La depresión es un trastorno emocional que causa un sentimiento de tristeza constante y una pérdida de interés en realizar diferentes actividades. También denominada «trastorno depresivo mayor» o «depresión clínica», afecta los sentimientos, los pensamientos y el comportamiento de una persona, y puede causar una variedad de problemas físicos y emocionales. La depresión es una enfermedad común pero grave que interfiere con la vida diaria, con la capacidad para trabajar, dormir, estudiar, comer y disfrutar de la vida.
Es posible que tengas dificultades para realizar las actividades cotidianas y que, a veces, sientas que no vale la pena vivir. La depresión no es una debilidad y uno no puede recuperarse de la noche a la mañana de manera sencilla. El término depresión mayor hace referencia a una condición de salud mental que provoca un estado de ánimo persistentemente bajo o deprimido y una pérdida de interés por las actividades que antes resultaban placenteras. El trastorno depresivo mayor también puede tener un impacto importante en el sueño, el apetito y la capacidad de pensar.
Se estima que un 5 % de los adultos (4 % entre los hombres y el 6 % entre las mujeres) a nivel mundial padecen depresión. Aproximadamente una de cada seis personas presentará un evento de depresión grave en algún momento de su vida. El trastorno depresivo denominado mayor es el más frecuente y es, además, una de las patologías más frecuentes en las consultas de Atención Primaria y la primera causa de atención psiquiátrica y de discapacidad derivada de problemas mentales. La depresión se puede iniciar a cualquier edad, aunque su mayor prevalencia se produce entre los 15 y 45 años, por lo que tiene un gran impacto en la educación, la productividad, el funcionamiento y las relaciones personales.
Síntomas del Trastorno Depresivo Mayor
Si bien la depresión puede producirse solamente una vez en la vida, por lo general, las personas tienen varios episodios de depresión. Durante estos episodios, los síntomas se producen durante gran parte del día, casi todos los días. La posibilidad diagnóstica de un trastorno depresivo se suele plantear a partir de datos observacionales poco específicos, como el deterioro en la apariencia y en el aspecto personal, enlentecimiento psicomotriz, tono de voz bajo, facies triste, llanto fácil o espontáneo, disminución de la atención, verbalización de ideas pesimistas (culpa, hipocondría, ruina…) alteraciones del sueño y quejas somáticas inespecíficas.
Criterios Diagnósticos
La característica esencial del trastorno depresivo mayor continúa siendo un período de al menos 2 semanas consecutivas en el que la persona manifiesta un mínimo de 5 síntomas de los cuales al menos 1 tiene que ser estado de ánimo depresivo y/o disminución del interés o placer por todas o casi todas las actividades. Los criterios diagnósticos para la depresión mayor del DSM-5-TR indican que la persona debe manifestar al menos cinco de los siguientes síntomas, durante un período de 2 semanas. Al menos uno de los síntomas debe ser el estado de ánimo deprimido o la pérdida de interés o placer.
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Una persona que recibe un diagnóstico de trastorno depresivo mayor debe presentar, como se expone en el DSM-5-TR, los siguientes síntomas:
- Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días.
- Disminución importante del interés o el placer por todas o casi todas las actividades la mayor parte del día, casi todos los días.
- Pérdida importante de peso sin hacer dieta, o aumento de peso, o disminución o aumento del apetito casi todos los días.
- Insomnio o hipersomnia casi todos los días.
- Agitación o retraso psicomotor casi todos los días.
- Fatiga o pérdida de energía casi todos los días.
- Sentimiento de inutilidad o culpabilidad excesiva o inapropiada casi todos los días.
- Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o para tomar decisiones, casi todos los días.
- Pensamientos de muerte recurrentes, ideas suicidas recurrentes sin un plan determinado, intento de suicidio o un plan específico para llevarlo a cabo.
Para recibir un diagnóstico de depresión mayor, estos síntomas deben causar a la persona un malestar clínicamente significativo o un deterioro de su funcionamiento social, laboral o de otras áreas importantes. Asimismo, los síntomas no deben ser el resultado del abuso de sustancias u otra condición médica. La CIE-10 clasifica la depresión mayor dentro los trastornos del humor o afectivos. Esta guía de práctica clínica utiliza la clasificación y definiciones de depresión recogidas en la décima revisión de la CIE-10 con los códigos F32 (episodios depresivos) y F33 (trastorno depresivo recurrente) y en la DSM-5, con los códigos 296.2X (episodio único) y 296.3X (episodio recurrente).
Manifestaciones Frecuentes de la Depresión Mayor
Durante un episodio depresivo mayor, la persona se siente triste, irritable, vacía y es posible que perciba que pierde el placer o el interés por realizar actividades. El síntoma más evidente de la depresión mayor es un estado de ánimo grave y persistente, una profunda tristeza o una sensación de desesperación. Estos síntomas suelen durar mucho, meses o incluso años.
Los síntomas de depresión pueden incluir:
- Sentimientos de tristeza, ganas de llorar, vacío o desesperanza.
- Arrebatos de enojo, irritabilidad o frustración, incluso por asuntos de poca importancia.
- Pérdida de interés o placer por la mayoría de las actividades habituales o todas, como las relaciones sexuales, los pasatiempos o los deportes (anhedonia).
- Alteraciones del sueño, como insomnio o dormir demasiado.
- Cansancio y falta de energía, por lo que incluso las tareas pequeñas requieren un esfuerzo mayor.
- Falta de apetito y adelgazamiento, o más antojos de comida y aumento de peso.
- Ansiedad, agitación o inquietud.
- Lentitud para razonar, hablar y hacer movimientos corporales.
- Sentimientos de inutilidad o culpa, fijación en fracasos del pasado o autorreproches.
- Dificultad para pensar, concentrarse, tomar decisiones y recordar cosas (escasa concentración).
- Pensamientos frecuentes o recurrentes sobre la muerte, pensamientos suicidas, intentos suicidas o suicidio.
- Problemas físicos inexplicables, como dolor de espalda o de cabeza.
El trastorno depresivo mayor suele remitir, pero, incluso en los pacientes que responden al tratamiento y se recuperan, algunos síntomas residuales pueden inhibir significativamente la funcionalidad y aumentar el riesgo de recaída. Los síntomas residuales más frecuentes de la depresión mayor son el cansancio, los trastornos del sueño, la disfunción cognitiva, la astenia y la ansiedad.
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Depresión Mayor con Síntomas Psicóticos
Algunas personas que sufren depresión grave pueden mostrar síntomas adicionales como alucinaciones y pensamientos delirantes. La depresión mayor con síntomas psicóticos se conoce como depresión psicótica. Tener momentos de psicosis, cuando las personas pierden un poco de contacto con la realidad, significa experimentar ilusiones y pensamientos o convicciones que es improbable que sean reales, así como alucinaciones, es decir, sentir y, en algunos casos, escuchar, oler, ver o saborear cosas que no existen. Si la depresión es muy intensa, pueden presentarse alucinaciones o delirios (creencias falsas).
Síntomas en Poblaciones Específicas
Niños y Adolescentes
Los signos y síntomas frecuentes de depresión en los niños y adolescentes son similares a aquellos en los adultos, pero puede haber algunas diferencias. En los niños más pequeños, los síntomas de depresión pueden consistir en tristeza, irritabilidad, apego, preocupación, dolores, negarse a ir a la escuela o bajo peso. En los adolescentes, los síntomas pueden comprender tristeza, irritabilidad, sentirse negativo e inútil, ira, bajo rendimiento o poca asistencia a la escuela, sentirse incomprendido y extremadamente sensible, consumir drogas de uso recreativo o alcohol, comer o dormir demasiado, autolesionarse, perder el interés por las actividades habituales y evitar la interacción social. La depresión en los adolescentes puede ser más difícil de reconocer. Los problemas en la escuela, de comportamiento, o el consumo de alcohol o drogas, todos pueden ser señales.
Adultos Mayores
La depresión no es una parte normal del envejecimiento, y nunca debe tomarse a la ligera. Lamentablemente, la depresión a menudo no se diagnostica ni se trata en adultos mayores, quienes pueden sentir reticencia a buscar ayuda.
Causas y Factores de Riesgo del Trastorno Depresivo Mayor
La depresión es un proceso multifactorial y complejo cuya probabilidad de desarrollo depende de un amplio grupo de factores de riesgo, sin que hasta el momento haya sido posible establecer su totalidad ni las múltiples interacciones existentes entre ellos. No existe una sola causa, sino una interacción entre elementos biológicos, genéticos, psicológicos y sociales. La depresión se debe a una combinación de factores genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos.
La investigación de los factores de riesgo de la depresión cuenta con algunas limitaciones: es difícil establecer diferencias entre los factores que influyen en el inicio y/o el mantenimiento de la depresión, y muchos de los factores de riesgo interactúan de tal manera que podrían ser causas o consecuencias de la misma. Lo más probable es que la depresión sea una combinación de factores biológicos y ciertos hechos estresantes.
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Factores Biológicos y Neuroquímicos
Las personas con depresión tienen cambios físicos en el cerebro. La importancia de estos cambios aún es incierta, pero con el tiempo pueden ayudar a identificar las causas. Las alteraciones neurobiológicas observadas en el trastorno depresivo mayor incluyen desequilibrios en neurotransmisores como la serotonina, la noradrenalina y la dopamina, los cuales pueden influir significativamente en la regulación del estado de ánimo.
Se cree que los cambios en la neuroquímica cerebral, en especial las alteraciones de los neurotransmisores (como la serotonina), que cumplen una función clave en el control de muchas funciones del organismo (como el estado de ánimo, el sueño y el apetito), desempeñan un papel especialmente importante en la depresión. Las primeras investigaciones se centraron en las aminas biogénicas (serotonina, norepinefrina y dopamina), en gran parte por el mecanismo de acción de los antidepresivos.
Además, se ha documentado que este trastorno se asocia con alteraciones en los volúmenes cerebrales regionales, particularmente en el hipocampo, así como con cambios funcionales en circuitos cerebrales relevantes, como la red de control cognitivo y la red de saliencia afectiva. Las áreas cerebrales que se cree están implicadas con la depresión mayor son la amígdala, la corteza cingulada, la corteza prefrontal y el hipocampo, donde se observa una reducción en el volumen y el grosor de estas áreas.
Diversos estudios mostraron fisiológicamente que los pacientes con depresión mayor presentan un mayor flujo sanguíneo y un mayor metabolismo en zonas de la amígdala, la corteza orbital y el tálamo medial, así como una disminución de la actividad en las zonas dorso-medial y dorso-antero lateral de la corteza prefrontal y de la zona ventral anterior de la corteza cingulada.
En cuanto a las hormonas, es posible que los cambios en el equilibrio hormonal del cuerpo tengan un rol al causar o desencadenar la depresión. Los cambios hormonales pueden presentarse en el embarazo y durante las semanas o meses después del parto (posparto), y por problemas de tiroides, menopausia u otros trastornos. También se ha reportado consistentemente que el nivel de cortisol se encuentra elevado en las personas deprimidas. Un estudio de meta-análisis mostró una asociación significativa entre la hiperactividad del eje HPA y la presencia de depresión melancólica, acción mediada por elevados niveles del cortisol.
La hiperactividad del eje HPA se ha asociado con diversos trastornos neuropsiquiátricos debido a sus efectos negativos sobre el sistema nervioso central, en especial, promueve la atrofia de las proyecciones dendríticas neuronales, disminuye la neurogénesis y la neuroplasticidad, así como incrementa la muerte neuronal. La hipótesis del estrés pone de manifiesto que los trastornos depresivos son causados por alteraciones de las funciones tróficas que impiden la función adecuada de las neuronas y producen una alteración de la plasticidad neuronal. El estrés a su vez afecta la expresión y la liberación de neurotrofinas como el BDNF y NGF, que juegan un papel clave en la plasticidad neuronal, la neurogénesis, la formación de espinas dendríticas y en el nacimiento de nuevas sinapsis.
Factores Genéticos y Hereditarios
Los antecedentes de depresión a nivel familiar pueden aumentar las probabilidades de desarrollar dicho trastorno. Estudios con gemelos y familiares han mostrado una heredabilidad estimada entre el 30 % y el 40 %. Así, los familiares de primer grado de pacientes con trastorno depresivo mayor tienen el doble de posibilidades de presentar depresión que la población general, proporción también importante en los de segundo grado. Los descendientes de pacientes con depresión constituyen un grupo de riesgo tanto para enfermedades somáticas como para trastornos mentales. La depresión es más frecuente en las personas cuyos parientes consanguíneos también tienen este trastorno.
Algunas investigaciones indican que el riesgo genético para la depresión es el resultado de la influencia de varios genes que actúan junto con factores ambientales y otros factores de riesgo. De entre todas las variantes genéticas estudiadas, un factor que podría influir en su desarrollo es la presencia de un polimorfismo del gen que codifica el transportador de la serotonina, lo que produciría una disminución del transporte de este neurotransmisor. La prevalencia e incidencia de los trastornos depresivos es mayor en mujeres que en hombres, comenzando en la adolescencia y manteniéndose en la edad adulta.
Factores Psicológicos y Cognitivos
Los rasgos neuróticos de la personalidad se asocian con una mayor incidencia de casos y recaídas de depresión mayor y probablemente, aumentan la posibilidad de desarrollar depresión ante los acontecimientos adversos de la vida. Experiencias tempranas de pérdida, abuso o negligencia pueden aumentar la vulnerabilidad. Además, suelen estar presentes patrones de pensamiento negativos y una autoestima baja.
La investigación sobre el papel de los factores cognitivos en la depresión se ha guiado predominantemente por el modelo de Beck, en el que los esquemas negativos, pensamientos automáticos, distorsiones cognitivas y creencias disfuncionales tienen un papel fundamental en el procesamiento de la información.
Factores Sociales y Ambientales
Dentro del papel atribuido a las circunstancias sociales se ha destacado el bajo nivel de recursos económicos y las circunstancias laborales. Las personas en desempleo y baja laboral presentan depresiones con mayor frecuencia. Las situaciones traumáticas de la vida, los eventos sociales estresantes, el acceso limitado a recursos (como alimentos, vivienda y atención médica) y la falta de apoyo social contribuyen al riesgo de tener depresión. Problemas familiares, los personales o con los amigos pueden provocar depresión.
Haber sufrido abuso físico, sexual o emocional en el pasado puede aumentar significativamente el riesgo de padecer trastorno depresivo mayor, ya que factores ambientales como el abuso durante la infancia están fuertemente asociados con el desarrollo de este trastorno. Acontecimientos vitales, como el comienzo o la pérdida del trabajo o de los ingresos y los problemas de pareja, pero también algunos acontecimientos considerados felices como irse a vivir al extranjero, graduarse o esperar un hijo, pueden conducir al desarrollo de un trastorno depresivo mayor.
El estrés sostenido (crónico) se ha asumido como desencadenador de graves consecuencias cognitivas, lo cual puede propiciar en una serie de trastornos psiquiátricos como el estrés postraumático y la depresión mayor. Cada evento estresante que experimentamos puede tener impactos importantes y duraderos en nuestro cerebro, alterando su estructura y función.
Comorbilidades y Otros Factores de Riesgo para la Depresión
Numerosos estudios epidemiológicos han demostrado que la depresión está estrechamente relacionada con otros trastornos mentales, como los trastornos de ansiedad, los trastornos alimentarios y trastornos del consumo de sustancias. Muchas personas que padecen depresión también sufren ansiedad y tienen un mayor riesgo de abusar del alcohol u otras sustancias.
Aproximadamente, entre el 50 % y el 60 % de las personas con antecedentes de depresión a lo largo de su vida también presentan al menos un trastorno de ansiedad a lo largo de su vida. Otras comorbilidades adicionales son el trastorno por consumo de alcohol y el trastorno por consumo de drogas. La depresión también puede concurrir con el abuso de alcohol y otras sustancias, y con algunas enfermedades orgánicas cerebrales y sistémicas. Es frecuente su asociación con trastornos de la conducta alimentaria y algunos trastornos de la personalidad.
La depresión se ha identificado además como un factor de riesgo independiente y un factor pronóstico negativo para muchos trastornos somáticos crónicos, como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, los trastornos respiratorios crónicos y la artritis. Es más común entre personas con enfermedad física crónica y la relación entre ambas es recíproca, ya que los problemas físicos pueden exacerbar la depresión y a su vez la depresión puede afectar negativamente al curso de la patología física. Ciertos problemas médicos, como tener una tiroides hipoactiva, cáncer o dolor prolongado, así como ciertas clases de medicamentos, pueden ser causas de depresión.
Se ha descrito una asociación entre migraña y depresión, de manera que los pacientes con depresión mayor presentaban mayor riesgo de sufrir migraña y a su vez, los que presentaban migraña (no otro tipo de cefalea) tenían mayor riesgo de depresión mayor. También se ha observado que pacientes, fundamentalmente varones, con antecedentes de ataques de pánico, tienen mayor riesgo de desarrollar depresión mayor.
Finalmente, la depresión es uno de los factores más asociados a la conducta suicida. Se ha estimado que el riesgo de suicidio es cuatro veces mayor en las personas con depresión en comparación con la población general, y 20 veces mayor en el caso de la depresión grave. Algunos de los factores que se han asociado con mayor riesgo de suicidio en pacientes con depresión son: sexo masculino, historia familiar de trastorno mental, intento de suicidio previo, niveles más graves de depresión, presencia de desesperanza y trastornos comórbidos, especialmente ansiedad y abuso de alcohol y otras drogas.
Diagnóstico del Trastorno Depresivo Mayor
La depresión clínica a menudo se diagnostica mediante una combinación de test psicodiagnósticos y mediante la entrevista con el paciente. Se pueden utilizar una serie de preguntas estándar para el cribado de la depresión, pero es necesario subrayar que realizar un diagnóstico suele ser complejo porque la depresión mayor se puede presentar de muchas maneras diferentes. Su proveedor hará preguntas respecto a su historia clínica y síntomas. Sus respuestas pueden ayudarle a su proveedor a hacer un diagnóstico de la depresión y determinar qué tan grave puede ser. Se pueden hacer exámenes de sangre y orina para detectar otras afecciones con síntomas similares a la depresión. Para realizar un diagnóstico también se pueden administrar herramientas como cuestionarios o test de depresión. Algunos de los más utilizados son: el Inventario de Depresión de Beck (BDI), la Escala del Centro de Estudios Epidemiológicos de la Depresión (CES-D), la EQ-5D, y la Escala de depresión de Hamilton (HAM-D).
