Descubre los Principales Afluentes del Río Amazonas que Impactan la Selva Tropicalpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El Madeira es uno de los grandes cursos fluviales de nuestro planeta y uno de los principales tributarios del Amazonas. Sus aguas nacen en la cordillera de los Andes, en territorio hoy boliviano, donde recibe el nombre de Beni.

Aún en Bolivia, el Beni gana cuerpo al recibir diversos afluentes, de los cuales el mayor es el Madre de Dios. El Madeira es clasificado como un río aún en formación, siendo en parte un río de la planicie y en parte también un río del altiplano.

Mientras fluye por el altiplano, su cuerpo fluvial corre sobre afloramientos de rocas cristalinas que provocan 17 accidentes geográficos, entre rápidos del río y cascadas.

A finales del siglo XV, por disposición del Tratado de Tordesillas (1494), la región bañada por el Beni-Madeira quedó bajo dominio de los españoles y, de hecho, las primeras noticias sobre ese río fueron dadas por los jesuitas que, a mediados del siglo XVII, establecieron misiones en la provincia de Mojos, en el Alto Perú.

Esos religiosos solían visitar el Madeira en busca de zarzaparrilla, cacao, anís y otras “drogas del sertón”.

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Para organizar el dominio sobre los territorios que conquistaba, en 1749 el gobierno metropolitano portugués creó la capitanía de Mato Grosso y Cuiabá y fundó Vila Bela da Santíssima Trindade, con la categoría de villa capital, localizada en los márgenes del río Guaporé (tributario del Mamoré).

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, fue por esa vía fluvial que Vila Bela empezó a recibir mercaderías procedentes del otro lado del océano Atlántico y a dar salida, para Lisboa, al oro que extraía.

Pero ese camino fluvial no era una ruta rápida, ni tampoco tranquila o constante. En los márgenes del Madeira y de sus tributarios vivían decenas de pueblos y naciones indígenas que ofrecían una vigorosa resistencia a la presencia colonizadora, defendiendo con bravura sus territorios.

A su vez, los accidentes naturales que se presentaban, tales como los rápidos y las cascadas -17 en el río Madeira­ y 5 en el Mamoré-, dificultaban la navegación y, además, el viajero se veía expuesto a convivir con numerosas y variadas fiebres, algunas de las cuales eran letales.

Al depender del tamaño de la caravana y de la carga que llevara, un viaje de ida y vuelta de Pará a Mato Grosso demoraba entre seis meses y un año, y para ser lucrativa, una monzón debía estar compuesta por lo menos de 10 canoas.

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En esos viajes, los barcos de tamaño mayor y más pesados enfrentaban mucha dificultad para superar los accidentes geográficos; a veces posible pasar con los barcos a media carga, pero otras, sólo se conseguía pasar con los barcos vacíos.

Pero en los accidentes donde el curso de las aguas se veía trastornado con más violencia era necesario sacar las embarcaciones del río y llevarlas por tierra a través de caminos conocidos como “varaderos” y, una vez traspuesto el accidente, colocarlas nuevamente en el río.

A finales del siglo XVIII, ese difícil camino recibió la visita de dos caravanas científicas enviadas por el gobierno portugués. Primero fue la tercera Partida de Límites que, entre los años 1781 y 1782, bajo el comando de nuestro ya conocido ingeniero Ricardo Franco de Almeida Serra viajó de Belém a Vila Bela; después fue la oportunidad de la expedición científica, más conocida como “viaje filosófico”, capitaneada por el filósofo naturalista Alexandre Rodrigues Ferreira (1783-1792).

Si bien esas expediciones fueron concebidas con propósitos diferentes, ambas debían estudiar el camino e indicar soluciones para mejorar el recorrido, pues era necesario colonizar y explorar la región y, con esto, consolidar la frontera, tanto así que J. J. ­Codina y J. J. Freire, dibujantes del “viaje filosófico”, registraron a lápiz y acuarela todos los accidentes geográficos de los ríos Madeira y Mamoré.

La expedición portuguesa que visitó el río Madeira entre los años 1781 y 1782 fue montada con el título de 3ª. División de Límites portuguesa o Partida de Límites Norte; además del citado jefe Almeida Serra, también formaban parte de ella el capitán de ingenieros José Joaquín Ferreira y los astrónomos y matemáticos António Pires da Silva Pontes y Francisco José de Lacerda, hombres de un amplio saber, educados de acuerdo con los preceptos del iluminismo portugués.

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Pero como los españoles tardaban en llegar, las autoridades metropolitanas decidieron aprovechar a sus profesionales para realizar una serie de viajes con el fin de que ellos reconocieran las áreas fronterizas.

El viaje de Pará a Mato Grosso dilató cinco meses y se hizo en seis canoas. Además de los cuatro demarcadores, formaban parte de ese viaje un capellán y un cirujano, responsables de los remedios espirituales y los físicos, respectivamente, y 16 soldados liderados por un sargento y dos cabos, cuya función era defender al grupo.

Mientras viajaba, haciendo uso de los más modernos aparatos de medición, la caravana llevaba a cabo observaciones y levantaba las informaciones necesarias para dibujar mapas y escribir diarios.

En esos registros -tanto en los escritos como en los cartográficos-, ingenieros y astrónomos establecían con precisión latitud y longitud, indicaban las cascadas y los rápidos, y señalaban las maneras para vencerlos.

Sin embargo, este valioso material -como también es el caso de aquel relativo al viaje que Ricardo Franco hizo al Pantanal-, por razones de sigilo, no se dio a conocer ni durante la colonia ni cuando Brasil pasó a ser un imperio.

Castelnau, sin embargo, sí pudo consultar esas informaciones. Como ya se observó, en 1843, durante la permanencia del equipo francés en Río de Janeiro, él y D’Osery tuvieron fácil acceso a las instituciones y autoridades, que les permitieron consultar acervos y conseguir “reunir muchos documentos sobre la geografía de Brasil”.

Todas las instituciones científicas en Río de Janeiro se abrieron para nuestras investigaciones, y muchos documentos fueron puestos a nuestra disposición. Esto permitió que los expedicionarios obtuvieran un abundante material a partir del acervo de los bien capacitados funcionarios portugueses que habían conocido en el propio lugar las tierras del interior y habían dejado detalladas descripciones en diarios, memorias y mapas.

Entre los materiales que fueron copiados por Castelnau se encontraban, precisamente, los diarios y los dibujos del río Madeira que Ricardo Franco y sus compañeros habían producido.

Pero, ¿cuál era el interés de la caravana francesa por ese río? Se trata de uno de los proyectos promovidos por el gobierno instituido en Francia por la Monarquía de Julio (1830-1848).

En el ejercicio del poder, con una base constitucional y siendo reconocidamente liberal, Luis Felipe de Orleans (1773-1850) favoreció de manera considerable a la burguesía y ésta le dio su apoyo.

Gracias a ello, durante su reinado, los franceses se reorganizaron políticamente, lo que permitió que Francia volviera a la carrera industrial y reconstruyera una marina en condiciones de competir con los ingleses y los belgas en la supremacía tanto militar como económica y diplomática en otros espacios.

El objetivo principal eran las jóvenes naciones sudamericanas que entonces se presentaban como lugares atractivos y codiciados.

Esto ocurría en un momento en que, libre del dominio colonial, la antigua Iberoamérica pasaba a ser vista por Europa como un lugar de oportunidades, a la espera de aquellos que, con espíritu liberal, tomaran la iniciativa de explotarlas. Así pues, en la primera mitad del siglo XIX, Francia procuraba conocer los nuevos estados de América Meridional por medio de viajes científicos, buscando crear lazos de dependencia comercial y cultural.

Reconocer geográficamente aquellos territorios y sus potencialidades y verter estas informaciones de manera racional a un lenguaje tanto verbal como cartográfico constituía uno de los propósitos.

Para el estudio de la relación de la expedición Castelnau con el río Madeira trabajamos con la narrativa que el viajero publicó bajo el título de Histoire du voyage (1ª. de l’Amérique du Sud (7ª. Parte, 1 tomo). La narrativa quizá sea la parte más leída y más conocida de Expédition, mientras que la Géographie raramente es citada.

Ésta se configura como un pequeño atlas compuesto por 30 mapas dobles expuestos como planchas, antecedidos por una Introducción, en la que el autor presenta la obra y hace breves observaciones sobre cada uno de los mapas.

No debe extrañar la presencia de mapas en el conjunto de la obra que un viajero publica con los resultados de una expedición realizada por tierras que eran vistas como distantes y desconocidas. Se sabe de la gran importancia que el levantamiento cartográfico tuvo para las empresas científicas.

El mapa, junto con el texto escrito y la imagen, constituye una de las principales formas narrativas utilizadas en publicaciones relativas a los viajes científicos. De hecho, en el conjunto del material gestado por una expedición, los mapas se configuran como una tercera narrativa, la narrativa cartográfica (siendo la primera la textual y la segunda la iconográfica).

Fue por medio de los mapas producidos durante los viajes de circunnavegación realizados por James Cook (1728-1779) y Louis de Bougainville (1729-1811) que en el siglo XVIII se conocieron con detalle la fisionomía y las dimensiones generales -tanto continentales como insulares- de nuestro planeta.

En las expediciones dentro de los continentes, la cartografía no fue menos importante. équinoxiales du nouveau continent, publicado en 1814. Ciertamente, en el caso de la expedición Castelnau esto no sería diferente, pues es mediante los dibujos cartográficos que se puede, entre otros objetivos, determinar la localización de ciudades y villas, de los cursos de los ríos, en fin, es por medio de los mapas que se consiguen los datos de un lugar, haciendo posible el retorno y el dominio.

[…] el mapa humaniza el territorio, primero, porque lo reduce a escala humana y, en segundo lugar, porque convierte el espacio que figuradamente representa en una dimensión que deja de ser una entelequia para convertirse en una superficie sobre la que es posible razonar y actuar.

El hecho de que, en la obra con los resultados del viaje publicada por Castelnau, los mapas hayan merecido una de sus partes, demuestra de manera elocuente que esa expedición atribuyó también mucha importancia a la construcción cartográfica, reconociéndola como una herramienta de actuación y dominio. ¿De qué manera se podrían realizar tales tareas sin levantar mapas?

Como ya observó J. B. Harley, las cartas geográficas son valiosos instrumentos de poder; permiten la representación gráfica de realidades espaciales que el hombre no llegaría a percibir sin su a... Un río es agua, generalmente dulce, que fluye a través de la superficie de la tierra hacia un cuerpo de agua más grande, que suele ser un mar.

El flujo de un río se mueve cuesta abajo debido a la gravedad y trata de llegar hacia los mares u océanos ya que estos son los que están al nivel del mar, en tierras bajas.Todos los ríos son un elemento necesario para la vida de los seres vivos, que requieren un suministro de agua dulce para poder sobrevivir.

Esto está asegurado a partir del ciclo del agua, del que los ríos forman una parte muy importante. Los ríos son cursos de agua, siguen su camino a lo largo de un canal y por lo tanto, no permanecen estáticos, sino que se mueven y producen energía. Asimismo, son los escultores del paisaje.

Pueden identificarse las siguientes partes de un río:

  • Fuente: es aquí donde se inicia el río, y puede ser un manantial, agua de deshielo de un glaciar, un lago o de aguas subterráneas. Tiende ser una zona alta a partir de la cual el río fluye por laderas escarpadas.
  • Boca: es el sitio donde el río llega a su fin y se une con el mar, océano u otro cuerpo de agua como un lago o un embalse.
  • Confluencia: es el lugar donde dos ríos se unen.
  • Tributario: un río pequeño o arroyo unido a una corriente del río.
  • Cuenca hidrográfica: cada una de las áreas drenadas por el río. Dos cuencas están separadas entre sí por una línea divisoria (llamada simplemente divisoria de aguas) que marca los límites geográficos entre ambas.
  • Canal: sendero estrecho moldeado por acción del agua, un río transcurre por un canal y el camino del río se denomina curso.
  • Lecho: fondo del canal.
  • Orillas: como su nombre indica, son los bordes del río a cada lado del canal.

Los ríos también se alimentan del agua que proviene de la escorrentía, la cual fluye hacia abajo para terminar en el mar. Hay tres tramos del curso de un río:

  • Curso superior: tiende a ser una zona de tierras altas, donde el naciente canal se caracteriza por ser estrecho y avanzar hacia abajo. En su camino por el terreno escarpado, el río puede fluir en cascadas, rápidos y quebradas, y crear valles en forma de V como consecuencia de la erosión sobre el terreno. Debido a que el canal es estrecho y la ladera es escarpada, el flujo de agua es enérgico y puede generarse turbulencia.
  • Curso medio: el canal se torna más ancho, la velocidad del flujo es mayor y el volumen de agua es también mayor que en el curso superior. La erosión del terreno forma secciones curvas, que si adquieren forma de herradura toman el nombre de meandros.
  • Curso inferior: el volumen de agua es muchísimo mayor y por tanto, la energía también. El terreno circundante es plano y en época de inundación se cubre de agua.

Los ríos constituyen una de las zonas más prolíficas en vida animal y vegetal. La unión de agua, plantas, animales, factores abióticos como las rocas y los minerales así como la materia orgánica en descomposición, conforman un ecosistema pleno para el desarrollo de muchísimas especies que ahí encuentran refugio, agua y alimento.

Los peces de los ríos, claro está, son especies de agua dulce pero algunos animales marinos llegan a aventurarse ahí, como determinados tiburones y delfines. A grandes rasgos, en los ríos pueden encontrarse peces como la carpa, la trucha de río, el bagre y la piraña; mamíferos como la nutria, el castor y el hipopótamo; anfibios como las salamandras y las ranas y reptiles como las tortugas, las serpientes, los caimanes y los cocodrilos. Además de peces, dentro del río habitan caracoles, mejillones, cangrejos y almejas.

La flora más común en los ríos está conformada por algas, musgos y una gran cantidad de plantas acuáticas, sumergidas y flotantes. ¿Ejemplo? Los jacintos de agua, los nenúfares, los lotos y las lentejas de agua.

La contaminación, la modificación del flujo del agua por acción de las presas o diques, la sobreexplotación de los recursos y la introducción de especies no naturales de un río específico, que llegan a convertirse en especies invasoras, son algunas de las amenazas que muchos ríos experimentan con frecuencia.

Algunos ríos como el Ganges, el Citarum y el Yangtsé enfrentan un nivel de contaminación altísimo, que ha afectado no solo la salud de los seres que habitan su cuenca, sino también las actividades humanas como la pesca.

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