Agustín de Iturbide, comandante de la provincia de Guanajuato, fue una figura central durante la guerra de Independencia. Este criollo que surgió de las milicias de Valladolid fue escalando militarmente desde el inicio de la guerra, pero tras tres años al frente de dicha comandancia, se le señaló por una serie de malos manejos, entre los que destacaban el enriquecimiento ilegal, la violencia excesiva y el abuso de su mando militar.
El cura de Guanajuato, Antonio Labarrieta, fue quien tuvo el valor de decir la verdad e instruyó exactamente al virrey de todo lo que pasaba en la región. En su informe, el clérigo señaló que las fuerzas de Iturbide habían saqueado las haciendas de Copal, Mendoza y el Molino. Además, denunció que había monopolizado el comercio del azúcar, la lana, el aceite y los cigarros mediante la detención de convoyes para elevar los precios, que actuaba despóticamente ante los cabildos de León, Silao y Guanajuato, que publicaba leyes sin autoridad y que había extraído de las cajas reales alrededor de tres millones de pesos.
La causa judicial y la postura del Virrey Calleja
Esta acusación llegó a México en marzo de 1816. El virrey Calleja, en vista de que los cargos se hacían a uno de sus jefes más estimados, se vio forzado a suspenderlo del mando y a prevenirle que se presentase en la capital para depurar su conducta. No obstante, el virrey estaba resuelto a sostener a Iturbide, de cuyos servicios militares se hallaba satisfecho, y anduvo remiso y lento en los procedimientos subsecuentes.
Resumen de las acusaciones principales
- Saqueo: Fuerzas bajo su mando saquearon haciendas locales (Copal, Mendoza, Molino).
- Monopolio: Control del comercio de granos, azúcar, lana y otros insumos básicos para las minas.
- Abuso de autoridad: Actuar despóticamente contra los ayuntamientos y publicar leyes sin facultades.
- Corrupción financiera: Extracción ilegal de fondos de las cajas reales.
Iturbide se defendió en una extensa misiva enviada a Calleja el 14 de agosto de 1816, calificando el informe como un "libelo infamatorio". En su defensa, descalificó a Labarrieta por la "corrupción que es muy conocida de sus costumbres" y por haber seguido el partido de la rebelión al adherirse fugazmente a Miguel Hidalgo en 1810.
La destitución definitiva
Aunque inicialmente Iturbide fue absuelto por Calleja, la llegada del nuevo virrey, Juan Ruiz de Apodaca, el 20 de septiembre de 1816, cambió radicalmente el panorama. Apodaca desechó la exoneración anterior y dejó a Iturbide separado de su mando de manera provisional. Finalmente, el 12 de noviembre, se le comunicó que había sido reemplazado en la comandancia del Ejército del Norte, quedando a partir de ese momento sin mando efectivo.
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Para muchos historiadores, la forma en que se dio su destitución y el hecho de ser relevado bajo acusaciones de crueldad y corrupción fue el detonante que lo hizo sentirse desplazado del sistema realista. Este periodo de ostracismo marcaría el inicio del cambio de mentalidad en Iturbide, quien posteriormente se colocaría en contra del gobierno que tanto había defendido, buscando nuevas alianzas que derivarían en los eventos que permitieron la consumación de la Independencia.
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