En la turbulenta frontera de los años setenta, un hombre sin rostro público, pero con una reputación de acero, cambió el rumbo de una ciudad marcada por la violencia y el narcotráfico. En Nuevo Laredo, el nombre de "el Fiscal de Hierro" evoca un tiempo en el que la violencia parecía incontrolable y la ley necesitaba de un brazo inflexible para imponerse. En el mundo corrían los turbulentos setentas con las guerras, golpes de estado, atentados y el avance del mundo de las adicciones; Nuevo Laredo no se quedaba atrás. Uno de los avances, por desgracia y como sucede en cada ciudad que alcanza un determinado grado de perfeccionamiento, fue el de las adicciones, las personas encontraban a las drogas como "la nueva taza de café".
Durante la segunda mitad de la década de 1970, el crimen organizado había ganado terreno, al grado de desafiar abiertamente a las instituciones. Fue entonces cuando las autoridades enviaron a un agente tan reservado como temido: Salvador del Toro Rosales.
El Auge del Crimen Organizado en Nuevo Laredo
En una ciudad convulsa por haber encontrado una nueva fuente de ingresos elevados, hubo una familia que trasladó sus actividades económicas legales y, por lo tanto, lícitas; en actividades ilegales y, perseguidas por las autoridades. Su llegada no fue casual. El dominio de la familia Reyes Pruneda, liderada por la temida matriarca Simona, había transformado a la ciudad en un enclave estratégico para el tráfico de mariguana. La expansión del clan no solo se sustentaba en la violencia, sino también en su capacidad de desafiar a cualquier figura de autoridad que intentara frenar su imperio.
Como es conocido, en aquel entonces, muchos grupos encontraban la forma de operar bajo el auspicio de las autoridades a cambio de una dádiva o un pago por derecho de piso o por permitirles trabajar. Eran otros tiempos. Todo se había mantenido en una aparente calma. La familia que en otro tiempo eran campesinos, ahora se dedicaban al tráfico de la hierba "juana". Esa familia era los famosos Reyes Pruneda, comandada por la madre de los hijos, Simona Reyes Pruneda. Gozando de una casi inmunidad legal, habían acaparado cada vez más y más poder. Llegando al grado de negarse a pagar a las autoridades por el "derecho de trabajar".
Ante esta situación, el gobierno envió a sus agentes para forzar a la familia a realizar el pago requerido y que todo siguiera en paz; pero, la respuesta de Refugio "Cuco" Reyes Pruneda dejó un futuro incierto para todos. El asesinato de dos agentes federales, cometido por Refugio “Cuco” Reyes, fue la chispa que encendió una guerra abierta. Estando en el clásico restaurant de la ciudad, La Siberia, Cuco, negándose a pagar, asesinó a balazos a los agentes federales Rafael Hernández Hernández y Álvaro Díaz de León, cuando ellos intentaron apresarlo. Era el 2 de noviembre de 1970. La guerra se desató.
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La otrora familia abnegada que vivía del campo, ahora era una piedra incómoda en la agenda política de la ciudad. Si otros grupos seguían su ejemplo de rebelarse ante las autoridades eso se volvería inaguantable. Doña Simona, la líder. Era de carácter, recia y decidida. Solamente ella podía guiar, o controlar mejor dicho, a sus violentos y sanguinarios hijos. De todas partes de México; por ejemplo Matamoros, llegaron agentes y personal político con la consigna de detener a los que se había sublevado. Pero ninguno pudo hacerlo; hasta que llegó "El fiscal de hierro".
La Llegada y Estrategia de "El Fiscal de Hierro"
Rosales, apodado por la prensa como "el Fiscal de Hierro", llegó con una misión clara: erradicar a quienes habían puesto en jaque a las autoridades. Su nombre, Salvador del Toro Rosales "El fiscal de hierro" y tal como el hierro; duro, rígido, inalterable, incorruptible. Su fama le precedía. Era el encargado de limpiar la zona de los grupos rebeldes. Su estrategia combinó inteligencia, sigilo y una severidad implacable.
Métodos Implacables y Personalidad Enigmática
No dormía dos noches seguidas en el mismo lugar, desconfiaba incluso de sus compañeros y jamás permitió que la prensa captara su imagen. Su andar, misterioso y con suma cautela. Sus fotos son escasas y hay una razón para eso, sabia que debía cuidarse de los demás. Así solamente podría sobrevivir.
Su apodo, ganado a pulso. El famoso "abogado del diablo" Francisco Javier Bernal trató de sobornarlo. No podía, él era incorruptible. "El fiscal de hierro" mandó a encerrar al abogado. Los testimonios sobre Salvador del Toro Rosales son plenos, auténticos; es decir, él está contando en serio todas las tropelías, todas las pillerías que hizo, y lo dice: "Estas pillerías y estas estupideces desde el punto de vista jurídico penal, las tuvimos que hacer porque teníamos de frente a la Secretaría de Gobernación".
Operativo Fulminante y el Fin del Clan Reyes Pruneda
Bajo su mando, el operativo fue fulminante. Sus métodos, excesivos; aunque eficientes. Primero, finó a Cuco Reyes; acto seguido, Simona terminó en el Penal. “Cuco” cayó primero; Simona fue capturada después. Los remanentes de la organización fueron enviados a prisión o neutralizados en el campo. Todos los sospechosos de pertenecer a la banda debían ser detenidos y llevados a la cárcel. Hacia 1975, la mitad de la banda de los Reyes Pruneda estaba muerta o tras las rejas. Callendo los "peces gordos" de la ciudad.
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Autoridad inquebrantable sin dar margen a pactos, Rosales impuso un orden que pocos creían posible en una ciudad fronteriza marcada por la corrupción y el miedo. Costó mucho plomo, pólvora y sangre, pero Nuevo Laredo recuperó la paz y la tranquilidad por algunos años.
Trayectoria Posterior y Reconocimiento
Años más tarde, su figura volvió a aparecer en la vida pública, esta vez como jefe de la Policía Municipal de Matamoros. A Del Toro Rosales se le conoce como "el fiscal de hierro". Su trabajo guarda relación con numerosos actos jurídicos represivos de la época. Por ejemplo, en las investigaciones, cuyo interrogante provocó la protesta del agente del Ministerio Público Federal, Salvador del Toro Rosales.
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