Descubre los Postulados Básicos del Pensamiento de Nicolás Maquiavelo que Cambiaron la Política para Siemprepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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En el estudio de la Historia del pensamiento político, la figura de Nicolás Maquiavelo emerge como un punto de inflexión. Pensar en Maquiavelo es pensar en Ciencia Política, en el “padre de la Ciencia Política”. Su obra, que ha dividido la historia del análisis político en un avant et après Machiavel, se diferencia fundamentalmente por la cientificidad de la segunda etapa, bautizada como sociología política o ciencia política empírica.

Esta división es casi universalmente aceptada, aunque las justificaciones suelen diferenciarse dependiendo del autor. En esta primera entrega de Historia del pensamiento político, se aborda el pensamiento de Nicolás Maquiavelo. El profesor titular Ciencia Política y de la Administración de la UAM, Ángel Rivero y el coordinador de la Fundación FAES, Vicente de la Quintana, dialogan sobre la vigencia de las ideas maquiavélicas en el contexto político contemporáneo. Se analizan obras clave como El Príncipe y Los discursos sobre la primera década de Tito Livio, diferenciando entre gobierno personal (autocrático) y gobierno colectivo (republicano).

Según algunos, el principal mérito de Maquiavelo radica en haber dejado de lado los criterios morales (característicos del pensamiento clásico) que buscaban el "buen gobierno", para examinar con un perfil amoral la política del "gobierno eficaz". Para otros, lo más trascendental de su obra fue haber innovado la utilización del método comparativo histórico, de uso evidente y hasta abusivo en toda su producción literaria, y principal prueba de la objetividad de su análisis.

Es aquí, en el pensamiento de Maquiavelo, donde surge y es contestado por primera vez este enigma, dando nacimiento a la ciencia política y a casi cinco siglos de polémicas que se derivan de su particular concepción de lo político. Se destaca la importancia de conceptos como la virtù y la fortuna, así como el debate sobre si Maquiavelo era un cínico técnico del poder o un defensor de formas republicanas.

La Esencia de la Política: Poder, Conservación y Realismo

La importancia fundamental del pensamiento de Maquiavelo es respecto a la idea de pensar en el mantenimiento del poder, ergo, en el cuidado y la conservación del poder político, de las propias estructuras que permitan mantener el orden y el control del Estado, del principado, en fin, de lo mejor para ese espacio geográfico administrado políticamente. En tal sentido, la mera teorización respecto a los elementos del poder, de la conservación virtuosa per sé de tales elementos, retumba como idea primigenia y nos conduce, en última instancia, al punto central de todo su ideario.

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Lo importante no es el deber ser, lo importante es el ser; lo fundamental, solamente, es el cómo acontece determinado suceso de carácter político y cuál es la mejor manera de desarrollarlo y de sacar provecho. Ya no hay caracterizaciones sobre lo que queremos, sino sobre cómo hacemos para el manejo del poder. En efecto, asevera Sabine (1994), “la finalidad de la política es conservar y aumentar el poder político, y el patrón para juzgarla es su éxito en la consecución de ese propósito” e, insiste, “que una política sea cruel o desleal o injusta es para Maquiavelo cosa indiferente, aunque se da perfecta cuenta de que tales cualidades pueden influir en su éxito”.

Resulta evidente en El Príncipe que no interesa directamente al autor el bien común ni cuál sea la organización del Estado (república o principado de cualquier tipo), mientras se encuentre bien ejercido el poder. Podemos decir incluso que su análisis no se remite al ejercicio del poder, sino también a los factores que influyen en su adquisición y conservación, y ha de ser por eso que dedica sus consejos a un "príncipe nuevo" que tendrá que defender constantemente su poder frente a sus súbditos y a las potencias vecinas.

La tendencia de Maquiavelo es evidentemente "abstraer la política de toda consideración y escribir acerca de ella como si fuera un fin", haciendo del poder ese fin que justifica cualquier medio necesario. Maquiavelo distingue con claridad remarcable su objeto de estudio: "Describe con suficiente claridad el campo de la política [...] entiende que la política es, en primer lugar, el estudio de las luchas por el poder entre los hombres".

Definiendo lo Político: Gobernante-Gobernado y Amigo-Enemigo

Para comprender el concepto de lo político en el autor de El Príncipe, será necesario acotar la noción de poder al ámbito del poder claramente estudiado por él (el poder político). En este sentido, nos será útil partir de la definición dada por Carl Schmitt, según la cual existe una característica política específica: la distinción entre amigo y enemigo. Maquiavelo reconoce implícitamente la importancia de esta distinción para la política. En reiterados pasajes de El Príncipe trata sobre cómo mantener y utilizar a los amigos (especialmente el pueblo y el ejército), de cómo tratar a los enemigos (tanto internos como externos), y deja en claro que el príncipe debe, en lo posible, evitar declararse neutral para ser un amigo o un enemigo franco, lo que se traduciría, según este pensamiento, en tener una política clara.

Aplicando a estas disciplinas (ya separadas) una relación de poder, se conforma un cuadro de subordinaciones interdependientes en la vida real, pero separables conceptualmente: lo político se definirá por la relación gobernante-gobernado. Es recién entonces cuando vemos claramente qué entiende el florentino por política. Cada disciplina tendrá una relación de poder propia, diferenciándose entre sí, por los actores que en ella influyen.

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La subordinación religiosa tiene sobrados ejemplos históricos en las relaciones sociales. Lo mismo sucede con la economía, en especial desde la concepción del marxismo, que divide a la sociedad fundamentalmente en burgueses y proletarios. Sin embargo, es posible apreciar que los poderes económico y religioso no constituyen algo esencial en sus respectivas disciplinas, mientras que a la política le es indispensable la existencia de una relación de poder (si no hubiera una subordinación del gobernado desaparecería la distinción entre gobernado y gobernante).

Maquiavelo encuentra en esta relación aquello que constituye lo puramente político, y el objeto de su análisis. Entenderá la historia a través de este prisma y distinguirá diferentes tipos de gobernantes y diferentes tipos de gobernados. Una vez distinguidos, analizará cómo ha de darse la relación de poder y cómo deberá actuar el gobernante en cada situación. No importará tanto la relación con el extranjero (gobernante-gobernante) cuanto el orden interno, pues en el caso de ser atacado, no hay mejor defensa que la unidad de los súbditos bajo su príncipe, y en el caso de invadir "por fortísimo ejército que tenga un príncipe, necesita de la buena voluntad de los habitantes para ocupar un territorio".

Consejos para la Conservación del Poder

Las consideraciones y recomendaciones que Maquiavelo dirige al príncipe son fundamentales para la conservación del poder. Él aclara lo siguiente: que, si bien las acciones del gobernante no carecen de toda restricción, es decir, que, dependiendo de la situación, el soberano puede acceder a métodos más o menos diplomáticos. La política supone la canonización del realismo político, la fijación definitiva de una frontera entre lo posible y lo imposible en el ámbito de la acción, y la inserción de la política en el más acá de lo humano.

El peso de la argumentación descansa sobre aquello que Maquiavelo denomina el “buen uso de la crueldad”, en tanto esta se constituye, emerge, se desarrolla como un elemento de máxima utilidad para los súbditos, para su control y, en última instancia, para conservar el poder. El florentino hace hincapié en lo siguiente: el uso de la crueldad debe ser utilizada en un gobierno, resultante de la conquista de otro por la fuerza, en un tiempo muy temprano, porque este nuevo territorio dominado traerá consigo inevitablemente sublevaciones y levantamientos al nuevo gobierno; una forma de resistencia a las imposiciones manifiestas.

Explica que el príncipe debe ser amado y temido a la vez, ya que si te temen van a ser hombres volubles, sumisos y cobardes ante tu presencia; pero si les haces el bien ellos te darán sus bienes, su vida, hasta les confiarán sus hijos; hasta que sienten la necesidad y se le rebelan, dejando al príncipe en la ruina por no tomar la precaución debida. Más que ser temido, debe ser respetado; o como afirma Várnagy (2000), “entendemos asimismo que es mejor para el Príncipe ser estimado que temido”.

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Las recomendaciones clave para el príncipe incluyen:

  • Saber afianzar el principado.
  • Hacerse temer y amar por el pueblo.
  • Vencer con la fuerza o el engaño.
  • Eliminar la milicia desleal y aniquilar a quien se le pueda oponer.

Maquiavelo aclara: Debéis, pues, saber que hay dos formas de combatir: una con las leyes, otra con la fuerza. La primera es propia del hombre, la segunda de las bestias. Pero como muchas veces no basta la primera, conviene recurrir a la segunda. Por tanto, a un príncipe le es necesario saber utilizar correctamente a la bestia y al hombre.

La `Virtù` del Príncipe Frente a la `Fortuna`

Por poco familiarizado que se esté con el pensamiento político maquiaveliano siempre se habrá oído hablar del concepto de virtù. Es la clave de bóveda para la conservación del Estado; ningún príncipe, y menos aún el príncipe nuevo, y menos aún el príncipe nuevo que gobierna un principado también nuevo, llegaría al final de la jornada estando en el poder si no la posee. Dicha virtù es cualquier cosa menos una cualidad moral. En realidad, se trata de un conjunto de propiedades que operan tanto en el mundo del conocimiento como en el de la acción, reunidas en la práctica política, y que se traducen en medidas tan disímiles que la definición que se hace de ella acaba siendo casi siempre reductiva, por lo que quizá el procedimiento metodológicamente más sabio al respecto resulte intentar definirla por los resultados que produce en vez de por su naturaleza.

En aras de la brevedad, compendiémoslos todos en la conservación del Estado (y del príncipe virtuoso en el cargo). La virtù del príncipe nuevo que accede a un Estado nuevo se manifestó antes de llegar a él: primero, en la creación de un ejército propio; después, reconociendo la ocasión de iniciar la batalla; y más tarde, pero todavía, o casi, con los ecos de esa batalla resonando en la victoria, saludando a los que dentro de la nueva ciudad había logrado captar para su partido, eliminando físicamente los restos de poder antiguo e intentando congraciarse con los señores de la ciudad y atraerse al pueblo a su causa.

La principal manifestación de su capacidad, la más esforzada demostración de su poder, es, en este punto, convencer a los partidarios del antiguo régimen de la bondad del nuevo, de su propia persona, porque no sólo implica forzarles a un cambio en sus intereses, sino algo infinitamente más difícil: forzar sus convicciones. Lo importante, solamente, es el cómo acontece determinado suceso de carácter político y cuál es la mejor manera de desarrollarlo y de sacar provecho. Maquiavelo escribe: “así, cuando la fortuna se vuelva contra él, estará preparado para resistirlo”.

Cómo el Príncipe Adquiere y Conserva el Poder

Maquiavelo presenta cuatro maneras de adquirir el poder, a las cuales podrán corresponder diferentes maneras de conservarlo o perderlo.

Manera de Adquirir el Poder Descripción
Por virtus Es decir, por energía, resolución, talento, valor indómito y, si se quiere, feroz.
Por fortuna Cuando las circunstancias o la suerte favorecen la llegada al poder.
Por perfidia Adquisiciones logradas mediante la traición o engaño.
Por el favor o consentimiento de sus ciudadanos Cuando el pueblo o una facción interna apoya su ascenso.

Las Milicias y el Arte de la Guerra

No obstante, como sabemos, la implicancia del mantenimiento del orden social requiere, inevitablemente, de la precaución ante las invasiones extranjeras y, el método para lograr ello, reside en comprender la importancia de las milicias, de los ejércitos nacionales. Maquiavelo recurre a las formas en que un Estado puede atacar a otros territorios o defenderse. Los dos fundamentos más esenciales para cualquier Estado, ya sean antiguos o nuevos, son leyes sólidas y fuerzas militares fuertes. Un príncipe autosuficiente es aquel que puede enfrentarse a cualquier enemigo en el campo de batalla. Debería estar armado con sus propios brazos.

Sin embargo, un príncipe que se basa únicamente en fortificaciones o en la ayuda de otros y se pone a la defensiva no es autosuficiente. Si no puede formar un ejército formidable, pero debe confiar en la defensa, debe fortificar su ciudad. Es improbable que una ciudad bien fortificada sea atacada, y si lo está, la mayoría de los ejércitos no pueden soportar un asedio prolongado. Durante un asedio, un príncipe virtuoso mantendrá alta la moral de sus súbditos mientras elimina a todos disidentes. Por lo tanto, siempre que la ciudad esté adecuadamente defendida y tenga suficientes suministros, un príncipe sabio puede resistir cualquier asedio.

Maquiavelo se opone firmemente al uso de mercenarios, y en esto fue innovador, y también tuvo experiencia personal en Florencia. Él cree que son inútiles para un gobernante porque son indisciplinados, cobardes y sin ninguna lealtad, y están motivados solo por el dinero. Maquiavelo atribuye la debilidad de las ciudades-Estado italianas a su dependencia de los ejércitos mercenarios. Maquiavelo también advierte contra el uso de fuerzas auxiliares, tropas prestadas de un aliado, porque si ganan, el empleador está a su favor y si pierde, se arruina. Las fuerzas auxiliares son más peligrosas que las fuerzas mercenarias porque están unidas y controladas por líderes capaces que pueden volverse en contra del empleador.

La principal preocupación para un príncipe debe ser la guerra, o su preparación, no los libros. A través de la guerra, un príncipe hereditario mantiene su poder o un ciudadano privado asciende al poder. Maquiavelo aconseja que un príncipe debe cazar frecuentemente para mantener su cuerpo en forma y aprender el paisaje que rodea su reino. A través de esto, él puede aprender mejor cómo proteger su territorio y avanzar sobre otros. Para su fortaleza intelectual, se le aconseja que estudie a grandes militares para que pueda imitar sus éxitos y evitar sus errores. Un príncipe que es diligente en tiempos de paz estará listo en tiempos de adversidad. Maquiavelo dice que el príncipe debe optar por una milicia que esté conformada a base del reclutamiento ciudadano, entrenada por él. Por eso dice que debe leer y estudiar a grandes militares para usar en su milicia lo que ellos hicieron bien en el arte de la guerra y evitar que realicen los que estos hicieron mal; para la seguridad del Rey debe tener un ejército propio.

Consecuencias Antropológicas: La Naturaleza Humana en la Política

La concepción de la sociedad política como resultado de la relación entre los gobernantes y los gobernados ha llevado a Maquiavelo a consideraciones antropológicas bastante cuestionables. Sin dudas, lo anterior se debe a que su estudio del hombre se realiza en un campo específicamente político. Así como Adam Smith analiza al "hombre económico" (cuya característica distintiva será el egoísmo), el florentino basará su estudio en el "hombre político", es decir, el hombre en relación con la lucha por el poder.

La visión de este tipo de hombre se verá además influida por diferentes factores (entre ellos, su concepción de la política y la necesidad de justificar ideológicamente el absolutismo monárquico), que lo llevarán a distinguir lo que podríamos llamar dos subtipos antropológicos: los príncipes y los súbditos. Ante todo, en toda su obra está implícita una diferencia netamente acusada entre dos tipos de hombre político. Podríamos llamar a una de ellas el "tipo gobernante" y a la otra el "tipo gobernado".

Dentro del primer grupo estarían incluidos no solo aquellos que en todo momento ocupan los puestos importantes en la sociedad, sino también los que aspiran a alcanzar esas posiciones [...] el segundo esta compuesto por aquellos que no gobiernan ni son capaces de gobernar. Su punto de partida es la manifiesta constancia de la bondad y maldad connaturales al hombre, así como de su condición social.

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