Al finalizar el siglo XX, los mercados nacionales se fueron transformando en mercados cada vez más globales. La globalización ha favorecido una creciente integración económica internacional, que ha supuesto la ampliación e interconexión de los mercados reales y financieros. Junto con el auge del comercio internacional y de los mercados financieros, la desregulación de los mercados, el uso intensivo de la tecnología y la flexibilización de los modos de producción (Gadea Soler, 2006), se siguen gestando tanto la reorganización técnica y espacial de la producción como la búsqueda de ventajas competitivas sostenibles.
Los cambios más importantes pueden resumirse en el uso intensivo de la tecnología, la desregulación de los mercados y la flexibilización de los modos de producción (Gadea Soler, 2006), abordados desde dos posiciones extremas: el escepticismo y el radicalismo. Esta última corriente destaca como principales características el desarrollo del mercado global, el incremento del volumen de las transacciones económicas y la culminación de la era del Estado-Nación (Giddens, 2007), cuyas implicaciones económicas muestran los efectos de la globalización.
De hecho, algunos estudios han evidenciado la existencia de un nuevo entorno organizacional con una ingente cantidad de factores ambientales desfavorables, como la intensidad competitiva, la caída de los precios, las guerras de precios, la eliminación de subsidios gubernamentales y la desgravación fiscal conducente a altas tasas de fracaso de las empresas, como condiciones adversas que precipitan el cierre de firmas menos adaptativas (Amankwah-Amoah, 2016).
Los casos del fraude contable de Parmalat, a través de un entramado empresarial internacional complejo, para operaciones fraudulentas y de desvío de fondos por más de una década (Arroyo, Artucha y Arroyo, 2016); y los de Enron . Arthur Andersen, con engaño y ocultación de información relevante para el público y la Administración (Mattessich, 2004), pusieron en relieve el rol fundamental que tienen la contabilidad y la ética contable como marcadores para alertar la eminente ocurrencia de crisis de gran envergadura en el actual mundo globalizado.
Así, aunque las normas de auditoría especifican que a través de sus informes la responsabilidad de los auditores consiste en evaluar la incertidumbre de la empresa en funcionamiento (Pedrosa Rodríguez y López-Corrales, 2018), algunos usuarios no están satisfechos con la capacidad de estos profesionales para advertirles sobre fallas inminentes.
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De esta manera, en la medida en que los procesos sociales y económicos se han venido transformando a nivel global, también la contabilidad ha venido haciendo lo propio para poder adecuarse a las nuevas necesidades y a circunstancias del entorno global. Obviamente los números siguen siendo necesarios, pero hoy son producidos de forma diferente, en un entorno en el que la globalización de las tecnologías de auditoría y la difusión de prácticas de integrales auditoría son parte de una nueva relación (Mennicken, 2010).
Otro rasgo relevante es que con la globalización aumenta la necesidad de contar con un lenguaje contable común, que facilite la gestión de los negocios a nivel internacional. Por lo que los estados financieros homogéneos permitirían mayor transparencia y comparabilidad de la información financiera, mejorando la confianza de los inversionistas, con la consiguiente reducción de los costos de capital y promoviendo nuevas oportunidades de inversión.
Junto con las Normas Internacionales de Contabilidad, las NIIF emergieron como un conjunto de estándares de contabilidad aceptados globalmente y de alta calidad, cuya finalidad es elaborar reportes financieros útiles para la toma de decisiones en los mercados globales.
Globalización Financiera y Contabilidad
El término “globalización” apareció a comienzos de la década de 1990 en el Reino Unido en la literatura relacionada con política social para describir las tendencias en el desarrollo económico, político, social y cultural, explicando algunas concepciones acerca de cómo era entonces el mundo y de cómo debía desarrollarse (Wilding, 2004; Giddens, 2007; Lang, 2006; Sassen, 2007; Blommaert, 2010; Ferrer, 2013). Inicialmente se entendía la globalización en términos de un “síndrome” de procesos políticos y materiales, incluyendo también las transformaciones históricas en el tiempo y en el espacio, así como las relaciones sociales inherentes.
Es también una forma de pensar el mundo, cuyas ideas se centran en intensificar la integración de los mercados, que desde la perspectiva neoliberal se enmarcan en los procesos de desregulación, liberalización y privatización (Mittelman, 2002). Stiglitz (2002a) define la globalización como un proceso que ha implicado la integración de los países a nivel mundial, como consecuencia de la disminución de los costos del transporte, así como de las barreras para el intercambio de bienes, servicios, capitales, conocimientos y personas.
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Este proceso ha generado transformaciones profundas en los distintos campos del desarrollo, las cuales además de lo económico han alcanzado las dimensiones sociales, políticas e institucionales que también forman parte del mismo. Así, lo global se ha expandido a partir de diversas dinámicas económicas internas, promovidas por cada país en particular para incrementar los niveles de inversión y consumo, bajo la expectativa de generar beneficios económicos, sociales y políticos futuros, derivados de la imitación de otros modelos de desarrollo que han sido exitosos en otros países y realidades (Palomo Garrido, 2012).
Según Gómez y Calvo (2004), en líneas generales las concepciones empleadas para definir la globalización se agrupan en dos vertientes. En el ámbito de la economía, parte importante de los estudios sobre globalización se han centrado en el abordaje de la internacionalización de la economía, la desregulación económica, la competitividad empresarial, el comercio internacional, la conformación de bloques económicos, los avances económicos registrados producto del desarrollo tecnológico, entre otros aspectos.
Por tanto, en el campo financiero se ha empleado el concepto globalización financiera como sinónimo de apertura financiera y liberalización financiera (Tovar García, 2011). El término se utiliza para hacer referencia a los cambios experimentados en el funcionamiento de los mercados financieros internacionales. Así, la globalización financiera se define como un proceso que da cuenta del incremento en las relaciones internacionales registradas a través de los flujos financieros transnacionales (Urionabarrenetxea Zabalandikoetxea et al., 2007).
En este sentido Urionabarrenetxea Zabalandikoetxea et al., (2007) señalaron que uno de los principales efectos de la globalización financiera en las economías emergentes se encuentra en el desarrollo de sus sistemas financieros, que han comenzado a presentar mayores niveles de liquidez y “mejores” regulaciones, lo cual resulta un factor clave para inducir el crecimiento económico.
Estos elementos han propiciado la expansión financiera, que según Urionabarrenetxea Zabalandikoetxea, Bañales Mallo y García Merino (2007) precisan la disminución de los costos de transacción, así como el incremento de los flujos de capital internacional, de la liquidez de los mercados y la diversificación del riesgo. Los mismos se concretan en dos dimensiones: la reducción del costo del capital y el incremento en la eficiencia en la asignación de recursos.
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Estos canales han contribuido con la expansión financiera registrada a nivel internacional en la década de 1990, caracterizada según Palomo Garrido (2012) por los excedentes de capital acumulados: estos, al enfrentar una posible depreciación, encontraron otras alternativas de inversión que eran más rentables. No obstante, la globalización de los mercados financieros no ha inducido el crecimiento, pues se han generado para los países en desarrollo diversos riesgos sin posibilidad de obtener beneficios compensatorios.
En el mundo global la expansión financiera ha implicado para las empresas la construcción de alianzas estratégicas, en las que conformar empresas o consorcios de capital internacional es una realidad. Aparecen así escenarios muy dinámicos y complejos, que obligan a las empresas a equiparar su lenguaje al de los negocios internacionales (Peña y Bastidas, 2007). Por lo tanto, las operaciones empresariales se tornan más complejas, demandando en consecuencia mayor uniformidad en la información.
En este orden de ideas, Menezes Ferreira y Rodil Marzábal (2012) advirtieron algunos efectos no deseados de la globalización sobre el desempeño organizacional. Otro ejemplo fue la recesión experimentada en Estados Unidos en 2001 como consecuencia del crecimiento de las acciones de compañías de internet (o burbuja tecnológica), la cual fue acompañada por la crisis inmobiliaria (o burbuja inmobiliaria). Algo similar ocurrió en 2007-2008 con la crisis de las subprime, que de un fenómeno inicialmente localizado en EE.UU. terminó por convertirse en uno de envergadura internacional (Longstaff, 2010; Ryan, 2008).
Mutaron así en crisis sistémicas de carácter global, evidenciado los estrechos lazos e interconexiones de los mercados financieros a lo largo del planeta (Menezes Ferreira y Rodil Marzábal, 2012). Destaca también el caso de Enron (García Benau y Vico Martínez, 2003), como consecuencia de las acciones tomadas por esta corporación de unirse con otras empresas de Estados Unidos para inducir una escasez de energía en California, para propiciar un aumento de los precios del servicio.
Específicamente en el campo contable, se evidenciaron prácticas de ocultamiento de deudas y engaños a los accionistas en relación con la situación real de liquidez de la corporación. A la responsabilidad de los ejecutivos de Enron en esta crisis se suma la de los directivos de la firma auditora Arthur Andersen, que al destruir gran cantidad de documentos e informes que daban cuenta la situación financiera de la entidad, obvió las prácticas fraudulentas empleadas para beneficiar a algunos ejecutivos de la corporación.
Fue así como Enron se benefició de la desregulación, creando una compleja estructura financiera que propició el supuesto crecimiento de la empresa, que al no reflejar su verdadera situación financiera, mostró las irregularidades de las prácticas contables “contabilidad creativa” (Mattessich, 2004).
Tanto la globalización económica como la financiera han incrementado el volumen y movilidad de capitales especulativos. Para ello han sido fundamentales los avances tecnológicos, que han facilitado las transacciones financieras en línea, que ahora tienen un carácter desmaterializado y se transmiten en forma instantánea (Agreda Palacios, 2013; Moreno Torres, 2005). Como resultado se ha transformado de forma significativa la manera de hacer negocios y el intercambio de información financiera, minimizando las barreras derivadas de la distancia física del pasado.
No obstante, también han provocado que el control de los mercados financieros especializados sea un proceso cada vez más complejo y con riesgos asociados difíciles de estimar. A ello se suma que la desregulación financiera internacional y la eliminación de obstáculos para la expansión bancaria (tales como controles directos sobre tasas de interés y el otorgamiento de créditos) han devenido en una mayor volatilidad de los flujos financieros (Moreno Torres, 2005).
Como resultado, el mayor dinamismo que caracteriza a los mercados globalizados exige ahora disponer de mayor y mejor información; de hecho, se podría afirmar que la eficiencia del mercado de capital mundial depende de la disponibilidad y oportunidad de información transparente, comparable y relevante (Agreda Palacios, 2013). De acuerdo con esta autora, el atributo de comparabilidad permite a los distintos usuarios de la información financiera (entre ellos inversionistas, analistas, trabajadores, proveedores, clientes, instituciones de crédito, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales), respaldar el proceso de toma de decisiones.
Para ello es indispensable que dicha información pueda ser comparable con la de sus competidores, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Otros aspectos que se ven favorecidos son la presentación de estados financieros consolidados de empresas que tienen a sus filiales en diversos países, así como el tratamiento de conflictos y hechos controversiales surgidos entre empresas consolidas, afiliadas y relacionadas (Arroyo Morales, 2011).
Por lo tanto son diversas las razones por las que las empresas y entidades a nivel mundial manifiesten el interés en adoptar, ya sea de forma voluntaria u obligatoria, las NIIF. Por lo tanto, la globalización demanda el intercambio de información financiera internacional entre distintos mercados e interesados, que sea útil para la toma de decisiones económicas.
En este punto es importante subrayar uno de los cambios más relevantes a raíz del proceso de internacionalización de las normas contables, que es el paso desde un interés centrado en la forma hacia el predominio de la esencia de las transacciones.
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