Impactantes Casos Donde la Ciencia Rompió el Dogma y Fue Acusada de Herejíapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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A lo largo de la historia, el avance del conocimiento científico a menudo ha implicado refutar ideas arraigadas y, en el proceso, ganarse enemigos. Antes de que sea demostrada y aceptada, una gran teoría puede ser sujeta a duras críticas y quien la propone puede ser rechazado, vilipendiado o convertido en objeto de burla. A veces una autoridad religiosa lo ataca; otras, sus propios colegas. Sea como fuere, hace falta una osadía especial para aferrarse a una idea que otros consideran claramente errónea. Algunos afortunados son reconocidos en vida, pero algunos sólo llegan a ser venerados póstumamente.

La religión no suele pisar el jardín de la ciencia so pena de perder su estatus: cuando la religión afirma hechos y éstos entran en conflicto con la evidencia científica, entonces la religión empieza a perder adeptos. Sin embargo, algunas veces en que la religión ha tomado partido en las afirmaciones científicas, sus maneras han sido, digámoslo suavemente, un tanto agresivas. Quemar, torturar, matar, esa clase de agresividad. La Iglesia católica, representada en los tribunales inquisitoriales, se encargó de perseguir, castigar, torturar y condenar a pena de muerte a todo aquel que considerara hereje.

Pioneros Perseguidos por sus Ideas

Giordano Bruno: El Filósofo del Universo Infinito

Giordano Bruno (1548-1600) fue un fraile dominico italiano, filósofo, matemático y astrónomo. Presentó sus teorías en cosmología acerca del modelo de Copérnico, la concepción del Sol como una estrella y la existencia de infinitas cantidades de otros planetas en el Universo, donde habitaban seres inteligentes. Giordano Bruno más de lo mismo por creer (entre otras cosas) que la Tierra giraba alrededor del Sol y no a la inversa, como aseguraban determinados credos religiosos. Bruno estuvo 8 años preso mientras se desarrollaba el juicio en el que se le acusaba de traición y herejía. Muchas veces se le ofreció retractarse de sus opiniones pero él siempre se negó.

Otras Víctimas de la Persecución Religiosa

Pietro d’Abano (c.1250-1318), conocido como Petrus de Apono o Aponensis, fue médico y astrónomo; su formación y profundo interés en la Medicina y Filosofía de Medio Oriente lo animaron a difundir los ideales que luego le valieron acusaciones por parte de la Iglesia: herejía y nigromancia. Aponensis fue enviado a prisión, donde falleció años más tarde.

Giulio Cesare Vanini (1585-1619) fue un intelectual y librepensador del Renacimiento italiano. Realizó estudios de Física, Medicina y Astronomía, además de Teología y Filosofía en Roma.

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García de Orta (1501-1568) fue un médico y explorador renacentista de origen judío portugués. Se doctoró en Medicina en la Universidad de Lisboa y viajó a la India.

Por ejemplo, Miguel Servet las pasó canutas por poner en duda la trinidad (a la vez que fue el que hizo una descripción pormenorizada de la circulación de la sangre y de cómo se mezcla con el aire en los pulmones).

Wiliiam Tyndale también lo pasó un poco mal por traducir la Biblia al inglés.

El Emblemático Caso de Galileo Galilei

Recordamos a Galileo Galilei como el clásico científico hereje, debido a su juicio por la Inquisición de la Iglesia Católica en 1633. Fue condenado por ser "vehementemente sospechoso de herejía", pues promovía la creencia de que la Tierra se movía a través de los cielos. En aquella época, era aceptado que la Tierra permanecía inmóvil y que el Sol se movía en el cielo. Galileo agravó su delito al insistir que el concepto de una Tierra que se mueve no entraba en conflicto con las escrituras. Eso estaba prohibido. Sólo los teólogos del Vaticano tenían el poder de interpretar la Biblia. Su ejemplo se convirtió en un punto de referencia al discutir el tema de la ciencia versus la autoridad.

Es importante clarificar ciertos aspectos del caso Galileo. El primer punto que debería quedar claro es que a Galileo no lo mató la Inquisición, ni nadie. Murió de muerte natural. Galileo nació el martes 15 de febrero de 1564 en Pisa, y murió el miércoles 8 de enero de 1642, en su casa, una villa en Arcetri, en las afueras de Florencia. Por tanto, cuando murió tenía casi 78 años. Tampoco fue condenado a muerte. El único proceso en que fue condenado tuvo lugar en 1633, y allí fue condenado a prisión que, en vista de sus buenas disposiciones, fue conmutada inmediatamente por arresto domiciliario, de modo que nunca llegó a ingresar en la cárcel.

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Según las normas comunes, durante el proceso debería haber estado en la cárcel de la Inquisición, pero de hecho no estuvo nunca ahí: antes de empezar el proceso se alojó en la embajada de Toscana en Roma, situada en Palazzo Firenze, donde vivía el embajador; durante el proceso se le exigió en algunos momentos alojarse en el edificio de la Inquisición, pero entonces se le habilitaron unas estancias que estaban reservadas para los eclesiásticos que trabajaban allí, permitiendo que le llevaran la comida desde la embajada de Toscana; y al acabar el proceso se le permitió estar alojado en Villa Medici, una de las mejores villas de Roma, con espléndidos jardines, que era propiedad del Gran Duque de Toscana. Después de pocos días se le permitió trasladarse a Siena, donde se alojó en el palacio del arzobispo, monseñor Ascanio Piccolomini. Después, se le permitió trasladarse a la casa que tenía en las afueras de Florencia, y allí permaneció hasta que murió, ya viejo, de muerte natural.

Galileo tampoco fue nunca sometido a tortura o a malos tratos físicos. Desde el punto de vista psicológico, con la repercusión que esto puede tener en la salud, Galileo tuvo que sufrir por esos motivos y, de hecho, cuando llegó a Siena después del proceso, se encontraba en malas condiciones. Pero es igualmente cierto que no fue objeto de ninguno de los malos tratos físicos típicos de la época. En la fase conclusiva del proceso, en una ocasión, se encuentra una amenaza de tortura por parte del tribunal, pero todos los datos disponibles están a favor de que se trató de una pura formalidad que, debido a los reglamentos de la Inquisición, el tribunal debía mencionar, pero sin intención de llevar a la práctica la tortura y sin que, de hecho, se realizara (consta, además, que en Roma no se llevaba a cabo tortura con personas de la edad de Galileo). La víctima más famosa de la Inquisición probablemente sea Galileo, aunque, al final, tuvo un final bastante “afortunado”: sólo le “enseñaron” los instrumentos de tortura (el potro, para más señas) y le concedieron la oportunidad de retractarse por “haber creído y defendido que el Sol es el centro del mundo y está inmóvil, y que la Tierra no es el centro y se mueve”. Es natural que Galileo se retractara. Muchos de nosotros lo hubiera hecho ante la simple visión del potro.

Se suele hablar de dos procesos contra Galileo: el primero en 1616, y el segundo en 1633. En 1616 se acusaba a Galileo de sostener el sistema heliocéntrico propuesto en la antigüedad por los pitagóricos y en la época moderna por Copérnico: afirmaba que la Tierra no está quieta en el centro del mundo, como generalmente se creía, sino que gira sobre sí misma y alrededor del Sol, lo mismo que otros planetas del Sistema Solar. Los hechos de 1616 acabaron con dos actos extra-judiciales. Por una parte, se publicó un decreto de la Congregación del Índice, fechado el 5 de marzo de 1616, por el que se incluyeron en el Índice de libros prohibidos tres libros: Acerca de las revoluciones del canónigo polaco Nicolás Copérnico, un comentario del agustino español Diego de Zúñiga, y un opúsculo del carmelita italiano Paolo Foscarini. El motivo que se daba en el decreto para esas censuras era que la doctrina que defiende que la Tierra se mueve y el Sol está en reposo es falsa y completamente contraria a la Sagrada Escritura. El único acto público de la autoridad de la Iglesia fue el decreto de la Congregación del Índice, y en ese decreto no se dice que la doctrina heliocentrista sea herética: se dice que es falsa y que se opone a la Sagrada Escritura. La Iglesia Católica sólo reivindicó a Galileo Galilei en 1994.

Científicos que Desafiaron Paradigmas, con o sin la Iglesia

Isaac Newton: Pensamiento Heterodoxo en la Ilustración

Isaac Newton cambió todo con su ley de la gravitación universal y su ley de la dinámica. Mostró cómo la naturaleza podía ser medida y entendida. Su herejía pública fue describir el Universo como "el sensorio de Dios", lo cual sugería que Dios era el espacio y el tiempo mismo. El filósofo alemán Gottfried Leibniz consideraba que investigar científicamente a Dios era abominable. Por ello, le escribió inmediatamente a la familia real de la Casa de Hannover, en Inglaterra, acusando a Newton de contribuir al declive de la "religión natural". Forzado a defenderse a través del filósofo Samuel Clarke, Newton quizás temía que una investigación dejara al descubierto su secreto, una herejía mucho peor. Aunque profundamente religioso, rechazaba la divinidad de Jesucristo y la Santísima Trinidad. Newton tenía razones de peso para asustarse: el antitrinitarismo era un crimen explícito según el Acta de Tolerancia de 1689. Newton creía, además, que la inspiración para su ley de la gravitación universal había llegado directamente de Dios, convirtiéndolo en un profeta moderno.

Ignacio Semmelweis: La Batalla por la Higiene Médica

Louis Pasteur es recordado como el hombre que demostró que los microbios causan enfermedades, pero su precursor fue el ya olvidado médico húngaro Ignacio Semmelweis. Semmelweis trabajaba en dos clínicas de maternidad y notó que en una de ellas más madres sucumbían a fiebres mortales después de dar a luz que en la otra. Al investigar, se dio cuenta que la tasa de mortalidad era más alta en la clínica en la que se llevaban a cabo autopsias. Esto le hizo sospechar que algo se pasaba de los cadáveres a las madres a través de las manos de los doctores. Instituyó un régimen de lavado de manos y redujo las tasas de mortalidad en 90%. Sin embargo, la comunidad médica tardó en reconocer sus resultados, lo cual motivó su creciente frustración. Hacia 1861 comenzó a sufrir problemas nerviosos. Promovía obsesivamente sus ideas para salvar vidas y se convirtió en una persona hostil y antisocial en su entorno. Cuánto más agresivo se ponía, resultaba más fácil ignorarlo. En 1865, sus colegas lo llevaron con camisa de fuerza a un hospital psiquiátrico. Murió de gangrena 15 días después. Irónicamente, ese mismo año el cirujano británico Joseph Lister comenzaba a usar aerosoles de fenol como antisépticos. Se había inspirado en los experimentos de Pasteur con los gérmenes y dos años más tarde escribió sobre su éxito en la prestigiosa publicación científica The Lancet. Al terminar la década, casi todos los cirujanos estaban convencidos de la importancia de la limpieza.

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Charles Darwin: La Evolución y la Oposición Religiosa

Después de Galileo, el científico que viene a la mente al pensar en un enfrentamiento con la Iglesia es Charles Darwin. Suya es la teoría de que las especies evolucionan gradualmente con el tiempo, adaptándose a su ambiente. Algunos en la Iglesia de Inglaterra consideraron la evolución como herética, por implicar que la Tierra no había sido creada perfectamente. Otros pensaban que la capacidad de adaptación fue diseñada por Dios. Darwin publicó la idea en 1859, en "El origen de las especies", usando evidencia recopilada durante un viaje en el barco HMS Beagle. Pese a la oposición religiosa, la comunidad científica la adoptó con relativa rapidez. La idea entró en la cultura popular cuando Darwin fue caricaturizado como un simio. Darwin no permitió que la controversia lo afectara demasiado, pero para Robert Fitzroy, el capitán del barco que lo llevó a hacer sus estudios, fue más difícil. En un debate en Oxford en 1860, dijo que la teoría le causó el "dolor más más agudo". Con una Biblia en la mano, imploró a la audiencia que creyera en Dios más que en el hombre, pero la audiencia estaba conformada mayoritariamente de científicos así que lo hizo callar a gritos.

Alfred Wegener: La Deriva Continental Ignorada

El meteorólogo Alfred Wegener cometió su herejía en 1912. Al notar que Sudamérica encaja con África como un rompecabezas, sugirió que todos los continentes estuvieron unidos alguna vez. Las fuerzas geológicas los separaron y derivaron a sus posiciones modernas. Esto contradecía las creencias en boga, que las masas terrestres estaban fijas en su posición. La comunidad científica hizo un frente unido contra Wegener, ridiculizándolo. Aislado, siguió batallando. Amasó más pruebas y publicó continuas actualizaciones. Finalmente, sus ideas fueron aceptadas en la década de 1960, cuando era imposible ignorar el peso de la evidencia. Pero era demasiado tarde: Wegener había perecido en una expedición polar en 1930, a los 50 años. Había desafiado el invierno ártico para llevar suministros de emergencia a una estación meteorológica en Groenlandia. Al regresar de su misión en un trineo, no pudo soportar las temperaturas de -60°C.

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