Descubre el Impactante Análisis Crítico de la Carta de Andrés Manuel López Obrador que Todos Están Comentandopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Andrés Manuel López Obrador volvió a escribir desde Palenque. La carta, fechada en la Quinta La Chingada, adopta la forma de un alegato patriótico.

La Reaparición Selectiva del Expresidente

El fondo de la carta revela algo más inquietante, como la reaparición calculada de un expresidente que asegura estar retirado de la política, pero que aparece e interviene cada vez que su movimiento enfrenta presión externa, desgaste interno o amenaza narrativa. Su retiro ha sido selectivo. Desde que dejó la presidencia, reapareció para promover su libro Grandeza, luego para defender a Venezuela, después respaldar a Cuba y ahora para responder a Estados Unidos en medio de señalamientos contra figuras políticas vinculadas a Morena.

Omisiones y Contradicciones en el Mensaje

Sin embargo, López Obrador no explicó los saldos de su sexenio, no respondió por el país que dejó, ni asumió una responsabilidad frente a la violencia que marcó su gobierno. No salió con la misma urgencia a hablar de los muertos, los desaparecidos, los territorios sometidos por el crimen organizado, las madres buscadoras, los desplazados y los periodistas asesinados. Esa es la primera desfachatez de su carta. El mesiánico habla como un observador externo, un supuesto patriota retirado que contempla los acontecimientos desde la distancia moral de quien ya cumplió con la historia. Pero él no fue un comentarista, sino el presidente de México durante seis años.

La Soberanía como Coartada

Leer su carta sólo como defensa de la soberanía resulta insuficiente. Hay que leerla también como maniobra de deslinde. AMLO quiere convertir las acusaciones contra funcionarios o gobernadores de su órbita política, en una ofensiva extranjera contra México. En teoría, México debe rechazar cualquier intento de imposición extranjera. Ningún país tiene derecho a perseguir, secuestrar, juzgar o ejecutar fuera de sus fronteras con el pretexto de combatir amenazas. Esa parte del argumento resulta atendible en términos jurídicos.

Pero en el fondo la pregunta no es si Estados Unidos debe respetar la soberanía mexicana. La soberanía no se defiende con cartas. Se defiende con instituciones capaces de controlar el territorio, investigar delitos, depurar policías, contener a los grupos criminales, proteger a la población y castigar la complicidad política. López Obrador intenta desplazar el centro de la discusión hacia la DEA, el Departamento de Justicia, la embajada estadounidense y los funcionarios que, según él, buscan debilitar a Morena y fortalecer a la derecha mexicana. Evita el punto esencial: durante su gobierno el crimen organizado no fue derrotado, ni contenido, ni desarticulado.

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Él habla de “narcoterrorismo” como si el término fuera únicamente un artilugio de intervención extranjera. Cierto, la palabra puede utilizarse con fines geopolíticos y jurídicos peligrosos, pero también es verdad que la violencia criminal en México alcanzó niveles de terror real para miles de familias en su administración. Hay pueblos donde el crimen decide quién trabaja, quién vende, quién circula, quién calla, quién se va y quién se queda. Su carta condena la posibilidad de “secuestrar, cazar y ajusticiar” personas sin pruebas, juicio o sentencia. La frase es grave y, en abstracto, correcta, pero escrita por él resulta contradictoria. Durante su sexenio, miles de mexicanos fueron asesinados, desaparecidos, desplazados o sometidos sin que el Estado garantizara justicia, reparación ni seguridad.

La Doble Vara y las Acusaciones Internas

Esa doble vara recorre todo su texto. AMLO es implacable con sus adversarios y condescendiente con los suyos. A los funcionarios estadounidenses les atribuye prepotencia, decadencia, cálculo electoral, prácticas hitlerianas y ambiciones intervencionistas. Sin embargo, a Morena le concede, de entrada, una inocencia patriótica. En su calidad de fósil universitario, nunca aprendió que la política no se limpia con adjetivos. Y si existen acusaciones contra gobernadores, funcionarios o figuras públicas, el camino serio no consiste en descalificar de antemano el origen de los señalamientos, sino en exigir pruebas, abrir expedientes, transparentar investigaciones y deslindar responsabilidades.

La Relación Bilateral y el Legado de Trump

Más grave aún resulta su intento de presentar a Donald Trump como un mandatario que antes habría actuado con prudencia frente a México. López Obrador escribe que el Trump de ahora es distinto al que él trató; habla de acuerdos, conversaciones, gestos de respeto y hasta una relación de confianza. Pero realmente la pregunta no es por qué cambió Trump, sino qué cedió México para que Trump pareciera tan razonable durante el sexenio obradorista. En su alegato malsano, López Obrador parece olvidar que el gobierno mexicano aceptó dócilmente una política migratoria endurecida, desplegó fuerzas de seguridad en la frontera sur, contuvo flujos migratorios que interesaban a Washington y evitó confrontaciones que pudieran afectarlo políticamente.

AMLO presume también que Trump no habló mal de los mexicanos, que no insistió en el muro, que no trabó exportaciones y que aceptó no incluir el petróleo mexicano en el tratado comercial. Omite el costo de esa supuesta armonía. La carta intenta exaltar la supuesta astucia de López Obrador en la relación bilateral y también exhibe su pragmatismo sin pudor. Al Trump de ayer lo trata casi con nostalgia, pero al Trump de hoy lo atribuye moldeado por los malos consejeros, a las rémoras y los falsos amigos. No obstante, esa indulgencia hacia Trump contrasta con la violencia verbal contra sus enemigos internos. Para López Obrador, la derecha mexicana es entreguista, corrupta, mafiosa, cruel y subordinada. Pero para Trump reserva una explicación casi piadosa: no sería él, sino quienes lo rodean; no sería su naturaleza política, sino la influencia de asesores fanáticos; no sería su proyecto, sino un desvío temporal.

El Papel de las Fuerzas Armadas y la Sucesión Política

El asunto toca igualmente la relación bilateral, la justicia y el papel de las Fuerzas Armadas. También revela la raíz del gobierno de AMLO. Teóricamente defendía la soberanía y, al mismo tiempo, el pacto político que construyó con el Ejército. Durante su sexenio, las Fuerzas Armadas recibieron poder, recursos, obras, aduanas, aeropuertos, trenes, seguridad pública, administración y presencia territorial. El Ejército dejó de ser únicamente una institución de defensa para convertirse en columna operativa del proyecto obradorista.

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En su carta elogia a Claudia Sheinbaum con una frase desmesurada: “la mejor presidenta de México de nuestro tiempo”. El elogio pareciera respaldo, pero más bien funciona como marca de propiedad política. El apoyo “sin condiciones” tampoco es una fórmula inocente. El mesías no pide claridad, sino lealtad a ultranza; no convoca a investigar, sino a resistir. No le interesa separar al gobierno de su partido, sino que funde a México, a Morena y su legado, en una sola causa defensiva. Para López Obrador, defender a México equivale a defender a Morena; defender la soberanía significa blindar a sus aliados, y combatir el intervencionismo sirve para impedir que se discutan responsabilidades internas.

No obstante, la carta es embaucadora porque apela a una memoria histórica legítima. México ha padecido intervenciones, abusos, presiones y desprecios de Estados Unidos y nadie con sentido histórico puede negar estos hechos. La respuesta crítica no debe caer en la trampa de defender a Estados Unidos ni de minimizar los riesgos del intervencionismo. El punto es otro; el mesías palencano no puede usar la soberanía como coartada para absolverse de su legado, ni puede hablar del poder criminal como si hubiera sido un problema ajeno a su mandato. Que nadie se engañe: el objetivo fundamental de la carta de López Obrador no es la defensa de Claudia Sheinbaum, ni una reflexión sobre Donald Trump, sino un intento de controlar la interpretación de la grave crisis de gobierno.

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