Descubre la Fascinante Historia del Paseo de la Hacienda de Echegaray que Todos Quieren Conocerpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El Paseo de la Hacienda de Echegaray es un lugar con una historia rica y multifacética, que abarca desde la época prehispánica hasta eventos contemporáneos. A continuación, exploraremos algunos de los momentos clave y las figuras que han dado forma a este emblemático lugar.

Orígenes y Desarrollo en Villa Álvaro Obregón

Durante la época prehispánica, Villa Álvaro Obregón formaba parte del asentamiento de Tenanitla. Tras la conquista, pasó a ser parte de la administración de Coyoacán. La primera orden religiosa que llegó a la zona fue la de los dominicos, quienes construyeron un templo dedicado a San Jacinto. A mediados del siglo XVI, un grupo de frailes carmelitas se establecieron en el pueblo de Chimalistac, ahí construyeron el Convento de El Carmen; además, en la zona se establecieron varios ranchos y haciendas.

En 1932, bajo decreto del presidente Pascual Ortiz Rubio, se adjudicó a esta área ubicada al poniente del entonces denominado Distrito Federal, hoy Ciudad de México, el nombre de Álvaro Obregón. Villa Álvaro Obregón conserva gran parte del antiguo trazo del siglo XVI. El desarrollo arquitectónico de la zona a partir del siglo XVIII, si bien ha registrado la influencia de varios estilos, se ha caracterizado por la creación de varios tipos de edificios civiles y religiosos que se han adaptado al modo de vida de los habitantes.

Por otra parte, el uso de materiales locales, así como la participación, en las obras, de operarios con una tradición cultural que se remonta a la época prehispánica, dio como resultado la arquitectura singular de esta zona. Durante los siglos XVIII y XIX, se construyeron edificios que son notables expresiones de las arquitecturas neoclásica, romántica y ecléctica. Por la expresión original en sus monumentos arquitectónicos y espacios urbanos, así como por la fusión de elementos indígenas y europeos, Villa Álvaro Obregón fue declarada Zona de Monumentos Históricos en 1986.

La Zona de Monumentos Históricos comprende un área de 1.7 km2 en dos perímetros: A y B, conformados por 130 manzanas que comprenden edificios de interés histórico y arquitectónico. Entre estos edificios destacan: los antiguos templos y conventos de El Carmen y el de San Jacinto, el Templo de Guadalupe y la Capilla de San Sebastián Mártir en Chimalistac.

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La Familia Echeguren en Mazatlán

Cruzando el charco desde San Sebastián, España, llegó a Mazatlán Antonio Echeguren en 1840 y al abrigo del contrabando inició una fortuna que fue diversificando hasta convertirse en el más acaudalado hombre de negocios del Mazatlán decimonónico. Sus hijos, Francisco y Pedro Echeguren y de la Quintana, incrementaron la enorme riqueza convirtiéndose en la familia más adinerada de Sinaloa. Su fuerza económica les dio poder político, los alcaldes de su época recibían el voto de confianza de los Echeguren, gobernadores les pedían su beneplácito y para defenderse de las políticas adversas crearon la primer Cámara de Comercio de esta marisma.

El negocio más próspero de los Echeguren fueron las minas de Guadalupe de los Reyes, en Cosalá, que los cubrió literalmente de oro. Con ese tesoro diversificaron sus negocios, fueron dueños y accionistas de las empresas más pujantes del Siglo 19 mazatleco: La Mercería Nueva, La Fundición de Sinaloa, La Fabrica de Hilados y Tejidos Unión, La Empresa Abastecedora de Agua, El Banco Occidental, La Casa Echeguren, tuvieron acciones en la Fabrica de Cerveza Pacífico y fueron los gestores y constructores del Mercado Romero Rubio hoy conocido como Pino Suárez, entre otras empresas que daban trabajo a 17 mil personas.

Plácida Herrerías de Echeguren y la Sociedad Mazatleca

Una de las mujeres Echeguren rigió la vida social de la elite marismeña de los años 70 del siglo 19, se llamó Plácida Herrerías , esposa de Francisco Echeguren y de la Quintana. Desde una construcción sencilla que dominaba el paseo de Olas Altas subiendo hacia el Paseo del Centenario condujo la vida social de ese Mazatlán que se soñaba aristocrático . Plácida, al igual que la señora Astor en el Nueva York de finales del Siglo 19, decidía quién entraba al círculo de los escogidos y en su casa del Cerro del Vigía reunió a los que ella consideraba deberían estar, una rigurosa lista de requerimientos, seguramente racistas y elitistas, definían la inclusión en el pergamino, una invitación a una de sus tertulias era un inequívoco certificado de pertenencia. La residencia en la que Plácida Herrerías de Echeguren dictaba la norma social mazatleca fue quemado en 1903 después de la peste que azotó al puerto.

Concepción Moreno y la Aristocracia Europea

Otros miembros de la familia Echeguren lograron con su riqueza introducirse en la verdadera aristocracia europea. Fueron hijas de Concepción Moreno, la lavandera de la Casona Echeguren, nacida en El Rosario Sinaloa, quien contrajo matrimonio con Pedro Echeguren en 1872 gracias a la intervención del párroco Miguel Lacarra, convirtiéndose en una de las principales benefactoras de la construcción de de la Catedral de Mazatlán. Concepción Moreno heredó la fortuna de Pedro cuando murió en 1876, se traslado a París y en la Ciudad Luz casó a tres de sus hijas con el Vizconde de Cholet, el barón de Dampierre y con el Conde de Mayel de Lupé . Nunca más volvieron a Mazatlán y mucho menos a El Rosario.

La Quinta Echeguren

Érase una vez un príncipe -magnate llamado Pedro Echeguren y Herrerías, enamorado de una hermosa princesa-burguesa española oriunda de la tierra de su padre, San Sebastían, en el País Vasco, España. Le construyó un palacio colgado de un acantilado bañado por la brisa del Océano Pacífico y rodeada de una marisma. Las indicaciones al constructor del Palacio fueron que lo hiciera igual a de la familia de su amada para que no extrañara su terruño. Mármoles, maderas preciosas y vidrios florentinos adornaron el palacio amueblado con lo mejor del viejo mundo. La bella mujer murió en el barco durante el viaje de bodas sin haber visto la hermosa ofrenda de amor, dejando a un desconsolado amante que nunca ocupó el palacete. Quedó un terreno baldío en las faldas del Cerro del Vigia.

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Pedro Eheguren y Herrerías, hijo de Francisco y Plácida, decidió construir en el privilegiado terreno que da entrada al Paseo del Centenario un Chalet estilo inglés que le serviría de refugio en las cortas temporadas que pasaba en Mazatlán. La construcción de lo que sería la Quinta Echeguren inició en 1904 y un año después fue terminado. Don Pedro ocupó en muy pocas ocasiones la gran casa porque murió en 1907. El palacete, a lo largo de su existencia, estuvo a cargo de la familia Echeguren que colocó a una familia para que la cuidara y en 1938 fue rentada a la familia Corvera Gibson, dueños de la Fábrica de Hilados y Tejidos La Unión, que se encontraba en Villa Unión.

Los planos del edificio se encargaron a San Sebastián, España, al arquitecto Elizalde. La Quinta medía 27 metros de largo por 20 de ancho, estaba adornada por una torre que daba al mar, la altura total del edificio era de 25 metros, contaba con un área para albergar a la servidumbre y los servicios de cocina y lavandería que medía 16 metros de largo por 10 de ancho y estaba ubicada en la parte trasera de la casa, contaba con un sótano para almacenar vinos. Era una casa de sueño encaramada en una pendiente que subía por el Paseo del Centenario, la entrada principal estaba en la parte más baja del terreno, de tal manera que un cancel se abría para dar paso a un camino de piedra que serpenteaba subiendo y rodeando un espejo de agua ovalado de gran tamaño en donde nadaban cisnes blancos y patos, el ovalado estanque estaba frente a la terraza que daba entrada a la casa, una pequeña terraza más arriba servía de estaciomiento a los carruajes o autos frente a la monumental construcción.

Tres escalones de cantera permitían el acceso a una enorme terraza techada que rodeaba la fachada principal del edifico, estaba pavimentada con mármol blanco y negro simulando un tablero de ajedrez igual al que pavimenta el piso interior de la catedral porteña, este espacio estaba rodeado de una elegante balaustrada. En la esquina interior de la terraza se encontraba la puerta principal que daba a una sala de considerables dimensiones en donde se imponía la curva escalera de cuatro metros de ancho tallada en madera, el piso era de mosaico veneciano blanco con pequeños dibujos. El más espectacular de los salones se encontraba a la izquierda de la entrada principal, el salón para fumar estaba adornado con un piano de cola completa, el detalle más sobresaliente era el piso que copiaba la forma de los colores de la cola de un pavorreal. Del otro lado de la gran sala, pasando la escalera se encontraba el comedor ocupado por una mesa para doce personas con ventanales que daban al mar.

En el segundo piso estaban cinco dormitorios. La gran terraza de abajo tenía su contraparte en el piso superior pero no tenía techo, también estaba pavimentada como un tablero de ajedrez de mármol blanco y negro. Los techos de la segunda planta eran de dos aguas construidos totalmete en madera y recubieros de pizarra gris azulado que formaban dos grandes volúmenes. El elemento arquitectónico que daba señorio a la casa era un torre que se elevaba cinco metros desde la azotea del segundo piso de la esquina de la casa que daba al mar. Era un mirador al que se accedía desde la sala del primer piso por una estrecha escalera de caracol. En la parte superior estaba un mirador circular sin techo. Lo más bello de esta torre es que estaba cubierta de pizarra gris azulado, en ella se encontraba el parrayos que recibió la centella que terminó quemando la construcción durante una tormenta en 1944.

Los jardínes eran espléndidos sobre todo por la vista del océano, estaban diseñados partiendo de cuatro grandes terrazas pobladas de palmera y pinos tropicales, veredas que favorecían el disfrute del paisaje marino, un par de pavoreales se pavoneaban durante el día entre escalinatas, espejos de agua y terrazas creando un pequeño paraíso. En 1938 los Corvera Gibson rentaron la quinta, por fin una familia habitó la casa. Bernardo Corvera era dueño de la Fábrica de Hilados y Tejidos La Unión que se encontraba en Villa Unión. Ana María Alatorre de De Rueda asistió a una cena en esa casa cuando vivián los Corvera en ella, narró la agradable experiencia que vivió cuando la visitó, contó que la familia contaba con varias vajillas de porcelana europea y un impresionante juego de cubiertos de plata que hacia que su mesa luciera espléndida.

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Después de que cayó la centella el 12 de septiembre de 1944, el incendio dejó inhabitable la torre y las habitaciones de la planta alta, los techos de pizarra y madera se vinieron abajo, sólo quedaron en servicio el comedor, las terrazas y el área de servicios que el tiempo fue desmoronando hasta quedar solamente en una bella leyenda y un terreno baldío que es ocupado durante el combate naval por los vecinos del Paseo del Centenario.

Rescate de Animales en la Hacienda de Echegaray (Naucalpan)

En un cateo realizado a una residencia del Estado de México en la Hacienda de Echegaray, donde presuntamente operaban santeros, personal de la Fiscalía mexiquense y de la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México (PROPAEM), así como con autoridades de Naucalpan, rescataron vivos un total de 23 animales en condiciones de hacinamiento. En la residencia ubicada en Paseo de Echegaray Sur, donde vecinos reportaron el sacrificio de animales, se rescataron 5 caprinos; 2 cuyos, 3 gallinas, 2 cabras, 6 pollos, 4 codornices y una gallina de Guinea, informaron autoridades de PROPAEM.

Dentro de la casa cateada “se encontró a la fauna en estado de hacinamiento, sin contar con alimento, agua y resguardo adecuado para su bienestar. Además, fueron encontrados restos de diversas especies animales, las cuales fueron privadas de la vida en actos rituales”, describió personal de PROPAEM. Por ello “los seres sintientes fueron asegurados y retirados del lugar para su atención veterinaria y rehabilitación. La FGJEM inició la investigación correspondiente por el delito de maltrato animal y realizó el aseguramiento del recinto”. Fiscalía del Edomex inició la investigación correspondiente por el delito de maltrato animal.

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