantidad o el peso del bien, y el lugar de origen de su producción o recolección. Algunos ejemplos de esta recaudación han sobrevivido hasta nuestros días, como el Códice Mendocino o la Matrícula de Tributos, se trata de documentos pictográficos de la época colonial temprana, pero elaboradas en la tradición de los escribanos (“tlacuilos”) indígenas.

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Para la cuantificación de los productos, se usaba el sistema vigésimal, representado por el signo de una bandera (“pantli”), el símbolo de 20. Veinte unidades de 20, o 400 piezas de algo, se simbolizaba con un trocito de pelo (“tzontli”), mientras su multiplicación por 20, es decir, 8000 unidades, era representado por una bolsita (“xiquipilli”). Esta manera de representar la mercancía tuvo cierta continuidad durante la época colonial, como atestiguan varias fuentes menos conocidas como la Nómina de tributos de los pueblos Otlazpan y Tepexic.

Distribución de los Bienes Recaudados

Una parte considerable de estos bienes se guardaba para ser distribuidos entre la población. Los alimentos básicos que se conservaban para su repartición en tiempos de hambruna o para abastecer las expediciones bélicas, ya que el tlatoani estaba moralmente obligado a alimentar al pueblo. Con el excedente económico, el tlatoani cubría los gastos públicos y los servicios administrativos. Otros productos -como plumas, escudos, armas y mantas- servían para recompensar a los más destacados en la guerra; por su parte, los banquetes en las fiestas y ceremonias se caracterizaban por un consumo ostensible como fuente de prestigio.

Finalmente, vale la pena destacar que el sistema tributario, en combinación con el comercio, favoreció a la élite en la obtención de fuerzas anímicas a través de los objetos que tenían poderes mágicos. La exclusividad de muchos productos se manifestaba de tal manera en una diferenciación corporal y una carga anímica desigual.

Impacto del Sistema Tributario

Los mexicas imponían a sus tributarios cambios en el monto y tipo de productos. En el caso de la provincia de Coayxtlahuacan, inicialmente pagaba mantas de gran tamaño, chiles y algodón, entre otros productos. El tributo entregado por la provincia de Cuetlaxtlan, que ya pagaba cacao, plumas y ámbar, se incrementó y tuvo que pagar polvo de oro, piedras preciosas, joyas, pieles de animales, un sartal de cuentas de jade, 40 ricos bezotes, 200 cargas de cacao y 400 atados de plumas verdes, entre otros objetos suntuarios.

La anexión de este territorio -bajo influencia tlaxcalteca- fue beneficiosa ya que era rica en recursos tropicales y costeros, poco disponibles en la capital mexica. Después de un ataque a un grupo de pochtecas, el emperador lanzó la guerra contra esta región. En otros casos, el mismo emperador utilizaba diferentes estrategias de conquista.

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Los bienes recaudados eran redistribuidos en los altos niveles de la Triple Alianza; la mayor parte eran destinados a cubrir los gastos del aparato administrativo y las campañas militares. Además, parte del tributo era destinado a las casas reales de las tres capitales de la alianza: Tlacopan, Texcoco y Tenochtitlan.

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