Los bosques del mundo están entrando en una nueva era, caracterizada por la homogeneización, la pérdida de biodiversidad y el debilitamiento de los ecosistemas. En la zona tropical se han establecido plantaciones forestales a un ritmo cada vez mayor, en particular desde 1970, con un incremento en la demanda de especies de crecimiento rápido como la Acacia para la producción de madera y leña.
En la mayoría de los casos, las especies arbóreas cultivadas son de turno corto, que oscila entre 5 y 20 años, y por lo general de crecimiento rápido para producir un volumen máximo. El crecimiento medio anual (CMA), medido en m³/ha/año, es un indicador fundamental para evaluar el rendimiento de estas plantaciones, aunque su cálculo depende de factores intrínsecos al sitio y al manejo forestal.
Factores que influyen en el incremento medio anual
La capacidad productiva del lugar influye tanto en el volumen producido por unidad de superficie como en la edad de culminación del CMA máximo. La densidad de la masa también influye de manera directa sobre el rendimiento; el volumen de producción de una masa completamente poblada es superior al de otra escasamente poblada.
A continuación, se presentan datos comparativos basados en estimaciones de rendimiento para diversas especies forestales en condiciones de sitio promedio:
| Especie | Zona de crecimiento | Incremento medio anual (m³/ha/año) |
|---|---|---|
| Acacia mangium | Tropical húmeda | 20 - 30 |
| Gmelina arborea | Tropical húmeda | 15 - 25 |
| Eucalyptus spp. | Tropical húmeda/semiárida | 15 - 30 |
Dinámica ecológica y productividad forestal
Los resultados indican claramente que las especies de crecimiento rápido se volverán todavía más dominantes en las próximas décadas. El estudio de especies como la Acacia mangium demuestra cómo la fisiología arbórea, incluyendo el flujo de savia y la transpiración, permite a estas especies oportunistas colonizar ambientes alterados con mayor eficacia que las especies nativas de crecimiento lento.
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Es fundamental mantener la diversidad funcional entre las especies arbóreas para garantizar la resiliencia a largo plazo de nuestros ecosistemas. Ante este panorama, hay que limitar la expansión descontrolada de especies exóticas invasoras y, a la vez, proteger los árboles autóctonos de crecimiento lento y los que están amenazados, ya que, aunque la naturalización de especies de árboles continúe produciéndose, debemos analizar cuáles pueden hacer que nuestros bosques sean más inestables a medio plazo.
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