La primera mitad del siglo XX se caracterizó por ser una época llena de catástrofes de índole bélica, donde la guerra marcó el quehacer del mundo occidental, sobre todo en los países directamente involucrados en los conflictos armados. Una de las grandes protagonistas de la Primera Guerra Mundial fue la mujer, sin duda. Cuando nos acercamos al papel de la mujer en el esfuerzo económico en la Primera Guerra Mundial al incorporarse masivamente al mercado laboral, siempre se tiende a incidir más en las consecuencias que este hecho capital tuvo en la historia de la conquista del derecho al sufragio, además de generar una nueva forma de relacionarse ambos sexos en la sociedad occidental. En este breve trabajo nos queremos centrar en el caso francés a través de la movilización femenina en 1917.
Contexto Previo y la Necesidad de Mano de Obra
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, las mujeres engrosaron el ejército de reserva del trabajo asalariado, porque constituían una oferta laboral abundante y barata. Hay muchos testimonios tanto de obreros y sindicalistas como de los propios reformistas de aquel tiempo, que confirman los bajos salarios retribuidos a las mujeres respecto a los varones. De ahí que las grandes reformas sociales del primer tercio del siglo XX estuvieran encaminadas a sustituir las bases sobre las que descansaba la tradicional familia obrera, en la que el empleo femenino solo tenía un carácter subsidiario respecto al trabajo masculino, hasta que llegaron los nuevos tiempos a fuerza del belicismo.
La Primera Guerra Mundial ocasionó el primer trauma global de la sociedad industrial occidental que nació a mediados del siglo XIX. La Gran Guerra obligó a las potencias europeas a un tremendo esfuerzo bélico y envió a las trincheras a lo más granado de su población masculina -alrededor de 75 millones de hombres-, cuya aportación como fuerza de trabajo había sido hasta entonces uno de los principales combustibles de la Revolución Industrial. El reclutamiento de una gran parte de la población masculina en edad laboral dejó vacantes que fue necesario cubrir recurriendo a la población femenina.
La Incorporación Femenina al Mercado Laboral
La economía bélica tuvo que encontrar recursos para abastecer al mercado y con ello la reconversión de la industria se orientó a todo lo que los ejércitos necesitaban, dedicándose así la industria textil casi por completo a la masiva confección de uniformes, mientras que la industria metalúrgica pasó en exclusiva a la fabricación de armamento y munición. De esta forma, las mujeres asumieron nuevas responsabilidades y accedieron a puestos de trabajo de los que antes habían sido excluidas. La incorporación de la mujer al trabajo fuera del hogar alcanzó unas cifras antes nunca vistas.
Las mujeres suponían una mano de obra útil y barata en la industria y en los servicios públicos para sustituir a los hombres que habían sido alistados. Asumieron trabajos tan dispares como enfermeras, deshollinadoras, conductoras de autobuses y camiones, secretarias u obreras en las fábricas de armas. Realizaron aquellos empleos que los hombres habían hecho hasta entonces: repartidores de leche, revisores en los transportes, carniceros, conductores de camiones y autobuses. Las mujeres asumieron además puestos laborales que muchos hombres despreciaban, demostrando su capacidad y espíritu de sacrificio.
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Dentro de los sectores en los que se abrieron nuevas oportunidades laborales para las mujeres, destacaron el sector de la metalurgia y la industria armamentística. Se calcula que más de un millón y medio de mujeres trabajaron en la industria bélica, solo sumando las cifras de Francia y Gran Bretaña. Solo entre Francia y el Reino Unido, más de un millón y medio de mujeres se emplearon en las industrias de guerra.
Medidas Gubernamentales y Movilización Obrera en Francia
El Gobierno francés fue de los primeros que abordó el tema. En Francia es importante destacar la labor el ministro socialista de armamentos, Albert Thomas, que creó un Comité de Trabajo Femenino encargado de proteger a las mujeres, estableciendo normas sobre el descanso, organizando guarderías, tiempos para que las madres pudieran amamantar.
Las mujeres fueron las primeras que se movilizaron reclamando una igualación salarial por ley para evitar esta discriminación. En 1915 el Gobierno francés sacó adelante una ley que establecía un salario mínimo para las trabajadoras del sector textil, y dos años después se estableció en ese sector la igualdad salarial entre hombres y mujeres. El Gobierno francés, en 1915, estableció un salario mínimo para las obreras que trabajaban en la industria textil.
En el año citado, tan importante en la historia del movimiento obrero mundial, se celebró en París el día 11 de febrero en la Sala Ferrer de la Bolsa de Trabajo un mitin organizado por el Comité Intersindical de Acción contra la Explotación de la Mujer en el que se estableció una serie de principios fundamentales en relación con el movimiento obrero protagonizado por mujeres, junto con un conjunto de reivindicaciones.
Principios y Reivindicaciones del Comité Intersindical
- En primer lugar, se consideró que el empleo de la mano de obra femenina, casi siempre desorganizada, generaba una bajada de salarios.
- En segundo lugar, se consideró que era fundamental velar porque se mantuviesen los salarios de antes de la guerra, pero sobre todo elevarlos ante el innegable aumento del coste de la vida que el conflicto había provocado.
- En tercer lugar, se proclamó un principio de solidaridad obrera: los que se habían quedado debían luchar para que los que regresasen del frente no encontrasen peores condiciones laborales que las que dejaron al marchar. En este sentido, se dejaba claro que el país tenía una deuda de gratitud con los que estaban haciendo la guerra.
- Otro de los principios que se establecieron se refiere a que el empleo de la mano de obra femenina en las fábricas se había realizado no de forma reglamentada provocando un derroche de fuerzas humanas.
Por todos estos principios, quienes allí reunieron, hombres y mujeres, se comprometieron a sostener la campaña emprendida por el Comité Intersindical en favor del fomento de la organización sindical de las mujeres, de la aplicación rigurosa de la Ley de 10 de julio de 1915 y de la aplicación del principio “a trabajo igual, salario igual”. También se pedía que ese principio, junto con el relacionado con el del salario mínimo, figurase en las cláusulas obreras en el próximo Tratado de Paz, como convenciones internacionales. También se pedía que los poderes públicos tomasen todas las medidas necesarias para salvaguardar la salud de las trabajadoras, que representaban en ese momento la mayoría de la población activa francesa, y fundamental en el futuro. También se pedía la aprobación de leyes laborales por las nuevas necesidades.
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Impacto Post-Guerra y Transformación Social
Si bien es verdad que la incorporación de la mujer al esfuerzo de guerra económico y social resultó fundamental durante la Gran Guerra, en el contexto de la Europa de entreguerras, marcada por la Gran Depresión, el retroceso del trabajo remunerado para la mujer fue muy evidente. El regreso de los hombres del frente supuso su reincorporación al mercado laboral y el desplazamiento de las mujeres, incrementándose la diferencia salarial entre ambos géneros. Todo ello se vio beneficiado por la escasez de derechos políticos reales de las mujeres.
Sin embargo, la incorporación masiva de la población femenina al mercado laboral a consecuencia de la guerra influyó de manera decisiva en el cambio del papel de las mujeres en la sociedad. “Las consecuencias sociales y políticas de la guerra modificaron los estereotipos tradicionales de género y dieron paso a una nueva mujer moderna, que no se limitaba a vivir en el ámbito privado del hogar.” La lucha iniciada años antes por el derecho al voto y la reivindicación de los derechos sociales, políticos y económicos de la mujer, verá sus primeros frutos tras la Primera Guerra Mundial.
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