El Songbun: Descubre el Secreto del Sistema de Control Social en Corea del Nortepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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¿A qué se dedicaban tus abuelos o bisabuelos en la década de 1940? ¿Cuál era su afiliación política? Estos datos pueden ser anecdóticos o irrelevantes para cualquier persona en el mundo pero, en Corea del Norte, marcan por completo la vida de una persona. De ellos depende ser considerado leal al régimen de la familia Kim, hostil o algo intermedio entre ambos extremos dentro del estricto modelo de clasificación social que rige en el país. El líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, mantiene este sistema de clasificación y control social heredado de su abuelo, el fundador del país Kim Il-sung.

El conocido como songbun -palabra que significa origen o ingrediente en coreano y es parte de la expresión chulsin songbun u “origen familiar”- condiciona todos los aspectos de la vida de un norcoreano: desde su lugar de nacimiento y las regiones que puede visitar hasta su acceso a comida y medicinas, sus posibilidades de estudiar o el trabajo que le asigna el Estado. “Songbun es el sistema en el que tu valor se mide por los méritos o las faltas de tus antepasados y familiares”, explica a BBC Mundo la activista y académica Yeonmi Park, autora del libro autobiográfico “Escapar para vivir: el viaje de una joven norcoreana hacia la libertad”.

Corea del Norte niega la existencia del songbun y asegura que todos sus ciudadanos gozan de igualdad de oportunidades bajo el paraguas del Estado socialista. Sin embargo, norcoreanos que han huido del país y expertos con acceso a documentos administrativos han ofrecido a lo largo de los años numerosos testimonios y evidencias de este sistema de clasificación social.

Origen y Consolidación del Songbun

En la primera mitad del siglo XX, Corea era un país sometido al dominio colonial japonés, heredero de una sociedad feudal confucianista (que daba una extrema importancia a las jerarquías) con cuatro estamentos que se podrían definir a grandes rasgos como nobles, técnicos cualificados, pueblo llano y parias. Tras la II Guerra Mundial la península pasó del dominio colonial japonés a una división entre el Norte comunista, influenciado por la Unión Soviética de Josef Stalin, y el Sur capitalista, intervenido por Estados Unidos. La Guerra de Corea (1950-53) solo sirvió para consolidar esta división y sellar una frontera casi infranqueable entre los dos Estados antagónicos.

El fundador y primer presidente de Corea del Norte, Kim Il-sung, consolidó la dictadura del proletariado bajo un sistema de fuerte influencia estalinista, con una intensa vigilancia ideológica y frecuentes purgas. A su manera, Kim Il-sung revivió y adaptó al comunismo el sistema de castas confucianista de la antigua Joseon, como se conocía a Corea entre los siglos XIV y finales del XIX, y el mismo nombre con el que el régimen norcoreano se autodenomina oficialmente hasta hoy (República Popular Democrática de Joseon).

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Fue en la década de 1960 cuando, según expertos, el gobierno norcoreano completó los exhaustivos registros que clasifican a cada ciudadano en su lugar correspondiente según el historial de su familia. En este contexto, algunas personas y familias eran más sospechosas que otras. Excombatientes que lucharon contra Japón o contra el Sur, miembros del Partido Comunista, antiguos jornaleros sin tierra y obreros, entre otros, pasaron a conformar la dirigencia y la clase privilegiada en el país. En contraste, grandes y pequeños terratenientes, comerciantes, religiosos, personas con parientes surcoreanos o que lucharan del otro lado en la guerra eran señalados como posibles traidores.

Cómo funciona el Songbun: Las Tres Castas Principales

La mayoría de los académicos y norcoreanos que han logrado huir del país distinguen tres estamentos principales en el songbun, aunque se reconocen dos adicionales dentro de esa misma clasificación, dividida a su vez en unas cincuenta subcategorías. Estos estamentos determinan el nivel de confianza y lealtad de un ciudadano hacia el régimen de los Kim.

Los Haeksim: La Casta Leal

Los norcoreanos de la “casta” superior se clasifican como haeksim -que significa “núcleo”- y se les considera ciudadanos dignos de confianza y leales a los Kim. Son descendientes de quienes lucharon contra la colonización japonesa y luego contra el Sur en la Guerra de Corea, miembros o autoridades del partido único y familias de origen obrero o campesino con un historial de lealtad intachable durante décadas.

Estos disfrutan de los mayores privilegios en la sociedad norcoreana: viven en los municipios más desarrollados, estudian en la universidad, se les asignan los mejores trabajos y son atendidos en los principales hospitales. Otra prebenda importante para la clase alta es residir en la capital, Pyongyang, cuyos 3 millones de habitantes (aproximadamente un 12% de la población norcoreana) pertenecen en su gran mayoría al estamento haeksim, según expertos. “Pyongyang es el único lugar en Corea del Norte donde realmente se practica el socialismo y la gente recibe servicios del Estado”, asegura Yeonmi Park. Dentro de los haeksim, explica Park, hay una franja superior compuesta por familias cercanas a los círculos de poder de Pyongyang que incluso pueden viajar al extranjero y enviar a sus hijos a estudiar a China, Rusia o Europa.

Los Dongyo: El Estamento Intermedio

Entre el estamento más alto y el bajo hay un término medio: los dongyo. Se trata de las familias no consideradas hostiles pero cuyo historial familiar tampoco está completamente limpio y su lealtad al régimen se ve como ambigua o cuestionable. Sus oportunidades son limitadas, pero dentro de este grupo hay subclasificaciones. Por ejemplo, un dongyo con un historial sin demasiadas manchas podría vivir cerca de Pyongyang, acceder a una universidad de segundo rango u ocupar puestos de trabajo administrativos o intermedios. Esto sería inconcebible para otro de su misma “casta” clasificado en la parte baja cerca del límite de la “hostilidad”.

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Los Choktae: Los Ciudadanos "Hostiles"

La antítesis de la clase privilegiada son los ciudadanos considerados “hostiles”, a quienes se llama choktae. Se considera que su sangre está “contaminada” por ser descendientes de terratenientes, comerciantes, cristianos o colaboradores del imperio japonés durante la ocupación o del Sur en la Guerra de Corea. Es decir, los enemigos tradicionales del régimen comunista norcoreano. Estas personas -a quienes se suele comparar con los "intocables" en el sistema de castas de India- enfrentan una discriminación sistemática, viven en los lugares más remotos donde el acceso a comida y electricidad es limitado, carecen de oportunidades educativas y realizan los trabajos más duros. Gran parte de los "hostiles" viven en zonas rurales remotas y frías en el norte del país, que limitan con China y Rusia.

“Los niños de esta casta van a la escuela por las mañanas, sobre todo para adoctrinamiento ideológico, pero luego los usan para trabajar en el campo y en las minas. Por lo general tienen una vida corta y sometida a vigilancia casi permanente de las autoridades”, afirma Yeonmi Park. Por supuesto, es extremadamente raro que una persona clasificada como choktae pueda vivir en Pyongyang o incluso obtener de forma legítima un permiso para visitar la capital.

La mayoría de expertos estiman que los dongyo son los más numerosos al representar aproximadamente el 40% de la población, mientras los haeksim y choktae rondarían el 30% en cada caso. Se desconoce, en todo caso, cuál es la proporción real, ya que los archivos de clasificación social -como casi todos los documentos oficiales en Corea del Norte- se guardan bajo el más estricto secreto.

Casta (Songbun) Descripción General Ejemplos de Origen Familiar Privilegios o Desventajas Clave Proporción Estimada de la Población
Haeksim (Núcleo) Ciudadanos considerados plenamente leales y dignos de confianza del régimen. Descendientes de combatientes anti-japoneses, veteranos de la Guerra de Corea, miembros del Partido de los Trabajadores, obreros y campesinos con historial intachable. Máximos privilegios: residencia en Pyongyang, acceso a educación superior, mejores trabajos y atención médica, posibilidad de viajes al extranjero (para la élite). ~30%
Dongyo (Intermedio) Familias cuya lealtad al régimen es ambigua o cuestionable, sin ser abiertamente hostiles. No hay una categoría específica de origen; se definen por la ausencia de un historial claramente positivo o negativo. Oportunidades limitadas: pueden vivir cerca de Pyongyang, acceder a universidades secundarias o puestos administrativos intermedios, dependiendo de subclasificaciones. ~40%
Choktae (Hostiles) Ciudadanos con "sangre contaminada" o considerados enemigos del régimen. Descendientes de terratenientes, comerciantes, cristianos, colaboradores japoneses o del bando surcoreano en la guerra. Discriminación sistemática: viven en zonas remotas con acceso limitado a recursos, carencia de educación, trabajos forzados, vigilancia constante. ~30%

Songbun en la Práctica y sus Implicaciones

La información sobre el songbun de cada norcoreano se almacena en documentos clasificados del Estado, las administraciones locales y la policía. El songbun es un tema que todos los norcoreanos tienen presente en su día a día, ya que marca por completo sus vidas. Por lo general las familias saben o intuyen la posición social que ocupan dentro del sistema en función del lugar en el que viven, su acceso a educación superior y salud o los trabajos que desempeñan.

Sin embargo, en ocasiones alguien puede necesitar acceder a los archivos clasificados para conocer el songbun de una persona. “Los norcoreanos suelen sobornar a algún funcionario o policía para conocer el songbun de la otra parte antes de concertar un matrimonio”, indica Park. Esto lo hacen para asegurarse de que el nivel de ambos sea similar: “En el songbun no hay ascensos, solo degradaciones, por lo que si uno de ellos tenía un estatus más alto, al casarse automáticamente se equiparará al de su cónyuge que lo tenía más bajo”, indica Park. Por eso, en Corea del Norte es extremadamente inusual un matrimonio entre una persona “confiable” y otra de rango intermedio, o entre intermedia y “hostil”, ya que esto empeoraría las condiciones de vida de la familia de la primera y las siguientes generaciones.

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A pesar de la existencia de un mercado negro en zonas cercanas a la frontera con China, donde algunos norcoreanos de rango medio o bajo han acumulado cierto patrimonio, alterar el songbun mediante sobornos sería prácticamente imposible, ya que implicaría falsificar documentos en diferentes instancias. Aun logrando esto, el nuevo estatus de la persona no se correspondería con el de sus parientes cercanos y ancestros, lo que podría despertar sospechas. “No hay nada que puedas hacer para cambiar tu destino, porque no puedes elegir a tus antepasados”, sentencia Yeonmi Park.

El régimen de los Kim utiliza el songbun para conseguir un exhaustivo control social. “Refuerza la idea de que si alguien hace algo mal en tu familia, todos son responsables. Uno no es responsable de sí mismo, de su propio comportamiento, sino del grupo. Así acaban con el individualismo y previenen el menor atisbo de disidencia”.

Control Social y Derechos Humanos bajo el Régimen

El régimen norcoreano se caracteriza por el extremo culto a la personalidad de los Kim. Persistía el control del gobierno sobre todos los aspectos de la vida, y la libertad de expresión y circulación estaban estrictamente limitadas. Continuaron las prácticas de vigilancia y se castigó la distribución de medios de comunicación extranjeros. Se mantuvieron las detenciones arbitrarias, los campos para presas y presos políticos y la tortura, así como falta de transparencia en la aplicación de la pena de muerte. Las personas huidas corrían peligro de ser detenidas y sufrir malos tratos en caso de devolución. Se notificaron casos de inseguridad alimentaria, asistencia sanitaria inadecuada y acceso restringido a la educación, mientras las autoridades seguían imponiendo duras restricciones a la ayuda humanitaria internacional. Las personas con discapacidad sufrían discriminación, violencia y abuso sistémicos.

Libertad de Expresión y Vigilancia

Seguía habiendo fuertes restricciones a la libertad de expresión. Las autoridades utilizaban la legislación, la vigilancia y las campañas ideológicas para suprimir cualquier contacto con el mundo exterior. La censura siguió apoyándose en la Ley de Rechazo de Ideologías y Culturas Reaccionarias y la Ley para la Protección del Idioma Cultural de Pyongyang. Prácticamente no existía posibilidad de acceso a la información del exterior: se interferían las emisiones de radio y la población que vivía junto a la frontera con China estaba sometida a un fuerte control policial.

Siguieron realizándose inspecciones casa por casa, sin orden judicial ni aviso previo, en busca de teléfonos móviles, dispositivos de almacenamiento y material impreso, con el objetivo de encontrar material “antisocialista”. Las autoridades continuaron vigilando estrechamente escuelas y universidades. Se confiscaban los dispositivos del alumnado en los que hubiera contenidos de medios de comunicación extranjeros prohibidos -sobre todo de Corea del Sur-, y si se descubría a un alumno o alumna con contenidos extranjeros, se procedía a su expulsión o a su reclusión en un centro de menores. Se ordenó al personal docente que diera conferencias de carácter político en las que el interés por la cultura extranjera se equiparaba a traición. En otros lugares de trabajo, la dirección debía vigilar al personal e informar sobre presuntas violaciones. Continuaba la vigilancia digital, especialmente de jóvenes que trataban de eludir las restricciones.

La Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos informó de que las autoridades habían intensificado la vigilancia de las comunicaciones y la vida cultural de la población y castigaban duramente la distribución de medios de comunicación extranjeros. Las personas acusadas de distribuir películas surcoreanas o extranjeras se enfrentaban a penas graves. Según informes, un hombre fue ejecutado por distribuir música y películas extranjeras. También se castigaba al personal militar descubierto con material extranjero en su poder.

Detención Arbitraria y Campos de Prisioneros Políticos

La detención arbitraria seguía siendo un aspecto fundamental del sistema de control de las autoridades. Las personas que huían (tanto de la detención como del país) informaron de leves mejoras en las condiciones de detención y los procedimientos de denuncia, aunque continuaba existiendo temor por las represalias y, en general, las condiciones seguían siendo duras. Se mantuvo recluidas sin juicio ni garantías jurídicas a personas acusadas de delitos políticos, como acceder a medios de comunicación extranjeros o tratar de abandonar el país. A las familias se les negaba información sobre la suerte y el paradero de las personas detenidas, de manera que esas detenciones equivalían a desapariciones forzadas.

Según informes, continuaban en funcionamiento campos de presas y presos políticos. Las personas recluidas en los campos eran sometidas a trabajos forzados, mala alimentación y duros castigos en condiciones que equivalían a trato cruel, inhumano o degradante. La ONU documentó el uso de tortura y otros malos tratos durante los interrogatorios para conseguir confesiones, incluidas palizas y privación de sueño. Las personas huidas describían “confesiones” forzadas y malos tratos que les habían causado daños físicos y psicológicos persistentes. No se permitía el acceso de observadores independientes a los centros de detención, de modo que no podían comprobarse las condiciones de reclusión.

Pena de Muerte

Durante el año hubo informes según los cuales continuaba imponiéndose la pena capital por actos que no cumplían el criterio establecido por el derecho internacional de ser “los crímenes más graves”. Persistía la falta de transparencia de los procedimientos judiciales y, según informes, a las personas acusadas se les negaban las garantías de un juicio justo. Siguieron siendo habituales las ejecuciones públicas. Se obligaba a la población (incluidos menores) a asistir a las ejecuciones, o se les informaba posteriormente sobre ellas en reuniones vecinales de asistencia obligatoria.

Libertad de Circulación

Las autoridades mantuvieron duras restricciones sobre la libertad de circulación, tanto dentro como fuera del país. Era necesario un permiso de viaje para desplazarse entre provincias y había puestos de control con fuertes medidas de vigilancia. El refuerzo de los controles fronterizos restringió aún más la movilidad y limitó el acceso de la ayuda humanitaria. Las personas que habían huido a China y después habían sido devueltas se exponían a sufrir detención, tortura y otros malos tratos.

Derechos Económicos, Sociales y Culturales

Los servicios de salud seguían careciendo de recursos suficientes. En los hospitales faltaban con frecuencia medicamentos y material básicos y su personal tenía que trabajar con suministros mínimos. A menudo se pedía a las familias que llevaran medicinas y ropa de cama para el paciente.

La inseguridad alimentaria crónica seguía siendo generalizada. Aunque las condiciones meteorológicas de principio de temporada fueron favorables para la siembra, la escasez de fertilizantes, las limitaciones de combustible y la antigüedad de la maquinaria frenaron la producción agrícola, que, además, se vio afectada por las alteraciones climáticas recurrentes. La población de las zonas rurales sufrió grandes privaciones debido al fracaso de la distribución de alimentos por el gobierno, que no permitió que se realizaran tareas de observación independiente. Según UNICEF, entre enero y junio, el número de niños y niñas con desnutrición que habían recibido tratamiento en programas de base comunitaria ascendió a 18.444, de los que 7.728 eran casos graves, aunque las necesidades superaban con creces los recursos disponibles.

El acceso a la educación se vio obstaculizado por la escasez de combustible para calefacción y libros de texto en las escuelas rurales, dos circunstancias que limitaban la asistencia y el aprendizaje.

Derechos de las Personas con Discapacidad

Las personas con discapacidad seguían enfrentándose a discriminación y barreras de carácter sistémico en el acceso a la educación, la atención médica y el empleo. Continuaban sufriendo una estigmatización generalizada y no existían políticas que garantizaran ajustes razonables. En su examen periódico, el Comité de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad señaló que los niños y las niñas con discapacidad eran excluidos del sistema escolar ordinario y ubicados en entornos segregados y con recursos inadecuados. Su acceso a los servicios de salud, incluidos medicamentos y dispositivos de asistencia, era limitado, sobre todo fuera de la capital, Pyongyang. También eran limitadas sus oportunidades de empleo y no existía legislación contra la discriminación.

Los informes indicaban que las personas con discapacidad psicosocial o intelectual eran sometidas a institucionalización forzada sin consentimiento en condiciones que se caracterizaban por el abandono y la falta de supervisión. El Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad instó a Corea del Norte a promulgar una legislación integral, garantizar la inclusividad en la educación y la atención médica y prohibir la institucionalización forzada.

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