Comienzo con una aserción que parece difícilmente rebatible y que representa la línea argumental de este artículo, afirmando que la guerra, a pesar de la evolución de la sociedad, continúa siendo uno de los fenómenos que sigue condicionando el sistema internacional y que resulta necesario adaptarnos a su nueva dimensión.
Basta dar una rápida “vuelta al horizonte” -Ucrania, Oriente Medio, Yemen, etc.- para identificar conflictos armados que, aunque con diferentes características, siguen respondiendo a los elementos constitutivos de las guerras a los que hace referencia Bouthoul: su carácter político, en la medida que enfrenta grupos con objetivos diferentes y opuestos; sus condicionantes jurídicos que regulan su necesidad (ius ad bellum) y sus limitaciones (in bello); y el hecho de ser la manifestación más espectacular de la violencia.
Por otra parte, considero oportuno llamar la atención del lector sobre la incertidumbre que domina un contexto internacional que podría ser definido como el “paradigma de la complejidad”, en el que las soluciones a los problemas de seguridad deben ir más allá de lo racional, en palabras de Freedman, queriendo significar la necesidad de superar las opciones binarias -soluciones de suma cero- para ahondar en un enfoque adaptativo en base a lo que se conoce como lógica difusa. De acuerdo con ello, guerra y paz no debieran ser consideradas como dos situaciones adversativas, sino un continuum que respondería al modelo de Gray de “paz con seguridad”.
Así pues, se plantea como pregunta orientadora de este estudio si el innovador concepto de asimetría de los años noventa del pasado siglo, el que fuera el catalizador del modelo estratégico de la “revolución de los asuntos militares”, sigue estando vigente en esta tercera década del Siglo XXI o, por el contrario, necesita ser redefinido. Cuando nos referimos a la guerra lo primero que debería abordarse es su propia naturaleza para determinar si se trata de un fenómeno continuo o discontinuo. La guerra como manifestación político social tiene un claro atributo de continuidad, que ya señalaba el propio Clausewitz en su obra “De la Guerra”, definiéndola como “acto político, acto de voluntad y acto de violencia”.
La Evolución de las Guerras y la Reconfiguración de la Asimetría
De una manera esquemática se podrían establecer las cinco revoluciones socio militares que se citan a continuación, las que han dado origen a diferentes modelos de guerra e incluso a una reconfiguración del propio sistema internacional. Así, en este proceso evolutivo descrito han ido apareciendo distintos modelos de guerra, que más allá de la diferente semántica utilizada, es habitual referirse a ellas como guerras de primera, segunda, tercera, cuarta y quinta generación, cada una con sus respectivas particularidades y características en relación con el entorno o contexto en el que tienen lugar, los niveles de conducción de las operaciones, los procedimientos y los ámbitos en los que se desarrollan.
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Sea como fuere, lo que resulta indiscutible que las guerras han cambiado profundamente, más allá de que sean libradas entre diferentes Estados o bien se produzca en el interior de ellos entre grupos armados de diferentes naturaleza. Las guerras de la época industrial -el tradicional enfrentamiento entre Estados- es cada vez más excepcional e incluso en el caso de que se materialice, como es el caso del conflicto que enfrenta a Rusia y Ucrania, sus características y procedimientos empleados se apartan radicalmente de ese modelo tradicional. Mucho más palmario resulta en el caso de conflictos de mayor complejidad en el que los Estados se enfrentan a grupos armados no estatales, como es el caso de Israel en su lucha contra las organizaciones terroristas Hamas o Hezbollah, amparadas por Irán.
Además, en esta preocupante manifestación de la guerra, se transforman radicalmente aspectos otrora incuestionables como el empleo de la fuerza, poniendo el énfasis en su utilidad en lugar de la legitimidad, como hace Rupert Smith en su libro The Utility of Force. El general británico refiere que “La guerra ya no existe. Hay, sin duda, confrontaciones, conflictos y combates en todo el mundo (…) y los Estados aún tienen fuerzas armadas que utilizan como símbolos de poder. Si bien esa guerra ya no existe, este fenómeno violento sigue presente en nuestros días y con una complejidad aún mayor si cabe. De hecho, es cada vez más difícil acotar los conflictos internos o localizados en un mundo cada vez más globalizado e interconectado.
Así pues, al hablar de guerras de quinta generación parece claro su carácter híbrido, entendiendo que este término contempla atinadamente como se difumina lo público y lo privado, lo estatal y lo no-estatal, lo formal y lo informal, lo local y lo global, etc. Al revisar el concepto de asimetría habría que comenzar diciendo que es un término que cuando menos presenta cierta falta de claridad. Para su mejor compresión se podrían tratar de responder las siguientes preguntas: ¿se limita a un enfrentamiento entre fuerzas con diferentes capacidades y tecnología? ¿estamos ante un concepto nuevo o, por el contrario, es algo que ha sido una constante histórica?
No entrañan mayor dificultad ni controversia para responderlas, en la medida que se puede afirmarse que el conflicto asimétrico va más allá del mero enfrentamiento de fuerzas de distinto tamaño y capacidades, de lo contrario, se podrían incluir en él, la práctica totalidad de las guerras acaecidas a lo largo de la Historia: el pueblo español contra el invasor napoleónico, los independentistas americanos que llevaron a cabo una guerra irregular contra la infantería inglesa, o más recientemente, los comunistas vietnamitas contra la gran potencia norteamericana y las guerras de los seis días o la del Yom Kippur, por citar algunas de las más conocidas.
Estableciendo el punto de arranque de la asimetría en el marco de las guerras de cuarta generación, en particular durante la Primera Guerra del Golfo en 1991 en la que una coalición de países liderada por Estados Unidos derrotaba al ejército iraquí y obligaba a Sadam Hussein a retirarse de Kuwait, país que había ocupado por la fuerza. La guerra asimétrica se explicaba entonces, de la mano de los vencedores como “un conjunto de prácticas operacionales que tienen por objeto negar las ventajas y explotar las vulnerabilidades del adversario antes que buscar enfrentamientos directos”. En esos momentos el factor fundamental que condicionaba la asimetría era sin duda la inmensa superioridad tecnológica estadounidense frente a cualquiera de sus potenciales adversarios. Sin embargo, este modelo asimétrico, asentado casi exclusivamente en el poder tecnológico, pronto iba a levantar algunas señales de alerta entre los estrategas de las potencias occidentales, al señalar los riesgos de que actores hostiles pudieran utilizar medios asimétricos para atacar intereses vitales propios.
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Vemos pues que en poco tiempo el concepto de asimetría iba ampliándose. Tal es así que, en los umbrales de este nuevo siglo, la premonitoria afirmación de Colin S. Gray quedaría materializada por Al Qaeda con sus ataques terroristas en el corazón de Estados Unidos, la gran potencia mundial, en septiembre de 2001.
Asimetría y la Frontera del Caos en el Conflicto Armado
Es importante, antes de seguir avanzando entender el caos en su relación con el conflicto armado. En el ámbito de la teoría de sistemas, el caos no implica desorden absoluto, sino la existencia de un orden subyacente no lineal, caracterizado por la sensibilidad a las condiciones iniciales y por la imposibilidad de predecir con exactitud el comportamiento a largo plazo (Lorenz, 1993).
En las guerras actuales, especialmente en los conflictos asimétricos, este entorno caótico se manifiesta en la multiplicidad de actores (estatales y no estatales), la superposición de dimensiones (militar, económica, informacional, cibernética) y la volatilidad de las alianzas. Así, el modelo “estímulo-respuesta”, en el que se sustenta el equilibrio en un entorno de caos, se distorsiona, por cuanto la respuesta del sistema no es proporcional ni lineal, sino que puede amplificarse o mutar en direcciones inesperadas debido a la retroalimentación positiva y a la interacción con otras variables del entorno.
Volviendo al referido modelo “estímulo-respuesta”, es necesario conceptualizarlo en el marco de la gestión del campo de batalla, es decir establecer dónde y cómo aplicamos un determinado esfuerzo para obtener una situación de ventaja sobre el adversario, negándole la necesaria libertad de acción y exigiéndole combatir en condiciones muy desfavorables. La clave para entender este modelo de relación entre los contendientes se encuentra en establecer la diferencia entre el orden y el desorden, lo que se podría identificar como la “frontera del caos”.
Dos de los elementos nodales de las operaciones militares, el ritmo y el alcance, si no están adecuadamente evaluados y controlados, pueden conducir al desorden. De este modo, la frontera del caos surge de la interacción entre ambas variables: un ritmo alto y un alcance controlado contribuye a obtener una ventaja operacional o estratégica, mientras que si ambos o algunos de ellos se encuentran desajustados conducen a una pérdida de iniciativa, provocando una condición de desorden.
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Aceptada la relación directa del orden con las capacidades, parece claro que la frontera del caos no puede ser la misma para los distintos oponentes. Esta situación se podría asimilar a conflictos como la ya mencionada Primera Guerra del Golfo en la que la superioridad aliada era tan manifiesta que en el modelo de estímulo-respuesta permitía alcanzar los efectos deseados.
El problema de aplicar este modelo a las nuevas guerras es que no es fácil establecer una frontera definida entre el orden y el caos para los diferentes adversarios. Las fuerzas de defensa de Israel (IDF, por sus siglas en inglés) eran claramente superiores a los grupos armados de Hezbollah en la guerra del Líbano de 2006 o de Hamas en el actual conflicto en Gaza; aparentemente las capacidades de las fuerzas armadas rusas les permitían una rápida ocupación y control de Ucrania en febrero de 2022; la retirada de Estados Unidos de Afganistán en 2021 devolvió el control del país al régimen Talibán después de casi 20 años de guerra y uno de los mayores esfuerzos bélicos para su reconstrucción.
Cabe preguntarse, en consecuencia, cuáles pueden ser las razones por las que la frontera del caos no es uniforme en las nuevas guerras. Gray en su obra “Strategy for Chaos” nos aporta algunas consideraciones a este tenor. Una de ellas se corresponde con los efectos no lineales que las caracterizan, en las que acciones no decisivas tienen unos efectos estratégicos desproporcionados, lo que contribuye a una mayor relevancia del caos. Otro aspecto digno de mención es el hecho de que las guerras siempre se libran por y para sociedades, siendo el factor humano irremplazable.
En este nuevo escenario, más complejo, las fuerzas oponentes son radicalmente diferentes en su propia naturaleza, en consecuencia, sus líneas de acción y estrategias son muy distantes entre sí. Volviendo a recurrir al modelo cartesiano de tiempo y alcance se aprecia como estos factores generan diferentes oscilaciones entre el orden y el caos, en consecuencia, las “zonas de ventaja” no son uniformes. Es poco probable que las líneas que marcan los límites entre el orden y el caos no se lleguen a cruzar como era la descrita para la situación anterior.
En la situación descrita para este modelo de conflicto asimétrico, una fuerza militar adecuadamente dimensionada podría ser capaz de conducir una operación de gran alcance, a la que un adversario potencialmente más débil, una fuerza insurgente, por ejemplo, no podría responder adecuadamente con ciertas garantías de éxito, y, por el contrario, estos grupos tienen la capacidad para desarrollar acciones de corto alcance en un tiempo muy reducido. Esto nos sugiere que en un entorno asimétrico los “límites del caos” para los dos contendientes se pueden cruzar, creando dos zonas en las que en cada una de ellas una de las partes tiene una posición de ventaja.
Ahora posiblemente parece más sencillo entender que lo que realmente cambia no es la guerra en sí misma sino el contexto en el que se desarrolla y por ello resultará de particular importancia analizar cuáles son los factores que lo conforman. El control de esa frontera del caos no depende únicamente del ritmo militar ni del alcance de las operaciones convencionales, sino de la interacción constante de diversos factores que alteran las zonas de ventaja entre los oponentes, generándose una alternancia continua entre el caos y el orden.
Condicionantes y Multiplicadores de la Asimetría Inversa
Abordemos ahora el tercero de los parámetros propuestos sobre la necesidad de revisar el concepto de asimetría, es decir los condicionantes y multiplicadores, y con ello dar respuesta a la pregunta de cómo se manifiesta en las guerras actuales. Se podría afirmar que el modelo se ha transformado radicalmente, al menos esa es la tesis que propongo, hasta el punto de que me atrevería a introducir el término de “asimetría inversa” para expresar que con él se supera con creces el gap tecnológico, para incorporar otros elementos que contribuyen a moldear las fronteras del caos entre los contendientes de las guerras en la tercera década del Siglo XXI.
El Terreno y la Dimensión Humana
Las operaciones militares han estado tradicionalmente asociadas a la conquista del terreno ya sea para controlar recursos ya para aumentar su poder. Sin embargo, hoy las conquistas territoriales han perdido importancia, además de ser de muy baja rentabilidad en relación con el esfuerzo que exigen.
La lucha en el terreno humano tiene como una de sus principales consecuencias la extensión del campo de batalla, es decir, los efectos de las acciones tácticas y operacionales tienen en muchas ocasiones un valor estratégico, lo que a su vez se ve favorecido por el exponencial desarrollo de las nuevas tecnologías sociales. Este factor puede ser considerado un multiplicador del desorden en la medida que amplía la frontera del caos, por cuanto su control pasa a ser dominado por dinámicas sociales y cognitivas más difíciles de medir y más aún de intervenir.
Los Actores del Conflicto
Tradicionalmente, como consecuencia de su naturaleza política, las guerras han quedado limitadas al ámbito exclusivo de los Estados y en el ámbito o...
