Este 7 de enero, Juan Guaidó ha retornado al palacio Legislativo y ha jurado como presidente para un nuevo período legislativo. Esto ocurre dos días después del nombramiento en el mismo cargo, del diputado Luis Parra, también opositor. ¿Qué pudo ocurrir para que llegara esta compleja situación, sobre todo cuando Venezuela llevaba meses alejada de la resonancia conflictiva mundial?
La sorpresiva acción de Guaidó puede implicar un reavivamiento de la política venezolana y genera nuevas expectativas en el campo opositor. Después de obtener un control casi total en las fuerzas armadas y en las calles de Venezuela, el Gobierno da un paso en falso en su afán de controlar el poder Legislativo, único poder dominado por la oposición. La forma en la que intentó hacer a un lado a Guaidó y a la mayoría opositora -con la utilización de la fuerza militar para limitar el acceso al Parlamento a algunos diputados, con el incumplimiento de las reglas mínimas para sesionar y la censura de la información de medios públicos y privados- está provocando, hasta ahora, una derrota parcial para el chavismo en diversos campos.
Los acontecimientos clave en el Parlamento venezolano
Para poder explicar la situación, narramos los acontecimientos de esta semana.
El gobierno de Maduro contaba con un nuevo panorama nacional e internacional que le permitía sacarle la silla a quien se autonombró presidente de la República con el aval de Estados Unidos y más de 50 países. Pero eso fue a comienzos de 2019. En 2020 hay cambios importantes. El conflicto con Irán tiene muy ocupado a Estados Unidos, muchos países de América Latina que impulsaron a Guaidó tienen crisis internas que le impiden generar acciones internacionales y las cartas que ha puesto sobre la mesa la coalición opositora y sobre todo Estados Unidos, han venido fracasando estruendosamente en su objetivo de sacar a Maduro del poder. Parecía muy fácil sacarle la silla a Guaidó bajo estas nuevas condiciones pero la situación, dos días después, se complicó.
A continuación, una cronología de los hechos:
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| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 5 de enero | Un opositor disidente se juramenta como presidente del parlamento con los votos del oficialismo. Para ese día, lo planificado por la “presidencia interina” era que Juan Guaidó dirigiera el debate parlamentario, llamara al pleno a votación de la nueva directiva y pudiera conseguir los 84 votos necesarios, que estaban en entredicho debido a las escisiones y rupturas internas que han acontecido en la oposición entre otras cosas por los escándalos de corrupción y, según los dirigentes de oposición, debido al soborno de diputados opositores por parte del oficialismo. Un cordón de la Guardia Nacional permitió la entrada de todos los diputados menos Guaidó. Mientras los diputados opositores estaban esperándole en el hemiciclo, de manera intempestiva comenzó la sesión con los nuevos directivos ya posicionados y una elección relámpago convocada por un secretario legitimado desde el partido de Gobierno en la que se contaron 81 votos según diputados oficiales, y una juramentación en medio de empujones y desorden en la plenaria. El nuevo presidente de la Asamblea Nacional electo en esta situación era el diputado Luis Parra, que viene de Primero Justicia, el partido de Henrique Capriles y Julio Borges, y su terna fue presentada por una articulación de diputados opositores disidentes que ha venido en crecimiento desde que se instaló, hace meses, una mesa de negociación entre el Gobierno y un ala moderada de la oposición confrontada con Guaidó. Por su parte, Guaidó y el grueso de los diputados opositores se dirigieron esa tarde a un viejo edificio, sede de un conocido medio opositor, El Nacional, y desde allí eligieron a una nueva junta directiva del parlamento presidida por Guaidó. Según sus cuentas, fueron 100 diputados quienes lo reeligieron. Luis Parra fue proclamado el pasado 5 de enero presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela con el apoyo de los diputados chavistas mientras un fuerte despliegue policial impidió la entrada de Guaidó a la sede del Palacio Federal Legislativo. Sin embargo, en una sesión paralela Guaidó fue reelecto por parte de la oposición como presidente de la Asamblea. |
| 7 de enero | Guaidó retoma el palacio Legislativo. Juan Guaidó y los diputados opositores se presentaron en la entrada de la Asamblea Nacional. Después de forcejear con la Guardia Nacional que filtraba los accesos al Parlamento, pudieron entrar de forma inesperada para los diputados disidentes que sesionaban junto con los oficialistas, al parecer sin el quórum necesario. En medio de empujones con la Guardia Nacional y un performance agresivo, Guaidó logró penetrar las alcabalas militares que impedían su ingreso a la Asamblea Nacional, siendo juramentado por una plenaria de la cual no se conoce con exactitud el quórum. Una vez dentro de la sede juramentaron nuevamente a la junta directiva presidida por Guaidó. Según algunas fotografías, tampoco parecían tener quórum. A los disidentes se les vio correr fuera del hemiciclo. El pasado 7 de enero, solo 48 horas después de que la Guardia Nacional le hubiera negado el acceso, Juan Guaidó y el resto de diputados opositores lograron romper el cordón policial y acceder al hemiciclo parlamentario. Las imágenes de Guaidó y los diputados rompiendo el cerco se emitieron en los informativos de todo el mundo y, según Luis Vicente León, de Datanálisis, transmitió una "simbología de la valentía" que le permitió al dirigente opositor recuperar algo de la popularidad perdida. Lea también: EE. UU. implicado en un supuesto golpe de Estado según Nicolás Maduro |
Consecuencias de la pugna entre poderes
Por primera vez el chavismo acusa recibo de un contragolpe efectivo. De una manera inexplicable han quebrado sus defensas. ¿O ha habido negociación para permitir nuevamente la entrada de Guaidó? Se deja colar en el ambiente opositor la idea de que el Gobierno puede ceder y es derrotable, algo que nadie creía desde hace algunos meses. Y de que la misma toma que ocurrió en el palacio Legislativo podría pasar, a pocas cuadras, en el palacio de Miraflores, sede del ejecutivo. La oposición siempre peca de sobredimensionar sus triunfos parciales, aunque esta vez, ciertamente logró volcar la situación. A pesar de que lo que sobresale es la incapacidad de ambos bandos de generar solidez a la institucionalidad parlamentaria, esta toma intempestiva revierte el momento de máxima debilidad de la oposición y especialmente de la figura de Guaidó y genera consecuencias adversas para el chavismo en varias esferas de interés.
Impacto en la oposición y el liderazgo de Guaidó
Guaidó, cuyo liderazgo venía desfigurándose, logró dar un vuelco a la situación coyuntural y revertir su desplazamiento, al menos temporalmente. Dentro de la oposición, el contragolpe de Guaidó ha generado entusiasmo y ha unido sectores que, hasta hace horas, se enfrentaban agónicamente. En las pocas horas de los acontecimientos, Guaidó alcanzó a pedir a Voluntad Popular, su partido, que lo liberara de la militancia como forma de responder a la presión de los sectores que vienen confrontando a su líder Leopoldo López. El partido accedió y esto permitió, en parte, recomponer la mayoría parlamentaria. Guaidó es hasta los momentos el gran triunfador de las jornadas porque condujo la toma del palacio y agregó un performance agresivo que le permitió cautivar nuevamente a los más radicales. Sin duda ha tomado un nuevo aire con esta acción.
Luis Vicente León, de la consultora Datanálisis, asegura que "el intento de golpe contra la Asamblea Nacional permitió a la oposición institucional reunificarse frente a su enemigo". Él también sostiene que "el liderazgo de Guaidó ha sido ratificado", e incluso que "los radicales que rechazan toda forma de negociación se han puesto detrás de él, satisfechos porque la vía electoral parece ahora bloqueada." Probablemente para reafirmar su perfil de neutralidad y de figura de consenso entre todas las fuerzas de la oposición, Guaidó solicitó recientemente a su partido, Voluntad Popular, que le apartara provisionalmente de sus filas. León afirma que Guaidó se muestra así consciente de que "debe jugar el rol de negociador y mediador para lograr acuerdos unitarios".
El 30 de abril de 2019, Juan Guaidó apareció de madrugada junto a la base aérea de La Carlota, en Caracas, y anunció el inicio de "la fase definitiva del cese de la usurpación". Junto a él, un grupo de hombres armados y con uniformes militares daban la sensación de que el Ejército, como tantas veces le había reclamado la oposición, le había dado la espalda a Maduro. También estaba allí Leopoldo López, líder del partido de Guaidó y considerado su mentor político, que había burlado la prisión domiciliaria que cumplía por su papel en las protestas de 2014. La aparición de López, aparentemente libre, hizo pensar durante algunas horas que el intento de insurrección podría tener éxito. Pero pronto se comprobó que, salvo algunas excepciones, la mayoría de los militares no estaban dispuestos a rebelarse. Aunque aquel todo o nada no alcanzó sus objetivos y fue neutralizado en pocas horas por las fuerzas de seguridad leales al gobierno, la jornada dejó un cambio relevante. Mientras sus seguidores se enfrentaban con la Guardia Nacional en los aledaños de La Carlota, López corrió a refugiarse en la residencia del embajador de España, donde vive desde entonces cercado por un cordón del servicio de inteligencia (Sebin) que vigila permanentemente la legación. Adriana Pichardo, diputada de Voluntad Popular, afirma que los sucesos del 30 de abril "sirvieron para poner de manifiesto que había mucha gente descontenta en el Ejército" y destaca que la relación entre Guaidó y López sigue siendo "muy cercana". Ella subraya que "Leopoldo sigue siendo un símbolo para nosotros". Pero no son pocos los que creen que se pagó un precio demasiado alto solo para que el dirigente de Voluntad Popular cambiara el lugar de su reclusión. También dentro de la propia oposición. Un diputado de Primero Justicia le dijo entonces a BBC Mundo, bajo condición de anonimato, que López y Guaidó no habían informado al resto de partidos de su intención de lanzar una sublevación y esto había causado profundo malestar en las filas opositoras.
Reacciones internacionales y perspectiva del oficialismo
Lo ocurrido el 5 de enero está produciendo un mayor aislamiento político en el Gobierno de Maduro, quien ha expresado su deseo de establecer alianzas con el nuevo ciclo de gobiernos progresistas que apenas comienza. En el plano internacional, la acción del 5-E ha producido una ruptura profunda entre el gobierno de Maduro y los gobiernos progresistas que están tomando posiciones en América Latina. Especialmente agresivas han sido las palabras entre el canciller argentino y sectores del Gobierno venezolano. Pero México y España también han condenado la acción. La tardanza del Gobierno en calificar y explicar el hecho de la toma de la Asamblea por parte de Guaidó aumentó la incertidumbre. No hay claridad de cómo va a reaccionar ante el hecho y si va a seguir reconociendo a Luis Parra y la directiva escogida el 5 de enero.
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Una posibilidad real de cambio en las esferas políticas no parece estar planteada hoy, puesto que los factores de poder que sostenían el simulacro de presidencia de Guaidó parecen más debilitados. Este año deben convocarse, por mandato constitucional, las nuevas elecciones legislativas. Al oficialismo podría interesarle incluso que ocurriera en el primer trimestre del año para fomentar la división opositora entre los abstencionistas y los que llaman a participar. Antes de terminar el año pasado, la oposición amagó con asistir a los comicios cuando formó, junto al oficialismo, un comité para preparar la nueva designación del Consejo Nacional Electoral. Los acontecimiento del 5 y 7 de enero pueden tender a acrecentar la tendencia radical y abstencionista de la oposición y en consecuencia y paradójicamente, a dejar el poder legislativo en manos del chavismo.
Los desafíos persistentes para Juan Guaidó
En la actualidad, Juan Guaidó es reconocido por más de medio centenar de países como presidente "interino" de Venezuela. Sin embargo, no ha logrado todos sus objetivos planteados.
No lograr sacar del poder a Nicolás Maduro
El objetivo principal declarado de Guaidó era sacar a Maduro del poder, lo que, evidentemente, no se ha producido. Maduro resistió y, ahora, amainada la presión diplomática que llegaba desde Estados Unidos, que llegó a amenazar con una intervención militar para provocar un cambio político en Venezuela, su caída no parece probable ni inminente. El presidente repite con frecuencia en sus apariciones públicas que estará en el poder al menos hasta 2025, cuando concluye su actual mandato presidencial. Después de haberse negado insistentemente a convocar las elecciones presidenciales que le reclaman la oposición y los países que la respaldan, Maduro anuncia ahora unas parlamentarias que se celebrarían antes de que acabe el año. Muchos analistas creen que Maduro se ha decidido a contraatacar, sabedor de que Donald Trump estará este año volcado en la carrera electoral para continuar en la Casa Blanca y que quizá prestará ahora menos atención a Venezuela. Phil Gunson, analista del International Crisis Group, afirma que "es probable que el Gobierno busque consolidar su posición actual empujando al exilio a Guaidó y otros dirigentes claves".
Disminución de las movilizaciones
En las últimas protestas a las que convocó Juan Guaidó hubo mucha menos gente de la que acudía en los primeros meses de 2019. Gunson cree que "no hay mucho ánimo de retomar las protestas masivas y eso, unido a la pérdida de control sobre la Asamblea Nacional, deja a Guaidó con muy poco poder de negociación". Adriana Pichardo, diputada de Voluntad Popular, cree que son varias las razones. "La gente no protesta por el miedo, por los actos violentos de represión contra la protesta pacífica que lleva a cabo el gobierno", dice, apenas unas horas después de que grupos de civiles armados atacaran la semana pasada a una caravana de legisladores opositores que se dirigían a la Asamblea Nacional. Pero la diputada también admite que "al principio hubo una gran expectativa y mucha gente pensó que de veras se iba a lograr el fin de la usurpación, pero eso no llegó y se impuso la desesperanza". Parte de la población venezolana se muestra agotada por el conflicto político.
La defensa de la Asamblea Nacional
A pesar de la valiente acción del 7 de enero, cuando Juan Guaidó y el resto de diputados opositores lograron romper el cordón policial y acceder al hemiciclo parlamentario, los hechos posteriores plantean desafíos. Cuando el 15 de enero, Guaidó convocó una nueva sesión de la Asamblea Nacional en el Palacio Federal Legislativo, los diputados opositores tuvieron que ponerse a salvo tras ser atacados por civiles armados ante la pasividad de las fuerzas de seguridad, algo que es habitual en Venezuela. Los hechos recientes parecen confirmar que el gobierno está decidido a despojar a Guaidó y a la oposición de la Asamblea, el último reducto de poder institucional que conservan. Guaidó y los suyos han insistido en que, si se les sigue negando el acceso, celebrarán sus sesiones en otro lugar, y en que la Asamblea no es el edificio en el que se reúne sino un cuerpo electo democráticamente, por lo que seguirá existiendo aunque el Gobierno mantenga su toma por la fuerza la sede del órgano legislativo. Sin embargo, parece que el chavismo ha logrado por la vía de los hechos arrebatarle la plataforma de gran poder simbólico que disfrutaba cuando ocupaba el sillón presidencial en el hemiciclo.
A la oposición se le plantea ahora el reto de decidir si participa en las parlamentarias que el Gobierno insiste en que se celebrarán este año. Pichardo afirma que "no es una decisión aún tomada", pero denuncia que la "falta de garantías hace muy difícil participar". Asegura que "todos los factores de la oposición piensan que no se puede ir a ciegas a un proceso electoral; las diferencias están en la altura a la que ponemos el listón". Luis Vicente León dice que Guaidó deberá esforzarse por lograr que se tome una "decisión unitaria" cuando llegue el momento. "El resultado de la división sería catastrófico", concluye.
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