El sentido de la moralidad es lo que nos hace humanos. Reflexionar sobre nuestras acciones, regularlas y dirigirlas apropiadamente es fundamental para convivir en sociedad. Sin embargo, contar con una escala de valores no asegura que siempre vayamos a adherirnos a ellos; de hecho, encontramos varias vías para transgredir normas, propias y ajenas, sin sentirnos culpables. De esto va la desconexión moral, cuyas señales te ayudan a saber si caes en estas tendencias.
Cabe mencionar que actuar de forma inmoral no es solo propio de delincuentes o personas antisociales. Cualquiera de nosotros puede desconectarse moralmente en ciertas situaciones y contextos. Por ejemplo, cuando mentimos, somos infieles a la pareja, consumimos drogas o nos vamos de un bar sin pagar la cuenta. En ocasiones, los mecanismos psicológicos subyacentes actúan con tal efectividad que ni siquiera somos plenamente conscientes de lo perjudicial de nuestros actos.
La moralidad como característica intrínseca y su desarrollo
El concepto de desconexión moral no nos habla de una falta de moralidad. De hecho, parece que la moral es en cierto grado intrínseca al ser humano, sugiere un estudio publicado en Nature Human Behaviour. En dicha investigación, bebés preverbales que observaban un comportamiento antisocial, daban muestras de entender que la conducta del agresor era censurable y reprobable.
Y es que juzgar negativamente y castigar tales conductas parece ser un elemento evolutivo, ya que favorece la cooperación humana. No obstante, el desarrollo del comportamiento moral también se vincula con la madurez. Se debe a que la falta de maduración cerebral durante la infancia y la adolescencia nos dificulta el control de los impulsos y la capacidad para prever las consecuencias de nuestros actos.
Además, los valores también cuentan con un fuerte componente cultural. En otros términos, lo que en ciertos lugares y épocas es considerado moralmente aceptable, es reprochable en otros contextos. De este modo, la moral se construye basándose en las experiencias con otros y a lo que estos nos dicen que se debe y no se debe hacer.
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Ahora bien, incluso completando todo este proceso y contando con una escala de valores propia, es posible que nos desconectemos de ella selectivamente. Al hacerlo, podríamos transgredir las normas y saltarnos los estándares personales sin sentir culpa o vergüenza; es decir, sin que opere esa autocensura que normalmente nos inhibe.
Cómo opera la desconexión moral: los mecanismos de Albert Bandura
Fue el psicólogo estadounidense Albert Bandura quien describió este proceso psicológico por el que desconectamos la autosanción de las conductas perjudiciales, convenciéndonos de que en realidad nuestros actos no son inmorales. Esto se logra mediante diferentes mecanismos que racionalizan o justifican los hechos y logran un cambio de perspectiva que nos exime de la responsabilidad, destaca un artículo de la Asociación Americana de Psicología.
Así, si buscamos señales de desconexión moral en una persona, hemos de fijarnos en el grado en que está empleando tales mecanismos. Concretamente, tendrá creencias y opiniones similares a las siguientes.
Señales de desconexión moral y sus justificaciones
La violencia o la mentira son lícitas en ciertos contextos. A grandes rasgos, la persona es honesta y pacífica. Sin embargo, puede aceptar mentir para proteger a un amigo o agredir a alguien que está ofendiendo a su ser querido, por ejemplo.
La comparación permite justificar los actos. Sabe que ciertas conductas no son aceptables, pero, dado que hay situaciones mucho peores, las justifica o minimiza su importancia. Por ejemplo, robar una barra de pan no es tan grave como robar un banco. E insultar a alguien no es tan grave como pegarle una paliza. Por tanto, los primeros actos pierden seriedad.
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Un comportamiento inmoral es aceptable si no daña a nadie. Bajo este prisma, decir una pequeña mentira está bien si la otra persona no se entera. Y tomar prestada una posesión de alguien sin su permiso es aceptable, dado que no le causa ningún daño importante.
Algunas personas merecen malos tratos. La persona entiende, en teoría, que dañar a alguien es incorrecto, pero considera que ciertas personas lo merecen. Veámoslo en varios escenarios: cree que un niño necesita los golpes para aprender o que un esposo o esposa que no cuida su relación merece una infidelidad. Igualmente, opina que un delincuente pierde su derecho a ser tratado con dignidad.
La culpa no siempre es de la persona que acciona mal. En su opinión, la persona que actúa mal no siempre es responsable de sus actos. Por ejemplo, si un niño es agresivo la responsabilidad es de sus padres y maestros que no han sabido educarlo. Si un empleado comete un fraude a conciencia de lo que hace, el responsable es el superior que lo ordenó.
Si se actúa en grupo, no hay responsabilidades individuales. Un acto reprochable que se comete en grupo no admite responsabilidades individuales. Por ejemplo, si varios adolescentes vandalizaron un coche o si participaron en un acto de acoso escolar, no se les puede culpar personalmente, pues solo sucumbieron a la presión de grupo.
Algunos comportamientos inmorales tienen una mínima importancia. Por último, una de las señales de desconectarse de lo moral es considerar que, si bien ciertos actos son negativos, también pueden formar parte de una broma sin importancia.
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La importancia de reconocer y abordar la desconexión moral
Todas estas señales de dicha desconexión vienen recogidas en el Mechanisms of Moral Disengagement (MMDS), un instrumento estandarizado desarrollado por el propio Bandura para medir el grado en que las personas presentan estos mecanismos. Y lo cierto es que todos en algún momento nos sumamos a la tendencia.
Racionalizar o justificar nuestros actos, minimizar su importancia o evadir la responsabilidad son vías comunes para evitar la culpa derivada de transgredir una norma. Además, hay ciertos factores que influyen en la aparición de estos mecanismos. Ejemplo de ellos es cuando estamos sometidos a la presión grupal, pues es más probable que cometamos actos inmorales y usemos la desconexión para aliviar la culpa y seguir adelante.
No obstante, es importante permanecer alerta y detectar cuándo estas señales están presentes en nosotros. Y es que dicha desconexión no se produce de forma abrupta sino paulatina; así, a medida que justificamos actos dudosos estos se vuelven cada vez más cómodos y naturales. Por ello, sé consciente de cómo operan estos procesos y no dejes que tomen el control sobre tu conducta.
Diferencias clave: Moral, Inmoral y Amoral
Para comprender mejor cómo la moralidad se manifiesta en nuestras acciones, es fundamental diferenciar entre los conceptos de moral, inmoral y amoral. Te explicamos qué es algo inmoral y te damos ejemplos de actos inmorales. Algo es inmoral cuando contradice aquello que, dentro de una sociedad determinada, se considera apropiado, correcto o aceptable desde el punto de vista moral.
| Término | Descripción |
|---|---|
| Moral | Es aquello que se ajusta a las normas y los valores que una sociedad considera correctos. Las acciones morales suelen ser aprobadas y promovidas. |
| Inmoral | Es aquello que resulta contrario a la moral, es decir, que va en contra de lo considerado bueno o aceptable por una sociedad, y genera rechazo. |
| Amoral | Es aquello que no puede juzgarse en términos de bien o mal, porque no implica una decisión ética o no existe intención moral. |
La inmoralidad no es un concepto absoluto. Los criterios morales cambian según el contexto cultural, religioso, social y legal. Las valoraciones morales también varían con el paso del tiempo. En algunos casos, las conductas consideradas inmorales son castigadas por la ley y reciben diferentes tipos de sanciones, como ocurre con el robo o la corrupción. En otros, solo provocan rechazo social o censura.
En distintas épocas, numerosas prácticas sexuales fueron calificadas como inmorales por considerarse contrarias a las buenas costumbres, a la naturaleza o a principios religiosos. Estos juicios morales no son fijos ni universales, sino que varían a lo largo del tiempo y según las sociedades.
