En un contexto de alta volatilidad en el tipo de cambio, muchos ciudadanos voltean hacia los bancos centrales esperando una respuesta.
Las monedas de América Latina, como el peso mexicano o el peso colombiano, así como las de otras economías emergentes, han sufrido una fuerte caída frente al dólar estadounidense en los últimos dos años, perdiendo cerca de la mitad de su valor.
Ante esta situación, sin embargo, no todos los bancos centrales han reaccionado de la misma forma, o al menos no con políticas dirigidas directamente a afectar el tipo de cambio. ¿Qué políticas han guiado su acción?
En una reciente investigación que realicé en conjunto con el Dr. Francisco G. Carneiro, del Banco Mundial, y el Dr. André Varella, de la University of Texas Río Grande Valley, publicada por el Banco Mundial en su colección de trabajos Policy Research Working Paper Series, examinamos la relación entre las tasas de interés y el tipo de cambio en economías emergentes en el marco de su política de control de la inflación.
Objetivos de Inflación y Estabilidad de Precios
Desde los años 90, los bancos centrales han concentrado sus esfuerzos en garantizar la estabilidad de precios a largo plazo empleando el llamado esquema de los objetivos de inflación. Si bien esta política fue iniciada por los bancos centrales de economías desarrolladas como Nueva Zelanda, Canadá, Inglaterra, Suecia o Australia, en las dos últimas décadas han proliferado variantes de estas estrategias en economías emergentes, entre las cuales destacan Brasil, Chile, Israel, Perú o México.
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Hasta ahora, se ha demostrado que los países que han adoptado el esquema de objetivos de inflación han conseguido mantener tasas de inflación en un nivel bajo, de acuerdo con sus metas. También se ha demostrado, en algunos casos, que favorecen el crecimiento del PIB.
Análisis de la Relevancia del Tipo de Cambio
Para indagar sobre la cuestión, analizamos la relevancia del tipo de cambio en la función de reacción de los bancos centrales de 24 economías emergentes: 9 de ellas siguen políticas para el control de la inflación (inflation targeters, IT) y 15 de ellas, no (non-inflation targeters, non-IT).
Las investigaciones en la materia sugieren que es importante considerar el tipo de cambio como parte del marco de actuación del control de la inflación, ya que interactúa con otros factores.
En nuestra investigación tuvimos en cuenta estas implicaciones, así como otros factores endógenos. También observamos que mientras que los bancos centrales de las economías IT y las non-IT no suelen reaccionar al crecimiento económico, ciertamente otorgan una importancia distinta a la inflación y al tipo de cambio.
Por un lado, detectamos que los bancos centrales de los países non-IT reaccionaron a las fluctuaciones en el tipo de cambio, pero solo en el periodo anterior a la Gran Recesión (2008), lo que sugiere un cambio estructural en la acción de los bancos centrales, que priorizarían cada vez más la inflación y no tanto la volatilidad en el tipo de cambio.
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Estos resultados confirman que la política de control de la inflación ha sido útil para que los bancos centrales fijen sus expectativas sobre los precios y se facilite así su gestión macroeconómica. No obstante, la adopción de un esquema IT puede no ser apropiado para todos los países.
Control de Precios y Estrategias a Largo Plazo
Al participar en la mesa redonda “Control de Precios Temporal y Tasas de Interés” se pronunció a favor de una política de control de precios a corto plazo, como una medida para coadyuvar a disminuir la escalada que afecta, principalmente, a las familias de menores ingresos.
Recordó que la dinámica de la economía mexicana depende, en gran medida, de las importaciones, especialmente en los sectores de manufacturas y alimentos; elevarse de manera significativa sus costos, repercute directamente en el aumento de la inflación.
Tan solo en 2020 el precio de las importaciones subió aproximadamente 15 por ciento.
Moritz Cruz abundó que los elevados niveles de inflación actuales también responden a un fenómeno inédito marcado por la ambición de las empresas que buscan recuperar sus ganancias, luego de la contracción económica que se registró durante la pandemia.
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A largo plazo, el control de la inflación debe pasar por dos estrategias: agraria e industrial, a fin de depender menos de las importaciones de comestibles, ser autosuficientes para evitar el traspaso a precios domésticos e impulsar una política no industrial que tenga como objetivo disminuir también las importaciones de insumos manufactureros.
El problema, dijo, en gran medida sucede por el exceso de demanda, razón por la cual en lugar de aplicar una política de control de precios se deben ejercer acciones sobre el tipo de cambio para incidir directamente en la inflación, la cual además puede representar una fuente de fragilidad y vulnerabilidad financiera.
En ese sentido, el funcionario de la CEPAL sugirió a los países en desarrollo hacer uso de sus reservas nacionales para realizar intervenciones cambiarias a través de sus bancos centrales.
