El día en el que Oscar Wilde salió de la cárcel hace 125 años no había multitudes esperándolo, a pesar de que hasta apenas dos años antes era la persona más famosa de Londres. No sólo era un célebre poeta, dramaturgo y novelista, sino que en la primavera de 1895 había sido protagonista de un espectáculo de tres actos que cautivó a Reino Unido y gran parte del mundo literario. El escenario había sido el Old Bailey, el tribunal central de Inglaterra y Gales, donde apareció primero como acusador y luego dos veces como acusado, hasta que lo condenaron a dos años de trabajos forzados por ser homosexual.
Era la máxima sentencia para el delito de "flagrante indecencia", pero para el juez, un castigo "totalmente inadecuado" dada la gravedad de su "crimen". El crimen, por supuesto, fue haberlo condenado, como confirmó el gobierno de Reino Unido 120 años después, cuando lo indultó póstumamente, con la 'Ley Turing' de 2017. El daño a la reputación de Wilde fue irreparable, al menos durante su vida. Pero el hombre que había escrito la filosófica novela "El retrato de Dorian Gray", además de entretenidas y agudas obras teatrales, no iba a ser olvidado fácilmente.
El conflicto que cambió su destino
Todo había empezado de forma bien distinta, con el escritor de El retrato de Dorian Gray en el papel de acusación y no en el de acusado. En 1891, Wilde se embarcó en una relación tormentosa con Lord Alfred 'Bosie' Douglas. Ante la sospecha de una relación entre su hijo y el dramaturgo, el padre de Bosie, el marqués de Queensberry, comenzó a acosar a Wilde en un intento por romper la relación. En febrero de 1895, Queensberry dejó una tarjeta de visita en el Albemarle Club de Londres con el mensaje: "Para Oscar Wilde haciéndose pasar por somdomita".
Considerándolo como una acusación pública, y en contra del consejo de muchos de sus amigos, Wilde demandó a Queensberry por difamación criminal. Queensberry, conocido por su actitud beligerante, reunió abundante evidencia de que Wilde había solicitado prostitutos masculinos y obligó a los testigos a testificar contra el escritor. En un revés humillante, el marqués fue absuelto e inmediatamente se preparó para presentar cargos contra Wilde por "indecencia grave" y sodomía, cargos que criminalizaban a los homosexuales.
Cronología del proceso judicial
| Fecha | Evento |
|---|---|
| Marzo 1895 | Wilde demanda a Queensberry por difamación. |
| 5 de abril 1895 | El jurado falla a favor del marqués de Queensberry. |
| 6 de abril 1895 | Wilde es detenido e imputado por "indecencia grave". |
| Mayo 1895 | Wilde es condenado a dos años de trabajos forzados. |
Vida y obra tras los muros de la prisión
En ese entonces, el sistema penitenciario británico estaba diseñado para someter a los presos a un duro trabajo físico y una meditación silenciosa sobre sus delitos. La vida de Wilde en la cárcel fue ardua y sombría: pasaba 23 horas al día en su celda, sin apenas contacto con otros presos, y debía trabajar en una cinta rodante. Perdió varios kilos en pocos meses y su salud empeoró visiblemente.
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Sin embargo, fue en la celda C.3-3 de Reading donde Wilde escribió De profundis, una larga y conmovedora epístola dirigida a Bosie. Wilde utiliza las 55.000 palabras de la carta para seguir el rastro de sí mismo a través del amor, la traición, el sufrimiento, el perdón y la soledad. Puede que nunca haya escrito bajo los efectos de un dolor tan intenso y desgarrador. Y quizá por eso De profundis y la Balada de la cárcel de Reading fueron su último legado.
El triste final de un ícono
Tras su liberación, Wilde quedó irrevocablemente afectado por su encarcelamiento; su salud era débil y estaba arruinado. Dejó Reino Unido y asumió el nombre de Sebastian Melmoth. Wilde no podía dejar atrás la dura estancia en la prisión ni el ostracismo social al que fue sometido a su salida. La experiencia le había dejado "sin ganas de reírse de la vida".
Murió en el destartalado Hotel D'Alsace de París en compañía de algunos amigos y un sacerdote católico a los 46 años el 30 de noviembre de 1900 después de sufrir meningitis. Como Oscar Wilde, muchas otras personas fueron perseguidas por su orientación sexual hasta que la ley que lo condenó fue derogada en 1956. El malogrado escritor lo vio claro poco antes de morir: "No tengo duda de que ganaremos. Pero el camino será largo y lleno de monstruosos martirios".
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