El tema de la intermediación laboral en la agricultura es fundamental para entender el acceso a la mano de obra; no obstante su importancia, su análisis no ha sido tan extenso, sino particularmente escaso cuando ocurre entre integrantes del mismo grupo étnico o nacional.
Intermediación Laboral en la Agricultura
Se han realizado diversos estudios para conocer las formas en que se satisfacen las necesidades de trabajadores en los mercados de trabajo agrícolas. Ello nos ha permitido entender diversos mecanismos que han operado en épocas y contextos diferentes.
Época Virreinal
Sobre el periodo virreinal, Isabel González señala que la tierra fue una fuente de riqueza para los hacendados en Nueva España. Para cubrir las necesidades de mano de obra, el gobierno tuvo que “expedir constantemente leyes para reglamentar el trabajo de los jornaleros, modificando, desde luego, la legislación conforme lo requerían las labores agrícolas” (González, 1967: 241). Éste fue un sistema semiforzado impuesto por los españoles en sus colonias de América, desde fines del siglo XVI hasta principios del XIX, que consistió en el trabajo rotativo y obligatorio del indígena en proyectos de obras públicas o labores agrícolas consideradas vitales para el bienestar de la comunidad.
La carencia de mano de obra jornalera no empezó a resolverse sino hasta principios del siglo XVII, con la existencia de un número considerable de mestizos, indios forasteros o huidos de sus encomiendas para no pagar tributos, ofreciéndose a trabajar por un salario. A éstos se sumaron los esclavos echados a jornal o alquilados por sus amos en obras u ocupaciones diversas, a cambio de un salario que se embolsaban los mismos amos.
A partir de la Cédula Real de 1601, se estableció el concertaje de los trabajadores, por el cual ellos acordaban laborar para determinado propietario a cambio de un jornal. El concertaje robusteció la hacienda, que acabó en muchos lugares con la encomienda; el repartimiento quedó reservado para actividades en las que no se encontraban jornaleros. El concierto se hacía por escrito y por un periodo que iba de seis meses a un año. El salario debía pagarse en dinero y no en especie, pero lo corriente es que se diera una parte en dinero y otra en especie. Aunque el patrono procuraba explotar a sus trabajadores, tenía siempre el límite impuesto por la oferta y la demanda. Si apretaba demasiado, el jornalero se buscaba otro patrono, siendo inútil tratar de hacer valer el papel del concierto firmado, pues primero había que encontrarlo.
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Los indígenas de Oaxaca encontraron en el repartimiento un medio para obtener mercancías a crédito y terminaron por asimilarlo. En la segunda mitad del siglo XVIII, se implementó nuevamente la retención de trabajadores, pero ahora sin fijar límite de tiempo. Ello llevó a que en las haciendas el trabajo lo realizara por un pequeño porcentaje de jornaleros libres o “de pie”, y un elevado porcentaje de deudores o “calpaneros”.
Siglo XIX y el Enganche
Jorge Durand y Patricia Arias (2000: 28) plantean que “durante el siglo XIX, hubo una tensión permanente entre las añosas formas coloniales de acceder a la mano de obra y las modalidades de empleo que surgieron a partir de la Independencia, con el fin de la esclavitud y la difusión del sistema capitalista”.
Se señala que una de las formas más penosas de resolver la provisión de trabajadores fueron los mecanismos de la cuerda y el enganche (Durand y Arias, 2000: 28). Mediante el enganche, se adelantaba dinero a las personas para comprometerse a trabajar en lugares inhóspitos o distantes de sus lugares de origen, en actividades extenuantes o desconocidas: “De reclutar y comprometer, de trasladar y entregar a los trabajadores en su lugar de destino se encargaba el enganchador, personaje tan memorable como despreciable, que se hizo famoso por su crueldad y por recurrir sin remordimiento a ‘la cuerda’.
El mismo autor señala que si bien la cuerda no fue un mecanismo extendido, sí lo fue el enganche, pues demostró ser de gran utilidad para proveer la mano de obra que demandaba la “prosperidad de fin de siglo: plantaciones, centros mineros, ferrocarriles”. Las empresas enganchadoras resultaron muy eficientes para proveer de trabajadores de diferentes confines a lugares y actividades diversas y lejanas.
Transformaciones en el Campo Mexicano (1876-1910)
Friedrich Katz (1974) señala que las dos grandes transformaciones en el campo mexicano durante 1876 y 1910 fueron la expropiación de las tierras comunales de los pueblos y el deterioro del poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores en las haciendas.
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En el siglo XIX, las condiciones de trabajo en México mostraban patrones diferentes. En el Sur, se incrementó la producción de varios insumos, como el caucho, café, tabaco, henequén y azúcar.
A finales del XIX, en Oaxaca se introdujeron nuevos cultivos en las zonas agrícolas, pues el porfiriato se planteó surtir al mercado internacional con nuevos productos tropicales. Entre 1880 y 1912, las fincas y plantaciones crecieron siete veces y medio en extensión en las regiones de mayor desarrollo capitalista, como la costa, Tuxtepec y el istmo (Reina, 2004). El café se introdujo en zonas donde nunca se había cultivado y fungió como dinamizador de la economía.
En el caso de Oaxaca, los contratistas que enviaban personal eran Daniel Tresgallo Gutiérrez, originario de Miengo, Cantabria, España; Emilio Ramírez, Joaquín Cortina, Gildardo Rendón, Leandro López y la señora Francisca Robles.
Siglo XX: Programa Bracero y Redes de Migración
Jorge Durand señala cuatro mecanismos para proveer de la mano de obra necesaria para la agricultura del vecino país, a lo largo del siglo XX: el Programa Bracero, las redes familiares y paisanaje, así como los contratistas.
Durante la primera guerra mundial, los agricultores estadunidenses demandaron mano de obra agrícola. Por primera vez se puso en marcha el programa oficial de contratación de trabajadores temporales, los braceros. Contingentes importantes de trabajadores del campo llegaron de manera legal: 72 000 en 1917 y 250 000 entre 1918 y 1922 (Durand, 1999).
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Posteriormente, en 1942, con la segunda guerra mundial, se puso en marcha el Programa Bracero, de carácter bilateral, oficial, de gran escala, “donde se fijaron las condiciones mínimas que debían cumplir los empleadores de trabajadores mexicanos: salario, transporte, vivienda y alimentación” (Durand, 1999: 131). Pretendió regular la migración como un movimiento laboral, temporal y agrícola.
Junto con esa opción migratoria legal, hubo otra de carácter indocumentado que buscó oportunidades de empleo en diferentes lugares y sectores de actividad. Estos migrantes recurrieron a “coyotes” o “polleros” para cruzar la frontera, quienes sirvieron también, en algún momento, como agentes de contratación.
Al suprimirse el Programa Bracero, cobró auge el reclutamiento de trabajadores indocumentados, que existía paralelamente al programa. Durante 1964-1986, un conjunto de actores -mayordomos, coyotes, contratistas y las redes de los migrantes- se encargó de proveer de trabajadores. Ésta es la época de la activación de las redes de parentesco y de paisanaje: los agricultores estadunidenses recurrieron a sus mayordomos mexicanos para buscar y reclutar personal para los tiempos y actividades necesarias.
Subcontratación y Visas H-2A
Después de 1986, se impuso un nuevo sistema de organización del trabajo migrante: la subcontratación. El empleador dejó de tener contacto directo con los trabajadores, ya que transfirió sus actividades al contratista: éste los reclutaba, se encargaba del pago de impuestos y prestaciones, así como de los servicios de transporte y vivienda.
En Carolina del Norte y Virginia, en donde los empleadores no quisieron contratar trabajadores indocumentados ni entrar al sistema de subcontratación, presionaron al gobierno para que implementara un programa que permitiera la importación de mano de obra, el programa de visas H-2A, que inició en 1970 y se ha ido incrementando. Este sistema pone en contacto a asociaciones de agricultores con contratistas en México encargados del reclutamiento de los trabajadores.
Dominación y Autoridad en las Haciendas de Ocosingo, Chiapas
En este artículo se describen las formas de dominación y ejercicio efectivo de la authority en las haciendas de Ocosingo, Chiapas. Se analizan narraciones, descripciones y percepciones de peones, caporales y patrones, con el fin de comprender las normas que prevalecían y sus reflexiones acerca de la jerarquía social.
Las haciendas en la región de Ocosingo, Chiapas, existieron hasta una época reciente, pues no fue sino hasta la década de los años ochenta cuando esta forma de organización social desapareció definitivamente.
Para entender el conflicto que desde entonces se produce, es necesario conocer de manera precisa las relaciones que prevalecen en el interior de las haciendas. Por un lado se encuentran el patrón y su familia -cuyos orígenes son principalmente europeos-, quienes componen la oligarquía de la región, y por otro lado está la comunidad indígena, con sus jerarquías propias. Este artículo propone analizar las formas concretas en que se relacionan ambos grupos.
Jerarquía Interna y Líneas de Autoridad
Observando más detenidamente la organización interna de las haciendas, la antropóloga nota que existe un orden jerárquico bien definido, con variaciones de una hacienda a otra, pero que obedece a un mismo patrón. La jerarquía interna de las haciendas es inteligible a través de “líneas de autoridad”. En la base de la pirámide se encuentra el padre de familia, quien es la autoridad primordial; lo obedecen su mujer y sus hijos, incluso “puede apalear a sus hijos”, pero siempre está subordinado a su propio padre. Los principales son los ancianos con autoridad jurídica, a quienes se consulta cuando hay conflictos entre particulares; algunos son curanderos; generalmente se acude con un principal que es parte de la familia, compadre o padrino.
Todos los hombres adultos pertenecen a los grupos de trabajo de la finca, encabezados por los caporales de trabajo. Cuando un joven alcanza la edad adulta, su padre pide al dueño de la finca que asigne al muchacho a un grupo de trabajo.
Conocer y describir el sistema de la hacienda lleva implícito conocer las relaciones familiares, porque todas las relaciones que podríamos aquí llamar laborales o políticas están constreñidas también por el sistema de parentesco.
El Baldío y el Pago Diferido
Hay un juego de lenguaje, según apunta un caporal: “Baldío digo yo [es] lo que van a trabajar de balde, porque no les pagan nada”. El baldío implica no sólo el cultivo de la tierra del patrón sino también trabajar el trapiche, cercar las milpas, cosechar el café, etcétera; son las labores que los peones deben dar a cambio del usufructo de la tierra que les concede el patrón.
Los testimonios de antiguos peones afirman que el primer momento de pago se anticipa con una ficha, y el pago final (con moneda) no se realiza sino después de haber acumulado varias jornadas de trabajo (habiendo juntado varias fichas). El pago efectivo, con moneda, comúnmente tiene lugar en los días cercanos a la fiesta del santo patrón o un día domingo, depende de la hacienda.
Deudas y Contratos entre Peón y Patrón
El contrato entre peón y patrón consiste en dar 10 tzontes de maíz por cada hectárea en usufructo, mientras que para las actividades remuneradas, el pago es diferido.
¿Qué significa que el dinero no aparezca como el resultado inmediato de la relación patrón-peón, sino que antes se realicen múltiples transacciones? Esto deja ver la imprecisa relación entre empleado y empleador, porque además del pago de la jornada de trabajo entran en mediación otras deudas entre peón y patrón: éste les proporciona maíz, frijol, panela, aguardiente, ropa, etcétera. Pero también el peón puede dar crédito al patrón a través de su trabajo, y el patrón quedar endeudado con los peones.
Si las formas de débito y crédito ponen de manifiesto una forma de atadura, su importancia consiste justamente en que aportan seguridad tanto para el patrón como para el peón acerca de la permanencia de su relación. Para el patrón, significa garantía de que los peones van a seguir subordinados trabajando a su servicio los próximos meses; así tiene la certeza del mantenimiento de la casa grande y de todo su dominio.
A los peones el patrón les...
