Rufino del Carmen Arellanes Tamayo (Tlaxiaco, Oaxaca, 25 de agosto de 1899 - Ciudad de México, 24 de junio de 1991) comúnmente se le describe como un artista precursor. Fue uno de los más grandes artistas plásticos del siglo XX, reconocido por su labor como promotor del arte. Rufino Tamayo murió el 24 de junio de 1991, dejando un legado artístico de relevancia internacional, integrando la obra de civilizaciones precolombinas y el arte popular a la revolución plástica europea.
Orígenes y Formación Artística
Rufino Tamayo, nacido en Oaxaca de Juárez el 25 de agosto de 1899, fue pintor y grabador mexicano. Su padre Manuel Arellanes abandonó a su madre, Florentina Tamayo, cuando era un niño. Florentina murió cuando Tamayo apenas tenía 11 años de edad. Huérfano en 1911, se trasladó a la Ciudad de México, donde asistió a una escuela comercial antes de dedicarse por completo a la obra artística a partir de 1917. Su tía Amalia se hizo cargo de él y lo llevó a vivir a la colonia Guerrero, en la Ciudad de México. Estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y, a partir de 1921, trabajó para el Museo Nacional de Antropología. Sus maestros de pintura lo consideraron mal estudiante. Así que no fue sentado en una banca ni copiando modelos a la perfección como aprendió el arte del color.
Estilo y Filosofía Artística
Tamayo descubrió que en su tradición estaba la fuente para su trabajo. Rufino Tamayo, influenciado por sus orígenes zapotecas, se dedicó a reelaborar las formas precolombinas en su obra, como lo demuestran sus dibujos para el museo. Esta experiencia le llevó a desarrollar un estilo único, mezclando la tradición mexicana con corrientes europeas como el realismo, el expresionismo, el abstraccionismo y el cubismo. Él mismo expresó: “Traté entonces de olvidar lo aprendido en la Escuela de Bellas Artes, incluso me endurecí la mano para empezar de nuevo. Comencé a deformar las cosas, pensando siempre en el arte prehispánico. Sus proporciones no eran las clásicas que se enseñaban en la escuela; ciertamente la belleza del cuerpo humano no se encuentra en la medida de siete cabezas.” El pintor oaxaqueño realizó una búsqueda estética anclada en las raíces del México indígena. Su estilo “primitivo” que inicia desde los años veinte y que forma parte de la diversidad de propuestas pictóricas de entonces, no desaparece del todo. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, prefería la pintura de caballete, expresando su poética sensible con un lenguaje refinado. En los cuadros de Rufino Tamayo no hay relatos. Son pinturas hechas de luz, color y materia. Elisa Ramírez Castañeda en el libro Rufino Tamayo expresa: “No debe uno afanarse por saber qué quiso decir, sus cuadros son directos y nos dejan a solas con el puro júbilo de mirar. La pintura de Tamayo es un regalo a los ojos.”
Juan Carlos Pereda, en el texto Tamayo, artista gráfico, describe a Tamayo como uno de los principales artistas que definió la modernidad en la pintura mexicana. El artista, amigo de Frida Kahlo y Diego Rivera, se destaca por su estilo único en el movimiento muralista mexicano. La relación del artista, miembro honorario del Colegio Nacional, con otras corrientes de la pintura lo enriquecieron. “Como gran colorista que fue, entendió que hacer color no significaba abundar en él, engolosinarse con una supuesta riqueza. El color, como la forma, debía tener un sentido, obedecer a un proyecto, a un sistema de ideas.”
Carrera y Reconocimiento Internacional
Cultivó la pintura, el dibujo, la gráfica y la escultura. Su trabajo gráfico, iniciado en 1925, incluye litografías, grabados e impresiones de técnica mixta. Trabajó con la litografía, un campo de innovación en el que volcó su sensibilidad. Los acentos texturales iniciaron un nuevo capítulo en las imágenes por estampación. Las pastas de distintas sustancias y los papeles elaborados manualmente permitieron la incorporación de cualquier cosa o materia. Se dio entonces, intencionalmente, una auténtica emulación competitiva entre las texturas y los cromatismos, conseguido todo en el instante definitivo de la impresión. Su obra puede dividirse en varios periodos. Entre 1926 y 1938 pintó naturalezas muertas y paisajes urbanos. En los cincuenta consolidó su fama internacional. En la octava década de su vida definen su pintura el rigor plástico y la imaginación que transfigura al objeto.
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Exposiciones Clave
En 1926, Rufino Tamayo se trasladó a Nueva York, ciudad que se convirtió en un segundo hogar para él. Al ver un panorama poco favorecedor, Tamayo se fue a Nueva York con su amigo, el músico Carlos Chávez. En aquella ciudad estadounidense, en 1926, realizó su primera exposición la cual tuvo mucho éxito. Allí expuso por primera vez sus obras, como único exponente, en la Weyhe Gallery; y al año siguiente exhibió su trabajo en el Art Center. A partir de 1928 alternó su estancia entre México y Estados Unidos, principalmente, donde realizó varias muestras en recintos como el Teatro Nacional (entonces aún en construcción), luego llamado Palacio de Bellas Artes (1929); The John Levy Galleries, NY (1931); Howard Putzel Gallery, San Francisco, California (1937); Galería de Arte Mexicano (1938); Valentine Gallery, NY (1939); The Art Club of Chicago (1945); Cincinnati Art Museum (1947); sala mayor del Palacio de Bellas Artes (retrospectiva, 1948); Pierre Matisse Gallery, NY (1948); Salón de la Plástica Mexicana (1951, 1954); Fort Worth Art Museum, Texas (1952); Santa Barbara Museum of Art, Santa Barbara, California (1954); Museum of Art, San Francisco (1954); Museum of Fine Arts of Huston; y Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México (1964, 1976).
En Europa presentó su obra en la Sala Tamayo de la Bienal de Venecia (1950); Galerie des Beaux Arts, París (1950); Il Milione, Milano, Italia (1958); Gallery One de Londres (1961); Musée d’Art Moderne de la Ville, París (1974); Palazzo Strozzi, de Florencia (1975), Marlborough Fine Art, de Londres (1982); y en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid (1988). Asimismo, expuso en el Museo Nacional Bezalel, Jerusalén (1962); Museo de Arte Moderno de Tokio (1976) y en la Gran Sala de la Casa Central del Pintor, Moscú (1989), entre otros.
Los conocedores, los críticos y otros pintores estaban sorprendidos, pues sólo conocían la pintura de los muralistas. Ana Torres, en su texto Rufino Tamayo: ¿un pintor de ruptura?, señala que la imagen pública de Tamayo empieza a cobrar fuerza cuando los críticos de arte nacionales y extranjeros marcan una diferencia tajante entre su pintura y la de los muralistas. “Entre los pintores vivos de México Tamayo es el único que avanza por el camino de la estética.” Elisa Ramírez Castañeda señala que fue en el año 1948 con una exposición en el Palacio de Bellas Artes que entonces Tamayo fue reconocido, siendo valorado por primera vez en el país, pues era considerado casi un traidor a México por haber intentado nuevos caminos.
Murales Destacados
Rufino Tamayo pintó murales, pero le interesaba mucho más pintar telas donde el color, la materia, el tema y la manera de plasmar una visión son asunto personal de cada artista. Hizo los murales El canto y la música (1933), en la Escuela Nacional de Música; Revolución (1938) en el Museo Nacional de Antropología, México, hoy Museo de las Culturas del Mundo; La naturaleza y el artista. Durante este período, ejecutó varios murales importantes, como los del Conservatorio Nacional de Música y Smith College. Rufino Tamayo, influenciado por el modernismo europeo, viaja a menudo a Europa, instalándose en París en 1957. Allí crea un mural para el edificio de la UNESCO.
Cargos y Nombramientos
La carrera de Tamayo incluyó también importantes roles en la promoción y enseñanza del arte:
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| Año(s) | Cargo | Institución/Ubicación |
|---|---|---|
| 1921 | Jefe del Departamento de Dibujo Etnográfico | Museo Nacional de Arqueología |
| 1926 | Profesor de dibujo y pintura | Varias escuelas primarias públicas de la Ciudad de México |
| 1928-1929 | Profesor de pintura | Escuela Nacional de Bellas Artes |
| 1932 | Jefe del Departamento de Artes Plásticas | Secretaría de Educación Pública |
| 1938 | Instructor de arte | The Dalton School (Nueva York) |
| 1946 | Instructor de arte | Brooklyn Museum Art School |
También se convirtió en profesor de pintura en The Dalton School.
Regreso a México y Legado Duradero
Después de una estancia intermitente de más de 25 años en Estados Unidos y Europa, regresó a México en 1964, para años más tarde inaugurar dos museos. Regresa permanentemente a la Ciudad de México en 1964, donde continúa recibiendo premios y honores, incluyendo los títulos de Chevalier y Officier de la Légion d'Honneur del gobierno francés. Su obra en Estados Unidos y México le valió notables reconocimientos, incluida la Medalla de Honor Belisario Domínguez en 1988. Rufino del Carmen Arellanes Tamayo ingresó a El Colegio Nacional el 21 de mayo de 1991. En 1974 abrió sus puertas en la ciudad de Oaxaca el Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo con 1300 piezas coleccionadas y donadas por el artista; y el 29 de mayo de 1981 se abrió al público el Museo Rufino Tamayo en Chapultepec, hoy Museo Tamayo.
Un hombre con un profundo arraigo a su país, siendo en sus pinturas el ser humano siempre protagonista, al igual que el universo, como aquella titulada El hombre frente al infinito, en la que nos percatamos de su gran talento. Es considerado uno de los artistas plásticos más destacados del siglo XX y reconocido por su labor como promotor del arte.
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